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Oficialmente extinguidos

Tres vertebrados que vivieron en Asturias y un cuarto de presencia dudosa figuran en el Listado nacional de especies desaparecidas en época histórica: ocho aves, tres mamíferos y dos peces

Lince boreal

Lince boreal / W. BERLIJN

Luis Mario Arce

Luis Mario Arce

La fauna vertebrada española ya tiene su "lista negra": una relación de especies extinguidas en el territorio nacional. Fue aprobada por la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente y publicada en el "Boletín Oficial del Estado" (BOE) del 13 de agosto pasado. El sentido principal de este Listado es dar carta de naturaleza a los proyectos de reintroducción de los taxones considerados, en tanto la legislación española establece que las administraciones "promoverán" la reintroducción de las especies de fauna y flora extinguidas, "incluyendo aquellas desaparecidas del medio natural español en tiempos históricos, con el propósito de alcanzar un estado de conservación favorable de especies o de hábitats de interés comunitario".

Trece vertebrados conforman inicialmente ese Listado, tres de ellos (lince boreal, ballena de los vascos y esturión atlántico) con presencia histórica en Asturias, más un cuarto (grévol común) que pudo tenerla y una quinta especie (grulla común) que sigue presente, aunque no con la condición de reproductora por la que figura en la relación (un sesgo que comparten el pigargo europeo y el halcón borní), sino solo en paso y en invierno. Queda excluida una especie que no solo se ha extinguido en España, sino universalmente: el alca gigante, un ave marina no voladora, cuyo último ejemplar fue cazado en 1852 y de la que han aparecido restos óseos en la Campa Torres (Gijón), datados en el siglo IV, así como otros, de edad cuaternaria, en el País Vasco y Málaga.

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La incorporación más reciente a este "obituario" ha sido el torillo andaluz, que ha pasado a considerarse oficialmente extinguido a partir de su incorporación al mismo. No existe ninguna observación fidedigna de esta enigmática ave, de apariencia similar a la de una codorniz, desde que un ejemplar fuese abatido en el entorno del Parque Nacional de Doñana el 3 de diciembre de 1981, es decir hace 37 años. La subespecie que estaba representada en España subsiste únicamente en Marruecos y, pese a los esfuerzos invertidos en su conservación (con participación española), su tendencia es muy negativa y está en situación crítica.

Algunas de las cuatro especies "oficialmente" extinguidas en Asturias han dejado un rastro difuso y que ha tardado en ser desentrañado. De hecho, la incógnita rodea aún la supuesta presencia del grévol común (un pequeño gallo de bosque), que aventuraron en 1910 los naturalistas ingleses Chapman y Buck, y que no sería descabellada, al menos en el período Cuaternario, dado el hallazgo de restos fósiles de esa época en dos yacimientos del centro-occidente de Cantabria. El lince boreal ha ocultado su identidad hasta hace poco, en consonancia con su carácter esquivo y con su capacidad para pasar inadvertido. Si bien existían pruebas paleontológicas de la presencia antigua de linces en Asturias, tanto el ibérico como el boreal, faltaban evidencias que aclarasen la identidad de los linces presentes en tiempos históricos; finalmente, el análisis de un cráneo hallado en la sierra del Sueve y, sobre todo, de los huesos extraídos de una sima del macizo de Ubiña han permitido asegurar que el lince boreal ("llobu cerval", en asturiano) habitó en la región hasta finales del siglo XIX e, incluso, hasta principios del XX. Posteriormente existen supuestas observaciones por parte de lugareños de los pueblos de montaña, sobre todo de la zona donde aparecieron los huesos del segundo lince (la mayoría en Quirós).

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El caso de la ballena de los vascos o ballena franca glacial está, en cambio, bien documentado, en tanto fue perseguida hasta su exterminio en todo el Cantábrico entre los siglos XI y principios del XVIII (los balleneros se centraron en ella porque es la especie con la capa de grasa más espesa -y, por tanto, de la que se obtenía una mayor cantidad de aceite- y porque flotaba una vez muerta); de hecho, su captura fue la base de la prosperidad de los puertos medievales asturianos entre los siglos XII y XVI. En el País Vasco aún se cazaron cuatro ejemplares en el siglo XIX y un quinto en 1901; después sólo existen unas pocas referencias; en Asturias no se detecta hace más de doscientos años.

La desaparición del esturión atlántico en Asturias se fecha hace 42 años, en 1976, aunque en 2010 se capturó uno de forma accidental, que constituye el último registro confirmado de la especie en España (el anterior, en el río Guadalquivir, es ya de 1992). Históricamente, este pez anadromo (es decir, que desarrolla una parte de su ciclo biológico en el mar y, otra, en los ríos) habitaba en las cuencas del Nalón, el Narcea y el Navia, así como en la ría de Villaviciosa.

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