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Stan Lee, el superhéroe de la calle

El fallecido escritor, editor y productor de cine, padre de los personajes más importantes de Marvel, creó historias fantásticas que también reflejaban los cambios que se estaban produciendo en la sociedad

Portada de "Los 4 fantásticos"

Portada de "Los 4 fantásticos"

"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". La historia ha producido a través de diferentes genios y pensadores frases eternas e indiscutibles que han quedado grabadas en la memoria colectiva como una verdad irrefutable. Si el escritor y divulgador científico Isaac Asimov, uno de los grandes padres de la literatura de ciencia ficción, estableció las tres leyes de la robótica como una norma lógica que a día de hoy cualquier ser de inteligencia artificial debe cumplir, Stan Lee asentó con esa máxima la regla que todo superhéroe debe tener en cuenta cuando adquiere sus nuevos poderes.

El escritor, editor y productor de cine, fallecido el pasado 12 de noviembre a los 95 años, ha dejado un legado irrepetible en la historia del cómic y siempre será recordado por todos los seguidores de este género como el padre de los superhéroes más importantes de todos los tiempos y una referencia para todos aquellos que se sumergen en este mundo de historietas, lugares fantásticos y personajes que están muy por encima de la mera condición humana.

Stanley Martin Lieber (su nombre original antes de cambiárselo por Stan Lee) llegó al mundo un 29 de diciembre de 1922. Hijo de un matrimonio de inmigrantes judíos rumanos, sufrió los estragos de la Gran Depresión debido a las complicaciones de su padre en su trabajo como sastre. Lee fue testigo de las penurias de la sociedad recorriendo las calles de su Nueva York natal, una ciudad fundamental en sus obras, que se convirtió en lugar de residencia y campo de batalla habitual de algunas de sus creaciones más importantes como Spider-Man o "Los 4 fantásticos". Las dificultades laborales de la familia se tradujeron en continuas pelas y discusiones en el hogar, un apartamento pequeño en el que el joven futuro escritor se refugiaba en su habitación y trataba de abstraerse de la realidad disfrutando de las películas de Errol Flynn y con las novelas de sus idolatrados Robert Louis Stevenson, Edgar Rice Burroughs o Arthur Conan Doyle.

En 1939, Lee, que jamás había sentido interés alguno por los cómics, comenzó de manera fortuita a trabajar en esta industria. El culpable de todo fue su tío Robbie Solomon, que le consiguió un trabajo en la editorial en la que él trabajaba: Timely Comics, que a partir de 1961 sería rebautizada como Marvel Comics. Y no pudo llegar en mejor momento. El joven se convirtió en el asistente del redactor jefe de la editorial, Joe Simon, que junto al dibujante Jack Kirby, uno de los nombres propios del mundo del cómic y el encargado de crear a través de su pincel a los grandes héroes y villanos de todos los tiempos, estaban a punto de lanzar una publicación que rápidamente se convirtió en un éxito que ha perdurado hasta nuestros días: el "Capitán América". El joven escritor se pasó los primeros años de la Segunda Guerra Mundial trabajando en las historietas de este supersoldado, lo que despertó su pasión por la creación de nuevos personajes. Una labor que se vio interrumpida cuando se alistó en el Ejército estadounidense para poder combatir, igual que el héroe abanderado sobre el que escribía. Estuvo destinado en el Cuerpo de Señales, donde se dedicaba a la comunicación y la propaganda.

Tras la guerra, Lee volvió a Timely Cómics, donde entró en un periodo monótono en el que sólo creaba nuevas aventuras del Capitán América. En pocos años, el guionista se mostró cansado de un trabajo carente de inventiva y originalidad dado que sus jefes sólo buscaban hacer la competencia a DC Comics, el gran rival de su editorial, con héroes que eran copias los unos de los otros. A punto de dejarlo todo, fue su esposa, Joan Clayton Boocock Lee, la mujer con la que estuvo casado 70 años, hasta el fallecimiento de ella en 2017, la que le convenció para escribir ese cómic "que tanto deseaba hacer" y llevar la iniciativa de sus guiones. Y en 1961, todo cambió con la llegada a los quioscos de "Los 4 fantásticos". Junto a Jack Kirby, Lee dio un golpe sobre la mesa con una historieta que iba más allá de un grupo de personas disfrazadas y con habilidades increíbles. El escritor presentó a una familia corriente, formada por un marido, una esposa, un cuñado y un amigo que adquirían poderes especiales tras ser alcanzadas por rayos cósmicos. Pero detrás de esta premisa superheroica, las páginas del cómic presentaban los problemas habituales de este grupo de personas, y profundizaban en las relaciones personales de cada uno al tiempo que plantaban cara a peligrosos villanos. Con el éxito de la publicación llegó el "boom" creativo, y el trío formado por Lee, Kirby y Steve Ditko dio vida en solo una década a los grandes personajes de la editorial que han sobrevivido con éxito al imparable paso del tiempo. En 1962 llegó "Hulk", un Jekyll y Mr. Hyde moderno que narraba la vida de un brillante científico que por culpa de una explosión nuclear terminaba convertido en un monstruo verde lleno de ira (aunque en los primeros números era gris). Lo llamativo de Hulk es que se trataba de un ser solitario, repudiado a partes iguales por sus enemigos y el resto de sociedad, la cual le temía y sólo quería! darle caza. Únicamente la joven Betty Ross comprendía y calmaba a la criatura, estableciéndose un vínculo entre ellos que recordaba a la relación entre la Bella y la Bestia o a King Kong protegiendo a Fay Wray de los dinosaurios en aquel filme de 1933. En definitiva, un héroe que poco tenía que ver con el perfecto y limpio Super-Man, cuyo alter ego, Clark Kent, sólo mostraba una imagen paródica del ser humano.

También, en 1962, llegó Spider-Man, posiblemente el héroe en el que se reflejaba aquel chaval de Nueva York, hijo de migrantes judíos, que creció en los años treinta recorriendo las calles de la ciudad. Lee creó a Peter Parker, un joven inteligente que vivía con sus tíos en un barrio humilde después de que sus padres murieran en extrañas circunstancias y cuya vida cambió drásticamente tras ser picado por una araña. Spider-Man combatía a peligrosos enemigos al tiempo que buscaba un trabajo con el que compaginar sus estudios, pagar el alquiler del piso o dar explicaciones de por qué faltaba a cualquier cita si sus labores superheroicas se alargaban. El debut de este personaje fue en el cómic Amazing Fantasy, número 15, una historia en la que se decía aquello de "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" y cuyo origen siempre ha estado rodeado de gran confusión. Esta frase la pronuncia en realidad Stan Lee a modo de narrador omnisciente de la trama en lugar del tío Ben, a quien se le atribuye a menudo por error.

Después, en 1964, hizo su primera aparición Daredevil, un héroe con una particularidad que no se había dado hasta el momento en el mundo del cómic y mucho menos en el protagonista de la historia: era ciego. Stan Lee y Bill Everett presentaron al mundo a un personaje que quería romper las barreras de las limitaciones y demostrar que el heroísmo se lleva por dentro. Si bien es cierto que los productos radioactivos que hirieron al joven Matt Murdock en su niñez le otorgaron unas habilidades increíbles, este justiciero era de día un letrado que ayudaba a ciudadanos humildes en los Juzgados y por la noche tumbaba a los criminales más peligrosos ataviado con su traje rojo. Un justiciero cuyo único centro de actuación era su barrio, la Cocina del Infierno, en Nueva York. No había cabida para viajes alrededor del mundo y enemigos de más allá de las estrellas. Daredevil siempre ha sido y será un héroe de la calle.

A continuación, llegaron el dios nórdico Thor (agosto de 1962), el millonario Iron Man (marzo de 1963) y el Doctor Extraño (julio de 1963), también conocido como el hechicero supremo de la Tierra. Sin embargo, en septiembre de 1963 ocurrió algo pionero que cambiaría para siempre la concepción de los personajes con poderes. Hasta el momento, todos los superhéroes obtenían sus habilidades por un accidente de laboratorio, radioactivo o de una forma mágica. Harto de inventar tramas ligadas a la casualidad, Stan Lee empezó a pensar en una historia en la que hombres y mujeres nacieran poseyendo esas habilidades de una forma natural. Un hito que se produjo con el lanzamiento de los X-Men y la aparición de la raza mutante. La Patrulla X (como se la conoce en España) muestra a un sector de la sociedad que ha sido rechazado únicamente por ser diferentes. Tratados como marginados por un alto sector de la población, los mutantes se dividen en aquellos que buscan lograr una comunidad entre "Homo sapiens" y "Homo superior" (el profesor Xavier y su equipo) y aquellos que sólo quieren ver el triunfo de su raza ante una especie que consideran inferior. Lee fue testigo de los estragos del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y un ciudadano más de una sociedad racista que comenzó su punto de inflexión en 1954 con el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, el cual se acentuó en los primeros años de la década de los sesenta. Tal fue el impacto que causó esa lucha en el escritor, que en 1966 apareció Pantera Negra, el primer superhéroe negro de la editorial Marvel y una respuesta a una situación social que era sinónimo de cambio.

En 1983, Alan Moore, otra leyenda del cómic y autor de obras fundamentales del género como "Watchmen" y "V de Vendetta", publicó un extenso ensayo titulado "Stan Lee: Cegado por el hype", donde profundizaba en la figura del veterano escritor y en su labor social a la hora de describir el mundo y la actualidad a través de sus historietas. "A medida que avanzaban los años sesenta, los escritos de Lee comenzaron a reflejar los cambios que se estaban produciendo en la sociedad. El realismo descarnado, callejero, lentamente dio paso a un sentido de aventura y asombro a una escala grandiosa y cósmica, justo cuando miles de niños estadounidenses de clase media vestían kaftanes, dejaban crecer su pelo y se dirigían a San Francisco en busca de aventuras cósmicas propias".

El éxito de unos años dorados se vio truncado por un periodo más difícil a final de siglo, donde la bajada de venta de cómics, probablemente ligada a la escasez de ideas de los nuevos guionistas, alejó a Lee de la primera línea. Sus personajes dieron el paso a la pequeña y gran pantalla, donde el fallecido escritor siempre ejerció como productor ejecutivo de todas y cada una de las películas y series que se hicieron basadas en sus héroes. En 2009, cuando Disney anunció la compra de Marvel por 2.798 millones de euros y sus ambiciosos planes de llevar a los grandes héroes de la editorial a la gran pantalla, tuvo lugar el inicio de una segunda edad de oro para el veterano escritor. Lee siempre quiso permanecer ligado a sus creaciones, por lo que era habitual ver un cameo suyo en gran parte de las producciones que se estrenaron. Desde el filme para televisión "El juicio del Increíble Hulk", en 1989, hasta la cuarta entrega de los Vengadores, que llegará en 2019, Lee tuvo un total de 46 apariciones en pantalla.

Su fallecimiento ha sido una triste noticia para millones de lectores y escritores de cómics en todo el mundo. No obstante, siempre quedará su legado, un universo tan complejo como fascinante que nació de la mente de un hombre que dijo en un momento determinado de su carrera "¿y por qué no?". Como decía Moore en su ensayo "Stan Lee, en su apogeo, hizo algo radicalmente diferente. Y en lo que a mí respecta, su trono vacante permanecerá vacío hasta que encontremos a alguien que tenga las agallas y la imaginación para hacer lo mismo. ¿Algún candidato?".

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