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FRANCISCO GONZÁLEZ ARÉCHAGA | Médico jubilado

"Comencé en la zona rural, era el único médico soltero"

"Tengo mucho amor por Salamanca, además de darme la carrera de médico, me concedió una gratísima estancia, Dios permita que pueda volver"

La familia al completo en el día de la jubilación del médico, con su hijo Armando, su hija Covadonga y su mujer, Josefina Fernández.

La familia al completo en el día de la jubilación del médico, con su hijo Armando, su hija Covadonga y su mujer, Josefina Fernández.

Francisco González Aréchaga (Trubia, Oviedo, 1936) es médico jubilado de Grado, donde ha atendido a cientos de pacientes, generación tras generación, hasta su jubilación en 2006. Creció entre Grado y Sandiche (Candamo) y, tras licenciarse en Medicina en la Universidad de Salamanca, comenzó su carrera profesional, que desarrolló por completo en Grado, primero como médico rural y luego en el ambulatorio. González Aréchaga es un buen conocedor de la historia de la comarca, que conoce como la palma de su mano. La familia, su pilar más importante.

Un apellido vasco. "Nací en Trubia en 1936, donde mi padre, Armando González López, era facultativo de Minas y Fábricas Metalúrgicas y trabajaba como delineante proyectista en la Fábrica de Armas. Mi madre era Victoria Aréchaga Araluce, hija de Francisco Aréchaga Ugarriza y Dionisia Araluce Saralegui, venidos de Arrancuriaga (Vizcaya) cuando se inauguró el ferrocarril Vasco-Asturiano a comienzos del siglo XX". Unos orígenes que son bien visibles en el apeadero de tren de Sandiche (Candamo), al estilo de un caserío vasco. "Allí vivió mi madre con sus padres y sus hermanos, y familiares míos vivieron en la estación durante casi ochenta años".

Infancia feliz en Grado y Sandiche (Candamo). "En concreto fuimos a vivir a Las Dos Vías y, desde entonces, aquí sigo. Recuerdo que mi madre me llevaba casi a diario a Sandiche por las tardes, y allí me enviaba a clase de Amelia, una señora que enseñaba las primeras letras y reglas aritméticas elementales".

"Jugábamos al balón en la vega y nos bañábamos en el río Nalón, salíamos del agua tiznados de negro, ya que en aquella época la minería del carbón estaba en su apogeo".

"En Las Dos Vías, en Grado, éramos vecinos de las familias Luengo, Casín, García-Collar, Prudencio y su esposa Arminda, los Sánchez de Arriba, el maestro Hilario, Ángeles Soledad y sus hijos, Lito y Guillermo, más que vecinos éramos una familia".

"Mis hermanos, María Victoria y Armandín, nacieron en casa y fui a todos los vecinos a comunicar que tenía dos hermanos gemelos".

"Tuve una infancia feliz, había escasez y el estraperlo estaba en su pleno apogeo. Grado era mucho más pequeño, si bien con más habitantes, y la mayor parte eran gentes del campo o que trabajaban en el ferrocarril o en las fábricas de Trubia y La Cardosa, donde había una planta de estratos curtientes".

De la escuela al internado. "Comencé en la escuela de doña Benicia, donde los más pequeños empezábamos con María Luisa Jiménez en la clase llamada 'de adentro'. Doña Benicia esperaba que, en la cuenta de dividir del examen de ingreso a Bachillerato, uno de sus alumnos fuese el primero en hacerla y el primero en mi examen fui yo, con 10 años. Los dos primeros cursos los estudié en el Sagrado Corazón de Grado y los cinco restantes, en el colegio Loyola de Oviedo, de interno".

"Me costó bastante adaptarme, no me acostumbré nunca a estar interno y venir a Grado sólo un fin de semana al mes, me sentía muy atado. Éramos sólo niños y travesuras hicimos como en todos los sitios. Las asignaturas que más me gustaban eran Geografía e Historia y la que menos, Latín. No tenía ni idea todavía, por aquel entonces, de lo que quería hacer".

Divertida juventud. "Tuve como amigos, entre otros, a Pepiño Losada, los hermanos Ángel y Constante, Manolo "Visito", Alfredo Cis y Tito Rey, que vivía en el centro de la villa, pero le gustaba jugar en Las Dos Vías".

"Jugamos mucho al pío campo y al fútbol, en medio de la carretera general, cuando pasaba un coche cada media hora nos quitábamos. También jugamos mucho al frontón en el patio de Coto, dueño del bar Las Dos Vías y, sobre todo, al "camán", en el cual imitábamos a los vaqueros e indios del Oeste americano, sin olvidar las peonzas".

A la Universidad. "No sé por qué escogí Medicina, pero me gustaba. En 1953 empecé en la Universidad de Oviedo los estudios, que eran comunes a Farmacia, Químicas y Geología. La gran diferencia de estar en el colegio interno a la Universidad es que andaba más libre por todo Oviedo, aunque las asignaturas ya exigían más estudio".

"Me fui a la Universidad de Salamanca, la mayoría se iban a Valladolid o a Santiago. Llegue en tren, con transbordo en Medina del Campo. Residí primero en casa de un matrimonio, Vicente y Lourdes, que era el conductor del automóvil del gobernador de Salamanca y ella tenía familia en Cuero de Candamo. El curso siguiente estuve en el colegio mayor San Miguel y, después, con otros compañeros en varias pensiones. Entre los asturianos que fuimos a Salamanca estaban Emilio Vallina, Juan Manuel Perotti, Rafael Pola, Felicina Álvarez de Linera, Ignacio Fernández Carrocero, Jacinto de la Vega y Juan Ignacio Fernández Vigil".

"De mi estancia en Salamanca repito lo dicho por Cervantes, 'Salamanca hechiza la voluntad de volver a ella a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado'. Recuerdo el silencio de la noche en el patio Chico, donde solía escuchar el ruido del mar porque como decía el catedrático de Filosofía y Letras, Laínez Alcalde, era cierto, en el silencio de la noche el ruido cercano del río Tormes, al rebotar en las torres catedralicias, recordaba el sonido del mar".

"Los paseos al atardecer en la plaza Mayor, donde los varones íbamos en un sentido, y las mujeres, al contrario, de manera que, en cada vuelta, nos veíamos. Este paseo lo conocíamos como dar vueltas a la noria".

"Tengo mucho amor por Salamanca, además de darme la carrera de médico me concedió una gratísima estancia. A parte de acudir a las bodas de plata y de oro o a la imposición de la beca de antiguos alumnos, voy mucho, incluso antes de hacer la autopista iba y venía en el día, y Dios permita que pueda volver a hacerlo".

Médico rural. "Primero estuve en la residencia Nuestra Señora de Covadonga de Oviedo y después hice cuatro meses como alférez en la milicia universitaria, en el regimiento "Milán" de Oviedo. Después llegué a Grado como interino y aquí me quedé".

"El equipo sanitario de Grado estaba compuesto por cuatro médicos, un farmacéutico, un tocólogo, un veterinario, una comadrona y dos practicantes. Grado estaba dividido en cuatro distritos, la villa, las parroquias circundantes, Santianes de Molenes y Yernes y Tameza y Bayo y sus parroquias".

"Comencé en la zona rural y haciendo todas las sustituciones de los compañeros de Grado, Candamo y Las Regueras porque era el único que estaba soltero y ellos querían coger las vacaciones en verano para hacerlas coincidir con las escolares, y a mí no me importaba".

"La función de los sanitarios era, primero, atender a la beneficencia, a los funcionarios municipales y al personal de la parada de sementales del Ejército en San Pedro. También hacíamos el reconocimiento de reclutas, vacunaciones escolares, inspecciones sanitarias, control de aguas y atender, si el juez lo requería, en ausencia del forense".

"Por suerte en los años cuarenta se impulsó la Seguridad Social y recayó en los médicos titulares. De aquella época sólo quedan en activo dos enfermeras, Margarita y Trini".

Una profesión de 24 horas los 365 días del año. "A algunos sitios, como San Adriano, me llevaba un día llegar, empecé en bici, luego en Lambretta y, al final, ya en coche. Alguna vez se llegaba tarde, pero no siempre, la mayoría de las veces se llegaba a tiempo".

"Tuve la plaza de Santianes de Molenes, primero como interino y luego como propietario. Sólo había carretera a Tolinas, Restiello y Tameza, de tal manera que había que hacer caminando o a caballo. Se atendía de todo. No había teléfonos y tenían que bajar a avisar a San Pedro de los Burros, luego ya lo hubo también en Santianes y Las Villas, lo que mejoró mucho la atención. Iba siempre acompañado de Pepe el de San Pedro y mi amigo Toni Díaz".

"Acudía todos los días a San Pedro y, de manera fija, amén de los avisos, iba los martes a Restiello, parando en El Torno, Peña, Puente Seaza, Riaño y de nuevo a Restiello. Los jueves iba a Las Villas, Cubia, La Formiguera, El Cavadón, Momalo, Villamarín, Noceda y Las Villas otra vez. Me llevaba el día entero y se atendía todo. En esa época hubo muchos partos".

"Había que sopesar mucho la situación económica de los pacientes y sus familias para derivarlos al especialista, por suerte cambió mucho todo con la Seguridad Social y la Seguridad Agraria".

Su mejor etapa. "Es la etapa más emotiva y la que guardo con mejor recuerdo por haber practicado la verdadera medicina rural antigua. Le tengo un cariño tremendo a la zona de Salcéu".

"Tengo muchísimas anécdotas, más o menos agradables. Hay de todo. Recuerdo que a principios de los sesenta la carretera a San Pedro tenía unos baches que bien parecían piscinas. En aquella época, Alfredo González Huerta era corresponsal de prensa y sacó un reportaje con un paisano que llamaban "Sputnik", de El Caliente, bañándose. Al poco tiempo arreglaron la carretera".

Familia. "Me casé con Josefina Fernández, a la que llamamos "Mami", nos conocimos en Cornellana, de donde es ella. Mi hermana Victoria me empezó a hablar de ella y nos fuimos conociendo en Cornellana y Grado hasta que, al año y pico, en 1976, nos casamos en la iglesia del Cristo de Las Cadenas de Oviedo".

"En 1979 nació mi hija Covadonga y, después llegó Armando. Ser padre es muy gratificante y para mí la figura de la familia es muy importante. Además, tengo creencias religiosas que me inculcó mi difunta madre e intenté transmitir a mis hijos. También soy miembro de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte de Grado".

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