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La Facultad de Geología de Castelao: la belleza de la modernidad

El edificio, concebido a partir de la geometría, parte de una aparente simplicidad y genera un rico espacio interior

La Facultad de Geología de Castelao: la belleza de la modernidad

Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo

Dirección: Calle Jesús Arias de Velasco, s/n, Oviedo.

Año: 1965.

Arquitecto: Ignacio Álvarez Castelao.

Obra elegida por: Manuel García, arquitecto por la Escuela Superior de Arquitectura de Valladolid y Máster en Restauración Arquitectónica en esa Universidad, doctorando en Teoría y Proyectos Arquitectónicos; en la actualidad es coordinador técnico de la Fundación Estudios Calidad Edificación Asturias, FECEA. Diseñador de arquitectura de bajo consumo energético PassivHouse Designer. Es autor del Centro de Formación Las Palmeras en Gijón, de la reforma de la Casa de Cultura de Mieres, del consultorio médico de Lugo de Llanera y del Centro de Formación de Carbayín Bajo, actual sede del Cetemas.

La geometría como generadora y el contraste entre dos cuerpos que juntos forman el edificio hacen de la Facultad de Geología un ejemplo de la buena arquitectura. Un magnífico ejemplo de la arquitectura, del bello espectáculo que puede ser la arquitectura, en las antípodas de la arquitectura ostentosa, entendida como espectáculo y feria de las vanidades que dominó los años previos a la última crisis.

No en vano, Ignacio Álvarez Castelao es una de las figuras más destacadas de la arquitectura asturiana y española. Su obra es, en parte, resultado de un momento, del entorno cultural, social y económico de Asturias en aquellos años. Con la Facultad de Geología, Castelao influye no solo en la configuración de la zona de Buenavista-Llamaquique, sino en cómo se conforma esa parte de la ciudad de Oviedo. En el momento en el que se levanta este edificio, a mediados de los 60, toda la región vivía una época de confianza en el progreso y de optimismo para la arquitectura que contrasta con la triste situación actual.

¿Pero qué destaca del edificio de Geología de Castelao? Destacan sus valores formales, unidos a los estructurales, en que la obra arquitectónica es un todo, dentro del lenguaje de la modernidad, sin renunciar a un ideal casi clásico de "firmitas", "utilitas" y "venustas". Y vemos, además, cómo en el edificio, a partir de una aparente simplicidad, genera un rico espacio interior. La forma de construir y de entender la arquitectura parte de la geometría y crea dos cuerpos muy distintos: un aulario, bajo y orgánico, y un edificio de departamentos, alto y rígido; la Facultad queda formada por esos dos cuerpos que contrastan entre sí. Quizá lo más destacado es cómo se resuelve el uso académico del edificio, que a día de hoy sigue funcionando a la perfección, acogiendo generaciones de futuros geólogos con una riqueza espacial y formal que nos aleja de las tristes y aburridas sucesiones de espacios a lo largo de un pasillo, que siguen repitiéndose en tantos edificios docentes.

Todo esto se consigue con una sabia contención en los recursos y un uso magistral en muchos detalles. Ejemplo de ello es el uso de los perfiles UPN de acero en diversos elementos o cómo la rampa de acceso a las aulas no toca las paredes y asciende en el "aire", y por encima de todo ello: la arquitectura, que integra otras artes, con intervenciones de Joaquín Rubio Camín, en cuatro obras dispuestas en las paredes y que interpretan motivos geológicos, y el pavimento de mosaico de Antonio Suárez, que se disfruta en el recorrido por la rampa hacia las aulas.

La Facultad de Geología de Castelao es una muestra de la riqueza patrimonial de la arquitectura moderna y un ejemplo magnífico para extender la comprensión del valor del patrimonio más allá de los estilos históricos e integrar, por fin, las épocas más recientes. En este sentido, es importante destacar la buena arquitectura asturiana de esos años y su poca consideración actual en la sociedad. La Facultad de Geología se puede entender como un caso de maltrato e, incluso, de mutilación, con la pérdida de los parasoles verticales y su sustitución por unas lamas de manera desacertada, o la "herida" que aún se ve en la pared de paso al edificio de departamentos, donde existía una fantástica lámina plegada de hormigón que protegía la entrada. Es la muestra de la falta de sensibilidad en su conservación y de cómo se vienen realizando intervenciones sobre una arquitectura moderna, sutil y exquisita que puede entenderse como frágil ante esas agresiones.

Es cierto que alguna esperanza se alberga al ver que se recuperan vidrieras originales o se pone en valor el propio edificio con un cartel descriptivo en su interior, incluso la propia imagen corporativa de la Facultad recurre a la geometría de la planta de cubiertas del aulario; ojalá se continúe, y mucho, ese incipiente camino.

Y lo más importante, animar a la visita del edificio, a entrar en su vestíbulo y disfrutar, admirar una sencillez que esconde una excitante complejidad.

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