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Los pájaros del maíz

Los rastrojos del cereal constituyen un medio de gran interés para las aves durante el invierno, en tanto les proporcionan abundante alimento (grano sin recoger e invertebrados) y un lugar de refugio

Los pájaros del maíz

Los pájaros del maíz

El paisaje de un campo de maíz tras la cosecha puede parecer yermo y desolado. Sin embargo, esas tierras cubiertas por los restos de los tallos y hojas de las plantas, que tanto abundan en las rasas costeras y en las zonas bajas del interior (donde se dan las condiciones idóneas para el cultivo, que se acomoda particularmente bien al clima asturiano), aportan un atractivo "merendero" invernal para muchas aves de variada condición. Además, su acumulación de restos vegetales protege el suelo, lo enriquece y retiene su humedad (mantiene más fría la superficie y, con ello. reduce la pérdida de agua por evaporación).

El interés de los campos de maíz se basa, por un lado, en los abundantes granos que quedan en el suelo tras la cosecha (es un alimento altamente energético y muy completo -evitó el hambre en la Asturias de finales del siglo XVI y principios del XVII-) y, por otro, en los invertebrados que los frecuentan, más numerosos y fáciles de capturar que en los prados y en otras formaciones vegetales de los paisajes en mosaico de la campiña atlántica. Al mismo tiempo, se trata de medios despejados y cuya vegetación seca facilita el camuflaje a muchas especies. Ofrecen, en suma, un bufé libre con refugio y con vía de escape para dar esquinazo a los depredadores.

Entre los cazadores, uno de los más específicos, por afinidad con el medio y por estacionalidad, es el esmerejón, un pequeño halcón de la tundra que sigue en sus migraciones a uno de los pájaros más abundantes en los rastrojos: el bisbita pratense. Su presa favorita. También caza en los rastrojos el azor común, en época de cría a resguardo del arbolado, que abandona parcialmente en otoño e invierno por las mejores oportunidades que ofrecen los ambientes agrícolas, sobre todo a los individuos jóvenes, aún inexpertos. Entre las presas potenciales de ambos cazadores se cuentan todos los pájaros pequeños de las rastrojeras y, en el caso del azor común, también los de mediana talla, hasta el tamaño de un faisán vulgar.

Este último encuentra en los rastrojos de maíz un lugar idóneo para alimentarse en esta época, sobre todo a primera y última hora del día, aunque en lugares donde no es molestado se le puede ver picoteando grano, hierba e invertebrados en cualquier momento. Los insectos son lo que atrae a la lavandera blanca, que puede reunirse por decenas en los rastrojos más extensos; en la costa, una buena parte de ellas son aves británicas, de las conocidas como "enlutadas" por el tono negro, no gris, de las partes oscuras del plumaje. Las alondras comunes se concentran, igualmente, en buen número, y se hacen notar por su reclamo, que emiten tanto posadas como en vuelo. Aunque la mayor masa de invernantes corresponde a los bandos mixtos de fringílidos, de cientos de ejemplares de varias especies, entre ellas pinzón vulgar, pardillo común, verderón común y jilguero europeo, que se agrupan y se disgregan a lo largo del día, tanto en bandos de una sola especie como en partidas mixtas. La clave de estas asociaciones radica en que la multitud protege a los individuos y facilita la localización de alimento, mientras que la mezcla de especies propicia el aprovechamiento de varios recursos sin competencia.

Los escribanos son otro grupo habitual, pero mucho menos numeroso en concurrencia. El escribano triguero es la especie más típica de estos medios todo el año, mientras que el escribano palustre solo los frecuenta ahora y el escribano cerillo mantiene una relación intermedia, dada su preferencia por las lindes forestales en época de cría. Otra familia emparentada (de hecho, en el pasado estuvo fusionada con la anterior) deja sorpresas: el escribano lapón, visitante otoñal casi regular en el Cantábrico, se refugia a menudo en los rastrojos durante sus estancias, habitualmente breves, y también lo hace, en ocasiones, el escribano nival. Ambas son especies de la tundra, y los rastrojos constituyen un hábitat atractivo, cómodo, seguro. También conviene al chorlito dorado europeo y a la cada vez más rara avefría europea, dos limícolas "terrestres" (no manifiestan la afinidad por los ambientes fangosos e intermareales que caracteriza al grueso de especies de este grupo) que utilizan los rastrojos para alimentarse y para descansar y pernoctar.

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