Una cooperativa vasca que fabrica material sanitario acaba de adaptar una nave para fabricar veinte millones de mascarillas al mes y convertirse, pese a no tener el accesorio en su catálogo habitual de productos, en el mayor centro de producción de protecciones respiratorias de España. El ejemplo sirve para ilustrar las oportunidades nuevas que una crisis puede poner en el horizonte de los grandes entornos urbanos. ¿Por qué no Gijón?, viene a preguntarse el arquitecto Víctor García Oviedo. La ciudad más poblada de la región presenta condiciones territoriales más que aceptables para explotar una movilidad a escala humana, pero ha de aportar al conjunto metropolitano del nuevo urbanismo pospandémico la explotación de su potencial para la "industria estratégica" asturiana, llegado el caso y dadas las circunstancias también la sanitaria, y la potencialidad logística que le da la Zalia.

La zona de actividades logísticas e industriales, con su millón de metros cuadrados y su vocación de llegar a cuatro, debería llegar a ser el núcleo vertebrador de los dos grandes puertos asturianos y de éstos con el ferrocarril, la carretera y el aeropuerto, remolcando así la dimensión fabril de la metrópolis. No hace falta inventar nada, volverán a resaltar los expertos. Las grandes líneas del futuro están trazadas. En Gijón, quizás al lado de un desafío ambiental por resolver, común a todos los espacios urbanos del área, los espacios de oportunidad para recrear la ciudad según las reglas de un nuevo urbanismo más "amable" y sostenible tendrían que pasar por el "solarón" y su gran zona verde, por el parque tecnológico, la politécnica y el polo innovador, los centros de servicios de los antiguos astilleros, los barrios residenciales, los parques marítimos o los corredores verdes peatonales norte-sur y este-oeste, junto a la regeneración ambiental en algunas zonas, como La Calzada.