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Santa Cecilia en Trastévere, dulcemente dormida

Stefano Maderno esculpió el cuerpo de una mujer joven de la que parece emanar luz y creó una obra que se considera precursora del arte barroco

La cripta neobizantina

La cripta neobizantina

Si la protagonista de mi novela "El enigma de Ana" acude a la basílica de Santa Cecilia en Trastévere es porque yo la he visitado en más de una ocasión. Lo cual demuestra que muchas veces los escritores dejamos algo nuestro en los personajes. De repente te encuentras ante una situación y surge de forma espontánea algo que se te ha quedado prendido en el corazón y que viene perfecto para la historia que estás desarrollando. Aunque es posible que, a veces, sea ese recuerdo, deseoso de aflorar, quien haya provocado tal situación.

En mi caso desconozco exactamente cómo fue, aunque resulta evidente que la escultura, que de Santa Cecilia aparece en su tumba, y la historia de su vida me han emocionado.

Es tan hermosa y sorprendente la forma como la han plasmado que es imposible olvidarse de ella.

En mármol blanco, tan blanco, que parece que de él emana una fulgente luz, Stefano Maderno esculpió el cuerpo de una mujer joven que parece dormida. Envuelta en una sutil túnica reposa de costado. La ladeada cabeza aparece tocada por un velo. La miras con detenimiento y entonces te das cuenta de que la postura de la cabeza es un tanto forzada y descubres en el cuello una profunda hendidura. Santa Cecilia murió decapitada.

Y si la imagen de Cecilia, creada por Maderno, despierta ternura, ésta se incrementa al leer que fue así como encontraron el cuerpo de la joven al abrir el ataúd. Se cuenta que el escultor, Maderno, a quien le habían encargado la elaboración de la escultura, presenció la apertura del féretro, y que impresionado dijo: "No estaba de espaldas como un cadáver en la tumba, sino recostada del lado derecho, como si estuviese durmiendo, con las piernas un poco encogidas".

Aunque no se conoce con exactitud, se supone que Cecilia fue ejecutada en el siglo III y que, como otros mártires, consiguió sobrevivir a algunos de los métodos elegidos para poner fin a su vida. Infructuoso resultó el intento de ahogarla con vapores de humo en el baño de su casa. También resultó ilesa al ser sumergida en agua hirviendo. Al final decidieron decapitarla a espada. Se cuenta que después de tres intentos el ejecutor no fue capaz de arrancarle la cabeza, causándole una profunda herida en la garganta y que ante lo sucedido los soldados huyeron despavoridos. La joven Cecilia sobrevivió en un estado agónico durante tres días.

Las autoridades eclesiásticas decidieron que su cuerpo fuera enterrado en las catacumbas de San Calixto. En aquellos tiempos los muertos no podían ser sepultados en la ciudad.

En la Catacumba de San Calixto permanecería el cuerpo de Cecilia hasta el año 820, en que el Papa Pascual I mandó exhumar sus restos para que fueran trasladados al lugar donde hoy se encuentran, en la basílica que lleva su nombre. Una basílica cuya iglesia originaria fue levantada en el siglo V.

Cecilia fue canonizada en 1594 por el Papa Gregorio XIII y nombrada Patrona de la Música. Cinco años más tarde es cuando el cardenal de la basílica de Santa Cecilia, Paolo Emilio Sfondrati, en una reestructuración del templo, manda exhumar los restos de la santa y encarga al escultor Maderno la elaboración de una escultura. Y es entonces cuando se descubre el estado en que se encontraba el cuerpo de la joven. Impresionado ante aquella visión, Maderno realiza la bellísima escultura, a la que quiso acompañar de un texto en el que dice. "He aquí a Cecilia, Virgen, a quien yo vi incorrupta en el sepulcro. Esculpí para vosotros, en mármol, esta imagen de la santa en la postura en que la vi".

Muchos califican esta escultura como precursora del arte barroco.

Solo para poder contemplar la imagen de la santa, merece la pena acudir a la basílica de Santa Cecilia, situada en Trastévere, uno de los barrios romanos con marcado acento bohemio y siempre atractivo para el visitante. Lo primero que sorprende al llegar al templo es su acceso. El visitante tiene que atravesar un cuidado jardín. El pórtico de la basílica está integrado por cuatro columnas jónicas en el centro, y dos pilastras corintias una en cada extremo. La torre, románica, es de ladrillo y cuenta con cinco cuerpos. Tres vanos ciegos de medio punto en el primero. Dos vanos en el segundo. Tres vanos en el tercero. En el cuarto y quinto, donde van las campanas, podemos contemplar hermosas ventanas tríforas con columnas de mármol, y arcos de medio punto.

Dentro del templo merecen especial atención el baldaquino de Arnolfo di Cambio, "La Última Cena" de Pietro Cavallini y el trampantojo de la capilla Rampolla, donde está enterrado el cardenal Mariano Rampolla del Tindaro, secretario de Estado del Papa León XIII y que pudo haber sido su sucesor de no ser por el veto impuesto por algunos estados. Precisamente ese derecho a veto sería suprimido por el Papa electo en aquel momento (1903) Pío X.

Otro de los atractivos que se concitan en la basílica de Santa Cecilia es que, según la tradición, fue precisamente en este lugar donde estuvo la casa en la que vivieron Cecilia y su marido Valeriano. Cecilia, joven patricia romana educada en el cristianismo, fue obligada a casarse en contra de su voluntad. El joven elegido, Valeriano, no profesaba la fe cristiana. Cuenta la tradición que el mismo día de su boda Cecilia convenció a su marido de que ella debía mantenerse virgen por amor a Dios. Sea como fuere, lo cierto es que Valeriano y su hermano Tiburcio fueron bautizados y se dedicaron a ayudar a los necesitados. Los dos murieron mártires por defender su fe, antes que la propia Cecilia.

Desde la iglesia se accede a la cripta, situada justo debajo del presbiterio. Una cripta decorada al estilo neobizantino, por la que se llega a un patio en el que se pueden ver los restos de una antigua casa romana.

Se respira tanta paz entre estas piedras que todo mueve a pensar que, efectivamente, este tuvo que haber sido el hogar de Cecilia y Valeriano.

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