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La condesa de Covadonga, entre los Borbón y Noreña

Edelmira Sampedro, descendiente de asturianos y primera esposa de Alfonso de Borbón, emparentó con los Fanjul, íntimos amigos de Juan Carlos I, por su hermana Elizarda

La foto de boda de Edelmira Sampedro y Alfonso de Borbón en Lausana (Suiza)

La foto de boda de Edelmira Sampedro y Alfonso de Borbón en Lausana (Suiza)

En una mañana luminosa de Miami, en 1985, una mujer de casi 80 años que vivía con su hermana en Cadima Avenue (Coral Gables) recibió una invitación inesperada. La firmaba Juan Carlos I de España. El motivo, asistir a la inhumación de los restos del tío del Rey, Alfonso de Borbón,

La dama era Edelmira Sampedro-Robato, condesa de Covadonga, emparentada con la poderosa familia Fanjul, descendiente de noreñenses, primera esposa del príncipe y nexo que une a los Borbón con la dinastía azucarera que protege y trata al Rey emérito como si fuesen primos de sangre.

Edelmira no viajó a Madrid, pero acudió al aeropuerto de Miami para despedir el féretro del hombre que en 1933 renunció a sus derechos al trono de España para casarse con ella, el mismo que en 1937 se divorció para contraer matrimonio con Marta Rocafort, otra cubana, maniquí de indudable belleza. Condesa de Covadonga solo por unos meses, Edelmira nunca fue reconocida como tal por la Familia Real, pero llevó el título hasta su muerte en 1994. El título se lo otorgó Alfonso XIII a su hijo Alfonso de forma vitalicia cuando dejó de ser Príncipe de Asturias.

El Rey Juan Carlos, con Alfonso y Pepe Fanjul Gómez-Mena

Esta mujer, que nunca concedió una entrevista, está enterrada en Miami, donde se la recuerda como discreta, elegante y fiel al recuerdo del marido infiel.

Pepe y Alfonso Fanjul, dos de los amigos más leales que conserva el monarca, son hijos de Alfonso Fanjul, descendiente del noreñense Manuel Rionda, y Lilian Rosa Gómez-Mena y son nietos de Elizarda, hermana de Edelmira, que se casó con el que fue ministro de Agricultura de Cuba José Gómez-Mena. La esposa del tío de Juan Carlos I fue, por tanto, tía abuela de Alfie y Pepe, que habitualmente reciben al padre de Felipe VI en sus propiedades de La Romana (República Dominicana) y Palm Beach (Florida, Estados Unidos).

Edelmira Ignacia Adriana Sampedro-Ocejo y Robato (Sagua la Grande, Cuba, 1906-Miami, EE UU, 1994), podría haber sido reina de España o, al menos, princesa de Asturias, si Alfonso y ella se hubiesen conocido más tarde. En los años 30 la monarquía española no aceptaba el matrimonio morganático, España era una república y Alfonso estaba tocado por la hemofilia, que llegó a los Borbones españoles con Victoria Eugenia de Battenberg, su madre.

“La Puchunga”, como la apodaban cariñosamente en su preeminente familia de la alta burguesía isleña, conoció a Alfonso en 1932 en Lausana (Suiza), en la clínica donde era tratado de hemofilia. Tenía 26 años, él 25. Una tarde fueron al cine y en seguida se comprometieron. Alfonso, bisnieto de la reina Victoria de Inglaterra, poseía un físico espectacular: alto, rubio, de ojos claros y aspecto atlético. A la vez, era un ser frágil, criado entre algodones, al que un simple hematoma podía causarle la muerte. Así fue. Su hermano Gonzalo, también hemofílico, y él vestían chaquetas especiales para evitar lesiones. Se decía que los árboles del parque del Palacio de Oriente estaban acolchados para protegerlos.

La pareja, en La Habana

La familia real se exilió en 1931 poco antes de la proclamación de la República. Victoria Eugenia se instaló en su Gran Bretaña natal y en Suiza y Alfonso XIII en París y, posteriormente, en Roma. El anuncio de compromiso fue acogido con recelo. El rey retiró a su hijo mayor la asignación mensual y los cinco coches que tenía a su disposición, pero lo peor fue la renuncia a los derechos al trono.

“La amo y quiero casarme con ella. Que Juan (su hermano, el padre de Juan Carlos I) tenga el trono”, dijo entonces el príncipe.

Ningún familiar asistió a la boda en la iglesia del Sagrado Corazón en Ouchy (Lausana) el 21 de junio de 1933. Vivieron cinco años convulsos entre los celos devastadores de Edelmira y los problemas de salud de Alfonso, reconocido mujeriego. En 1937 ella lo acusó de tener una aventura con otra mujer. Estaba en lo cierto. Alfonso pidió la nulidad en Nueva York y Edelmira regresó a La Habana. Consiguió el divorcio el 3 de mayo de 1937. Alfonso quedó libre para volver a casarse con Marta Esther Rocafort-Altuzarra, en una fastuosa ceremonia en La Habana, cuando aún no hacía un mes de la disolución de sus vínculos. La pareja se separaría apenas dos meses después, en septiembre de 1937, y se divorciaría en Nueva York en enero siguiente.

Con la llegada del castrismo, Edelmira se fue al barrio de Coral Gables, en Miami, el preferido por las familias de la burguesía cubana. Alfonso murió tras en un accidente automovilístico en Biscayne el 6 de septiembre de 1938.

El condado de Covadonga está vacante desde entonces.

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