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Asturianas en la brecha salarial

El próximo 25N está dedicado a la lucha por una economía igualitaria y a acabar con la desigualdad de género más difícil de vencer

Brecha salarial.

Brecha salarial.

Desde esta semana y hasta que acabe el año las españolas trabajan gratis. En el cómputo anual de salarios las mujeres salen perdiendo y echando cuentas, al comparar con sus compañeros, con ellas las empresas se ahorran el pago de 51 días, según los últimos datos de la Oficina Europea

En España, en 2017, el año del que datan lo últimos registros oficiales, las mujeres cobraron de media 26.391 euros anuales y la diferencia salarial entre géneros era del 22 por ciento. Se había reducido respecto a ejercicios anteriores y ahora está por ver si esa tendencia se mantiene, pese a la crisis económica desencadenada por la actual emergencia sanitaria. En el Principado, en todas las actividades, los ingresos salariales medios de los hombres están por encima de los de las mujeres, según CC OO, aunque las mayores diferencias se dan en los servicios a las empresas, el comercio, la reparación y el transporte. En esos sectores, a tenor de los datos del sindicato, los hombres pueden llegar a ganar hasta un 58 por ciento más que sus compañeras, en el cómputo total de salarios. En cambio, en la construcción y en los servicios sociales es donde menos se nota la diferencia, que se eleva poco más allá del 17 por ciento. UGT considera que ninguna variable, ni la cualificación ni las condiciones laborales, “justifica la existencia de brechas salariales; por tanto, debemos hablar de discriminación salarial”.

La secretaria de Igualdad de UGT en Asturias, Carmen Escandón, sostiene que “la brecha salarial existe, es una realidad, la tendencia en España se mantiene y en Europa tiende a empeorar” y asegura que “en la pirámide empresarial hay brecha arriba y abajo. No desaparece al ascender, arriba la brecha se agudiza, está el techo de cristal y las dificultades para la promoción”. “La maternidad y los cuidados pasan factura, en los años fértiles es común que las mujeres tengan periodos laborales en blanco; ellos en esos cortes de edad se disparan en el terreno laboral, y esa es una distancia que nunca van a recuperar”, explica. “El problema empieza con la división del trabajo por sexos”, opina Ana María Rodríguez, responsable de Igualdad de CC OO en Asturias. Hay más mujeres trabajando con contratos a tiempo parcial y sin acceso a complementos a los que los hombres sí pueden optar. En el actual contexto laboral, con los ajustes de mercado que ha obligado a hacer la epidemia de covid-19, las mujeres vuelven a salir perdiendo, según la sindicalista. “Vemos con preocupación la feminización del teletrabajo, las mujeres nos acogemos a él para conciliar y acaba convertido en unos nuevos grilletes que coartan nuestro desarrollo profesional”, plantea. “El teletrabajo debe venir derivado de una negociación colectiva y debe respetar ciertos derechos”, subraya. En la situación actual, Rodríguez considera “difícil que la brecha salarial entre hombres y mujeres no se ensanche”.

La contribución de las mujeres a la sociedad es ahora más importante que nunca, sin embargo. “La reconstrucción se tiene que hacer con las mujeres, imposible hacerla sin contar con ellas y no creo que estén dispuestas a hacerlo sin que se reconozca su trabajo”, advierte Carmen Escandón. Su compañera en la militancia sindical añade que “es más que una cuestión de salarios: estamos hablando de justicia”.

Noelia García | Esteticista, acaba de abrir su propio salón

“Me cansé de agravios y me puse a trabajar por mi cuenta”

Noelia García, en su salón de estética.

Noelia García, en su salón de estética. Ángel González

Luján PALACIOS

“Me cansé y me puse por mi cuenta”. La historia de la gijonesa Noelia García es la de muchas jóvenes en edad fértil que sienten que no son capaces de encontrar un trabajo estable que les permita promocionar en lo laboral y formar una familia en lo personal. Tras cursar estudios de laboratorio y de estética, la joven de 27 años se fue a Madrid a buscarse la vida, y en la capital trabajó en numerosos sectores: desde una cadena de hoteles hasta un gran centro comercial o para una conocida marca de ropa deportiva. Y la sensación en todo ese tiempo siempre fue la misma: “solo a los chicos les ofrecían promocionar, a las mujeres siempre cuesta mucho más que les ofrezcan una mejora laboral y por lo tanto salarial”, lamenta. La brecha no solo acecha desde lo pecuniario. El simple hecho de tener una pareja estable y estar en edad de tener hijos sigue jugando en contra de las mujeres en pleno siglo XXI. “En todos los trabajos que tuve cuando llegaba la hora de hacerme fija, y sin más motivo, me despedían con la excusa de que me podría quedar embarazada y la empresa de turno no se lo podía permitir”, relata con amargura. Tras su experiencia madrileña volvió a Gijón y más de lo mismo. “Trabajo por unos meses y a la hora de alcanzar un trabajo fijo, la excusa de siempre: que no se pueden permitir bajas por maternidad”. Así que en medio de la pandemia de coronavirus, ha decidido convertirse en emprendedora y abrir su propio salón de estética en Montevil. “Ahora soy yo la que me organizo”, recalca.

Montse Quintana | Responsable del Centro de Consumo veigueño

“Nos vemos obligadas a renunciar al trabajo por la crianza”

Montse Quintana, en Vegadeo.

Montse Quintana, en Vegadeo. T. Cascudo

Tania CASCUDO

Cuenta la psicóloga veigueña Montse Quintana, que trabaja como responsable del Centro de Formación para el Consumo de Vegadeo, que nunca ha percibido brecha salarial con sus compañeros varones, pero sí es consciente de que las mujeres que desean ser madres deben asumir muchas renuncias en lo laboral y lo personal. “Me niego a pensar que una mujer médico no cobra lo mismo que un hombre médico, pero es verdad que nosotras nos vemos obligados a renunciar a nuestro desarrollo profesional por el otro trabajo que es la crianza o ejercer como ama de casa. Somos nosotras las que solemos pedir la reducción horaria”, reflexiona esta mujer de 45 años y madre de un niño de 8 años. En este sentido, tiene claro que “ser mujer y madre y, encima, en la zona rural complica mucho la cosa”. Pone como ejemplo la formación, que siempre se plantea en el centro de la región, lo que obliga a muchas mujeres de las alas a renunciar a mejorar profesionalmente porque no son capaces de conciliar. “Por vivir en las alas tenemos que hacer muchas más renuncias”, añade. En el Centro de Formación para el Consumo oferta cursos o talleres para centros educativos en los que se abordan materias diversas y le permiten ser testigo de todo lo que queda por avanzar en materia de igualdad entre sexos: “Me tiene pasado de decir a algún niño que se ponga el mandil para hacer una receta y decirme que eso no lo pone, que en su casa solo lo usa su madre o su abuela. Reacciones así te dicen que aún queda mucho por hacer en materia de educación”.

Ana Rodríguez Calleja | Directiva de Hunosa

“Para llegar hasta aquí hacen falta sacrificios personales y familiares”

Ana Rodríguez Calleja, en la sede de Hunosa.

Ana Rodríguez Calleja, en la sede de Hunosa. LNE

C. LAMUÑO

“Hace veinte años decirle a un ingeniero de minas que estaba haciendo cosas mal no era fácil”, cuenta la ovetense Ana Rodríguez Calleja desde su despacho en Hunosa. En 1993, la ahora directiva de la empresa, llevaba solo unos meses contratada, era nueva, era joven y era mujer, pero ya era jefa de departamento de Auditoría interna. Ahora, viéndolo con la perspectiva que dan los años y la trayectoria, sonríe pensando en las pequeñas trifulcas y desencuentros que tuvo con antiguos compañeros. “Se juntaban muchos factores: era muy joven, era una chica en una casa muy masculinizada y era la encargada de, en ocasiones, decir cosas que nadie quiere escuchar”, explica sobre esos primeros años. Nombrada directora de Auditoría interna en el año 2018, Rodríguez Calleja admite que el camino fue duro, que para lograr su puesto tuvo que hacer “sacrificios en lo personal y lo familiar”. Pero, remarca, no se arrepiente. Ahora, celebra que los tiempos hayan cambiado y haber contribuido a abrir un camino en el que puedan progresar “los más válidos independientemente de su sexo y sin hablar de cuotas”. En su empresa, cuenta con conocimiento de causa y los papeles sobre la mesa, la brecha salarial “es mínima y está desapareciendo”. La razón la encuentra en que “hace solo diez años entre los directivos solo había cuatro mujeres, hoy somos 18; por primera vez la dirección es paritaria”. Un tránsito que, explica, refleja la voluntad del equipo directivo y la aplicación en los últimos años de un plan de igualdad.

Sol Herrero Gutiérrez | Directora de hotel

“A las mujeres se las asocia al servicio de limpieza”

Sol Herrero Gutiérrez, en Llanes.

Sol Herrero Gutiérrez, en Llanes. E. San Román

Eva SAN ROMÁN

Sol Herrero Gutiérrez trabajó como directora de hotel en Australia y Colombia, pasó “media vida fuera”, pero por cuestiones familiares regresó a su casa de España, a Llanes. Desde entonces, su cargo nunca ha sido valorado, y en la comarca oriental, donde la mayor parte del tejido empresarial lo forman familias con negocios, “es difícil recuperar el puesto”. Ella asume esa parte, “no sé si porque las empresas aquí funcionan de un modo distinto, o por qué” pero no concibe cómo puede despreciarse de ese modo una formación en Turismo contrastada. “Prefieren que limpies a que gestiones, es algo que no entiendo porque uno a veces se más válido desempeñando su formación que haciendo cualquier otro trabajo. Desde que llegué no he hecho más que encadenar contratos precarios, echar horas y acumular días, en servicio de limpieza o, como mucho, auxiliar de recepción”, lamenta. La brecha salarial para ella va mucho más allá de cuestiones económicas en sí mismas: “Aquí las mujeres se asocian al servicio de limpieza y los hombres al de mantenimiento, al final, este último siempre acaba cobrando más, aunque su trabajo sea menos intenso. Esto es así”, evidencia. Por el momento, “y al menos hasta que la crisis sanitaria amaine, voy a quedarme aquí, pero no descarto volver a irme al extranjero” donde nunca le plantearon encajar en un puesto que, por formación, no le correspondía. Fuera de Asturias logró un puesto como directora, “pero a mi jefe no le gustaba que tratara a mis compañeros como iguales, prefería que sacara el látigo, y no comparto esa visión”.

Pilar García | Topógrafa industrial

“Somos un equipo, pero cuando entré tuve que hacerme respetar”

Pilar García. Mara Merino

I. GAGO

Cuando Pilar García (43 años) pisó por primera vez el suelo industrial, con 25 años y recién graduada de Topografía en la Universidad de Oviedo, se dio cuenta de que era la única mujer sobre el terreno. La mayor parte de sus compañeras se habían orientado hacia otras ramas, como la civil, mientras que el campo en el que ella se inmiscuía, en la industria, era “un mundo de hombres”. “Sí que había mujeres en las oficinas, pero que estuvieran en la obra, no había nadie”, señala. La contrataron en Construcciones y Refractarios, una empresa que trabajaba como subcontrata de Arcelor, y que en 2005 pasó a ser Daorje, donde trabaja actualmente. Pilar recuerda con cariño a su primer jefe, quien “protegió mucho a todos sus empleados”. “Nunca tuve ningún problema. Ni con la gente de la obra ni con nadie. Y ser mujer también tiene sus ventajas”, afirma. Aunque lo primero que hizo al pisar el suelo de la obra fue “hacerse respetar”, a base de trabajo, está muy agradecida con su equipo: “Trabajamos todos juntos y yo soy una más. Lo importante no es quién seas, es funcionar bien”. Desde Daorje, se encargan de la preparación de las máquinas con las que luego va a funcionar Arcelor. Su remuneración está estipulada por convenio, y cobran “todos por igual en función a la categoría. “Siempre hay las mismas historias, para hombres y para mujeres; algún chanchullo para intentar pagar menos...”, reconoce. Pero “por suerte”, tienen un comité de empresa que se encarga de erradicar los abusos de poder que pueda haber. “Pero sí conozco casos, de salarios pactados, en los que las mujeres cobran mucho menos, por el hecho de ser mujer”, añade.

Elsa Argüelles | Auxiliar de enfermería

“Cobro 375 euros más desde que me cambié al sector público”

Elsa Argüelles Iglesias.

Elsa Argüelles Iglesias.

J. VIVAS

Natural del pueblo de Pando, en Langreo, Elsa Argüelles Iglesias (49 años), lleva toda su vida laboral dedicada como auxiliar de enfermería. “En el año 1997 comencé a trabajar en el geriátrico de La Felguera, el Patronato de San José, donde estuve hasta agosto de 2019”, explica. De ahí pasó al Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa), concretamente en el Hospital Valle del Nalón, aunque solo estaría unos meses, ya que en octubre “me llamaron del servicio de empleo, que había sido seleccionada para trabajar en el Centro de Referencia Estatal para Personas con Discapacidades Neurológicas (Credine) de Barros, así que no me lo pensé y me fui”. El centro actualmente se dedica a acoger personas afectadas con coronavirus. ¿Y qué ha cambiado en todo este tiempo? “Pues sobre todo el salario, hay una diferencia de 375 euros de lo que cobraba en la privada a trabajar en la pública, estoy mucho más contenta”, explica. Eso sí, no aprecia diferencia con los hombres, “eso quizá suele darse en las altas esferas, pero creo que también está cambiando y cada vez hay más mujeres con altos cargos, y eso lo aprecio en mi propio trabajo donde los altos mandos mayoritariamente son desempeñados por mujeres”. Dentro de su categoría, como explica, “también solemos ser muchas más mujeres, yo creo que nos prefieren porque los usuarios, sobre todo en las residencias de mayores, son mujeres, y lo prefieren por temas de privacidad”.

María José Carreira | Oficial de jardinería

“No suelen querer mujeres para trabajar en jardinería”

María José Carreira.

J. VIVAS

Sobrevivir en un sector donde normalmente trabajaban los hombres. Eso es lo que le ocurre a la mierense María José Carreira, de 49 años y oficial de jardinería. Actualmente se encuentra desempeñando su puesto en el Ayuntamiento de Oviedo, dentro de un plan de empleo, pero el trabajo tiene fecha de caducidad. Anteriormente, también había desempeñado esta labor en otros ayuntamientos y entidades. Comenzó su vida laboral hace unos veinte años. “Estudié carpintería y pude trabajar en el Ayuntamiento de Mieres, pero fue algo fugaz, hubo que reinventarse e hice un curso de jardinería”, explica. El problema de estos trabajos es “que me está costando mucho conseguir una estabilidad laboral, te llaman para trabajar seis meses, otra vez tres, y así me pasa el tiempo, creo que el que tiene trabajo para siempre, tiene el cielo ganado”. Además, asegura que, por ser mujer, “me cuesta más que me contraten como jardinera, ya que es un trabajo para el que normalmente prefieren a hombres para realizar estas labores”. Debido a la temporalidad de estos trabajos, Carreira también se ha visto obligada a buscar empleo en otros sectores. “Estuve en el Carrefour, en una empresa de limpieza, incluso en una fábrica de tartas en Villaviciosa durante el año pasado, pero es difícil conseguir asentarte en un único lugar”. Más allá de que en jardinería prefieran a los hombres, esta mierense nunca ha sentido que saliese perjudicada salarialmente por ser mujer. “Siempre hemos cobrado lo mismo, el problema es que somos muchas menos mujeres, eso tendría que cambiar”.

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