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Asturias, un paraíso con las puertas cerradas

Tras el “boom” de visitantes del verano, el sector del turismo rural acusa el golpe de las limitaciones ligadas a la pandemia

Diego Rodríguez y Alberto Cuetos hacen un descanso al llegar al refugio de Brañagallones

Diego Rodríguez y Alberto Cuetos hacen un descanso al llegar al refugio de Brañagallones

Hace ya unos cuantos días que el otoño terminó de colorear el bosque para dejar un paisaje, cada vez mayor, de árboles desnudos esperando a la primavera. En el parque Natural de Redes, que comparten los concejos de Sobrescobio y Caso, y camino del refugio de Brañagallones, apenas se puede

Apenas pudo estrenar este taxista de Bezanes su nuevo servicio de transporte a Brañagallones. “Puse en marcha un tren turístico que, además, es también una excursión guiada por el parque natural, con capacidad para 19 personas”, indica este taxista que en algunos tramos detiene el todoterreno para que dejar paso a las últimas vacas que aún están bajando hacia el valle, dejado la braña desnuda del sonido de los cencerros, una presencia sonora que tanta vida le da en cuanto suben, cada primavera, a los pastos altos. “En verano fue excesivo, nunca vi tanta gente y tampoco es eso, no queremos que esto se masifique”, dice Rafael, que al tiempo se lamenta de la situación que viven. “El bajón ha sido grande, hay que pensar que el otoño es temporada alta en el Parque. Yo, como transporte, sigo funcionando, pero el albergue está cerrado”, afirma Rafael Fernández, que también cuenta con unos apartamentos y un estanco. “Se siguen haciendo los servicios de transporte médico, de escolares, pero incluso el de la gente de la zona ha bajado porque mucha gente, con lo que está pasando con el covid, no quiere moverse de casa, tiene miedo”.

Asturias, un paraíso con las puertas cerradas

El resumen de este emprendedor es claro: “Tengo los apartamentos parados, y el estanco, como no hay gente, no vende. Este cierre nos está afectando mucho y, dependiendo de que el propietario tenga más o menos capacidad económica, podrá resistir o no. Pasar días y días sin ingresar nada, mientras los recibos siguen viniendo, nos va a llevar a la quiebra”, afirma, mientras termina de encender una de las chimeneas del refugio de Brañagallones al tiempo que le pregunta a José Manuel Prado, el guarda, cómo lleva lo de moverse con la escayola. Y es que, nunca mejor dicho, Pepe, como todo el mundo le llama, tuvo un desafortunado resbalón y la caída le costó una rotura de peroné. “El último gran puente que ya se cerró la provincia teníamos bastante gente de otras comunidades y de Asturias, pero hubo que anular todo. Ahora, que no sabemos cuándo se va a poder reabrir y en mi situación me temo que este año igual nos replanteamos cerrar entrado el invierno, y sería la primera vez, pero en el momento que empiece a nevar tampoco te puedes mover con el vehículo; tienes que caminar y yo no podría, además de que tengo que hacer la rehabilitación”, se lamenta.

A nivel económico la situación afecta al refugio, necesitado de algunas reformas para él imprescindibles. “Energéticamente seguimos dependiendo del gasoil, en los tiempos que corren; en un espacio natural como este la solución son las energías renovables, y después tenemos una necesidad estructural muy grande en la cubierta del edificio, con un tejado mal aislado. Son cosas que conocen tanto la Administración como la Federación de Montaña, pero de momento siguen sin tomar medidas”, dice Pepe, que recuerda, además, que el pasado mes de agosto el refugio cerró quince días tras el positivo por coronavirus de un turista que se había alojado allí. Se reabrió a finales de agosto, algo que económicamente le pasó factura, porque, como el propio Pepe señala, “lo que se saca en los meses de verano es con lo que se cubre el gasto hasta Semana Santa, y el refugio necesita de mucho mantenimiento”.

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También lamenta el cierre del refugio en otoño, el mejor momento sin duda para descubrir Redes y, por ende, Brañagallones, para los que gustan de la naturaleza. “En otoño la gente es más organizada y más sabedora de dónde viene, y por eso viene. Son amantes de la montaña y el senderismo, no como lo que vimos este verano, que fue algo inaudito, tuvimos un turismo masivo pero para mí la mayoría era gente que no que se identificaba nada con la montaña, con estos espacios naturales; venían huyendo de sus ciudades o de donde fuese. No interactuaban con el entorno, tanto podían estar aquí como en la playa”, recuerda.

Juan Carlos Menéndez, “Kaly”, pionero del turismo activo en Asturias, al frente de albergue de Serandinas, en Boal, y de su empresa Kaly Aventura, señala que la situación “es muy preocupante y, por otro lado, la facturación de las empresas de turismo activo no solo se resiente ahora, es que podríamos decir que es un año prácticamente perdido, sin casi clientes porque la mayor parte de los programas con los que trabajas se han cancelado. Es una situación nueva a la cual no queda otra que adaptarnos trabajando con seriedad y con rigor. Este año, este verano, y con independencia del turismo nacional, también los asturianos descubrieron lugares en su tierra a los que nunca habían ido y el grado de satisfacción fue bueno, lo cual crea unas buenas expectativas”.

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Este tiempo de cierre lo está dedicando a reparar material y revisar diseños de protocolo con distintas asociaciones como ATAYA (Asociación de Turismo Activo y Albergues de Asturias), de la que forma parte, así como de la nacional, en la que Juan Carlos Menéndez es el representante asturiano. Él hace un llamamiento a la serenidad y a aprovechar este tiempo para la creación de nuevos proyectos. “Se cancelaron muchas cosas, pero lo primero es la salud, porque si no tienes salud, no vas a poder trabajar. Son momentos para preparar nuevos productos. Independientemente de que salga una vacuna o no, lo cierto es que será un forma de vivir diferente, con nuevas condiciones, con planteamientos de seguridad, con protocolos necesarios por nuestros clientes y por nosotros. Tenemos que reinventarnos y pensar cómo se debe trabajar o incluso cómo llegar a ese cliente que ahora tiene otra forma de vivir y de sentir. Las experiencias que nosotros les podemos aportar tienen que adaptarse a esta nueva situación”.

Javier García Suárez es el propietario de los apartamentos El Cueto, el primero complejo que se abrió en Oviñana (Cudillero) como alojamiento rural, hace 25 años. Como todo su sector, cree que lo peor es la incertidumbre y la falta de ingresos con los establecimientos cerrados. “Nunca tuvimos tanta gente como este verano, fue tremendo. Salvamos el verano, pero detrás hay que recordar que también se cerró en Semana Santa, y este último fin de semana de puente nos afectó doblemente, no solo por el turismo que nos viene de las provincias limítrofes, sino también por la gente que viene aquí de Oviedo y de Gijón, que fuera de temporada son los que vienen más, y ahora tampoco pueden por el cierre de las ciudades. De estas ciudades, mayormente, es de donde nos vienen los viajeros los fines de semana el resto del año”, recuerda.

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Los ánimos en su sector están bajos y lo que peor llevan, como él dice, es la incertidumbre. “Ahora vamos a ver lo que pasa con resignación. No sabemos qué va a ocurrir. ¿Abriremos en diciembre, podremos abrir para Navidad? Estos son meses flojos, pero eso no quiere decir que no necesitemos los ingresos. Pero es que vamos arrastrando todos los cierres de este año y normalmente en estas fechas los ingresos son para cubrir gastos, pero ni a eso vamos a llegar, no vamos a poder cubrir esos gastos, está claro”, matiza.

A finales de la semana pasada, cuando se realizó este reportaje, Diego Rodríguez y Alberto Cuetos, dos lavianeses amantes del deporte y la montaña, subieron en bicicleta por la pista que lleva a Brañagallones en un día de sol espectacular, apurando la mañana de un día privilegiado para ellos. “Andando ya vinimos varias veces, y yo es la primera que lo hago en bicicleta”, señaló Cuetos, mientras que Rodríguez añadió: “Vinimos aprovechando el buen tiempo, es un sitio fantástico y entre que cualquier día nos encierran a todos y que pronto va a nevar, aquí ya no se va a poder subir más, lo hicimos hoy”. Sin duda la idea fue, además de buena, premonitoria, pues el pasado miércoles el Principado también ordenó el cierre perimetral de Langreo, Laviana y San Martín del Rey Aurelio por la elevada incidencia del covid-19, que entró en vigor a las 00.00 horas de ayer, sábado, día 21.

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