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El tren asturiano no tiene pito que tocar

El desesperante ejercicio de viajar en cercanías por Asturias, con decenas de paradas “fantasma” y casi al ralentí

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Eva San Román Noriega

Una vez más alzo la voz que clama en el desierto. Sí, y setenta veces siete continuaré denunciando la falta de interés en roturar el baldío ferroviario para que transiten sin traba alguna nuestros trenes. Nada nuevo, porque el desinterés por los caminos de hierro es el pan nuestro de

Una vez más alzo la voz que clama en el desierto. Sí, y setenta veces siete continuaré denunciando la falta de interés en roturar el baldío ferroviario para que transiten sin traba alguna nuestros trenes. Nada nuevo, porque el desinterés por los caminos de hierro es el pan nuestro de cada día. Estos últimos días decidí viajar en las cercanías asturianas y he constatado que la liturgia en materia ferroviaria sigue igual, no se prevé cambio alguno en este sentido.

29 minutos, 7 paradas

Uno de los días me desplacé a Pola de Siero desde Oviedo en el R2f con destino a Santander por la línea C6f. La duración del viaje es de veintinueve minutos porque ha hecho un alto en La Corredoria, Parque Principado, Colloto, Meres, Fonciello, El Berrón y La Carrera. El regreso lo hice en el tren con salida de la capital sierense a las 15,04 h en un tiempo menor (veinticinco minutos), ya que no tiene parada en todos los lugares por los que pasa. ¿Cómo se obliga a un tren de larga distancia a detenerse en un trayecto tan corto en todos los andenes y en cambio un cercanías pasa de largo, por ejemplo, en Fonciello? Por cierto, los 231 kilómetros hasta la provincia montañesa si todo va bien se hacen entre 4.50 horas y 4.58 horas, y los más de 300 kilómetros entre la capital asturiana y los confines noroccidentales de nuestro país, entre 7.11 horas y 7.14 horas.

Velocidad de vértigo: 43 km/h

Si aplicamos la sencilla fórmula velocidad igual al espacio recorrido entre el tiempo empleado comprobaremos que el resultado produce vértigo: 43 km/h aproximadamente. ¿Quién va a viajar en estos trenes con este panorama en el que prima la inmediatez? Una vez más, mi escepticismo se incrementa cada vez que recuerdo la brillante idea del “mini-AVE del Cantábrico” o “AVE de ancho métrico”, que rodaría a una velocidad de 160 km/h. ¿Cómo se puede proponer un planteamiento de este tipo sin conocer las redes ferroviarias de ámbito regional? Si esa quimera se llevase a cabo, implicaría un nuevo trayecto con un buen desembolso para tal fin. Entonces qué sentido tendría una alta velocidad de vía estrecha. Ninguno, porque sería un despilfarro a costa del erario público. ¿No sería mejor una línea en ancho internacional sin que ello implicase pasar necesariamente por Oviedo entre la frontera francesa y Ferrol/La Coruña para vertebrar el Arco Atlántico a través de la cornisa cantábrica?

Dejémonos de perder el tiempo, gastar dinero en elaborar proyectos etéreos y seamos prácticos de una vez. A lo mejor lo que cabe a medio plazo es mejorar los trazados actuales en puntos concretos que ralentizan el viaje, construir variantes tan necesarias como urgentes en Udrión, eliminar fondos de saco como el de Trubia, conectar los centros fabriles mediante ramales –el caso de Navia es lamentable–, electrificación, desdoblar las vías, adquirir material móvil rápido y seguro, ofertar horarios que respondan a las necesidades de los ciudadanos, establecer qué trenes y en qué estaciones se admitirán usuarios.

Llegar a esta conclusión es fácil si se dispone de una inteligencia acorde con la del Homo Sapiens, pero parece que esta muchas veces ha quedado al nivel de la de los primeros primates homínidos. Nada tampoco de extrañar viendo el currículo de algunos en la España de las oportunidades forjada en aquel contexto histórico “Tanto monta, monta tanto”.

Oviedo-Grado, 42 minutos

Otro día la tournée discurrió entre Oviedo y el concejo moscón en el R1f por la línea C7f con salida a las 7.30 horas. El convoy realiza doce paradas, avanza a una velocidad que oscila entre 50 km/h y 80 km/h –esta última en tramos cortos– y emplea cuarenta y dos minutos en alcanzar Grado.

Nueve minutos tarda en llegar a San Claudio. Aquí accede un grupito de pasajeros, media docena son adolescentes. Enseguida me doy cuenta de que su destino es el IES Río Trubia. Se despiden del convoy en el apeadero de Soto-Udrión. Esta es la prueba del nueve que confirma mi presentimiento. ¿Por qué abandonan el tren aquí y no en Trubia? Sencillamente porque de este modo pueden viajar gratis entre el origen y el fin del trayecto. Ni en San Claudio ni en Udrión hay tornos y para colmo este tren no dispone de interventor en ruta. ¡Qué bien! El control brilla por su ausencia y además siendo como somos los españoles tan aficionados a sisar al Estado no es de extrañar que sucedan estas cosas. ¡Qué necesaria es una educación para la ciudadanía!

¿Por qué abandonan el tren aquí y no en Trubia? Sencillamente porque de este modo pueden viajar gratis entre el origen y el fin del trayecto

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Esta praxis descrita en esta línea no es nueva. No quiero pensar que los maquinistas no informan de estos hechos. Creo que algunos sí, aunque el destino de sus informes y comunicados es con toda seguridad la papelera o el profundo fondo de un cajón del que un día saldrán para el cubo del reciclado o para la trituradora.

Muchas veces he escrito que no podemos dejar morir el tren como tampoco podemos condenar a los pueblos al exterminio. No es una voz la que clama, es un desgarrador grito cuyas ondas no son sintonizadas por sus señorías, ocupadas en otros menesteres. Hay que diseñar de una vez políticas que corrijan estos dislates.

La eternidad: Santander-Ferrol

Propongo al señor ministro del ramo subir a un tren en Santander con destino Ferrol acompañado de presidentes autonómicos, alcaldes de ciudades y villas señeras. Lo primero que comprobarán es que tendrán que hacer noche en Oviedo después de cinco horas de viaje y al día siguiente madrugar para disfrutar de la marina asturiana y lucense durante siete horas. Antes de la pandemia el viaje se podía hacer en el día con salida de Santander a las 9.10 horas, llegada a Oviedo a las 14.00 horas, partida a las 14.30 horas desde aquí y por fin pasadas las 21.30 horas la composición formada por el “Tamagotchi” (apodo con el que han bautizado en el Alto Aller a la serie 2700 y 2900) o en su defecto por los vetustos “Apolo” (serie 2400) entra de la mano del ancho ibérico en Ferrol. Sugiero a los ilustres viajeros que se provean de viandas del tipo empanada, tortilla, filetes empanados, fiambres, bebida, café porque no hay servicio de cafetería para reponer fuerzas. Este es el crudo escenario en pleno siglo XXI. Atravesar estas tres provincias es una auténtica vuelta al pasado. Si el relato de esta situación se hiciese realidad entraría dentro de lo posible albergar una esperanza para el ferrocarril.

El político tiene que patear el territorio, escuchar, ver, sentir, sintetizar en su pituitaria el olor a pueblo, porque ahí están las fuentes a partir de las cuales debe elaborar su programa

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El trabajo de campo nunca debió desaparecer del ejercicio de la política; sin embargo, esta va por otros derroteros. Suelen tomar las campañas electorales como parangón el circo norteamericano. Vivimos en la época del marketing, de las redes sociales para mostrar falazmente la cercanía al ciudadano, de la venta “del programa” en ridículos tenderetes llamados carpas que nada aportan. El resultado es el que es. El político tiene que patear el territorio, escuchar, ver, sentir, sintetizar en su pituitaria el olor a pueblo, porque ahí están las fuentes a partir de las cuales debe elaborar su programa. Esa es la verdadera piedra angular sobre la que se edifica una acción de gobierno.

Promesas olvidadas

La crisis de las comunicaciones ferroviarias en Asturias es profunda porque afecta a itinerarios, material móvil, pérdida de viajeros y a la vez extensa por su duración en el tiempo. Si tiramos de hemeroteca recordaremos aquellos compromisos de unos y otros, mientras que el paso del tiempo no deja entrever ninguna actuación en un horizonte ni a medio, ni a corto, ni a largo plazo. ¿Alguien ha visto reparar las limitaciones de velocidad? ¿Se han eliminado las curvas que obligan a reducir la velocidad? ¿Se ha dotado de material móvil moderno para sustituir las viejas carracas más quemadas que la pipa de un indio? ¿Se planifican horarios bajo los criterios de eficacia y eficiencia? ¿Veremos la variante prestar servicio de una vez? La respuesta a cada interrogante está teñida de un profundo pesimismo y desconfianza que va in crescendo. ¿Y qué decir de la locomotora n.º 8 del antiguo Vasco-Asturiano para remolcar trenes ora turísticos, ora históricos? ¿Cuánto dinero se ha invertido en su puesta de largo? ¿Y la fallida inversión en el Fabiolo? ¿Para cuándo el tren de gas licuado en el ancho métrico? Todo ello es un despropósito que no tiene consecuencias y por eso nuestro tren ya no tiene pito que tocar.

En la Pola el tren solo sale para los que no tienen prisa

A. ILLESCAS

La escena en la estación de tren de Pola de Siero cuando el reloj señala las 13.30 se compone de jóvenes que marcan el terreno entre ellos a la salida del instituto y personas de mediana edad, ya jubiladas, que acuden tranquilamente a comer a sus casas tras unos recados. No hay prisas. Ese es el factor determinante. Los que están allí, parados a la sombra del tendejón, afirman sin dudar que no lo cogerían si fueran apurados a algún sitio. En todo caso, la estación está llena, lo que indica que el ferrocarril de vía estrecha aún vive en el céntrico concejo asturiano. 

En la esquina de la plataforma aguarda Laura Suárez, joven estudiante natural de Gargantada. Ella no usa habitualmente el tren como medio de transporte para llegar a su centro educativo de La Pola. “No tengo estación donde vivo, me tienen que ir a buscar”, explica. 

Una vez se suba al vagón, tiene cuarenta minutos hasta entrar por la puerta de su domicilio, “entre el viaje y el transbordo”. Es por eso que suele recurrir al autobús. Sin embargo, sabe de las penurias por las que pasan los que sí se trasladan por las vías a diario: “Muchos amigos me dicen que deja bastante que desear”, concluye. 

Usuarios encaminándose hacia el vagón del tren en la estación de Pola de Siero. | A. I.

También hay quien lo usa puramente para el ocio. Es el caso de Carla Gómez, polesa de 15 años, que suele hacer “el trayecto hasta Colloto o a Parque Principado”. Momentos en los que no va excesivamente apurada, pero que también se ven trastocados por el declive del servicio. “Es cierto que últimamente está dando bastantes problemas. El de menos veinticinco sale entre cinco y quince minutos tarde casi siempre”. Claro, con esa experiencia, es normal que reniegue del ferrocarril cuando tiene que llegar en hora: “Si vas con un poco de urgencia más te vale llegar una hora antes”. 

En otra franja de edad están Emilio Fernández y su esposa, Argentina Camporro. Él jubilado y ella en ERTE, son dos románticos del tren. Eso sí, cuando el destino es el disfrute. “Hacemos mucho el trayecto a Candás, a Gijón y a El Berrón. También alguna vez a Ribadesella, pero son dos horas y media y tardas más en ir que lo que estás allí”. 

Lo cierto es que no se quejan mucho de retrasos, cancelaciones o averías, “creo que solo nos pasó una vez”, dicen. No obstante, Fernández prefiere ser precavido y confiesa que “si tengo que ir a una consulta médica prefiero el bus, que llego a tiempo y me deja allí”.

Pravia-Oviedo a diario: un ejercicio de paciencia

Sara ARIAS

Siempre mirando el reloj y, suerte, que no haya avería. Es el día a día de Alberto Cabello para desplazarse en tren a trabajar desde Oviedo a Pravia, y vuelta. No hay día en que lleguen a la hora estimada ni a uno ni a otro destino. Es casi un milagro. Son pocos usuarios en la línea Oviedo-San Esteban (Muros), pero a este paso menos habrá. “Antes íbamos el doble de personas, pero hubo casos en los que, por llegar tarde, les daban el toque en el trabajo y se vieron obligados a coger el coche”, dice Cabello.

En su caso, sin carné de conducir, no tiene más opciones. A la ida el tren sale por el reloj, pero más de 15 apeaderos después –en la mayoría nadie sube ni baja– y tres paradas más largas en Trubia, Grado y San Román de Candamo, se retrasa la llegada “la mayoría de los días”. Y así, cada día de lunes a viernes desde los últimos 12 años. Cabello no entiende por qué el tren sigue parando en los apeaderos donde rara vez se suben o bajan pasajeros. “La mayoría se baja en Trubia y luego vamos cinco o seis, menos los jueves que se sube gente de los pueblos para ir al mercado a Pravia”, explica. A los retrasos que denuncia se suman averías habituales que dejan a los pasajeros en tierra, a los que les ponen un taxi o microbús para llegar a sus destinos.

“Muchas de las averías que sufrimos en la vuelta son por retrasos en la red gallega, según nos informan, tengo esperado una hora o incluso más por avería del tren o porque se estropeó la catenaria”, comenta. Cabello apunta que los vagones en los que viajan son antiguos y algunos, retirados de otras zonas. “El Ministerio de Transportes gasta dinero en los corredores del AVE, el norte de España no es una prioridad inversora desde nunca”, lamenta.

Alberto Cabello, en la estación de Pravia. | Sara Arias

A los retrasos y averías por mal estado de los trenes y la red ferroviaria este usuario habitual del tren suma constantes errores de megafonía o en los letreros que anuncian las líneas y llegadas dentro de los convoyes. “A veces no sigue el orden de paradas que lleva realmente el tren o trae las estaciones gallegas y no las de aquí; aparece que estamos en Ferrol y estamos llegando a Vallobín desde Pravia”. Cabello ya ha tenido que ayudar a más de un turista perdido con las paradas: “El que no viaja como yo a diario, como pueden ser turistas que vienen de Galicia y a veces ni entienden castellano y no saben dónde están”.

La falta de revisores es otro de los déficits del servicio ferroviario que nota Cabello y que, a su vez, genera la picardía entre los incívicos, que se cuelan en los apeaderos sin torno como en Peñaflor, antes de Grado, o en Udrión, antes de Trubia. “Chicos y mayores, hay gente que viaja sin pagar, en Peñaflor hay uno que se baja y va caminando a la villa, que está cerca, eso pasa donde no hay torno, aunque en Vallobín también se lo saltan”, detalla.

Por ello cree, como usuario, que lo más conveniente para mejorar la línea Oviedo-San Esteban, evitar retrasos y picardías sería impulsar los trenes semidirectos con paradas solo en Trubia, Grado y San Román en las franjas horarias en las que hay más usuarios, que suelen coincidir con el inicio y final de los turnos de trabajo o estudio. “Hablan de los objetivos verdes y la sostenibilidad pero los usuarios terminan cogiendo el coche, es curioso que aquello que persiguen está aquí”, argumenta mientras señala las vías. “El Gobierno central debería fomentar el uso del tren como han hecho en ciudades como Hamburgo”, añade Cabello a punto de tomar el tren de Pravia a Oviedo, que sale con retraso. Otro día más.

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