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Las otras joyas de la colección de los Selgas

La Inmaculada del Greco y el “Aníbal vencedor” de Goya son las piezas más excepcionales, pero no las únicas valiosas entre las muchas atesoradas por la familia de filántropos asturianos

La Quinta de los Selgas en El Pito, en Cudillero, comenzó siendo una vieja casona rural. Era propiedad de la familia desde finales del siglo XVIII y en 1871, al morir, Juan Selgas y Campo, que hizo dinero con el comercio de ultramar, se la legó a sus hijos Ezequiel, Fortunato y Francisca. El palacio, que sirvió de contenedor a la magnífica colección pictórica, escultórica, de artes decorativas y bibliográfica, que los hermanos varones reunieron, se edificó entre 1880 y 1895.

A medida que avanzaba su construcción, los hermanos Selgas acumulaban más y más obras, las más valiosas hacia la etapa final, cuando el elegante edificio ya había adquirido empaque. En 1890 se cobraron las dos piezas más preciosas, la Inmaculada del Greco –inicialmente catalogada como una Asunción– y un Goya, el “Aníbal vencedor, que por primera vez mira Italia desde los Alpes”. Ninguna de las dos están ya en la Quinta. El Goya se ha incorporado a la colección permanente del Prado, tras haber sido adquirido por los Amigos del Museo. El Greco, que se sepa, permanece depositado en una galería de arte madrileña, después de que el Ministerio de Cultura frustrará su venta y su salida de España.

No son, ni mucho menos, las únicas joyas artísticas que los Selgas atesoraron. La Consejería de Cultura del Principado afirma tener constancia de que algunas piezas de esa magnífica colección han salido de Asturias, pese a que uno de los compromisos de la Fundación Selgas-Fagalde, de la que forma parte, es mantener unido el patrimonio legado por la familia.

Los tesoros de la Quinta eran innumerables, pero entre ellos había algunas obras sobresalientes. Para la primera planta de su palacio, Ezequiel Selgas adquirió el “Retrato del General Ricardos”, de Goya, del cual se conocen otras dos versiones, una en El Prado y la otra en la Walters Art Gallery, en Baltimore (Estados Unidos). Para la entrada, eligió dos cuadros de Peter Snayers, de 1650, “Levantamiento del sitio de Cambrais” y “La toma del Castillo de la Mote d’ Abois”. En El Prado se guardan varios lienzos muy similares del mismo autor y con la misma temática, las campañas de la Guerra de los Treinta Años. No muy lejos de allí, en el vestíbulo, la familia colgó el “Retrato de Carlos III”, de Carreño Miranda, de 1671, en el vestíbulo. “La Adoración de los Reyes Magos”, de Theodor Van Loon, de la segunda mitad del XVII, fue a parar a la alcoba pompeyana, donde dormía Fortunato Selgas.

En la alcoba Leones, que era la de Ezequiel, se alojó un delicado frontal de altar, con escenas del Génesis bordadas, italiano y del siglo XVI, y en la sala Luis XIII, la antigua sala de juegos, había una“Diana curada por Endimión”, de Luca Giordano.

Una de las piezas más singulares, en la sala Luis XIII, es el “Retrato de Felipe II”, una copia de un cuadro de Tiziano que José Camón Aznar, un destacado historiador y crítico de arte que asesoraba a los Selgas en cuestiones de arte, atribuyó a Rubens.

Los Selgas adquirieron varios bocetos de Vicente Carducho para la madrileña cartuja de Santa María del Paular, del siglo XVII, “Escenas de la vida de San Bruno”, y en el tocador o vestidor que compartían Ezequiel y su esposa Faustina se colgó un “Ecce Homo” de Luis de Morales. Para la sala Luis XV se compró una obra del retratista italiano Jacomo Amicomi, “Retrato de Marino”.

También reservaron piezas interesantes para la iglesia, como una Santa Rosa de Lima de la escuela de Murillo, de la segunda mitad del XVII; el retablo del Rey Silo, que compraron en Asturias; y la escultura de la Virgen de Miguel Ángel Naccherino, para el pórtico.

La Quinta, con todo el conjunto de edificaciones anexas y sus jardines, es, en sí misma, la mejor obra de la familia de filántropos asturianos. Sus salas son una síntesis de las colecciones, de carácter historicista y un tanto eclécticas, que se pusieron tan de moda entre la alta burguesía en el Madrid de finales del siglo XIX.

“Escenas de la vida de San Bruno”

Varios bocetos de Vicente Carducho para el Paular, del siglo XVII

Para su dormitorio, la alcoba pompeyana, Fortunato Selgas eligió un par de bocetos del pintor florentino Vicente Carducho para la cartuja de Santa María del Paular, en Madrid. Para ese monasterio realizó 56 cuadros magistrales. Los de la Quinta del Pito son dos estudios preparatorios de “Escenas de la vida de San Bruno”.

“Diana curada por Endimión”

De una de las paredes de la sala Luis XIII, en su origen la sala de billar o de juegos, en la primera planta de la Quinta de los Selgas, cuelga el cuadro “Diana curada por Endimión”, de Luca Giordano, uno de los maestros del barroco italiano, discípulo de José de Ribera en su taller napolitano. En 1692 se estableció en España, durante una década, y pintó los frescos del monasterio del Escorial y del palacio del Buen Retiro.

“Ecce Homo”

El “Ecce Homo”, del extremeño Luis de Morales, uno de los grandes pintores del Renacimiento español, es una tabla al óleo, adquirida para el tocador Luis XVI, que compartían Ezequiel Selgas y su esposa Faustina.

“Retrato del Infante Carlos III”

El “Retrato del Infante Carlos III” se exhibe en el vestíbulo de la Quinta de los Selgas y es obra del avilesino Juan Carreño Miranda, que fue pintor de cámara de Carlos II.

“Retrato de Marino”

El “Retrato de Marino” se expone en la sala Luis XV, en la primera planta de la Quinta del Pito y se atribuye a Jacopo Amiconi, un pintor italiano nacido en 1682, que se inscribe en la escuela veneciana y muy valorado por sus retratos elegantes y suntuosos.

“Retrato de Felipe II”

El “Retrato de Felipe II” se expone en la sala Luis XIII del palacio y se cree que es una copia de un Tiziano. José Camón Aznar, que asesoraba a los Selgas en cuestiones de arte, la atribuyó, por el tipo de pincelada, a Rubens, que entre 1636 y 1640 estuvo de visita por España.

“Levantamiento del sitio de Cambrais”

Dos cuadros del pintor flamenco Peter Snayers, datados en 1650, destacan en la entrada del palacio de El Pito, dedicados a dos de las campañas de la Guerra de los Treinta Años. Se trata del “Levantamiento del sitio de Cambrais” y “La toma del Castillo de la Mote d’ Abois”. Snayers, que se especializó en representaciones bélicas, está presente en el Museo Nacional del Prado con varias obras.

“Retrato del General Ricardos”

El “Retrato del General Ricardos” es uno de los cuadros más importantes de toda la colección reunida por los Selgas y se exhibe en la sala Luis XV. Es un óleo pintado por Francisco de Goya en 1794, el mismo año en el que falleció el militar que lo protagoniza.

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