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Claves para una reforma política

El exministro José Manuel Otero Novas aboga por que el presidente del Gobierno sea elegido directamente por el pueblo y por eliminar las enmiendas a la totalidad de los presupuestos

Pedro Sánchez mira al diputado de esquerra republicana gabriel rufián en una sesión del congreso. | europa press

Pedro Sánchez mira al diputado de esquerra republicana gabriel rufián en una sesión del congreso. | europa press

El presidente Pedro Sánchez acaba de otorgar los indultos a los condenados del “procés” en pos de una pretendida salida al conflicto catalán que se presume incierta incluso por los propios socialistas que la están promoviendo. En lugar de eso, la oposición ve en este hecho el obligado peaje que debe pagar el Gobierno para mantener el apoyo de los partidos nacionalistas, vital para la supervivencia del Ejecutivo. Lo cierto es que ningún Gobierno ha podido sustraerse de esa dependencia respecto a fuerzas periféricas que han encarecido su apoyo hasta tal punto que se está poniendo en cuestión la propia estructura del sistema.

Frente a este viejo problema se han alzado en los últimos años voces como la del exministro José Manuel Otero Novas, presidente del Instituto CEU de Estudios de la Democracia, cuya Aula Política propuso en su día una serie de reformas rápidas (no llevarían más de un mes) y fáciles, puesto que no tocarían la médula de la Constitución y liberarían al Gobierno de la trampa en la que le mantienen fuerzas que sin duda tienen un exceso de influencia respecto al peso real que deberían tener. El problema es que esa solución requiere de la anuencia y el pacto de los dos grandes partidos nacionales.

José manuel otero Novas, durante su discurso el pasado 16 de junio. | CEU

La última vez que Otero Novas hizo referencia a su propuesta de reforma fue el pasado 16 de junio, con motivo de acto de clausura del curso del Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo –presentado por la periodista asturiana María Teresa Álvarez y que contó con la presencia de la ministra de Defensa, Margarita Robles–, en el que el lucense aseguró que “el mayor problema que tiene nuestro sistema político es la necesidad de contar con mayorías absolutas en unos cinco momentos de cada legislatura, una necesidad que nos hace caer a veces en la parálisis, y siempre, a seguir en ese camino que llevamos recorriendo décadas y que conduce a un indeseable final destructivo de la nación”.

Esos cinco momentos no son otros que la investidura del presidente del Gobierno y las cuatro votaciones de totalidad de los Presupuestos de cada legislatura. Es la necesidad de salvar esos cinco hitos ineludibles los que explican que Pedro Sánchez se haya puesto en manos de fuerzas como Esquerra Republicana o Bildu, y que, en pago a ese apoyo, haya acercado a la totalidad de los presos etarras y haya concedido los indultos. “Nuestro planteamiento es que, mientras no se rompa esa dependencia, eso va a seguir ocurriendo, como ha ocurrido en los últimos treinta años, tanto si gobierna la izquierda como si lo hace la derecha, hay que pagar el peaje”, explica Otero Novas. “Hasta ahora se había solventado con dinero, pero ya queda poquito que dar, lo que venga de Europa...”, añade.

“La pregunta es si le gusta al presidente Sánchez esa subordinación respecto de las fuerzas nacionalistas, si le gusta que se rían de él, como hizo Rufián en el Parlamento al recordarle que le terminarían convenciendo de más cosas aparte de los indultos"

Otero Novas

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Las propuestas de Otero Novas y el Aula Política ya se articularon en un volumen publicado hace unos años, “Recuperar España. Una propuesta desde la Constitución”. Allí se recogía por ejemplo la necesidad de reformar el delito de rebelión o la ley de partidos, aunque más recientemente hizo otra propuesta de tan solo dos medidas, que exigen no obstante que “tanto el Gobierno como la oposición se pongan de acuerdo”. “La pregunta es si le gusta al presidente Sánchez esa subordinación respecto de las fuerzas nacionalistas, si le gusta que se rían de él, como hizo Rufián en el Parlamento al recordarle que le terminarían convenciendo de más cosas aparte de los indultos. Yo creo que no. Como tampoco le gustaba a Rajoy tener que ceder, aunque cedía”, cree Otero.

Una de las medidas conllevaría la reforma del artículo 99 de la Constitución, el que regula el proceso de investidura del presidente del Gobierno, que “puede llevarse a cabo en el plazo de un mes, como la reforma que forzó Angela Merkel a Zapatero”. Otero postula que la elección del presidente deje de ser una prerrogativa del Congreso y sea fruto de una elección directa por parte del pueblo. “Se establecerían dos urnas, una para elegir a los miembros del Parlamento y otra para elegir al Presidente. En caso de que en esta última votación no hubiese una mayoría absoluta, se arbitraría una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados. Por tanto, el Presidente no tendría que presentarse a la investidura”, indica el exministro.

Un cambio así nos acercaría al sistema francés. “No es menos democrático que el sistema actual. Lo elegiría directamente el pueblo. Y no es verdad, como han dicho algunos, que un cambio así requiriese una reforma agravada de la Constitución. Los artículos que habría que cambiar no están en los títulos de reforma agravada”, añade. Tendría también que modificarse “solo una de las cincuenta prerrogativas que tiene el Parlamento”. Y se podría hacer solo con los votos de PSOE y PP.

Ahora, todos los partidos, especialmente los más pequeños, plantean enmiendas a la totalidad, y venden caro su apoyo a los Presupuestos, poniendo en juegos “prácticas rabiosamente antidemocráticas”; cinco diputados reciben más que otro grupo de treinta

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La segunda reforma que plantea Otero Novas, y que se refiere a la aprobación de los Presupuestos, sería aún más fácil, porque bastaría con tocar el Reglamento del Congreso de los Diputados. “En una semana se arregla, solo afecta a un artículo”, asegura. Y es que “no está en la Constitución que las leyes de Presupuestos tengan que someterse a una votación de totalidad”. Ahora, todos los partidos, especialmente los más pequeños, plantean enmiendas a la totalidad, y venden caro su apoyo a los Presupuestos, poniendo en juegos “prácticas rabiosamente antidemocráticas”. Un grupo de cinco diputados recibe más que otro de treinta. “Los que votan a favor es porque los compran”, cree.

Pero “si se suprimen las enmiendas a la totalidad y se pasa a votar artículo por artículo de la ley de Presupuestos, al final saldría la voluntad del pueblo español. Se evita que los gobiernos vayan cogidos por la boca a la cesta del pescador. Y se permite que gobierne el partido que consiga más escaños, haciendo que treinta diputados periféricos o marginales valgan como treinta y no como 300”, vaticina Otero Novas.

Miembro del Grupo Tácito, que confrontó al régimen franquista y nutrió los primeros gobiernos democráticos, Otero Novas hizo en su discurso del pasado 16 de junio algunas advertencias graves. “Quienes quieren que España vuelva políticamente a la Primavera de 1936 –y nos lo recuerdan cuando dicen que hay que volver a la Segunda República–, echando mano de la, a mi juicio superada, dogmática marxista, tratan de desprestigiar la Transición como resultado supuestamente inevitable de las fuerzas entonces en presencia. Y ello no es verdad. El cambio podría haber sido llevado en direcciones muy diferentes (...). Muchos analistas, dentro y fuera de España, pronosticaban que a la muerte de Franco necesariamente volveríamos a los enfrentamientos que nos llevaron a la Guerra Civil”, señala.

En la derecha estaba el búnker; por la izquierda, grupos comunistas que mataban lo que podía. El Partido Comunista “no creía en la democracia”, y el PSOE reivindicaba con orgullo “el golpe de Estado revolucionario y sangriento que dieron en 1934 contra la II República”. “Pese a ello, cediendo todos algo de nuestras posiciones, conseguimos el consenso en torno a la democracia entre los distintos sectores (...) Merece la pena que conservemos el consenso histórico de la Transición”, cree. La alternativa es un escenario de fin de régimen impredecible.

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