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Un verano de récord: el turismo rural que se inventó en Asturias celebra su éxito con el objetivo de ganar visitas en invierno

El turismo rural, un invento asturiano, prevé nuevo récord este verano, pero su oferta es incapaz de atraer clientes el resto del año

Dos turistas descienden de la  Cruz de Priena hacia Covadonga.

Dos turistas descienden de la Cruz de Priena hacia Covadonga.

El turismo rural de Asturias se tiene que desestacionalizar. El sector fue “inventado” en Asturias y por asturianos hace más de 35 años y el Principado arrasa en julio y agosto, aguanta con alta ocupación y número de viajeros en junio y septiembre, pero se desploma el resto del año. “Hay que ampliar la temporada ya”, urge el empresariado.

Primer ejemplo, el positivo: los alojamientos rurales asturianos sumaron en julio y agosto del año pasado 111.755 viajeros, según los datos que maneja el Instituto Nacional de Estadística (INE). Asturias fue líder indiscutible en España, muy por delante de Cantabria y Gerona, que completaron el podio. Acogió más viajeros que las demás comunidades autónomas, excepto Castilla y León, nueve provincias y más de nueve veces la extensión de Asturias.

Los alojamientos rurales asturianos sumaron en julio y agosto 111.755 viajeros, según el INE. Asturias fue líder y acogió más viajeros que las demás comunidades autónomas, excepto Castilla y León, 9 provincias y más de 9 veces la extensión de Asturias. 

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Segundo ejemplo, el negativo: los alojamientos rurales asturianos sumaron en febrero de este año 252 viajeros, por los 2.855 de Cáceres, los 2.118 de Navarra y los 2.026 de Cantabria. Estas tres provincias han logrado su notable desestacionalización en los últimos años. Analizar qué han hecho los empresarios y las administraciones de Cantabria y Navarra, comunidades también uniprovinciales y con notables similitudes con Asturias en los aspectos paisajístico y medioambiental, ronda las cabezas de muchos emprendedores del sector.

Jaime García, presidente de la Asociación de Alojamientos Rurales de Asturias (ARCA), lo tiene claro: Asturias es un territorio “por descubrir” en el extranjero. El mercado potencial es gigantesco. Deben “darse a conocer” singularidades de gran aceptación fuera de España. Para desestacionalizar, además de promoción, es necesario “hacer más cosas, ofrecer actividades”.

La imagen que Asturias tiene en España como “paraíso” de la naturaleza, del medio ambiente y de la salud, debe llegar a los potenciales turistas foráneos. Es el momento. Los extranjeros, que antes de la pandemia se acercaban al 15 % del total en el turismo rural, ni siquiera alcanza ahora el 10%. Convendría no solo recuperar el porcentaje anterior sino dar “un paso más adelante”.

García subraya que apenas se mantienen visitantes de Holanda y Francia, mientras que los de Inglaterra y Alemania, hasta 2019 mayoritarios, casi han desaparecido. También los de Portugal, que tanto habían crecido en los últimos años. Números cantan: de enero a abril (ambos incluidos) el INE solo computó 50 viajeros extranjeros en los alojamientos rurales asturianos. Cáceres tuvo 1.353.

La desestacionalización no será posible sin el turismo nacional, así que Jaime García reclama, por ejemplo, “venderse” en el sur, especialmente en Murcia, Alicante, Málaga, Sevilla… lugares con los que Asturias mantiene conexiones aéreas. “No nos estamos promocionando en esos mercados”, lamenta.

Este verano, el turismo rural asturiano pondrá el cartel de “completo”. Es la previsión y ya están teniendo que rechazar muchas peticiones de reservas. Un verano “tan bueno como el pasado, o incluso mejor”, según García. Para agosto hay más reservas que en 2020, cuando se batieron todos los registros.

Predominan las familias, que vienen en su coche y, normalmente, repiten. La mayoría, madrileños y, en el Oriente, vascos, aunque cada vez acuden más del sur, principalmente, de la costa mediterránea. “Están encantados en esos días nublados y lluviosos que a nosotros nos parecen de otoño”, resalta García. Eso también se podría aprovechar en temporada baja.

Hay otros aspectos del turismo rural que Jaime García considera fundamentales. El sector es “imprescindible para frenar el deterioro, abandono y éxodo agrícola y ganadero, acrecentado a partir de los años noventa y que ha llegado a cotas inasumibles” y para “conservar gran parte del patrimonio arquitectónico popular”.

La pandemia ha acentuado el vínculo entre las familias y el turismo rural. “Se piden más camas supletorias y habitaciones para familias con niños”

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El turismo rural nació en Taramundi, en 1986. El primer hotel rural de España, La Rectoral, lo abrió el Principado, hace años lo cedió al Ayuntamiento, que tiene un contrato de explotación con su actual gerente, Jesús Mier. Este prevé un verano “muy positivo”, seguramente mejor que el de 2020. “Fueron muy buenos mayo y junio, y aunque el comportamiento de los primeros días de julio bajó un poco la ocupación, a partir de este fin de semana volveremos a estar a tope. Y así seguiremos todo agosto”.

La pandemia ha acentuado el vínculo entre las familias y el turismo rural. “Se piden más camas supletorias y habitaciones para familias con niños”.

En La Rectoral de Taramundi, el año pasado la mayoría de los clientes fueron asturianos. Este año vuelve el turista “habitual”, con predominio de madrileños, castellano-leoneses, vascos y, cada vez más, andaluces.

A los extranjeros “ni se les ve ni se les espera”, señala Mier. Tampoco venían antes de la pandemia. “Asturias es un destino muy pequeñito y los europeos planifican, así que se apoyan en profesionales, agencias de viajes y turoperadores. Las comisiones de estos son muy importantes, y no podemos ofrecer los volúmenes que piden para trabajar a gran escala. Al Occidente acuden “cuatro ingleses o alemanes ‘raritos’”.

Mier, lleva 35 años trabajando en el sector, es técnico, licenciado y máster en turismo y no sabe cómo desestacionalizar. Pero sí explica por qué Navarra y Cantabria tienen más visitantes en invierno: “Navarra, por los Pirineos y porque linda con Francia. Y Cantabria por los ferris que unen Santander con Inglaterra y, sobre todo, por las numerosas conexiones aéreas con el extranjero”. Bruselas, Bucarest, Londres, Marrakech, Milán, Roma y Viena.

Dice Mier que Navarra y Cantabria tienen más visitantes en invierno: “Navarra, por los Pirineos y porque linda con Francia. Y Cantabria sobre todo, por las numerosas conexiones aéreas con el extranjero”. Bruselas, Londres, Marrakech, Milán, Roma y Viena

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“Nosotros estamos lejos de Francia y tenemos que conformarnos con lo que somos. Asturias tiene unos volúmenes “muy buenos” y Mier prefiere que siga alejada de la masificación.

Según Mier, mejoraría los resultados del turismo rural asturiano “cambiar los hábitos de consumo del turismo interior, pero buena parte del negocio sigue y seguirá dependiendo de las vacaciones escolares. Lo marcan todo”. Por eso reclama una semana o dos de vacaciones en invierno para que las familias puedan “moverse”.

En 1988 el Principado abrió La Tahona de Besnes, en Peñamellera Alta. Una crisis provocó su privatización hace dos decenios.

Su gerente, Rafael Remis, subraya que este será posiblemente el mejor año. “Las previsiones son buenísimas, estamos a tope de reservas y diciendo que no hay plazas a muchas personas”.

La pandemia ha borrado del mapa al cliente extranjero, pero ha atraído a muchos más nacionales. Familias vascas, madrileñas, andaluzas y valencianas.

La buena imagen de Asturias, su paisaje y su naturaleza, fueron las “claves” de la “ola de turistas” del año pasado y ahora también los buenos datos de contagios y vacunaciones. Besnes es sorprendente: hay cuatro vecinos de todo el año y cuatro negocios de turismo rural. “Pero me siguen llamando y llamando, preguntando constantemente para abrir casas rurales. Es un boom”, destaca Remis.

Rafael Remis, gerente de La Tahona de Besnes.

Julio Bobes, presidente del Clúster de Empresarios de Turismo Rural de Asturias, coinciden en el gran verano y asegura que la desestacionalización pasa por ofrecer actividades y por la presencia de recursos.

A las condiciones por las que Cantabria aventaja a Asturias en ocupación en invierno añade que tiene “mejores comunicaciones y más eventos”.

“Hay serios problemas de cobertura telefónica y de conexión a internet también para los que teletrabajan. La Administración debería implicarse. porque algunos rincones de la región todavía están aislados”. También con proyectos de formación y profesionalización del sector.

Bobes es optimista: “El turismo rural tiene futuro si se apuesta por él. Se podría vivir del sector cinco o seis meses al año, algo que ahora no ocurre. Pero hace falta una apuesta seria”. Asturias tiene mimbres sobrados para desestacionalizar porque está de moda, cada vez más, el turismo de experiencias.

Asturias tiene mimbres sobrados para desestacionalizar porque está de moda, cada vez más, el turismo de experiencias

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En su opinión, Asturias se equivoca promocionando solo la sidra, el queso o el turismo gastronómico. “Hay que acompañarlo con algo más, como hace La Rioja con el turismo enológico”. Ya lo hacen, por ejemplo, los hermanos Niembro en Asiegu (Cabrales), con la ruta del quesu y la sidra, una excursión cultural y etnográfica por el pueblo, con visitas a una quesería, una cueva de maduración y un llagar, que concluye con una espicha.

Con una idea similar nace el proyecto “sidraturismo”, que persigue aunar al sector sidrero y turístico en torno a un “club de producto” al que están llamados llagares, pumaradas, sidrerías, alojamientos turísticos, organismos públicos, oficinas de turismo, guías turísticos y cualquier otra entidad que pueda ser participe del proyecto. La idea es ofrecer al visitante una experiencia completa en torno a la sidra.

Los impulsores defienden que la sidra es un recurso que reúne los requisitos suficientes para motivar “a un segmento del público a acercarse a conocer algo único y singular”. Puede “generar viajes, incrementar el atractivo turístico de diversas zonas y el número de visitas, prolongar las estancias y desestacionalizar la oferta”.

Otros ejemplo de recursos y atractivos es la cuchillería de Taramundi o el mundo del azabache.

Ambiente de excursión en Bulnes, cruzando el puente sobre el río. | Ana Paz Paredes

Un sector que se imaginó en defensa propia

R. D.

A principios de los ochenta los dirigentes del Principado estaban muy preocupados. Sabían que con la entrada en la Unión Europea, que acabaría haciéndose efectiva el 1 de enero de 1986, el campo asturiano iba a sufrir. La agricultura y la ganadería regionales no estaban preparadas para competir en Europa y había que buscar alternativas, diversificar la economía agraria y, si fuera posible, la economía asturiana.

Con la “bendición” del presidente del Principado, Pedro de Silva, el consejero de Turismo, Pedro Piñera; su jefe de gabinete, Fernando Gallardo; el director regional del ramo, Tomás Flores, y el consejero de Agricultura, Jesús Arango y algunos colaboradores más, se pusieron manos a la obra.

Desde el primer momento tuvieron claro que querían impulsar un turismo de calidad, alejado de la marca de la región más conocida entonces, “Llanes, treinta playas”, que pretendía el imposible de competir con plazas como Benidorm. Con las “pousadas” portuguesas como referencia y sobre la base de un informe de Venancio Bote, del Consejo Superior de investigaciones Científicas (CSIC), crearon el concepto de turismo rural.

En Asturias se desarrolló antes el marketing que la oferta. El primer paso fue buscar un eslogan. Cuajó en 1985 “Asturias, paraíso natural”, completado años más tarde con el logo diseñado por Arcadi Moradell, con los arcos de Santa María del Naranco y un fondo de sol y montañas. Fue un éxito rotundo e inmediato que creó un problema: empezaron a llamar de todos los rincones de España buscando un alojamiento que no había. 

El Principado optó por el “efecto demostración”. Abrió camino en el concejo más deprimido de Asturias, Taramundi. El Principado, con la colaboración de un par de inversores particulares –uno de ellos Eduardo Lastra, que fue alcalde del concejo durante 32 años–, abrió el primer hotel rural de España: La Rectoral de Taramundi. Era 1986.

En 1988, el Ejecutivo inauguró La Tahona de Besnes, en Peñamellera Alta, que privatizó años más tarde, y después la Casona de Mestas, en Ponga. Los ejemplos animaron a cientos de emprendedores, que abrieron negocios por toda Asturias, líder nacional indiscutible del turismo rural.

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