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Arquitectura personal
Pedro Rodríguez Inciarte Ingeniero, expresidente de la constructora Sato

"Lo que tú sabes es lo único que no te pueden quitar"

“Una obra como la de El Musel era la primera vez que se hacía en el mundo”

Pedro Rodríguez Inciarte.

Pedro Rodríguez Inciarte. Irma Collín

“Me nacieron en San Sebastián. Todos mis hermanos nacieron en Oviedo pero como nací un 8 de agosto, se conoce que mi madre, vasca, estaba allí con su familia. Supongo que el 1 de septiembre ya estaba en Oviedo”. Pedro Rodríguez Inciarte (1950), ingeniero, ya jubilado tras una vida profesional en la misma empresa, Sato, en la que empezó de becario y llegó a lo más alto después de sacarla a flote en la crisis de los años ochenta. Tercero de seis hermanos (tres chicos y tres chicas) hace repaso a una trayectoria vital intensa desde el patio de su casa de La Pereda (Llanes), donde ha disfrutado este verano rodeado de sus siete nietos. Pese a lo accidental de su nacimiento vasco, aún conserva la cartilla que daba la Caja de Ahorros de Guipúzcoa a los recién nacidos, “un duro de los de entonces; luego me parece que mi padrino metió otras 25 pesetas. Era una cartilla a la que no podían cargar gastos, al parecer era imprescriptible”.

Unos padres que se conocieron en las fiestas de San Mateo

“Mi padre, Pedro Rodríguez, empezó a estudiar Derecho pero quedó huérfano después de la Guerra. Mi abuelo fue asesinado en 1936 y mi padre, que era hijo único, tuvo que dejar los estudios para hacerse cargo de los asuntos familiares, Aceites Vetusta, una envasadora que también vendía por Asturias pastillas de jabón. Luego, ya acabó Derecho más tarde. Mi madre, Emilia Inciarte, todavía vive, tiene 96 años y está estupenda. Mis padres por casualidad se conocieron en las fiestas de San Mateo: el era de Oviedo y mi madre, que vivía en Madrid, vino a pasar las fiestas a casa de los Lacazette y un tiempo después ya se casaron”.

Una infancia “alegre y feliz” en el Campo San Francisco

“Vivíamos en la calle Suárez de la Riva. De la infancia, me quedan los recuerdos de los juegos en el Campo San Francisco y la Torera, que hacía fotografías allí. Son recuerdos de una infancia alegre y feliz, estuvo bastante bien. En una familia de seis hermanos no da tiempo a pararse mucho. Empecé a estudiar en las Ursulinas de Oviedo y de aquella época hice amigos que todavía mantengo como Luis Rodríguez Ovejero, José María Mazón, el actual diputado por Cantabria, y el oftalmólogo Luis José Pérez Uzquiano. Luego hice la Escuela Preparatoria, ahí ya tengo más recuerdos, era una cosa mucho más formal. Me tocó un maestro, don Ulpiano Arregui, el padre de la soprano Fefi Arregui y de Urbano Arregui, un ingeniero muy conocido que trabajó en la Confederación. Era un maestro excelente, también dio clase a mis hermanos. Era severo, allí no había pitorreo. No sé qué nos infundió pero, la verdad sea dicha, esa etapa de tu vida te marca mucho”.

Pedro Rodríguez Inciarte. Irma Collín

Los “excelentes profesores” del Alfonso II

“De aquella no había algo de lo que tanto se habla ahora, bullyng; al contrario, había un respeto y si alguien tenía una dificultad, se le protegía. Puede ser que idealicemos esa etapa de juventud pero en aquel instituto Alfonso II había un excelente profesorado, algunos habían sido represaliados de la Universidad y fueron al instituto, como Pedro Caravia. Fui un estudiante de sacar buenas notas, pero visto con perspectiva podía haber estudiado muchísimo más. Siempre pienso que en esa época perdimos mucho tiempo haciendo el tonto cuando realmente es el momento en el que tienes que aprender cosas, porque es lo que nunca te pueden quitar. Lo que tú sabes es lo único que no te pueden quitar y deberíamos dedicar todos más tiempo, en esa etapa, al estudio, al trabajo”.

De ganar la Olimpiada de Matemáticas a estudiar Ingeniería

“Se me daban bien las Matemáticas. En el Alfonso II me presentaron a la Olimpiada Matemática de Asturias de 1967 y gané, incluso me becó la Real Sociedad Matemática Española. Yo no tenía vocación de nada aunque me gustaba de todo un poco. Un día paseando por la playa de Borizo con mi padre, le pregunté que creía el que debía estudiar. El no quería influir, pero me dijo que podía hacer Derecho y luego una oposición a notario, registrador, o abogado del Estado, a lo que le dije: ‘Pero si me han dado una beca para estudiar Matemáticas...’ Entonces me contestó: ‘Pues haz ingeniero de caminos, que creo que ganan dinero’. A la sazón, parte de la familia de mi madre participaba en una empresa constructora que se llamaba Hidrocivil y cotizaba en Bolsa y mi padre me dijo que siempre tendría allí un puesto. El día que acabé la carrera suspendió pagos Hidrocivil, en eso no atinamos, pero bueno... Estudié en Madrid porque mi abuela vivía allí y eso ayudaba, y porque mi padre siempre fue de la idea de que era mejor estudiar donde no se nos conociera para que nos perjudicara o nos beneficiara.

No sé qué nos infundió don Ulpiano Arregui, pero esa etapa de la vida te marca mucho

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Mejor remar en el Retiro que hacer los finales de primer curso

“Para mi ir a Madrid no fue un cambio muy grande. Habíamos ido mucho a San Sebastián, a París a estudiar francés en casa de nuestra familia. No extrañé nada aquello. El primer curso no me apliqué mucho y de algunas asignaturas ni me examiné. Vi que no estaba muy preparado y me fui a remar al Retiro en vez de examinarse. No sé cómo mi padre no me llamó la atención. Luego, a partir de ahí ya no suspendí más. Por cierto, con mis hijos no dio resultado esa estrategia y tuve que optar por la receta tradicional de estar un poco más encima de ellos, pero estoy satisfecho”.

Su mujer, Carmen de Andrés, la primera ingeniera

“En la Escuela conocí a mi mujer, Carmen de Andrés , que fue la primera ingeniera de Caminos que acabó los estudios. Había pocas mujeres estudiando en aquel momento pero se ve que las otras lo dejaron y fue ella la primera ingeniera que salió de la Escuela. Luego ya hubo más. Primero trabajó en una empresa constructora, Uralita, luego sacó las oposiciones y estuvo destinada en Oviedo , donde le tocó una plaza en Faros y Costas pero muy poco tiempo. Le coincidió con un embarazo y lo pasaba mal con los mareos en las carreteras de Asturias de aquella época. Después consiguió otra plaza en Madrid.

Una carrera profesional con inicios en el puerto de Avilés

“Trabajé siempre en la misma empresa. Empecé como becario en Sato, de construcción portuaria, luego estuve un verano en el puerto de Avilés y al acabar los estudios ya me incorporé como ingeniero en Madrid. Era a finales de 1973. Tuve mucho movimiento porque era una empresa participada por holandeses y al ser de tamaño más bien pequeña enseguida te dan más responsabilidades que en una compañía grande. Estuve en unas obras en Ferrol para Astilleros Españoles y luego en los diques de abrigo de Huelva. Los holandeses reclamaron un ingeniero que hablara español porque tenían proyectos en Hispanoamérica, entre ellos en el lago Maracaibo de Venezuela. Fui a Holanda en 1977 y me resultó interesante porque vi como trabajaba una empresa grande y bien organizada. La matriz era HBG, que era la líder europea en construcción y funcionaba como un reloj. Me influyó mucho en mi visión de cómo debía funcionar una empresa, cuidando hasta el mínimo detalle.

Pedro Rodríguez Inciarte. Irma Collín

La importancia de la geoestrategia

“También estuve en el Golfo Pérsico, los Emiratos. Era justo después de la crisis del petróleo, subieron mucho los precios y aquello estaba muy boyante.No es lo de ahora pero ya había mucho dinero y trabajo. Me llamó la atención la geoestrategia y la política en la toma de decisiones. Iba a hacer un puerto en el Índico, al otro lado de un desierto, y yo pregunté para qué querían hacer una obra así que les quedaba muy a trasmano.Me sorprendió la respuesta:lo más probable es que haya una guerra y se cierre el estrecho de Ormuz, entonces no podremos sacar nuestro petróleo por ahí y tenemos que buscar otro sitio. Vamos a sacarlo directamente por el Índico. Pensé que no iba a darse una situación así, pero luego efectivamente hubo una guerra y se cerró el estrecho de Ormuz. Fue una lección curiosa. Tuve la oportunidad de viajar por motivos profesionales y me gustaba hablar con los locales. Es algo que te enriquece mucho.

Director de Sato en plena crisis

“Llega la crisis de los 80, que fue algo catastrófico, y me nombran director de la empresa. Yo creo que para presentar la suspensión de pagos porque nadie quiere aceptar esos puestos cuando la cosa va mal. Pero mira por donde, tuve la suerte de que empezó a cambiar la economía, acabábamos de entrar en la Unión Europea y la cosa salió adelante. Pagamos las deudas y no solo conseguimos evitar la suspensión de pagos sino que el negocio floreció. Creo que más debido a las circunstancias del entorno que a mi propia gestión. Luego los accionistas de la empresa decidieron venderla. Aquello me pareció muy mal después de todo lo que habíamos luchado. Les dije que no contaran conmigo para aquella operación”. 

Del enfado por la venta a comprar la empresa

“Por diversas circunstancias de la vida, montamos una operación MBA con algún otro ingeniero y familiares y compramos la empresa al precio, más o menos, en que la querían vender. Nos endeudamos. Me tocó dar la cara como responsable. Era hacia 1988 y 1989. A la sazón también había participado en la fundación de Sacyr, una empresa que tuvo luego mucho éxito. En Sato decidimos especializarnos en puertos y Sacyr se montó para carreteras, con unos ingenieros de Ferrovial, y luego le fue mucho mejor. Nos separamos, ellos eran mejores empresarios y les ha ido muy bien, Sato nunca creció mucho.

“Trabajar para la holandesa HGB, líder europea que funcionaba como un reloj, influyó mucho en mi visión de cómo debe funcionar una empresa”

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El vértigo de la responsabilidad y la venta a Villar Mir

“Parte de mi familia eran accionistas de Sato, también varios ingenieros. Y me dio mucha responsabilidad por si algo iba mal. Hasta mi madre era accionista, después de la muerte de mi padre en 1992. Y en aquel momento Villar Mir nos hizo una oferta. Profesionalmente no me convenía porque dejaba de ser el dueño, pero vi los pros y contras y tampoco lo pensé mucho. Vendimos. No nos dio dinero. Hicimos un canje de acciones, que cotizaban en bolsa y así cada accionista de la familia podía hacer lo que quisiera: vender en bolsa o quedarse las acciones. Villar Mir me ofreció seguir trabajando allí. Era una situación distinta, de ser el que manda a ser mandado, pero allí quedé hasta que me jubilé a los 65 años, en 2015. Hubo un momento en que la situación fue un poco incómoda con Villar Mir porque vendimos e tiempo nuestras acciones a OHL. Luego ya hice inversiones en otros negocios, en parte con Luis Ovejero en Satec, en ciberseguridad. Más que nada porque mientras esté bien de salud me resisto a levantarme por la mañana y no tener nada que hacer. Si participas en una empresa y en otra estás activo y, lo más importante, te permite estar con la gente joven que trabaja allí y te sientes vivo. Ese fue mi plan.

Proyectos de los que se siente más orgulloso

“Resulta muy difícil. Es como preguntar a un padre qué hijo le gusta más. Empecé en uno que no fue portuario, pero que también era una obra imponente: la construcción de los acueductos de Riánsares y Cigüela en Cuenca, del trasvase Tajo Segura, en los años 1973-1974, en la que trabajé marginalmente. En su momento, y creo que todavía deben ser, los acueductos más grandes del mundo y la gente ni lo sabe. Uno lo ve con el paso del tiempo y alguna vez le he preguntado a algún compañero cómo que pasaría si hubiera que construir algo así en la actualidad y me vino a decir que se haría peor.La construcción, por desgracia, es una tecnología que no ha avanzado. Por ejemplo, en el Empire State Building desde la primera piedra hasta que se terminó pasaron 18 meses, ponte hoy en día a hacer algo así. También trabajé en las obras de los puertos de Las Palmas y de Barcelona. No puedo destacar ninguna. Y en el de Llanes, que estaba horrorizado, no me apetecía nada, trabajar aquí, excavar delante de las casas...pero gracias a Dios la gente quedó satisfecha y fue una buena idea. También en el puerto de Bilbao hicimos el refuerzo del dique de Punta Lucero, con una grúa imponente que proyectamos nosotros. Tuve suerte de que en Sato entró siempre gente muy buena y con mucho cariño a la empresa. Estoy maravillado de la capacidad que tiene la gente. 

Pedro Rodríguez Inciarte. Irma Collín

Silencio “sub iúdice” en El Musel

Sato también participó en la ampliación del puerto de El Musel, en Gijón. “Es un tema que como está sub iúdice, mejor no hablar de el. Hubo una demanda por un sobrecoste, más o menos discreto, en una obra que era la primera vez que se hacía en el mundo. Fondear cajones a mar abierto, en esas profundidades y con esas olas no se hace así como así. Una obra en la que no hubo ningún accidente mortal y ahora se meten con esto. Para mí es un absurdo pero ahí está. Los túneles de la Variante de Pajares van por el triple de lo previsto, aún no se han acabado y ahí no hay ningún pleito”.

La dificultad de hacer equipos de trabajo y la apuesta por la I+D

“Creo muy poco en el personalismo y mucho más en los equipos. En la selección de un buen equipo influye un poco la suerte. Yo hice mucha selección de personal y es lo más difícil de esta vida: decidir quien va a hacer las cosas bien y contratarla. Es algo muy difícil de predecir. En Sato estuve 43 años, y no llegué a sacar una conclusión clara. Lo que siempre hicimos fue mucha I+D porque entiendo que una empresa tiene que dar algo a la sociedad, ser rentable. Y para que una empresa se mantenga en el tiempo debe ser querida, hacer algo que la sociedad aprecie.Por eso siempre dimos importancia a la investigación.  

“Alfonso II el Casto me parece un personaje apasionante; debería ser un ejemplo de liderazgo, todo lo que hizo, lo hizo bien”

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La pasión por el Reino de Asturias, por Alfonso II el Casto y por la divulgación

“Siempre he sido curioso. Hubo una época en la que dedicaba el tiempo libre de un año a asuntos que me interesaban. Así estudié los esquimales, el Gengis Khan...En los libros de historia, cuando era estudiante, se trataba muy marginalmente el Reino de Asturias y al empezar a leer, me di cuenta de que era algo mucho más grandioso de lo que me había imaginado, cuando lo normal al conocer un asunto en profundidad es justo lo contrario, desmitificarlo. YAlfonso II me parece un personaje apasionante. Su etapa en Samos, la mística en torno al Camino de Santiago, el priscilianismo. Por otra parte, tengo la impresión de que todo lo que hizo en tantos años de reinado, algo muy extraño en aquellos tiempos, lo hizo bien. Debería ser un ejemplo de liderazgo. Me encanta compartir lo que leo y me apasiona con la gente. En esto es algo en lo que todavía me siento joven. 

Confesión andina: “Por primera vez no habéis sido mis hijos, sino compañeros de cordada”

“Una de las experiencias más bonitas que he tenido en mi vida fue ir con mi familia a los nevados de los Andes. Me acuerdo que un día lo pasé fatal con los piolés, los crampones, un frío que ni te cuento, subiendo al Cotopaxi, un volcán de Ecuador”.

“Gracias a Dios, llegamos al refugio. Mis hijos eran veinteañeros y al salir había que firmar en un libro, yo era el más viejo de todos los que firmaban aquel libro allí. En un momento dado les dije: ‘¿Sabéis una cosa? Por primera vez en mi vida no habéis sido mis hijos, habéis sido mis compañeros de cordada’. Y ellos me contestaron: ‘Pues por primera vez en nuestras vidas, no eras nuestro padre sino un compañero de cordada’. Y eso es algo muy emocionante”.

“Verte encordado, en una pared de hielo, con tus hijos y un guía... Hombre el riesgo estaba limitado, no era que nos fuéramos a matar, pero impresiona. Encima cometí un error: se sube de noche, hacía calor y se me ocurrió abrir el anorak. Dirás tú: ‘¡qué tontería!’ Ya, pues cuando estábamos allí arriba mangados, empieza a hacer un frío... me pongo a cerrar el anorak y no había forma. Me quito un guante, no ves ni pío y entre el arnés y la preocupación de que no te caiga el piolé no fui capaz de meter la cremallera. Total que subí a veintitantos bajo cero con aquello abierto. Tengo una foto allí arriba que parezco el abominable hombre de las nieves...pero bueno afortunadamente no paso nada y te queda el recuerdo de hacer una aventura así con la familia. Luego lo hemos repetido más veces. Con mi hermano Juan fuimos al Kilimanjaro. Siempre he procurado mantenerme activo”.

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