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Punto Malva

Culpabilización y estigma: así es el maltrato en mujeres con trastorno mental

Las personas diagnosticadas tienen un riesgo cuatro veces mayor de sufrir violencia de género: “Los problemas psiquiátricos pueden debilitar las herramientas para salir”, dice la psicóloga Eva Parrilla

Eva Parrilla, que viste un jersey morado, junto a las mujeres participantes en el taller.

Eva Parrilla, una de las psicólogas de Afesa (Asociación de Familiares y Personas con Enfermedad Mental), abre “El almuerzo desnudo” (William Burroughs, 1959) por la página 20. Lee en voz alta:

“Aborrezco la brutalidad –dijo–. No es eficaz. Y además, los malos tratos prolongados, sin llegar a la violencia física, causan, si se aplican adecuadamente, angustia y un especial sentimiento de culpa. Han de tenerse bien presentes unas cuantas normas o, mejor, ideas directrices. El sujeto no debe darse cuenta de que los malos tratos son un ataque deliberado contra su identidad por parte de un enemigo antihumano. Debe hacérsele sentir que cualquier trato que reciba lo tiene bien merecido porque hay algo (nunca preciso) horrible en él que le hace culpable”. En la sala, que parece haber encogido, se hace el silencio.

Con este párrafo de Burroughs, que describe con una precisión que asusta el maltrato psicológico, comienza la sesión del programa “Te toca a ti”. Se trata de un proyecto de Afesa con dos objetivos: crear redes de apoyo entre mujeres con un diagnóstico de salud mental y prevenir la violencia de género. Surge esta iniciativa de datos alarmantes. Según las últimas investigaciones, las mujeres con un trastorno de salud mental tienen un riesgo cuatro veces mayor de ser maltratadas por su pareja.

En la sala hay un grupo de mujeres, algunas con problemas de salud mental y otras cuidadoras. “Hay que dejar muy claro que ninguna mujer está libre de ser víctima de maltrato machista. Pero también es cierto que un diagnóstico previo de salud mental puede debilitarte las herramientas que tienes para salir de la violencia de género”, señala la psicóloga.

Dibuja en la pizarra el iceberg de la violencia de género: sobre la superficie; los gritos, las amenazas, los insultos, los abusos sexuales, las palizas y los asesinatos. Lo que todos pueden ver. Bajo el agua, invisible, todo lo demás. En la base, muy abajo, los micromachismos, las bromas sexistas, los piropos en la calle. “Son las cosas que vemos pequeñas o cotidianas, pero que todas hemos sufrido en algún momento”, señala la psicóloga. Un poco más arriba: chantaje emocional, humillaciones, desprecios… “Hasta aquí también hemos llegado la mayoría”, apunta la psicóloga. Y las mujeres que están en el taller asienten.

Crecen un 12%_los suicidios de mujeres

En 2020, año de la explosión de la crisis sanitaria del covid-19, la mortalidad por suicidio experimentó un importante incremento: las personas que se quitaron la vida fueron un 7,4% más que en el ejercicio anterior. Esta tasa alcanza las 3.941 muertes, la cifra más alta de la serie histórica. Si bien es más numeroso el grupo de hombres que mueren por suicidio (2.930, un 5,7% más que en 2019), la cifra de mujeres que se quitaron la vida ha subido un 12,3% hasta las 1.011 fallecidas. Más del doble del incremento registrado entre los hombres. La tasa de suicidio de mujeres por cada 100.000 habitantes es de 4,18.

“Y más arriba”, interviene una de las asistentes. Es entonces cuando cuenta que su exmarido, con el que se casó a los 19 años, la maltrataba. “Hace ya más de cuarenta años, era distinto. No tenías ayuda de nadie, casi no te ayudaba ni la Guardia Civil. En 1983, ya sin franquismo ni nada, me fui con mi hijo de casa. Me dijeron que tenía que volver a casa o ir al cuartelillo, porque aquello era un secuestro”. Había denunciado a su marido en ocho ocasiones, pero en aquella época la violencia de género aún no tenía ni nombre.

Las mujeres inician entonces un debate sobre sus experiencias personales. Eva Parrilla explica, a un lado de la sala, que esa charla es ya un objetivo conseguido:_“Cuando decidimos poner en marcha este proyecto, lo hicimos porque detectamos que las socias socializaban menos en las actividades de la asociación”. Un problema arraigado en creencias sociales:_“Durante mucho tiempo se mantuvo que, si una mujer padecía un trastorno de salud mental estaba ‘malina’. Y podía quedarse en casa, porque no estaba mal visto. No ocurre lo mismo con los hombres, porque históricamente han ocupado más lugares fuera de la casa, han socializado más”.

Las mujeres siguen hablando:_“A_mí pegarme no, pero sí hubo alguna vez que me sentí mal en mi relación. No me atrevía a decir nada”. Interviene otra:_“Pues a mí mi madre, cuando me casé, me dijo que si quería podía volver a casa cuando quisiera. Quiso darme lo que a ella no le habían dado, ella tuvo que casarse para siempre y ya no pudo volver nunca a casa con su madre. Aunque lo estuviera pasando mal, tenía que callar y aguantar”.

Los tiempos cambian, pero queda camino por andar. Los datos sobre violencia de género y salud mental, recogidos en una investigación de FEDEAFES (Federación de Euskadi de asociaciones de familiares y personas con enfermedad mental), señalan que tres de cada cuatro mujeres con problemas de salud mental han sufrido violencia en el ámbito familiar o en la pareja.

El Pacto Contra la Violencia de Género

Acuerdo para la renovación del Pacto de Estado Contra la Violencia de Género. PSOE_y Unidas Podemos han acordado que se haga en sede parlamentaria, y no mediante la reforma de la ley contra la violencia de género. Los socios de Gobierno presentaron hace unos días a los grupos de Congreso y Senado un borrador de dictamen para actualizar y reeditar el Pacto, cuyo compromiso de financiación caducaba el próximo año. El Ministerio de Igualdad se ha mostrado partidario en diversas ocasiones de hacer permanente la financiación del Pacto de Estado a través de una reforma de la ley 1/2004 contra la violencia de género. 

Aún más aterrador: cerca del cuarenta por ciento de las mujeres encuestadas sufrieron violencia sexual, especialmente durante la infancia (más del 90 por ciento). Y el ochenta por ciento de las participantes que vivieron en pareja fueron maltratadas durante la convivencia. Cerca de la mitad del total de las entrevistadas no identificaron los hechos como violencia. Y a las que sí lo hicieron, siempre según el informe elaborado por Fedeafes, “mayoritariamente no se les dio credibilidad porque tienen un problema de salud mental”.

“Estás loca, eres una histérica”. Ese mensaje al que tantas mujeres se enfrentan cuando reclaman su espacio vital o un trato digno:_“Esta afirmación produce un impacto terrible en todas las mujeres que padecen violencia de género. Si a esto se suma un diagnóstico previo, la herida es aún más profunda”. “Muchas llegan a creérselo, se culpabilizan y nunca llegan a denunciarlo. Ni a través de una denuncia formal ni a sus allegados, lo guardan porque creen que nadie las apoyará, porque las hacen creer culpables de lo que está ocurriendo”.

El qué dirán, el estigma. De eso también saben mucho en la sala: “Si tienes una enfermedad mental, no es fácil que te crean. Además, te miran mal. Yo, a veces, me he sentido muy cuestionada”, afirma una participante en el taller de Afesa. Eva Parrilla confirma que las mujeres que padecen enfermedad mental se enfrentan siempre a un mayor cuestionamiento social. Es por eso que, en muchos casos, o bien continúan con la pareja o repiten patrones de maltrato en las distintas relaciones emocionales que establecen.

“Yo tuve dos relaciones de maltrato. En la primera me daba hasta vergüenza contarlo”, afirma una asistente. Con todo esto también quiere acabar este nuevo programa, pionero en Asturias, a través del epígrafe “Eso no toca”. En él, además de violencias y acosos, también tratan las discriminaciones.

“Es el pilar fundamental del programa, junto a ‘Nos toca cuidarnos’”. En este punto, tratan la salud mental y los autocuidados. También los cuidados colectivos:_“Hay que tener en cuenta que la violencia de género deja un trauma en las víctimas y ese trauma tienen que sanarse para empezar de nuevo”.

Resueltos 3 de cada 4 delitos sexuales

El Ministerio del Interior destaca que el 78,1% de los delitos contra la libertad sexual en 2020 quedaron resueltos gracias a la labor policial. El trabajo de las fuerzas de seguridad permitió la investigación y/o detención de 7.959 presuntos autores sobre un total de 13.174 delitos de esta tipología. Este dato aparece en un informe difundido este miércoles, tras el repunte del 9,2% de las agresiones sexuales en lo que va de año con respecto a los datos de 2019. En 2020, la pandemia del covid-19 provocó un descenso generalizado de la criminalidad por el confinamiento.

Como dato: el cincuenta por ciento de las mujeres con protección en el concejo de Mieres, reciben algún tipo de terapia psicológica. “En ocasiones, es difícil determinar si había un diagnóstico previo o si la enfermedad aparece tras el trauma de haber sufrido violencia de género”, señala la psicóloga. Y añade: “Si has estado sometida a un estrés muy grande, a una presión enorme, tienes la autoestima por los suelos y aparece la depresión, la ansiedad...”.

En mujeres con un diagnóstico previo, ese trauma es aún mayor. Además, los estudios apuntan a que el trauma suele ser directamente proporcional al nivel de violencia sufrida por la víctima. A más violencia, mayor el trauma: “No es lo mismo tener una rozadura en un pie que romperte la tibia. Con la mente ocurre lo mismo”.

Cuando algo se rompe, hay que reconstruirlo. Pero no es tarea fácil armar un alma destrozada. “No es que sea irreparable, pero es un trauma que hay que resolver bien”, matiza la psicóloga. Empezando desde la base, teoría que luego llevarán a la práctica. La conversación en la sesión de Mieres se torna hacia los roles y los estereotipos, abarcados en el epígrafe “Nos toca más”.

“Nos bombardean con publicidad de mujeres guapas, perfectas. Nos hacen creer que tenemos que estar muy bien físicamente para tener éxito, ¿No creéis?”, propone la psicóloga. “Sí, y es un modelo de mujer imposible de alcanzar”, responden las asistentes. Una de ellas interviene: “¿Pues sabes qué?_A_mí me parece muy bien el movimiento de las jóvenes que se niegan a maquillarse o a depilarse. Me parece que es una forma de avanzar”.

Hacia adelante, siempre. Llega la parte práctica de la jornada. Eva Parrilla reparte entre las mujeres fotocopias con el dibujo de un árbol. “En las raíces hay que poner tres cualidades buenas que tenéis, en las ramas tres cosas que habéis conseguido en la vida”, explica. “Es que a mí no me sale decir cosas buenas de mí misma”, señala una asistente.

La violencia machista genera un trauma en las víctimas. Las secuelas son más graves, en la mayoría de los casos, cuando hay un diagnóstico de salud mental previo

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Aquí otro problema: “Nos han educado para que seamos humildes. Creemos que decirnos cosas buenas es vanidad, cuando en realidad es autoestima. Por eso este ejercicio también trata de autorreconocernos en los otros como espejo”, señala en un aparte la psicóloga. “Trabajar correctamente la autoestima es una de las bases para empezar a reconstruirnos tras la violencia de género o tras un trauma con secuelas psicológicas. También ayuda, como decía antes, a terminar con la repetición de patrones en las relaciones”.

“Pues tú me pareces una mujer muy valiente”, se escucha en la mesa de las asistentes. Y se cruzan más afirmaciones: “A ti se te da muy bien ayudar a las demás”, “tú sabes animar a todo el mundo”, “el otro día me di cuenta de que eres muy buena”, “eres una luchadora”. La sala se llena de optimismo y de sororidad. La sesión es ahora una lección de empoderamiento.

Los árboles van llenándose de cosas buenas en las raíces: “Sincera”, “agradecida”, “cariñosa”, “alegre”. En las ramas, los logros tardan más en brotar: “Es que no caigo en que haya hecho algo muy grande”, apunta una de las asistentes, balanceando el bolígrafo con cierta ansiedad. “¿Y la hija tan buena que tienes?, eso es gracias a ti”, le dice una compañera, al otro lado de la mesa. El boli deja de balancearse, empieza a escribir: “Haber aceptado mi enfermedad”, “saber cuidarme”. Y, así, en letras mayúsculas: “MI HIJA”. 

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