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Análisis

Puntadas de urgencia para recoser el pacto entre generaciones

Un trabajo del sociólogo Rodolfo Gutiérrez apremia a acometer reformas y movilizar recursos que mejoren el empleo de los jóvenes, para evitar el colapso del sistema de bienestar

En la mesa de lo que el sociólogo Rodolfo Gutiérrez llama “pacto implícito intergeneracional” podemos imaginar a tres españoles. Hay un jubilado que cobra unos 1.300 euros al mes del sistema público de pensiones; pertenece a la generación de los llamados hijos de la guerra, un grupo del que los expertos a menudo han destacado su austeridad y capacidad de sacrificio; un segundo individuo (varón o mujer) que, con 60 años, afronta la etapa final de su vida laboral, en su caso con una situación estable (contrato indefinido desde hace décadas en la misma empresa) y un salario que se aproxima a los 2.000 euros; forma parte de las hornadas del “baby boom”, más tardío en España que en otros países occidentales (personas nacidas principalmente a partir de finales de la década de 1950), y caracterizadas por haber tenido mayor acceso que sus ancestros a la educación superior y sobre todo por su gran número, resultado del auge de la natalidad experimentado hasta entrados los 70. Considérese, por ejemplo, que, para el caso de Asturias, los “babyboomers” de edades comprendidas entre los 60 y los 64 años son ahora 80.000 y más que duplican a los asturianos de entre 20 y 24 años (38.000).

A estos últimos no los vamos a sentar de momento a la mesa. En su lugar, la representación de las cohortes jóvenes la ejercerá un varón o una mujer que está en la treintena. Su inicios en el mundo laboral han estado marcados por la precariedad. Cuando tenía 25 años, recién acabados los estudios, trabajaba esporádicamente con contratos de muy corta duración, y sus ingresos anuales escasamente llegaban a los 7.000 euros, insuficientes para pensar siquiera en dejar el hogar familiar. Ahora tampoco se siente con la estabilidad garantizada. Es fija de empresa desde hace muy poco y sabe que, si la economía se tuerce, “los últimos en entrar serán los primeros en salir”. Ella o él han atravesado, pese a su juventud, por dos crisis de hondura histórica: la Gran Recesión (2008-2014) y la inducida por la pandemia del covid-19.

El pacto

¿En qué consiste el pacto intergeneracional en el que, puede que sin saberlo, están involucrados, los protagonistas aludidos? Responde Rodolfo Gutiérrez: “Los elementos básicos del sistema de bienestar se sustentan en contribuciones (impuestos y cotizaciones sociales) que se concentran en las fases centrales de la vida laboral (no estrictamente solo entre los más jóvenes) y que cubren necesidades de protección para las edades mayores: el sistema de pensiones de reparto es la pieza central de ese pacto (los trabajadores en activo sustentan las prestaciones de los jubilados), también un sistema sanitario y de cuidados de larga duración que son muy públicos y para una población muy envejecida”.

Retornando a la mesa, puede decirse que el representante del “baby boom” ha cumplido o, mejor, ha podido cumplir su parte del pacto. Aun con dificultades y ajustes en las dos últimas décadas, las pensiones, la sanidad y la educación públicas se han sostenido y desarrollado, principalmente gracias a los niveles de actividad y a las aportaciones fiscales de esos grupos de edad, al igual que la construcción primigenia del Estado de bienestar se fundamentó en el esfuerzo de las generaciones precedentes y hoy jubiladas. Pero, ¿estarán los miembros jóvenes de la mesa también en condiciones de dar continuidad al pacto?

Contesta de nuevo Rodolfo Gutiérrez, con palabras sacadas de un artículo recién divulgado por el colectivo Círculo Cívico de Opinión: “Hay problemas enquistados (...) que vienen minando ya durante cuatro décadas el implícito pacto intergeneracional sobre el que se funda el sistema español de bienestar”. Y sentencia: “No habrá reconstrucción efectiva (del pacto) sin mejoras en el empleo de los jóvenes”.

La base sobre la que en unos años deberá sujetarse el bienestar de la sociedad asturiana y del conjunto de la española será más reducida en número –en 2030 habrá casi un millón más de españoles de entre 60 y 64 años que jóvenes entre 25 y 29 años– y, si no se producen mutaciones de alcance en el sistema productivo, en sus reglas e instituciones, tales generaciones jóvenes raramente estarán en posición de soportar la carga que tendrán encima. Rodolfo Gutiérrez, leonés y catedrático de la Universidad de Oviedo, lo diagnostica con esta contundencia: “El pacto intergeneracional, ya de por sí frágil, colapsará si las mermadas generaciones que se incorporan a la actividad tienen que incrementar sus contribuciones sociales y sus impuestos para sostener las prestaciones de las cuantiosas generaciones pasivas”. Las de los “babyboomers” que están cerca de situarse en un lado distinto de la mesa.

Puede considerarse una evidencia que las dos últimas crisis han ampliado la brecha económica entre generaciones. La crisis asociada a la pandemia golpeó crudamente a los jóvenes –la destrucción de empleo se concentró en el temporal, a menudo fuera del alcance del escudo de protección desplegado para amortiguar el golpe económico– cuando aún no se habían recuperado los niveles de ocupación destruidos antes por la Gran Recesión (2008-2014). Algún dato sobre Asturias: la tasa de empleo de los jóvenes menores de 24 años había sido en 2008 del 53% y en 2019, antes del coronavirus y de sus consecuencias laborales y económicas, era veinte puntos inferior (32,9%). Pero con independencia de los daños infligidos por esas dos crisis en episodios de la vida tan importantes como el acceso al trabajo y la aspiración de emanciparse y en su caso formar un hogar, la tesis central de Rodolfo Gutiérrez es que “la ampliada brecha generacional” tiene “causas de más largo recorrido”. “Es algo más que el impacto de las dos últimas crisis; es también el efecto de haber acumulado en las últimas cuatro décadas una serie de desarreglos institucionales que sesgan las oportunidades y los logros vitales a favor de los mayores y en desfavor de los jóvenes”.

Recoser las costuras del pacto entre generaciones requiere de la sociedad, viene a decir Rodolfo Gutiérrez, una nueva versión de ese acuerdo que ponga el foco en esta cuestión de fondo: “El problema es el empleo”.

Los “expulsados”

“El empleo es la dimensión central de la brecha generacional. El diferencial de empleo en favor de los adultos respecto a los jóvenes ha sido una constante del mercado de trabajo español desde el decenio de 1980”, explica el sociólogo. No pocos “babyboomers” que se incorporaron al mundo del trabajo en esa década lo hicieron con lo que entonces se conocía como “contratos basura”, como “falsos autónomos” o de frente en la “economía sumergida”. Las distancias de ocupación entre jóvenes y adultos se atemperaron durante el largo ciclo de crecimiento que concluyó en 2007: entonces, la proporción de españoles de entre 25 y 29 años que trabajaba llegó a ser mayor que entre los adultos de entre 40 y 44. “Pero la generación joven sufrió en mucha mayor medida que el resto” tanto el poder destructor de la Gran Recesión desde 2008 como los impactos laborales de la pandemia en 2020.

“Más importante aún es que ambas crisis han ensanchado las diferencias de empleo por nivel educativo entre los propios jóvenes (…). La desocupación de la mayoría de los jóvenes menos cualificados se está haciendo crónica”. Sólo uno de cada tres tiene empleo tras la crisis del coronavirus. Gutiérrez eleva el tono: “A estos sí que se les puede atribuir el adjetivo de ‘perdidos’, quizá mejor el de ‘expulsados’; y no son pocos: en 2021 hay casi dos millones de jóvenes que no han superado el nivel educativo de la ESO”. Tal proporción, matiza, es menos severa en Asturias y en otras zonas del Norte, con tasas de abandono escolar prematuro siempre menores que las del Sur.

“El nivel de empleo no agota esa brecha. La temporalidad y el retraso en la consolidación laboral son rasgos que vienen compartiendo los jóvenes de todas las generaciones nacidas desde 1970”. Rodolfo Gutiérrez lo ilustra con datos recientes “de escándalo”: entre enero y junio de este año se realizaron un promedio de 30 contratos por cada empleo creado para jóvenes. La brecha lleva a otra brecha, la de la renta, con tasas de riesgo de pobreza del 22% entre los 19 y los 30 años.

¿Cómo revertir tal situación? “La condición más necesaria es la reducción del dualismo del mercado de trabajo (diferencia entre fijos y temporales); la propuesta de contrato único, compatible con contratos en formación y los de sustitución de por baja temporal, no parece encontrar alternativas mejores”, expone el sociólogo.

¿Mejor formados?

Otro frente: la educación. “La condición de generación mejor formada se atenúa mucho si se toman en cuenta otros rasgos educativos y de su calidad. En el nivel secundario sigue siendo muy alta la porción de jóvenes que abandonan tempranamente la escuela y que acuden al mercado de trabajo sin calificaciones específicas”. Y en el nivel universitario, continúa Rodolfo Gutiérrez, es “muy alto” el peso de titulados “con perfiles muy poco demandados en el mercado de trabajo” y bajo el de los graduados en ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas. Otro dato asturiano: la mitad de los 18.000 estudiantes de la Universidad de Oviedo cursan disciplinas de ciencias sociales y análogas, a menudo con baja inserción laboral y que precisan un sobreesfuerzo de recualificación. Las recetas: “En la esfera de la educación secundaria, la prioridad absoluta tiene que ser reducir a mínimos el abandono escolar temprano (…) Se precisa un plan que se asiente en un consenso serio sobre cuánto de ese objetivo se puede conseguir con programas de refuerzo de aprendizaje de los alumnos con más dificultades o con rebajas en las exigencias”. La tendencia reciente ha sido esta última. Y “es crucial disponer de procedimientos más flexibles para adecuar los títulos (universitarios) a las necesidades del mercado de trabajo”.

Conclusión: “No habrá reconstrucción efectiva del frágil pacto intergeneracional sin mejoras en el empleo de los jóvenes”. “¿Qué nuevo equilibrio de deberes y derechos se puede ofrecer a los jóvenes sin incluir más y mejores empleos?”. Rodolfo Gutiérrez cree que hay un sólido consenso experto para avanzar en posibles soluciones –en materia de regulación laboral, educación y reorientación del apoyo a la formación de hogares– y que los fondos europeos “Next Generation” (para la nueva generación) constituyen “una gran oportunidad” para conseguirlo. Para reconducir una realidad que en Asturias tiene particularidades derivadas de la forma en que se hizo “la transición de la vieja sociedad industrial a la sociedad postindustrial”. En ese itinerario, y con el sistema de prejubilaciones como elemento capital, “la protección de los mayores fue una prioridad mucho mayor que el dinamismo económico, la creación de empleo y la formación de nuevos hogares”. La “bajísima natalidad” y “la salida de una porción muy alta de los jóvenes mejor formados son los rasgos más sobresalientes” de un desgarro entre generaciones que, en Asturias como en España, amenaza el bienestar común.

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