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El aniversario de una reserva de la biosfera

Veinticinco años trabajando en Redes: cuando el Alto Nalón se asomó a un nuevo futuro

El parque natural cumple un cuarto de siglo logrando un gran desarrollo del turismo y manteniendo la robustez de su sector ganadero

Dos senderistas en la ruta del Tabayón del Mongallu, en el entorno de Tarna. Miki López

El 27 de diciembre de 1996 se hacía oficial lo que ya se llevaba unos años gestando: la declaración como espacio protegido de todo el territorio de los concejos de Caso y Sobrescobio, bajo la denominación de parque natural de Redes. En 2001 la Unesco también lo declaró Reserva de la Biosfera. Uno de los principales motivos de esta decisión era la necesidad de “proteger” el que sigue siendo el manantial de Asturias: de los embalses de Tanes y Rioseco y de la captación de agua de Los Arrudos beben gran parte de los habitantes de la región. Su principal actividad económica era, con gran diferencia, la ganadería, y contaba con 2.887 habitantes: 2.118 en Caso, 769 en Sobrescobio.

Veinticinco años después, en Redes la ganadería sigue siendo pilar de la economía, pero esta vez acompañada del creciente sector turístico, si bien tanto los alcaldes como los empresarios coinciden en que se trata de una de las zonas protegidas de Asturias “menos conocidas”. La población total ha caído de forma desigual en este cuarto de siglo. Quedan 1.441 personas residiendo en Caso –el territorio más alejado del centro de la región–, mientras que en Sobrescobio la población ha crecido hasta los 829 habitantes. En total, el número de vecinos ha disminuido un 21 por ciento, el triple que la media asturiana en este periodo –7 por ciento–, pero menos si se compara con otras áreas rurales asturianas. Somiedo siempre es puesto como ejemplo de parque natural bien gestionado y con promoción adecuada: pues en este territorio, desde 1996, la población se ha reducido en un 33,6 por ciento, de 1.664 a 1.104 habitantes.

Una joven, asomada a la ventana en Soto de Agues. Miki López

El complejo entramado del parque de Redes no estaría completo sin hacer también un repaso a uno de los motivos por los que se crean estas reservas: la protección de la naturaleza. Hay éxitos y fracasos en estos 25 años. Una raza autóctona como es la vaca casina –asturiana de la montaña– se ha revalorizado, los criadores vuelven a apostar por ella. El oso, símbolo de la protección de la fauna en España, ha vuelto en este tiempo al territorio de Caso y Sobrescobio, y se ha asentado definitivamente. Por el contrario, el urogallo, el ave que era emblema del parque, está prácticamente extinguido, pese a la puesta en marcha de un centro de recuperación en 2009.

En una mesa redonda celebrada este otoño en Rioseco, el Comisionado para el Reto Demográfico del Principado, Jaime Izquierdo, y el geógrafo y técnico del plan de desarrollo rural “Leader” José Antonio González señalaban el camino por el que debe ir el futuro de los pueblos asturianos, y entre ellos, los del parque de Redes: reducción de la burocracia, “desregularizando” la intrincada serie de normativas que pesan sobre “la aldea”; la discriminación positiva en materia de impuestos; la recuperación de la actividad agraria y ganadera tradicional; el impulso del turismo rural y del teletrabajo. Un proceso que la red de vecinos del parque natural de Redes ya ha empezado a tejer.

Marlén López y Manuel Persa, del Laboratorio Biomimético, en Ladines LNE

Uno de los grandes problemas del medio rural, en Asturias y en toda España, es que durante años a los jóvenes se les orientó hacia un futuro de espaldas a su territorio. El “prestigio social” se alcanzaba cursando estudios superiores y trabajando en la ciudad, el espacio donde supuestamente estaban las oportunidades, en contraposición al campo, el territorio sin dinamismo y con escaso futuro. Cada vez hay menos gente que piensa así, un cambio social que la pandemia ha acelerado.

Laura Fernández, propietaria del hotel rural El Secreto de Julia, es ejemplo de empresaria que decidió apostarlo todo por construirse un futuro en su pueblo: graduada social por la Universidad de Oviedo, después de un periplo por varios empleos, incluida una estancia de tres años y medio en el centro de Madrid, decidió no dar más vueltas y retornar a su localidad de origen, Rioseco, donde primero montó un bar con gran éxito en 2007, La Estación, siguiendo el estilo de los cafés clásicos, para, finalmente, abrir el hotel en 2012. Un espacio que quiere ser también ejemplo de sostenibilidad utilizando “energías renovables y materias primas de calidad y cercanía” para sus elaboraciones artesanales. Explica que los alojamientos son normalmente el primer contacto de los visitantes con el parque natural, y es muy importante que esa primera impresión sea perfecta.

Fito González, en su restaurante Puerta de Arrobio, en Anzó L. M. D.

Emprendedores con actividades pioneras en España

El parque atrajo, desde sus inicios, a personas que querían poner en marcha su negocio: la mayor parte de la gente que trabaja en este territorio es lo que hoy en día se llama un “emprendedor”. Redes acoge actividades que fueron pioneras en España. José Manuel Álvarez es propietario de Madre Tierra, la primera panadería ecológica que hubo en la cornisa cantábrica. “No existía todavía una certificación oficial de panadería ecológica y ya estábamos peleando por conseguirla”, subraya Álvarez, natural de Langreo, si bien tanto él como su mujer son de familia coyana y casina. En 1996 empezó a hacer pan ecológico en Langreo, en 1999 se trasladó a Ladines. “Fue una decisión natural. Teníamos una vivienda familiar, y teníamos claro que nuestro negocio cuadraba por completo con la filosofía de un parque natural”. “Somos un negocio ecológico, y estamos en Redes, Reserva de la Biosfera. Eso es una marca de calidad”.

En estos 25 años como panadero, el negocio ha atravesado todo tipo de fases. Ahora, produce a demanda, según pedidos: “Nuestros clientes son pequeños comercios que venden productos ecológicos en Oviedo, Gijón, Avilés, Langreo… En verano, cuando hay afluencia de turistas, también vendemos en la panadería”. Todo el cereal que utiliza viene de León, Palencia, Zamora, y en su horno alimentado por leña y pellets (biomasa) elabora más de 15 variedades distintas de pan, “de espelta, trigo sarraceno, tritordeum…”.

La ganadera coyana Melva Armayor, junto a una de sus vacas LNE

Sin salir del mismo pueblo, otra iniciativa que sigue desmintiendo la falta de oportunidades del medio rural. En este caso, un proyecto mucho más reciente, y que da sus primeros pasos: el Laboratorio Biomimético, impulsado por la arquitecta Marlén López y el diseñador Manuel Persa. Una iniciativa privada, con apoyo de la Universidad de Oviedo, que busca investigar y desarrollar nuevos diseños y materiales, inspirados en la naturaleza, que resuelvan problemas cotidianos. “La biomimética puede aplicarse a la arquitectura, la ingeniería, la medicina, la robótica, el urbanismo o el arte. La naturaleza es una base de datos inabarcable: en ella hay respuestas para muchos problemas”. Un ejemplo: a través del estudio de las hormigas, y elaborando determinados algoritmos, puede mejorarse la gestión del tráfico en las ciudades y aeropuertos.

Con la Universidad de Oviedo se encuentran desarrollando prototipos para llevar soluciones naturales a las fachadas de edificios: “Experimentamos, no solo trabajamos a nivel teórico. Queremos aplicar estas soluciones a nivel práctico, testarlas. Dar el salto del papel a la realidad”. La irrupción del coronavirus fue el detonante de su decisión de iniciar la actividad en Redes. Marlén López explica que “mis abuelos eran de Sobrescobio, aquí pasé las vacaciones de mi infancia”. Tras los estudios, las experiencias en Italia, Londres y Barcelona, y completar el doctorado, “instalarnos en el parque fue una decisión natural”. Con dos hijos, la pareja ya quería dar el paso, y la pandemia acabó decidiéndolos. “Es nuestra forma de entender el mundo y la vida, es un regalo vivir en un entorno como este”. Algo que hace único su laboratorio de investigación, ya que “el resto de centros de biomímesis están en zonas urbanas, en nuestro caso nuestro laboratorio es el entorno”.

Una vista de la localidad de Soto de Agues, desde la que parte el monumento natural de la Ruta del Alba Miki López

Los sectores económicos tradicionales siguen manteniendo gran peso en Redes. Cuando se creó, en la reserva había 6.000 cabezas de ganado bovino en 382 explotaciones. En 2019, con los últimos datos, se registraban 7.272 animales, y eso sí, en solo 200 ganaderías. Melva Armayor es ganadera vocacional, cuenta con unas 110 vacas, entre madres y terneros. La carne que produce es ecológica, certificada desde hace once años por Copae (Consejo de la Producción Agraria Ecológica del Principado de Asturias). En 2001 tomó el relevo de su madre al frente del negocio familiar que vivió desde niña y que decidió orientar hacia la producción ecológica porque “mirando los requisitos que se pedían, y la forma en la que ya manejábamos al ganado, era ya prácticamente lo que hacíamos”.

Carne ecológica, certificada y producida en un parque natural. Pese a esta “calidad máxima”, Armayor no se libra de los grandes problemas del campo español. “Los precios a los que se vende hoy en día son los mismos que cuando cogí la ganadería hace veinte años”, afirma. Los pequeños productores, al final, lo tienen más difícil: “Aquí somos ganaderos extensivos, nuestras vacas están sueltas en el monte buena parte del año, hay factores de presión como el lobo, los precios de los piensos, el combustible”. Ahora, además, hay que añadir otro problema de futuro, como es el cambio en la normativa europea de producción ecológica, que exigiría realizar grandes inversiones en las naves donde se guarda al ganado. “La sensación es que, al menos en la ganadería, los que empiezan hoy lo tienen mucho más difícil que hace unos años”.

Fran Cueria, en su quesería L. M. D.

Más tradición. Si por algo es conocida la gastronomía del parque natural es por la elaboración del queso casín, fabricado durante años de forma artesanal por muchas de las familias de Caso y Sobrescobio, y cuya profesionalización fue impulsada por la quesera Marigel Álvarez. En Redes existen dos queserías: La Corte, de Fran Cueria, en Tanes, y Redes, de Natalí Lobeto –hija de Marigel– en Campo de Caso. Cueria explica que inició la actividad tras ser víctima de la crisis del ladrillo, “era delineante y trabajaba en el sector. Ahora ya llevo ocho años con la quesería”, abierta en noviembre de 2013. La existencia de una Denominación de Origen Protegida “te respalda y te ayuda. En las ventas a nivel local no tiene tanto peso, pero facilita el poder vender fuera, abre puertas” a la comercialización. Las mujeres de su familia –“mi tía, mi abuela”– elaboraban queso de forma artesanal, “para casa”. De ellas aprendió cómo hacerlo, y gracias a las ayudas del plan “Leader” –el gran dinamizador económico de las zonas rurales de toda Asturias– inició la actividad, “sin prisa pero sin pausa”. Al queso casín le pasa un poco, según Cueria, como al parque natural de Redes: “Es un pequeño desconocido”, si bien “el reconocimiento va en aumento, y las bases para su promoción se están poniendo”. Otro de los sabores tradicionales de Redes es el de los Suspiros del Nalón, los dulces creados en la panadería de Campo de Caso del mismo nombre, abierta en 1984, mucho antes de que este territorio fuese área protegida y solo unos años después de que los embalses anegaran las grandes vegas de Rioseco y Tanes, en 1978.

El tren turístico de Brañagallones que conduce Rafa Fernández Fernando Rodríguez

Del gusto por los sabores al gusto por el paisaje y la naturaleza. Los datos corroboran que la formación del parque natural de Redes fue un impulso para el turismo. De poco más de cincuenta a más de 780 plazas hoteleras en estos 25 años de vida. Hay hoteles rurales, camping, apartamentos, casas rurales, albergues y el refugio de montaña de Brañagallones. La expansión del sector ha servido para que las empresas de turismo activo vayan brotando. Fito González, presidente de la asociación de empresas Redes Natural y propietario del restaurante Puerta de Arrobio, explica que en los últimos años han surgido seis empresas de turismo activo: Lobo Nómada, Aturrutaredes, Guías Cantábricos, Cabalgando Sueños –rutas a caballo–, Diego Prado y El Carralín.

Esta última mezcla turismo y actividades tradicionales. Miguel Capellín, ganadero, también es desde este verano guía autorizado. No lo reconocería, pero su estilo de vida hace de él un verdadero ecologista: vive en una cabaña, en la ruta de Los Arrudos, en el entorno de Caleao, que se autoabastece de energía con placas solares y un aerogenerador. Prácticamente toda su vida se ha dedicado a la ganadería, si bien “hubo unos años que, con mi hermano, estuvimos trabajando la madera en distintas zonas de Asturias”. Cuenta con medio centenar de reses, y siente que “antes los ganaderos éramos, socialmente, personas respetables. Ahora, mi sensación es que nos toman por explotadores del medio ambiente”. El parque de Redes “sufre por las dificultades que precisamente se pone a esta actividad. Hay mucho más matorral ahora”, asegura Capellín, corroborando la denuncia de Jaime Izquierdo sobre la “sobrerregulación” del campo. La ganadería tradicional es también “una actividad muy desconocida por la gente que nos visita”.

Dos visitantes junto a la cascada del Tabayón del Mongallu, en Caso, un salto de agua que también es monumento natural Miki López

–¿Cómo se decidió también a ejercer de guía?

–Hace unos años, subiendo el ganado al monte, se me unieron unos montañeros. Me preguntaron si podían ir conmigo, les dije que sí. Me acompañaron, vieron cómo se trabajaba con los animales. Al final, una de ellas me explicó que era muy interesante, que debería plantearme mostrarlo a la gente. Quien me lo dijo era Odile Rodríguez de la Fuente, hija de Félix Rodríguez de la Fuente. Seguimos teniendo una buena amistad.

El panadero José Manuel Álvarez L. M. D.

La necesidad de gestionar de forma idónea el flujo creciente de visitantes del parque ha desembocado en la puesta en marcha de algunas soluciones ingeniosas, como el “tren turístico” de Brañagallones. Rafael Fernández, de Bezanes, estudió Magisterio en la Universidad de Oviedo. Pero su verdadera vocación era el desarrollo turístico de su pueblo: ya en 1998 montó sus apartamentos turísticos, “junto con los de José Manuel Prado, que ahora es guarda del refugio de Brañagallones, los primeros del parque. Él en Caleao, yo en Bezanes”. Un año después, y visto el problema de transporte público en la zona, también abrió el servicio de taxi: “Por el verano se atiende principalmente a turistas, por el invierno a los vecinos: escolares al colegio, gente que tiene que ir al médico... Estamos ahí llueva o nieve”.

Brañagallones, cuya ruta de subida se inicia en Bezanes, es desde siempre uno de los atractivos de Redes, el corazón del parque natural. “Siempre hubo mucha gente que quería subir, desde allí parten varias rutas. En el taxi teníamos ocho plazas, incluyéndome a mí”. La apertura del refugio de montaña en 2016 aumentó el interés por la zona. “Buscamos la manera de subir a más gente en cada viaje, y así surgió el tren turístico”: un vagón con capacidad para 19 personas, tirado por un gran tractor, “el vehículo que más seguridad ofrece para subir” las empinadas cuestas que llevan hasta la braña de los desaparecidos gallones (urogallos). Fernández es optimista con el futuro del parque natural, porque “al principio hubo escepticismo, tal vez falte algo de promoción y hay que mejorar infraestructuras. Pero, a la larga, trajo inversiones, y se ha desarrollado un tejido empresarial fuerte, tenemos mucho que ofrecer”.

Laura Fernández (con camiseta de rayas), junto a autoridades de Sobrescobio y del plan “Leader” y miembros de una delegación boliviana que visitó Redes para conocer proyectos de emprendedores rurales, en el hotel El Secreto de Julia L. M. D.

Precisamente el representante de esos empresarios, Fito González, hace suyas algunas de las reivindicaciones del sector, con las telecomunicaciones –internet, telefonía– a la cabeza. A continuación, la promoción: “Somos un poco la oveja negra de los parques naturales asturianos en ese sentido”, afirma. En tercer lugar, conseguir que “por fin se concrete el uso lúdico de los embalses”, que permitiría el empleo de embarcaciones sin motor en Tanes. “Está cada vez más cerca, puede que sea en breve, pero llevamos muchos años reivindicándolo”. La cuarta petición, la ya realizada por otros vecinos: simplificar los trámites: “Antes se podían tener los caminos limpios, rozados. Ahora hay menos mantenimiento, se necesitan papeles, las majadas para el ganado van desapareciendo”.

Natural de la Güeria Carrocera (San Martín del Rey Aurelio), dirige su restaurante desde el año 2000, y desde hace 17 años reside en el parque, del que hace balance: “En materia turística, es positivo, el sector va creciendo, poco a poco, de forma constante”. En relación con la actividad agroalimentaria, “hay que darle un impulso. Todavía nos falta mucho por hacer para conseguir el reconocimiento que esta zona tan preciosa se merece”.

Miguel Capellín, junto a dos senderistas, al lado del lago Ubales. LNE

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