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análisis

¿Llega la segunda guerra fría? Doce claves para entender la crisis de Ucrania

Rusia exige que se cumplan los acuerdos de Minsk y que la exrepública soviética no entre en la OTAN, mientras Occidente teme una invasión que la analista Mira Milosevich duda que se produzca sin el factor sorpresa

Un soldado de Ucrania durante el conflicto con los separatistas prorrusos en el este del país. Daniel Brown - Archivo

El avispero de Europa del Este agita el tablero mundial. Rusia amenaza a Ucrania, la exrepública soviética que coquetea con Occidente, al enviar a miles de tropas a la frontera que comparten. Estados Unidos y la OTAN toman partido por Ucrania y el desafío está servido para caldear una situación que recuerda los tiempos convulsos de la Guerra Fría, y que arrancó en la cumbre de la OTAN de 2008 cuando se acordó que Ucrania y Georgia entrarían (algún día) a formar parte de la Alianza Atlántica. Vladímir Putin lo consideró “una amenaza directa para Rusia”.

Ahora, Rusia ha desplegado 100.000 soldados en la frontera que comparte con Ucrania. El presidente Joe Biden ve inminente una intervención rusa mientras los mecanismos diplomáticos funcionan a la desesperada. Una intervención que, en realidad, ya se produjo cuando en 2014 Rusia invadió la península de Crimea después de que el pro ruso presidente ucraniano fuera arrancado del cargo.

La crisis arrancó en la cumbre de la OTAN de 2008 cuando se acordó que Ucrania y Georgia entrarían (algún día) a formar parte de la Alianza Atlántica

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Los separatistas ucranianos de la región de Donbás, apoyados por Moscú, se apoderaron de parte del este de Ucrania. Los combates han dejado ya más de 14.000 vidas. Biden amenaza con medidas “como nunca se ha visto” si Ucrania es atacada. Más que militares, económicas, como desconectar el sistema bancario ruso del sistema internacional de pagos Swift, impedir la apertura del gasoducto ruso Nord Stream 2 en Alemania o restricciones a los bancos que conviertan rublos en moneda extranjera.

Para moverse mejor por ese laberinto que incendia la actualidad internacional, LA NUEVA ESPAÑA ha pedido un análisis de la misma a Mira Milosevich-Juaristi, investigadora principal del Real Instituto Elcano y profesora asociada de Russia’s Foreign Policy del Instituto de Empresa. Una gran experta en Rusia, Eurasia, Europa del Este y los Balcanes que proporciona doce claves.

Tropas de Moscú en la frontera con Ucrania en las últimas semanas Efe

¿Habrá guerra?

“No digo que nunca vaya a haber guerra, pero no de forma inminente. Rusia ha utilizado en el pasado la fuerza militar, pero en estos momentos, como ya dije en abril del año pasado en una situación semejante, no va a invadir Ucrania. Un país que se está preparando para hacerlo no lo hace tan visiblemente, porque en una invasión el factor sorpresa es el más importante. Y se ha abierto la vía diplomática de conversaciones. Durante las tres primeras reuniones que se celebraron del 10 al 13 de enero se demostró que las opiniones de las partes implicadas son completamente incompatibles. Estados Unidos defiende la soberanía de Ucrania y su derecho a elegir a la alianza militar a la que quiera adherirse. Y Rusia dice que necesita garantías de seguridad, aunque realmente lo que pretende es mantener sus zonas de influencia, especialmente en Ucrania”.

Exigencias inasumibles

“Las tropas rusas están en la frontera con Ucrania, realizando incluso ejercicios de combate con disparos reales. Y Estados Unidos advierte de que las sanciones económicas serían mucho más fuertes si Moscú iniciara hostilidades. Esa incompatibilidad en las posturas diplomáticas y lo que ocurre sobre el terreno está en un momento en el que cada parte intenta sentar las bases para futuras negociaciones. Nadie va a decir: no tenemos nada que hablar, ahora nos vamos a empezar a matar unos a otros, sería absurdo. No hay una solución ahora, la tensión seguirá. Rusia siente que tiene la superioridad, por eso plantea unas exigencias tan exageradas, como la garantía de que la OTAN no se va a ampliar o que retire las tropas a las fronteras de 1997. Rusia sabe que no se pueden cumplir”.

Lo que quiere Moscú

“Rusia ha dicho varias veces que no planifica invadir. Lo que sí dice es que si no se cumplen sus exigencias aplicará medidas técnico-militares, lo que Occidente interpretó como una invasión, pero Moscú se refiere más bien a un despliegue de misiles, incluidos los nucleares, que puede colocar en Bielorrusia o en América Latina (Cuba, Nicaragua o Venezuela). No es una guerra, pero sí algo muy peligroso y complejo. Lo que quiere es que Ucrania cumpla los acuerdos de Minsk, que Rusia aceptó cuando tenía una superioridad militar absoluta. Pudo arrasarla en 2015, pero no lo hizo, se sentó en una mesa de diálogo. Y no lo digo para elogiar a Moscú y qué buenos son. No, considero que Rusia tiene voluntad de que haya una solución diplomática y que Occidente presione a Ucrania para cumplir los acuerdos. Aunque tampoco Rusia cumplió su parte”.

¿Putin va de farol?

“No, porque es real que Rusia es superior en fuerza militar en el espacio postsoviético. Simplemente, porque está allí. Tiene más facilidad de mover las tropas, más armamento... Y los Estados Unidos están muy lejos. El problema de Ucrania es que no puede defenderse de Rusia y nadie puede defender a Ucrania. Y Rusia lo sabe. Occidente intenta ahora poner un alto coste”.

El precedente de Crimea

“Llama la atención que Occidente hable de que si Rusia invade Ucrania haremos esto y lo otro. ¡Ya lo hizo! No solo invadió Ucrania, sino que anexionó un territorio. Occidente tuvo un problema en 2014 que no solucionó. Lo dejó pasar y Rusia se salió con la suya. La situación ahora es más dramática porque Rusia no solo reclama una influencia directa, quiere cambiar el orden de seguridad europeo creado después del final de la Guerra Fría. No es comparable a lo que hizo la Alemania de Hitler, que quería conquistar Europa. Rusia no quiere dominar a Europa, lo que quiere es revisar los acuerdos que la URSS firmó en 1991 porque no los considera beneficiosos y pretende tener zonas de influencia en el espacio postsoviético. También quiere, obviamente, mantener una influencia en los países europeos, pero no dominarlos, no se plantea conquistar Francia, por ejemplo”.

Lo que le bastaría a Putin

“Que Ucrania no pertenezca a la OTAN. Como no lo han hecho Finlandia o Suecia. Que sea un país neutral. Que se cumplan los acuerdos de Minsk para garantizar su influencia en el país, ya que suponen una amplísima autonomía para la región de Donbás, y quedarse con Crimea porque nadie va a ir a la guerra por Crimea. Rusia quiere participar en un nuevo orden de seguridad europeo, ahora está en la periferia, la OTAN está en sus puertas y Moscú no tiene ni voz ni voto en ella. Reclama ese estatus de gran potencia que le permita intervenir donde quiera, como ha hecho en Siria o como ha hecho ayudando a Venezuela. Es decir, conservar la independencia y soberanía en política exterior y usar todo tipo de instrumentos, desde campañas de desinformación a medios militares convencionales, para cumplir con sus objetivos”.

Un soldado de la autoproclamada república prorrusa de Donetsk, en Ucrania. | | REUTERS

El papel de China

Rusia tiene una percepción del orden mundial que ya no es bipolar. No se repetirá la situación del siglo XX con dos protagonistas como la URSS y EE UU. Dos actores estratégicos del siglo XXI son Washington y Pekín, pero además de esas superpotencias hay grandes potencias: Rusia, India, Australia, Japón. En el Pacífico están ocurriendo cosas distintas a los viejos problemas de Europa. Hay una doble disuasión poderosa. Rusia tiene más cabezas nucleares que Estados Unidos y eso le hace un país inatacable. Y, además, si ustedes no me quieren en Occidente, viene a decir Moscú, yo me voy a aliar con China, que es el mayor desafío estratégico de Estados Unidos”.

¿Se les puede escapar de las manos a las partes?

“Sobre todo a Putin, que es quien está amenazando con la fuerza militar y si la clave de este conflicto va a ser militar o no está en manos de Rusia, aunque se ha dicho realmente que Occidente no puede defender a Ucrania. Si hay guerra puede haber una ayuda para que se defienda. Nada más”.

El elemento sentimental

“Rusia y Ucrania comparten unos vínculos históricos, culturales... Eso no quiere decir que el pueblo ucraniano no exista, como defienden algunos nacionalistas rusos. Existe la cuestión emocional como existió en la destrucción de la antigua Yugoslavia. Pueblos que han vivido mucho tiempo juntos. Ahora bien, desde 2014 Ucrania ha construido su identidad siendo antirrusa. Y eso duele a los rusos que sentían esos vínculos. No es culpa de Ucrania, sino de Rusia”.

¿Una nueva Guerra Fría?

“Lo que hay es una amenaza de que si la escalada verbal da paso a otra militar va a producirse una completa ruptura entre Rusia y Occidente. Y eso sí sería una Guerra Fría, en términos análogos que no iguales, pero no lo es ahora. Hay una interdependencia económica que no hubo entonces. No está el elemento de que Rusia quiera imponer su ideología comunista. Y tampoco están desplegados misiles nucleares apuntando a Europa. El equilibrio de terror es lo que más marcó la Guerra Fría y la división en bloques ideológicos”.

Los riesgos para la OTAN

“En 2008 la OTAN dijo que Ucrania y Georgia se convertirán algún día en países miembros, pero no adoptó un plan concreto para ello. Y esto es un problema. Joe Biden dijo hace unos días que la pertenencia de Ucrania a la OTAN es muy, muy lejana. Y sus socios también lo dijeron. La OTAN defiende un principio de puertas abiertas, de que cada país tiene derecho a elegir la alianza militar a la que pertenecer. Pero no defiende explícitamente que Ucrania entre, porque no cumple criterios. Tiene que ser aceptada por treinta países miembros, y eso nunca va a ocurrir”.

El caso bielorruso

“La intención del gobierno de Lukashenko es vengarse de la Unión Europea por no reconocer el resultado de las elecciones fraudulentas en agosto de 2020. Y pretende desestabilizar sin usar fuerza militar, pero chantajeando de forma cínica al proponer que la UE dé dinero para solucionar una crisis de migratoria que la propia Bielorrusia ha provocado. Cuenta con el apoyo ruso no porque Moscú tenga una simpatía especial por Lukashenko, sino porque no quiere que bajo la influencia occidental. Lukashenko seguirá en el poder mientras exista ese apoyo”.

El tablero de seguridad europeo


La UE debe impulsar una solución para la crisis de Ucrania tras las fallidas negociaciones de las que fue excluida y teniendo en cuenta los errores occidentales en la gestión de la posguerra fría

Por Eliseo Oliveras

Tres décadas después del fin de la Guerra Fría, “existe un riesgo real de un conflicto armado en Europa”, afirma el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Europa afronta la mayor amenaza de estabilidad desde 1990 con 100.000 soldados rusos en la frontera de Ucrania. Pero la Unión Europea (UE), directamente afectada por la escalada del conflicto, ha quedado marginada de las fallidas negociaciones de esta semana EEUU-Rusia, OTAN-Rusia y en la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Historiadores y teóricos de las relaciones internacionales estiman que las tensiones de los últimos años entre Rusia y la OTAN son consecuencia de la pésima gestión occidental de la posguerra fría. Odd Arne Westad en su libro “La Guerra Fría” concluye que “Occidente debería haberse ocupado de Rusia mejor de lo que lo hizo” y que debería haber integrado a Rusia “en los acuerdos comerciales y de seguridad europeos”. Pero se la dejó “marginada”, “fuera de los procesos de integración económica y militar”.

La historiadora norteamericana Mary Elise Sarotte, autora de “1989 “y “The Collapse”, considera que “a propósito, Rusia fue dejada en la periferia posguerra fría”, que la ampliación de la OTAN solo desplazó la línea divisoria de la Guerra Fría y que sin esa ampliación prematura podría haberse logrado una cooperación sostenida de Rusia y una evolución política interna rusa más positiva. En lugar de la promesa de 1990 del secretario de Estado norteamericano, James Baker, de que la OTAN no se ampliaría “ni una pulgada” al este de Alemania (como consta en los documentos de EE UU), la OTAN llega a poco más de un centenar de kilómetros de San Petersburgo. Por ello, Moscú reclama ahora un tratado formal que excluya a Ucrania en la OTAN y que los aliados rechazan por “inaceptable”.

Dos de los principales teóricos norteamericanos de relaciones internacionales, John Ikenberry y Daniel Deudney, señalaron que EE UU, Europa y la OTAN “han renegado esencialmente de partes clave del acuerdo negociado” que puso fin a la guerra fría. Ambos recordaron que la URSS no fue derrotada militarmente, sino que decidió “retirarse voluntariamente de Alemania y Europa Oriental” con el compromiso de que Occidente no aprovecharía ese repliegue “para amenazar sus intereses de seguridad esenciales”. Ikenberry y Deudney destacaron que EE UU, Europa y la OTAN han desarrollado una política contraria a los principios que permitieron resolver pacíficamente la Guerra Fría, comportándose como si “Rusia ya no contara” y “pudieran hacer lo que quisieran”.

Otra figura norteamericana en relaciones internacionales, John J. Mearsheimer, estima que “la mayor parte de la responsabilidad de la crisis” de Ucrania corresponde a la ampliación de la OTAN y la política de EE UU y sus aliados europeos. Stephen M. Walt, otro prominente teórico norteamericano, señaló en “The Hell of Good Intentions”, que sin la ampliación de la OTAN se habría podido integrar a Rusia en un marco paneuropeo de seguridad, no se habrían exacerbado los temores de seguridad rusos y se habría evitado el conflicto de Ucrania. Las predicciones del diplomático e historiador norteamericano George F. Kennan de 1997 sobre el “fatídico error” de ampliar la OTAN se han cumplido: la naciente democracia rusa ha degenerado en un régimen autoritario, hay nuevas líneas divisorias en Europa y la política rusa es de confrontación.

Promesas occidentales

En 2007, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Vladimir Putin efectuó una dura diatriba contra el incumplimiento de las promesas occidentales y el ninguneo de Rusia. Los líderes de la OTAN descalificaron su intervención y respondieron al año siguiente prometiendo formalmente el ingreso a Ucrania y Georgia. Incluso dos halcones norteamericanos de la Guerra Fría como los exconsejeros de Seguridad Nacional Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, ya avisaron que el ingreso de Ucrania en la OTAN era incompatible con la estabilidad en Europa.

La UE debería promover un marco de seguridad paneuropeo compatible con la OTAN en el que Rusia se sienta segura. Pierre Vimont, exsecretario general del Servicio de Acción Exterior Europeo, subrayaba que es más urgente que nunca “repensar el sistema europeo de seguridad” y maximizar la vía diplomática para resolver las actuales tensiones, saliendo de la “prolongada pasividad que han caracterizado las conversaciones estratégicas en los últimos 15 años”. 

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