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Cangas del Narcea: radiografía de un municipio

Despoblamiento, desindustrialización, marginalidad y situación periférica en el acelerado proceso de declive de la capital de servicios de la Comarca y el conjunto del Área Suroccidental

El ganadero cangués Daniel Rodríguez en una nevada en Vallao en 2019. Demelsa Álvarez

Durante los dos últimos años de la pasada década he recorrido el municipio cangués a lo largo y ancho de su geografía, visitando 84 explotaciones ganaderas y realizando una extensa encuesta a sus titulares. El periplo fue posible gracias a la valiosa información previa facilitada por Jesús Agudín, ex director de la Caja Rural en Cangas del Narcea quien, además, programó y me acompañó en la mayoría de las visitas. Su desinteresada y abnegada colaboración así como la generosa acogida ofrecida por los paisanos que, sin excepción, nos abrieron sus casas y dejaron al lado sus obligaciones para ofrecernos hospitalidad e información sobre los parámetros básicos de su actividad como ganaderos y sobre las coordenadas vitales que informan sus vidas, constituye no solamente una preciada información estadística sino un activo emocional entrañable e impagable. Sin ellos, este modesto trabajo no habría sido posible.

La muestra se obtuvo aleatoriamente a partir del proceso de selección del universo de las 891 explotaciones ganaderas de orientación cárnica del municipio (Sadei, 2020), con una representación equitativa de las explotaciones por tamaño medido en número de cabezas, así como de su distribución geográfica. Se visitaron 84 explotaciones (9,43% del total) ubicadas en 63 aldeas, pertenecientes a 33 de las 54 parroquias existentes (61% del total) según el detalle del cuadro nº 1.

La encuesta se realizó presencialmente en los hogares de las caserías, extraordinariamente mejorados en general en su confort y equipamiento, e incluyeron normalmente una visita a las cuadras e instalaciones. A lo largo de 3-5 horas como media y en función del tipo de organización familiar, con la presencia e intervención de la familia troncal o nuclear (en ciertos casos 2 o 3 generaciones en liza) se nos facilitaron los parámetros de recursos : tierra y cabezas de vacuno fundamentalmente y otros datos objeto de nuestro interés que se fueron reflejando en una ficha estándar previamente elaborada.

Los datos relativos al número de cabezas de ganado y las hectáreas de superficie agraria, correspondientes a las 84 explotaciones (5.633 cabezas y 4.462 hectáreas) obtenidos por información directa de los ganaderos no se han sometido a un proceso de conversión en UGM (Unidad Ganadera Mayor) o a una desagregación por usos del suelo agrario, en la medida en la que no disponíamos de la información analítica necesaria para clasificar tanto la cabaña ganadera como el suelo agrario, salvo para una minoría de las explotaciones y en aras de la homogeneidad y comparabilidad de la información.

Sí tuvimos la posibilidad, gracias al buen hacer de Benigno Fano, Viceconsejero de Agricultura, de contrastar la información recibida con el SIGPAC (Servicio de Información Geográfico de Parcelas Agrícolas) y cotejar su verosimilitud con la recibida directamente de los ganaderos.

Además de otra información cuantitativa de gran interés: ordenación de los costes de los insumos por su cuantía, importe medio de las subvenciones recibidas, realización de compras o arrendamientos para ampliar la base tierra y su ubicación geográfica, ciclo de la carne que realizan, precio medio de venta del producto final, existencia o no de ingresos complementarios en la unidad familiar, etc. Las conversaciones se adentraron abiertamente en otras cuestiones relativas a aspectos personales, familiares, de vecindad y comunitarios, así como sobre los proyectos de vida en general y su proyección futura (valoración de la importancia de la relación vecinal, acceso a los servicios públicos básicos de sanidad, educación y ocio, continuidad de la explotación a medio plazo, ventajas e inconvenientes de la vida rural respecto a la urbana, etc ). Esta información, preservando siempre la privacidad y sin personalizar, la tabulamos y cruzamos con otras fuentes a fin de obtener tendencias predominantes, comportamientos mayoritarios y sensaciones de carácter colectivo, fundamentales para tratar de avizorar tanto la evolución previsible de las explotaciones como la configuración futura del espacio rural en el que estas se asientan.

El marco de la actividad ganadera: un área rural desfavorecida de montaña

El enunciado de este apartado exige una mínima digresión dado que el concepto de “lo que es rural” no es unívoco y ha sufrido un proceso de transformación, erosionado por el proceso urbanizador, el cambio tecnológico y la irrupción de los medios de comunicación de masas. Una realidad, lo rural o la ruralidad, que es cada vez más difusa, con fronteras cada vez más indiferenciadas respecto a las características urbanas, lo que obliga a replantear los parámetros utilizados tradicionalmente para su definición y a abandonar cualquier aproximación basada en la dicotomía rural-urbana o en los datos demográficos mecánicamente encuadrados en el rígido corsé de los límites administrativos del territorio.

La discontinuidad espacial convive con la continuidad social, favorecida por el proceso de contracción o encogimiento del espacio (“shrinking of space”) provocado por el auge de las tecnologías de la información, que ofrece a las comunidades rurales una combinación de oportunidades y retos que pasan a informar sus decisiones vitales y a condicionar sus opciones de futuro.

Aunque los factores demográficos siguen siendo significativos, no resultan suficientes y mucho menos determinantes para describir la heterogeneidad existente a escala territorial y deben complementarse con el análisis de las coberturas artificiales del suelo y el nivel de accesibilidad al núcleo urbano más próximo de cierta importancia demográfica y con capacidad de proveer los servicios públicos básicos. Todo ello, una información microestadística que exigiría georreferenciar la población para obtener una tipología rural/urbana de la distribución poblacional en formato de malla geográfica regular con resolución de 1 Km. (OCDE, 2012,b). A estos efectos el geoportal SIOSE ( Sistema de información sobre la ocupación del suelo en España) que funciona de manera descentralizada y con datos autonómicos ofrece una base de datos muy útil. Se dispone también, en esta línea de investigación, de un magnífico trabajo realizado por el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo.

Las características orográficas, la extensión territorial, la prevalencia de periodos vegetativos reducidos asociados a la altura, el despoblamiento, la dispersión poblacional, la ausencia de centros intermedios de cierta importancia demográfica fuera del área periurbana de Cangas, la existencia de un continuo longitudinal (“fondo de saco”) particularmente en su lado Este (patente en el Partido de Sierra y aledaños, entre la salida a Tuña por el norte hasta la de Leitariegos por el sur, en su vecindad geográfica con Somiedo o León), su lejanía del centro de la región y su conurbación urbana y la inexistencia de acceso cercano a una vía de comunicación de cierta capacidad aconsejan analizar el municipio de Cangas del Narcea desde su singularidad; una tipificación basada en los parámetros de altitud, aislamiento y dispersión poblacional que iremos presentando en los Cuadros siguientes complementados con la información recogida en la encuesta a ganaderos.

Las características examinadas nos permiten adscribir el municipio al conjunto de las áreas denominadas como “desfavorecidas de montaña”. Se trata de un territorio en el que tiene lugar la actividad económica y la vida social de los ganaderos y sus familias que exige un tratamiento específico, ajustado a la singularidad de sus problemas y exigente de medidas que conecten con su especial problemática territorial. Un objetivo que pasaría por lograr en un plazo razonable la viabilidad económica del mayor número de explotaciones posible, detener la sangría demográfica, y mantener la actividad ganadera productora de un output agrario y sus potenciales derivados. Una actividad productiva que cumpliendo con el objetivo fundamental de incrementar el bienestar de las familias del mundo rural resulta, simultáneamente, ser generadora de bienes públicos no comerciales, necesarios para mantener el paisaje y la biodiversidad, para el goce de los urbanitas.

Análisis pormenorizado

Del análisis pormenorizado de la información contenida en los cuadros 2 y 3 se deduce que más del 80% de las explotaciones ganaderas se sitúan por encima de los 600 metros de altitud y que el índice de accesibilidad medido en crono a Cangas refleja que el intervalo entre 20-40 minutos de tiempo de viaje en automóvil es el que acoge a un mayor número de explotaciones.

Cuestiones relevantes, puesto que la pendiente y el índice de fricción que caracterizan la red de carreteras locales constituyen factores que, entre otros, condicionan tanto el uso agronómico de la base territorial como la utilización de canales cortos en la potencial comercialización de productos perecederos para abastecer a los mercados locales e influyen en la percepción sicológica de aislamiento, particularmente crucial en el acceso a la educación y la sanidad entre otros bienes públicos básicos. Esto es una realidad física del concejo de Cangas del Narcea, en el que solamente el 2% del territorio se sitúa por debajo de los 400 metros de altitud; el 70% está por encima de los 700 metros (el 23% por encima de los 1200 metros). Además, solo el 4,3% tiene una pendiente menor del 20% y el 83% supera el 30% (el 48% por encima del 50% de pendiente). Se trata de una configuración fisiográfica característica de las áreas de montaña que condiciona su uso agrario, genera una prevalencia de periodo vegetativo reducido por la altitud, dificulta o impide la mecanización (el umbral de la pendiente no debería exceder del 14%), exige el uso pastable a diente de una gran parte del suelo agrario y, en general, encarece los costes de explotación y determina en gran medida la elección del sistema productivo.

Déficit de tierra

Esta configuración del territorio explica la existencia de un gran déficit de tierra (el tipo netamente dominante constituido por la casería en los siglos XVIII-XIX alcanzaba una media de 2,5-3,6 hectáreas, equivalentes a 20-30 días de bueyes) agravado por un minifundismo histórico que aún sigue caracterizando la realidad actual: la media del recinto privado es de 0,32 hectáreas, y la del recinto de “uso en común” de 5,82 hectáreas. El tamaño de las explotaciones, definido por el número de cabezas y la extensión de la tierra de uso agrario (medido en hectáreas) viene recogido en el cuadro número 4.

A pesar de todos los inconvenientes señalados anteriormente: fisiografía, altitud, minifundismo y lejanía a un centro urbano potente, una observación atenta del cuadro número 4 permite apreciar el enorme esfuerzo y la capacidad de resiliencia de una parte importante del sector ganadero cangués –fundamentalmente en el segmento mayor de 75 cabezas- que ha incrementado sensiblemente la cabaña ganadera y la base tierra de la explotación a través de una apuesta decidida por la compra o arrendamiento, tanto dentro del mismo municipio como en la vecindad de León, en ausencia de un mercado de tierras más cercano a la casería que permitiese materializar la demanda existente.

Una apuesta que se expresa con rotundidad en el proceso de transformación, lento pero continuo, en muchos ámbitos de la explotación: incremento de la mecanización, selección de las razas adecuadas a las características de la orografía y la altitud, incremento de la higiene y la atención veterinaria, orientación a la calidad del producto final, modernización de instalaciones en cuadra y vivienda, mejoría en la comercialización, etc.

Un proceso de modernización con una capacidad de adaptación desigual para el universo de las explotaciones ganaderas, bien por las especificas condiciones de resiliencia y emprendimiento de los campesinos, bien por la inexistencia de sucesión en la explotación familiar.

La decisión sobre la continuidad o no de la actividad ganadera tomada hace muchos años en la mayoría de los casos, constituye un factor determinante que se ha proyectado sobre la decisión o la renuncia a la compra de más tierra agraria.

El contexto histórico concreto en el que se produce este lento pero inexorable proceso paralelo de abandono y modernización de las explotaciones, se encuentra marcado por dos hechos de extraordinaria importancia para la continuidad de la casería y el sector : la presencia de la actividad minera como alternativa o complemento de empleo y generador de rentas de fuera del sector, y la evolución regresiva del precio final de la carne en términos reales en paralelo con un imparable incremento del precio de los insumos básicos necesarios para la actividad productiva.

El primer factor, aunque desigual según las diferentes áreas del municipio, aportó unas sustanciosas rentas externas y al final unas pensiones de excelente nivel que permitieron mejorar la mecanización, transformar hogares e instalaciones productivas creando un ambiente de modernidad y confort y asegurar una continuidad temporal de las explotaciones. Su influencia se percibe hoy con nitidez en cualquier visita que se realice por el mundo rural cangués.

Un escenario económico perverso

La conjunción de los dos últimos factores –precios finales cárnicos decrecientes y precios de los insumos necesarios para producir la carne al alza– configuran un escenario perverso que sitúa a muchas explotaciones en una zona de inviabilidad, además de aumentar la ya clásica incertidumbre y vulnerabilidad del sector. Una situación solo aliviada por el necesario complemento de ingresos que suponen las subvenciones.

La influencia de los ingresos procedentes de la minera o las pensiones ha desaparecido o languidece; su relevancia actual tiende a la marginalidad. Sin embargo, la desigual relación real de intercambio entre el precio final de la carne y el precio de los insumos necesarios para su producción no solo pervive, sino que ha empeorado notoriamente y constituye una amenaza real para la continuidad de la mayoría de las explotaciones.

La acción continuada de los hechos y circunstancias descritos ha erosionado profundamente la estructura del sector. El abandono de explotaciones se incrementa con una afectación mucho mayor en aquellas de menor dimensión en términos de cabaña y tierra (y particularmente por debajo de segmento de 50 cabezas) mientras que las explotaciones con “más de 75 cabezas” presentan uno datos de supervivencia muy diferentes. Se trata de un hecho que no debe sorprender: ni una sola de las explotaciones con menos de 50 cabezas ha materializado en las últimas décadas una operación de compra o arrendamiento de tierra adicional a la poseída. La decisión de finalizar la actividad ganadera ya se había tomado tiempo atrás.

Las explotaciones ganaderas de más de 75 cabezas

Con la información disponible hemos elaborado lo que podríamos denominar una “explotación tipo” para el segmento de más de 75 cabezas que suponen el 41,8% del total encuestado y que bajo determinadas condiciones tendrían asegurada su continuidad (el 90% de las explotaciones encuestadas de este segmento) según manifestación inequívoca de sus titulares.

Los rasgos que la caracterizan mayoritariamente se exponen en el cuadro número 5.

Este cuadro refleja con rotundidad cómo los ganaderos, ante la ausencia de una oferta local suficiente de tierra, han encontrado en otros municipios o en León la mitigación a este problema. Una situación que dista de estar resuelta: el 22% de los titulares manifiesta explícitamente su renovada demanda de más tierra agraria a la que trata de acceder por compra o por arrendamiento.

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