José Manuel Vega Gutiérrez, “Selito”Memorias (1) | Artista, último alfarero de Faro
“La cerámica de Faro se conoce más fuera de España que aquí”
“Soy de los que opinan que el mejor juguete para que un chiquillo desarrolle toda su creatividad es un trozo de barro; en mi caso siempre fue el que más apreciaba”

José Manuel Vega Gutiérrez, “Selito”, posa en su taller de Faro, en Oviedo, junto a sus obras de cerámica. | | LUISMA MURIAS / Nel Oliveira
Nel Oliveira
José Manuel Vega Gutiérrez (septiembre de 1949), más conocido como “Selito”, es el último alfarero de Faro (Limanes) que queda en pie. El ovetense nació y creció en la casa donde continúa con una larga tradición secular dedicada a la cerámica. Primero fue su abuelo, luego aprendió de su padre y ahora es él mismo el que llevaba toda una vida amasando el barro para convertirlo en una completa obra de arte. La localidad ovetense de Faro llegó a albergar en tiempos un censo de hasta 80 alfareros locales entre sus cientos de habitantes. Poco a poco fueron cerrando sus negocios hasta que finalmente tan solo ha quedado el taller de “Selito”, que ya se encuentra en trámites para su inclusión en el inventario patrimonial del Principado de Asturias. Hijo de José Vega “Lito” y Celia Gutiérrez, los primeros recuerdos de “Selito” son de su abuela. “Andaba con ella para todos los lados, pero murió cuando yo tenía tan solo cinco años”. Dice que tuvo una infancia normal; “como la de cualquier chiquillo”. Jugar, ir a la escuela –primero a la de Faro y luego a la de Limanes– y volver a casa para divertirse modelando piezas. “Eran desastrosas”, bromea este alfarero, quien con el paso de los años centró todos sus esfuerzos en aprender la profesión milenaria con la que se su abuelo y su padre se había ganado la vida.
Sus primeros pasos. “Cuando termino mis estudios ingreso en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, con 15 años. Estaba donde el antiguo conservatorio de la calle del Rosal. Allí estuve desde 1965 a 1968. Fue en ese año cuando ya me dediqué al taller, porque para seguir formándome tenía que ingresar en la escuela superior de San Fernando, en Madrid”.
Paulino Vicente quiso que “Selito” siguiera formándose en la capital. “Era íntimo amigo de mi padre y además fue mi profesor de dibujo. Siempre le decía a mi padre: ‘A este cabrón lo meto yo en San Fernando de una patada en el culo’, pero no lo consiguió. Me acuerdo de llegar a casa un día de noche y que mi padre me dijera que había estado Paulino Vicente. Le dijo que tenía que irme a Madrid, pero yo no quise. Tuve mis razones. Estaba en Oviedo formándome para trabajar en el taller y ser alfarero. Si hubiera ido a Madrid tendría que haber hecho cuatro cursos más otro más de profesorado, con el objetivo de opositar para profesor de dibujo en un instituto o en una escuela de arte. Y eso no es lo que yo quería hacer con mi vida. Esa fue la decisión que tomé cuando tenía 18 años y nunca me arrepentí de ello”.
Los inicios de una pasión, la alfarería. “Soy de los que opina que el mejor juguete para que un chiquillo desarrolle toda su creatividad es un trozo de barro. En mi caso siempre fue lo que más apreciaba. Desde que empecé a caminar siempre estuve metido entre el barro poniéndome perdido. Tengo antepasados alfareros desde mediados del siglo XVIII, así que ya mamé desde guaje el oficio. Cuando era crío ya trataba de hacer alguna escultura, pero muy mal hecha. Lo hacía para entretenerme”.
El paso a la profesionalización como alfarero. “En el momento que llegué a empujar la rueda y poner un trozo de barro encima siempre estuve ahí metido, desde los 12 o 13 años. Recuerdo con especial cariño cuándo logré hacer mi primer barbón –el cántaro del agua de aquí de Faro– y me salió bien. Sería el año 1970. Ahí supe que ya iba dominando el barro. Lo que hay que tener en cuenta es que este oficio es muy largo. De hecho existen dos vertientes: alfarero y nuevo ceramista. Este último no necesita tener un domino total y absoluto del torno como nosotros, los alfareros. Ellos se dedican más a la cerámica creativa. Aunque a los cuatro o cinco años ya te vas defendiendo, para aprender el oficio como un auténtico profesional y dominar todas las materias necesitas al menos diez. Lo que pasa es que hoy en día no hace falta dominarlas todas”.
Orlando, el llamado a ser el sucesor de “Selito”. “Ahora tengo un alumno, Orlando. Un día fui a la escuela de cerámica de Avilés y me dijo la directora que había un chico que andaba buscando un taller tradicional para aprender. Dominaba el torno y lo tuve claro, lo traje conmigo para el taller. De eso hará como cuatro años y desde entonces le sigo dando clases. Domina el torno prácticamente igual que yo. Al final en Asturias solo queda este taller y otro en Cangas del Narcea, donde hacen alfarería negra. Cuando quede Orlando espero que todo sea igual. Y si no es igual, al menos que la diferencia sea muy pequeña”.
Mercado internacional gracias a la Empresa Nacional de Artesanía. “Era una empresa del Ministerio de Industria que tenía tiendas por toda España, Londres, Nueva York, Los Ángeles... y un concierto con unos grandes almacenes en Japón. Cuando llegaba un cargamento de Faro a Japón, a la semana ya no quedaba nada. Este taller siempre fue más conocido fuera de España que dentro de Oviedo. Siento mucho orgullo cuando pienso que una pieza mía hecha en Faro está luciendo en alguna casa de Japón. Lo que más me apena es que Oviedo siempre ha dado la espalda a Faro y no entiendo muy bien el por qué. Pienso que coincidió en una época en la que se asociaba la alfarería a tiempos de pobreza y miseria. Con la Empresa Nacional de Artesanía trabajábamos prácticamente a nómina. Nos encargaban un pedido, avisábamos de que estaba listo, venían y lo recogían para exportarlo. La empresa desapareció en 1983, pero yo apenas noté la diferencia. Todavía quedaban muchas tiendas particulares y no se notó el descenso de ventas hasta entrados los 2000. Ahora en España no debe quedar ni un diez por ciento de lo que había en aquella época.
"En Faro hubo 65 talleres hasta la apertura de la fábrica de San Claudio, ahí empezó el declive"
El declive de los talleres alfareros de Faro. “En 1898 se censaron en Faro 65 talleres. Sin embargo, es ahí cuando empieza el declive. Es entonces cuando echa a andar la fábrica de loza de San Claudio y empezamos a perder mercado. La gente tira las piezas de barro por la ventana en el momento que puede acceder a comprar un plato de loza fina de San Claudio. Donde primero se pierde el mercado es en Oviedo, ya que el producto queda relegado a las clases más pobres y humildes. En 1931 solo quedan once talleres en Faro y continúan cerrando hasta 1934, cuando ya solo quedan cuatro. Uno de ellos el mío, que ya quedó como el único en 1944”.
La actualidad, un momento complicado. “Las crisis afectan a todos y a la artesanía sobre manera. Ahora solo se compran piezas como objeto decorativo, pero la utilidad práctica que tenían ha desaparecido. Antes se hacía de todo, desde un tubo de chimenea o desagüe hasta toda clase de piezas. Nunca se ha dado el mismo valor al alfarero como al que pinta un cuadro o compone una canción. Aunque está considerado como arte cerámico sigue siendo un arte menor todavía. El alfarero hace muchas piezas del mismo modelo, normalmente no hace pieza única porque lo que hace es cerámica de utilidad, eso está considerado como artesanía. En caso de que sí la hiciera, ya coge el estatus de arte. A mí me han encargado muchas piezas únicas. A veces te sale alguna que dices: si puedo no la vendo, pero acabas teniendo que venderla. Eso me pasó bastantes veces”.
La páxara, el símbolo de la cerámica de Faro. “Es la decoración de aquí por excelencia. La primera de la que yo tengo constancia es del panel de grabados de la cueva de Candamo. Hay una que es exactamente igual que la páxara de Faro. Todas las piezas van con ese grabado y es la decoración que más se utiliza para platos, fuentes, jarras... La pinto yo a mano y nunca sale igual. A veces sale una que es la perfección de forma y no la quiero vender, pero termino haciéndolo si la vienen a buscar. El barbón y el gallo fueron primer Premio Nacional de Alfarería. Para hacer un barbón completo se tarda de 25 minutos a media hora. En cambio, hacer un gallo lleva tres horas y media yendo rápido”.
Referentes en el mundo de la alfarería. “Nunca tuve referentes con nombres y apellidos, pero siempre me gustó mucho la alfarería de Lucena o Úbeda. Para mí era lo más atractivo, pero hay muchos otros sitios donde trabajan muy bien. Tenemos Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo. La primera es una producción algo más industrial mientras que la segunda es algo más artesana. Personalmente me gusta más la de este último lugar en cuanto al decorado”.
La mili, en Segovia. “Siempre fui antimilitar, pero de aquella no te quedaba otra que hacerla. La hice en Segovia, en 1971, pero la mitad del tiempo lo pasé arrestado por desobediente. Cuando me licencié y me dieron la cartilla ponía que todo estaba bien menos en la conducta, que marcaba deficiente. Solamente podía venir a ver a mis familiares cuando los cadetes tenían vacaciones, sino allí nadie daba ningún permiso. Estuve allí de camionero y tenía, por reglamento, unos 40 días de permiso. Tan solo me dieron 30. En total había 94 soldados y 14 conductores para más de ciento y pico cadetes que había. No te quedaba más remedio que estar allí, así que estaba armándolas continuamente”.
El taller del Fornaxe, al Inventario de Patrimonio Cultural de Asturias. “Creo que pronto se hará efectivo. Para Faro es una gran oportunidad. Esta declaración traerá mucho turismo al pueblo. Si no tanto como antes, muy parecido. Que por fin se reconozca de esta manera es un orgullo inmenso”.
La época franquista, una etapa sin problemas. “Problema no tuve ninguno, era un guaje. Iba a clase, no me metía en nada y ninguno de los que estábamos en la Escuela de Artes y Oficios nos metíamos en saraos políticos. Libertades no había ninguna, eso todos lo sabemos. Más allá de eso nunca tuve ningún problema, pero cuando un día por la mañana escuché a Arias Navarro decir que Franco había muerto lo celebré por todo lo alto. Creo que fue el día de España en el que se descorcharon más botellas de champán. Mi vida a raíz de eso siguió prácticamente igual, pero pudiendo poner verde al Gobierno sin que nadie te dijera nada”.
Jubilación y nietos, una nueva vida. “Siempre viví en la casa de Faro, pero ahora andamos a caballo entre el pueblo y Avilés. Estamos una parte de la semana en Faro y otra allí para cuidar de los tres nietos”.
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