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Enganchados al salmón: un día a pie de río con Carlos Álvarez, pescador del campanu de este año en el Narcea

LA NUEVA ESPAÑA pasa una jornada con el praviano, nuevo rey del río: “Una vez que ‘clavas’ uno, quieres más”

Un día de pesca con Carlos Álvarez, el pescador que sacó El Campanu en el Narcea

Un día de pesca con Carlos Álvarez, el pescador que sacó El Campanu en el Narcea Miki López

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Un día de pesca con Carlos Álvarez, el pescador que sacó El Campanu en el Narcea Mariola Riera

“Bueno, pues dejo lista la primera varada de la temporada”, dice Carlos Álvarez Suárez mientras recoge su caña a las once menos cuarto en punto de la mañana en el pozo El Güeyu, en el Narcea, donde hace media hora exacta que empezó a pescar. Es 14 de abril, Jueves Santo, y hace cuatro días que se levantó la veda para la pesca con muerte en Asturias. Al comentario de este praviano de 42 años que lleva desde los 15 en el río no queda otra cosa que responder con cierta socarronería y así lo hacen los compañeros que le rodean.

Porque eso de que acaba de estrenar la temporada no cuela en alguien que el pasado 10 de abril pescó el campanu de Asturias: un ejemplar de 6,730 kilos. Pero Carlos Álvarez habla en serio, porque ese primer día de campaña no tuvo apenas tiempo de disfrutar de la afición: el salmón mordió su cebo nada más que entró en el agua y el pescador lo “clavó” en pocos segundos. Luego vino lo ya sabido: salir volando al centro de La Rodriga para precintarlo y la subasta en Cornellana (Salas), en la que el hostelero Diego Javita se hizo con la codiciada pieza por 13.200 euros.

Desde ese día Carlos Álvarez no había vuelto a coger la caña hasta esta jornada en la que por fin se ha desquitado de las ganas de pescar. Un regreso en el que le acompaña LA NUEVA ESPAÑA para contar cómo se vive a pie de río una afición que practican más de 20.000 personas en Asturias –el número de licencias oscila cada año– que afrontan con incertidumbre el futuro: la merma progresiva de capturas ha generado en los últimos años un debate en torno a qué medidas tomar para revertir la situación, si veda total o parcial, si cupos por río o por pescador, si limitación de temporadas...

Un debate que, por supuesto, se traslada a pie de río, donde esta temporada muchos vaticinan que será la última sin cupo y que Asturias aplicará el modelo de la vecina Galicia de fijar un límite de capturas en cada cuenca por temporada.

Pero eso está por ver. De momento, lo que toca es pescar y disfrutar de campaña salmonera, una afición que “atrapa”, que “tiene algo”, que es algo así como una “religión” que hace que la que los practican juren fidelidad eterna a la ley del río y a su rey, el salmón.

Pero a ese “algo” ninguno de los siete ribereños que se han juntado con Carlos Álvarez en El Güeyu esta madrugada de Jueves Santo de agradables temperaturas es capaz de ponerle nombre, de explicarlo. Lo único claro es que se han plantado como clavos en el pozo a las 7.15 horas de la mañana, hora este mes para el sorteo de turnos de pesca (en mayo, cuando hay más salmones en el río, será a las 6.30). Son de Gijón (Borja Barredo, Gonzalo Blanco y Gonzalo Ortiz), de las Cuencas (Assier Martínez y Marcos González), de Siero... “Yo soy de Pravia, aquí al lado, y ya madrugo bastante, pues esta gente aún más”, describe Álvarez. “Esto te engancha, la sensación de cuando muerde el salmón es indescriptible”.

El praviano es esta mañana el encargado del sorteo. Saca la bolsa con las bolitas y se pone a asignar números a todos los que quieren probar suerte en el pozo, zona libre de viernes a domingo y los días festivos como es el caso, de ahí que haya que organizar la ronda.

Resulta que a su amigo y compañero de ribera Tino Pérez, un experto y veterano pescador de salmón que dirigió hace años la sociedad “Las Mestas del Narcea” y que le ayudó a sacar el campanu, le toca en primer lugar. A las 7.30 fija la ley como hora hábil para empezar a pescar. Pero es que todavía no ha amanecido: si hay consenso, que lo hay, Pérez podrá esperar a coger la caña cuando haya un poco de luz. A ello se pone a las ocho menos cuarto. Por delante tiene media hora en la que no picarán salmones –tampoco lo harán en las varadas del resto porque aún apenas hay en los ríos, más fructíferos dentro de un mes–, pero que servirá para tomar contacto con el Narcea.

“El río está inmejorable, el pozo ideal. El Güeyu es de los lugares más guapos”, describe Tino Pérez, quien recuerda que fue en su época como directivo cuando se propuso y se logró que la administración regional adoptase el sorteo como método para ordenar los turnos. “Antes era por orden de llegada. La gente venía a dormir”.

Se va Tino Pérez unos 30 metros río abajo, a pedir hora en otra zona del pozo mientras deja el lugar al siguiente pescador. Se habla de salmones a orillas del Narcea, donde “pican más fácil” que en el Sella, la otra gran cuenca pesquera en Asturias. Tiene su explicación: el fondo arenoso del río del Oriente no favorece que paren los peces, que sí lo hacen entre las piedras, más habituales por estos lares. “El salmón, ojo, es como el avestruz, le gusta esconderse, pararse contra las piedras. No es la trucha, que se exhibe, pero es más lista. Esa no pica dos veces”. Palabra de experto.

La mañana avanza y los turnos también. A Carlos Álvarez todavía le queda: tiene el sexto puesto y será a las 10.15 horas cuando se ponga a pescar. El tiempo de espera se lleva mejor con algún tentempié traído de casa, nada de irse al bar a tomar un café o un pincho, pues es obligatorio mantenerse en el puesto, algo especialmente exigente en El Güeyu, a tres kilómetros del bar más cercano, en Puente Quinzanas, y con un complicado acceso a pie.

Marcos González, Gonzalo Ortiz (sentado) y Assier Martínez observan a Tino Pérez mientras pesca en El Güeyu (Pravia) en pleno amanecer. Miki López

Sigue la conversación sobre la situación de la pesca: hay debate sobre si es tan crítico el estado de la especie como lo pintan, si en el afán del Principado está acotar toda la ribera y cobrar por instalarse en cada rincón, si la modalidad sin muerte (tirar el pez al río nada más pescarlo) es efectiva, si las orillas del Sella están más cuidadas que las del Narcea en cuanto a accesos... Una petición: más y mejores lugares adecuados para los aficionados con alguna discapacidad física.

También se habla de fútbol, cómo no, de que dará de sí el derbi Sporting-Oviedo y de los partidos pasados de la Champions; del trabajo y los planes para estas vacaciones; de dónde comprar la mejor quisquilla para cebo y su precio –la bolsa ronda los 7 euros y para el Narcea es preferible algo más grandes que en el Sella–; de la familia y los amigos...

Por supuesto, se puede meter baza. Es obligatorio preguntar por una cuestión: ¿por qué hay tan pocas mujeres aficionadas a la pesca del salmón? Las obvias razones históricas y culturales –antaño la mujer estaba consagrada al completo al cuidado del hogar y poco tiempo tenía para más– no valen como excusa, porque en otras prácticas similares como la caza la presencia femenina es cada vez más visible. Pero no sucede así en el río. Cree la mayoría que es cuestión de fuerza física, pues se requiere bastante para manejar y aguantar las largas cañas. “También será porque se aburren y prefieren echarnos de casa todo el día”. Es el resumen a modo de broma que tiene, quizás, mucho de serio.

Álvarez alumbra con la linterna del móvil a Tino Pérez para que monte el cebo Miki López

Porque el que se engancha a la pesca del salmón en temporada, si puede, es capaz de no pisar su casa salvo para dormir, y ni siquiera eso. La jornada acaba a las 21.30 horas. Pero la gran mayoría se retira antes. Carlos Álvarez suele dejarlo después del mediodía. En esta jornada apurará un poco más. La varada en El Güeyu le ha sabido poco. “Estaba claro que no habría salmón, apenas se ven. Lo del domingo fue mucha suerte”, admite. A las once menos cuarto deja el pozo y recoge sus cosas: la caña, la sacadera, la bolsa con anzuelos, sedales y demás útiles necesarios (la afición no es cara, pero tampoco barata: el equipo mínimo puede rondar los 1.000 euros).

Toca hacer una parada en Puente Quinzanas, el pozo quizás más popular y demandando del Narcea, para un café y saludar. “Enhorabuena Carlinos” es lo que más escucha el pescador estos días por el río. Así le recibieron a primera hora en El Güeyu y así lo hacen también en Quinzanas. Él, agradecido, sonríe. Una de las felicitaciones le llega de un veterano y querido ribereño, “toda una institución en Pravia”, advierte: Isaías Rebordinos Cuervo, en su haber con el campanu de 2008 y quien puede llevar tranquilamente unas mil capturas en toda su trayectoria. Hace balance Rebordinos del inicio de temporada, se interesa por el estado del río y recuerda para LA NUEVA ESPAÑA alguna que otra anécdota de antaño.

Con el veterano planea Carlos Álvarez irse hasta La Isla, otro pozo del que es habitual, a continuar la jornada. Hay ganas y hambre de más capturas. “Porque aunque digamos lo contrario y presumamos de camaradería, al río al fin y al cabo se viene a pescar. Es como realmente se disfruta”, sentencia. Cuando clavas el salmón una vez, “te enganchas y quieres más”.

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