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análisis

Asturias, sola en mitad de la tierra: el aumento de personas que viven solas asedia a una región que envejece y decrece

El 14% de los asturianos viven solos, un fenómenos que, unido al envejecimiento, nos obliga a reformular las redes asistenciales, advierten los expertos

Asturias, sola en mitad de la tierra: el aumento de personas que viven solas asedia a una región que envejece y decrece

La soledad asedia a Asturias. Cada vez son más los asturianos que viven solos. El aislamiento social es un nuevo aspecto del abismo demográfico al que se enfrenta la región, que envejece y decrece a pasos agigantados. Un reto no de futuro, sino de absoluta actualidad que, según los expertos, obliga a redefinir el Estado del bienestar, a modificar el sistema sociosanitario y los hábitos sociales. Porque la atención a las personas mayores, buena parte de las cuales viven solas, resulta cara, y con el actual sistema de prestaciones y de producción no podrá abordarse a corto plazo, según los expertos. Así que hay un debate pendiente –y urgente– sobre cómo abordar y financiar el cuidado de una población anciana, dependiente y solitaria cada vez más numerosa.

Todo parece aliarse en contra de Asturias en materia demográfica, incluso lo positivo. Porque positivo –y un gran logro social– es que el Principado disfrute de una de las esperanzas de vida más elevadas del mundo, más de 85 años en el caso de las mujeres y casi 80 en los hombres. Pero esa realidad, unida al hecho de que se registren muchos menos nacimientos que fallecimientos (menos de 5.000 contra más de 13.000 el año pasado); a que Asturias tenga el segundo indicador de fecundidad más bajo de Europa (0,92 hijos por mujer), y a la escasa inmigración, provoca que sea la región más envejecida del continente y con el mayor porcentaje de personas que viven solas de toda España. Dado que todos los indicadores señalan que esta deriva demográfica se agravará aún más en el futuro, entre los grandes retos de la sociedad asturiana está el de afrontar ese doble problema, el envejecimiento de la población y la soledad.

La lucha contra la soledad requiere pactos de estado que vayan más allá de los ciclos políticos de cuatro años y que eviten las políticas erráticas, resaltan los sociólogos

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Una de las consecuencias más destacadas del desplome demográfico que sufre Asturias es la atomización de los hogares, en especial, el aumento de los unipersonales. Según el Instituto Nacional de Empleo (INE), en Asturias había 455.500 hogares en el año 2020, con un tamaño promedio de 2,2 personas. Son 1.000 más que el año anterior, así que el número total de hogares sigue aumentando en la región a pesar de la pérdida de población. La razón es que cada vez más personas viven solas. Son ya 141.500 los hogares asturianos con un único ocupante; esto es, el 31%, casi uno de cada tres. Visto desde otra perspectiva, el 14% de los asturianos viven solos.

Tal y como señala el Instituto Asturiano de la Mujer (IAM) en el informe “Modelos de convivencia y hogares”, los hogares unipersonales son los más frecuentes en Asturias, por delante de aquellos en los que vive una pareja con hijos (119.100) y una pareja sin descendencia (105.700). De hecho, el Principado es la comunidad autónoma con mayor porcentaje de hogares unipersonales (la media en España es del 26%). Hay en concreto 81.300 mujeres y 60.200 hombres que viven solos en Asturias, más que nunca en la historia de la región. Y subiendo.

Los datos recogidos por el IAM revelan asimismo que la mayoría de las mujeres que viven solas en Asturias tienen 65 o más años (son en concreto 49.000), mientras que en el mismo grupo de edad los hombres son únicamente 19.000. Por el contrario, entre los menores de 65 años que viven solos la mayor parte son varones, 41.200, por 32.300 mujeres.

Con una particularidad, que destaca el sociólogo Arsenio Valbuena, que decenas de miles de personas mayores están ya institucionalizadas, en residencias, lo que evita que el número de personas que viven solas en Asturias se dispare mucho más. Valbuena subraya que el de la soledad es un problema “clave” de la sociedad actual, que requiere “pactos de Estado” que vayan más allá de los ciclos políticos de cuatro años y que eviten las “políticas erráticas”. Porque las reacciones de los ejecutivos están siendo “tardías e insuficientes”.

PIE DE FOTOPIE DE FOTOPIE DE FOTOPIE DE FOTOPIE DE FOTOPIE DE FOTOPIE DE FOTO.| | RWERWRWR Ramón Díaz

“Las residencias de ancianos no dan abasto y se han convertido en ‘morideros’”, apunta Valbuena. Todas las encuestas señalan que las principales quejas de los ancianos, por encima de la falta de salud y las pensiones escasas, son “la falta de cariño y la soledad. ¿Cómo estamos tan sordos? Lo que más necesita el ser humano es amor”, clama Valbuena. El sociólogo asegura que esa es la “realidad dramática” de la sociedad actual, “que edulcoramos, pero que va a ir a más”. Entre sus propuestas para paliar este problema, crear “residencias participativas”, con zonas y servicios comunes. O copiar modelos que ya existen en otros países de Europa, en los que los ancianos están en sus casas, pero “conectados al mundo a través de servicios comunitarios, de personas que los visitan a diario, les limpian la casa, les dan la medicación, los sacan a la calle...”. Lo que Valbuena denomina “más que asistencia social, procura existencial”.

Los sociólogos lo tienen claro: la sociedad tiene que evolucionar. Ya. La soledad no deseada acecha desde hace años al mundo occidental, donde el número de personas que se sienten solas no deja de aumentar. La pandemia ha agrandado aún más el problema. Algunos países ya se han puesto las pilas y están analizando y combatiendo la soledad y sus efectos negativos sobre la salud de las personas y su calidad de vida. Según los expertos, son ejemplos que Asturias debe analizar y, en caso de que se considere conveniente, aplicar, adaptándolos a su realidad social.

Todas las encuestas señalan que las principales quejas de las personas mayores, por encima de la salud y de las escasas pensiones, son la falta de cariño y la soledad

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“El gran reto de Asturias, de España y de buena parte de los países de Europa es ajustar el Estado del bienestar a las necesidades y recursos futuros”, señala el sociólogo Jacobo Blanco. Porque las cuentas empiezan a no cuadrar. Blanco explica que Asturias cuenta en la actualidad con menos recursos que hace 15 años, pero la población anciana ha crecido de forma muy notable. Dado que el 75 o el 80% del gasto en cuidados y el 60 o 70% del sanitario se dedican a los mayores de 65 años, no hay más remedio que abrir el debate sobre “cómo abordar el cuidado de las personas mayores y como financiarlo”, incide Blanco, quien resalta que otros países han avanzado mucho más que España en la búsqueda de soluciones. En Francia y Alemania, por ejemplo, hay tasas complementarias de la Seguridad Social para cuidados a personas mayores, y sistemas mixtos con gestión público-privada, pero con supervisión del Estado. Son modelos que Asturias podría “copiar”, indica Blanco.

El del Reino Unido, donde casi 9 millones de personas mayores (el 75% del total) viven solas, creó hace cuatro años una secretaría de Estado para luchar contra la soledad. El informe que esgrimió el Gobierno al anunciar el nuevo departamento relacionaba la soledad con las enfermedades cardiovasculares, la demencia, la depresión y la ansiedad. Y con el suicidio. El Ejecutivo afirma que la lucha contra la soledad es además un buen negocio: cada euro invertido en prevenirla genera tres de ahorro.

También Japón, el país con el índice de envejecimiento más elevado del mundo –aunque menor que el de Asturias, lo que constata el gravísimo problema al que se enfrenta la región– ha movido ficha: se creó el Ministerio de la Soledad tras registrar 20.919 suicidios en 2020, año en el que el coronavirus “solo” provocó 3.459 fallecimientos. El nuevo departamento centra sus esfuerzos en la prevención del suicidio, el cuidado de las personas mayores y la lucha contra la pobreza infantil.

En los Países Bajos y Bélgica fue la iniciativa privada la que dio el primer paso: una cadena de supermercados ha dispuesto 200 puntos en los que el cliente puede departir con un trabajador mientras paga la compra. Son los que la cadena denomina “cajeros para charlar”, que pretenden “contribuir a reducir y prevenir la soledad” no deseada, creciente entre los neerlandeses. Y es que uno de cada diez adultos en los Países Bajos se siente muy solo, y uno de cada tres sufre en su lucha contra la soledad. Además, más de la mitad de los mayores de 75 años, viven solos en el país.

Pero el “campeón de la soledad” es Suecia: cerca del 40% de la población vive sola. Los expertos achacan esta realidad a la cultura del individualismo, por lo que en la mayor parte de los casos la soledad es deseada. Pero también hay quienes sufren la soledad jóvenes y mayores. Para ellos existen desde hace más de un decenio los denominados “espacios de convivencia”. Son edificios pensados para personas que buscan un hogar compartido, pero en los que, si lo desean, también pueden cerrar su puerta cuando no quieren socializar.

En España, ayuntamientos como los de Madrid y Barcelona y las comunidades valenciana y andaluza tienen planes y estrategias contra la soledad no deseada. Planes y estrategias que persiguen reforzar los servicios de teleasistencia, ayuda a domicilio y talleres en los centros de día, así como programas para ayudar a los vecinos a identificar las situaciones de vulnerabilidad. No faltan las voces que reclaman la creación de una institución –ministerio, dirección general o secretaría de Estado– contra la soledad.

¿Y Asturias? Tres de cada cuatro asturianos prefieren envejecer en su domicilio en vez de en un geriátrico. Así lo constató un estudio realizado el año pasado por la Consejería de Derechos Sociales entre personas de 55 a 75 años. Solo el 12,2% elegiría vivir los últimos años de su vida en un centro sociosanitario. El departamento que capitanea Melania Álvarez ya planifica cómo debe ser la atención a los mayores en el futuro. Utiliza como guía el documento “Previsión de demanda de cuidados residenciales para mayores en Asturias”, dirigido por Jacobo Blanco, que refleja un cambio en la percepción del envejecimiento: los mayores relacionan ahora esa etapa de la vida con conceptos como actividad, dignidad, autonomía, privacidad y libertad.

La Consejería elabora una estrategia para transformar el modelo de cuidados de larga duración para personas adultas en situación de fragilidad, discapacidad o dependencia, y adaptarlo en lo posible a las preferencias de la ciudadanía. La idea es reforzar la asistencia en el hogar, de modo que en los próximos años sean más los asturianos que puedan cumplir su deseo de envejecer en sus casas.

El documento recomienda un modelo de atención en domicilios que involucre a toda la sociedad, a los usuarios y a las familias, tanto en los cuidados como en la financiación. Una idea a desarrollar es impulsar modelos de residencia más acogedores y con mayor sensación de hogar. El informe sugiere asimismo la conveniencia de implantar sistemas de convivencia en las zonas rurales. Porque, como resalta Blanco, se da la circunstancia, novedosa, de que buena parte de las personas mayores de los pueblos tienen a sus hijos y nietos lejos. Y viven solas. De ahí que proponga un experimento: convertir determinados núcleos rurales en centros de “cohousing” (literalmente, coviviendas), en los que sus integrantes, al mismo tiempo que tienen viviendas independientes, compartan espacios y servicios comunes (ayuda domiciliaria, proveedores de comida…).

Hay, en definitiva, un “mix” de soluciones, que “quizá no sean la respuesta total al problema del envejecimiento y la soledad, pero sí que ayudarán a avanzar, como ya se está viendo en otros países”, señala Blanco. Claro que también habría que incidir en la formación de los cuidadores, incluidos los familiares, porque en España “la mayoría son amateurs”, destaca Blanco. El sociólogo señala asimismo la conveniencia de estudiar la posibilidad de que quienes se dediquen a atender a los mayores –también los familiares– reciban una compensación económica. El objetivo que colaboren y aporten las tres patas que integran la atención: las personas dependientes, las familias y la Administración pública, explica Blanco.

El número de asturianos que viven solos es cada vez mayor: 141.500, el 14% de la población, según los últimos datos del Instituto Asturiano de la Mujer. La lucha contra el aislamiento social y la soledad se ha convertido en uno de los principales retos de la sociedad y, según los sociólogos, obliga a redefinir el Estado del bienestar y a modificar los hábitos sociales y el sistema sociosanitario. Porque la atención a las personas ancianas, la mayoría de las cuales viven solas, resulta cara, y las cuentas empiezan a no cuadrar. Los expertos reclaman pactos de Estado contra la soledad y lamentan que las reacciones de los ejecutivos frente a esta “realidad dramática” estén siendo “tardías e insuficientes”.

Gráfico.

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