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Vuelven las verbenas: así prepara Asturias el regreso de las romerías

La psicóloga Marisol Delgado “receta” fiesta: “Necesitamos exorcizar todo lo malo que hemos pasado, y hacerlo en grupo”

Un joven asistente a la última edición del Xiringüelu celebrada en Pravia Laura Caraduje

El barrio ovetense de Buenavista celebra desde el pasado viernes las fiestas de La Alegría tras dos años de obligado parón pandémico. La comisión organizadora ha montado en el parque Juan Mata tres jornadas festivas que finalizan hoy con una amplia programación que incluye verbenas, actividades infantiles, parrilladas y una paella popular que servirá de excusa para confraternizar. En el prau de la fiesta volverán a sonar las estridentes bocinas de las atracciones feriales, se comerá a dos carrillos, se beberán copas en vasos de plástico –algunos por demás– y los más lanzados echarán unos bailes. La denominación de estos festejos –La Alegría– constituye una oportuna alegoría del sentimiento que recorre Asturias de punta a punta en vísperas estivales: se retoman las romerías y verbenas, vuelve la folixa a los praos. “Ya era hora”, proclaman los más fiesteros.

Los dos años de abstinencia folixera, mal suplida con sucedáneos, ha hecho mella en las orquestas, según dejan constancia los profesionales del sector. Se temía que también las comisiones de festejos quedasen arrasadas por este tiempo de inactividad, pero es opinión generalizada que el daño ha sido menor del esperado; incluso algunas de estas entidades han aprovechado el parón para rearmarse o rejuvenecer sus miembros. Lo que no ha cambiado –si acaso ha aumentado– son las ganas de fiesta que tiene la gente; lo demuestran los éxitos de participación que van cosechando las citas ya celebradas: Comida en la Calle del Lunes de Pascua en Avilés, los Güevos Pintos de Pola de Siero, La Flor de Grado, la Xarana de Primavera de Pola de Laviana, la Jira al embalse de Trasona (Corvera) o las recientes fiestas de San Isidro Labrador en varias localidades de la región.

n grupo de gente vestida con trajes folclóricos en las fiestas canguesas de San Antoniu Laura Caraduje

El contexto económico actúa como lastre de los festejos populares porque nada se sustrae al impacto del coste de los carburantes –las orquestas gallegas aplican un recargo de entre 2.000 y 3.000 euros a su cachés por el desplazamiento– y a la carestía de la vida. Con el IPC en cifras nunca vistas en décadas todo se ha encarecido, desde los viajes en “El tren de la bruja” a las cervezas en la barra.

Pero ni eso contiene las ganas de folixa: “La música de la orquesta sigue siendo gratis”, se consuela Sergio Martínez, un padre de familia que no perdona romería cercana a su domicilio y cuyos hijos –de 4 años y 18 meses, respectivamente– no han tenido aún ocasión de disfrutar de una típica romería asturiana de esas que tanto gustan a sus padres. “El covid ha dejado muchas cosas atrasadas; además de bodas y aniversarios, estos dos años a dieta festiva han cortado las alas a los jóvenes y hay ganas de recuperar ese tiempo perdido”, apunta el “pinchadiscos” Mario Fernández, un profesional de la animación festiva al que estos días le arde el teléfono: “Rara es la semana que no recibo doce llamadas para pedir presupuesto y ver mi disponibilidad; el verano pinta muy bien”.

Los mal llamados “dj’s” como Mario Fernández están cotizadísimos. Según el presidente de la comisión de festejos de Cangas de Onís, José Luis García, “Fifu”, “porque las orquestas, además de haber menos, han encarecido sus cachés y puede ser prohibitivo contratar dos para la misma noche; metes un ‘dj’ [a partir de 300 euros el “bolo”] y además de abaratar el presupuesto atraes juventud a la fiesta”. Así es que en los carteles festivos de este verano lo que abunda es la fórmula “orquesta más ‘dj’”, un combo imbatible.

El “pincha” Mario Fernández anima una fiesta de prau Cristina Corte

¿Y las orquestas? ¿Cómo le ha sentado la pandemia al pulmón musical de las fiestas? “Ha sido una masacre. Entre el daño económico y la fuga de músicos que han tenido que buscar otro trabajo, el sector ha quedado diezmado”, asegura Roberto Outes, representante de varios grupos, entre ellos el riosano “Tekila”. “Menos mal que en Asturias formamos una asociación y logramos que nos diesen ayudas porque ni no habrían desaparecido todas, ha sido una etapa terrorífica”, detalla el empresario orquestal.

Pasada la debacle no es menos cierto que a las orquestas y grupos musicales supervivientes se los rifan las comisiones de festejos: “Sí, es cierto: hay muchísimo trabajo este verano, lo cual es un alivio tras el calvario sufrido. Las comisiones se están animando y parece que habrá muchas más fiestas de las que en principio podríamos haber pensado. Y no es menos cierto que la gente tiene ganas de fiesta y verbena, a donde quiera que fuimos esta primavera es un llenazo tras otro”, relata Outes.

El representante orquestal estima que los cachés han subido “entre un 10 y un 20 por ciento” debido al incremento generalizado de costes, lo cual repercute, lógicamente, en las cuentas de las comisiones de festejos. Ángel Luis Valverde, presidente de la Sociedad Popular La Regalina de Cadavedo, organizadora de la fiesta del mismo nombre, calcula que este año harán falta “entre 50.000 y 60.000 euros” para financiar una fiesta que antes del covid salía por unos 45.000. No solo son las orquestas, “es que ahora es más caro traer los grupos folclóricos, alquilar los bueyes para tirar de los carros y hasta el pan de los bollos preñaos”.

Los organizadores de La Regalina montan otras tres fiestas cada año para sacar dinero con el que costear la gran cita del último domingo de agosto en Cadavedo: “En un pueblo de solo 400 habitantes, como no generes recursos propios sería imposible hacer una fiesta como La Regalina”. Pues bien, la primera de esas fiestas fue la llamada de Primavera y como piedra de toque del estado de ánimo de la gente, obtuvo matrícula de honor: “Decidimos gestionar nosotros mismos la barra en vez de alquilarla y no dábamos crédito: llegó a haber 16 personas atendiendo el mostrador y se nos agotó el stock de cerveza. Fue brutal la asistencia y el buen ambiente que reinó”.

También en Cangas de Onís esperan “petarlo” en San Antoniu, que está a la vuelta de la esquina: “Estamos en negociaciones para ampliar la superficie del prau al que se hace la jira de San Antoniu porque prevemos que este año se quede pequeño. De momento, en ninguna tienda de Cangas y alrededores quedan trajes típicos asturianos para alquilar”, comenta José Luis García.

El mismo estado de “dulce” viven fiestas multitudinarias como San Timoteo, el Carmín, el Sella o el Xiringüelu, celebraciones que atraen a decenas de miles de chavales y para las que las empresas especializadas en “packs folixeros” ya han lanzado ofertas tentadoras a partir de 12 euros. Adolfo Marcos, miembro de la Cofradía del Xiringüelu, constata que nunca vivió tanto interés por la popular romería praviana: “Es increíble, hasta me paran por la calle para preguntar”.

Hay, pues, ganas de folixa. Muchas. Y la expectativa, según los miembros de la comisiones de festejos, de que este va a ser “un verano de restallu”.

La verbena como terapia: distrae, alegra y socializa

La psicóloga Marisol Delgado “receta” fiesta: “Necesitamos exorcizar todo lo malo que hemos pasado, y hacerlo en grupo”

La vuelta de la actividad festiva a Asturias tiene, más allá de las connotaciones sociales y económicas, una importante derivada psicológica. “Venimos de vivir un periodo de incertidumbres que ha mermado nuestras defensas psicológicas y encauzado estados de angustia y depresión. En toda depresión, el origen está la pérdida de algo que considerábamos importante y el covid nos ha quitado muchas cosas, hasta a seres queridos. Pues bien, la fiesta bien entendida puede ser balsámica para curar ese estado de negatividad”, expone la psicóloga avilesina Marisol Delgado Artime.

“Cuánto no será necesaria la fiesta y cuánto no está de arraigada en nuestra sociedad que en pleno confinamiento, como todos recordamos, hicimos sucedáneos: salimos a las ventanas y allí aplaudimos, cantamos y nos disfrazamos; interactuamos con nuestros vecinos –no olvidemos que el acto festivo es grupal por definición– para llevar las fiestas de prao a los balcones. La lógica psicológica de aquel comportamiento, la misma que ahora nos estimula a recuperar las fiestas populares, es el deseo de exorcizar lo malo que ocurre a nuestro alrededor. Y lo hacemos en grupo porque eso nos une y da fortaleza, nos proporciona sentimiento identitario y eso es muy positivo”, continúa la experta.

¿Que proporciona la fiesta a nuestro maltrecho estado de ánimo? A juicio de Marisol Delgado, un “cóctel vitamínico” insuperable: “Todo en la fiesta es positivo y beneficia por igual a todo el mundo, independientemente de sexos y edades: proporciona alivio de las penas y preocupaciones, relaja la crispación, nos saca de la rutina, constituye un elemento socializador de primer orden, estimula el contacto físico –algo tan necesario tras meses de aislamiento y distanciamiento social–, da alegría, genera sentimiento de pertenencia a una comunidad y casi siempre tiene a la música como protagonista, siendo conocido el valor terapéutico de la misma”.

La psicóloga matiza a renglón seguido sus propias palabras: “He dicho que todo es positivo y no es cierto: los excesos propios de las fiestas, ya sean alcohólicos o de otro tipo, no son buenos; todo lo contrario, pueden constituir un problema o agravar los existentes”. Incluso la fiesta consumida sin mesura es desaconsejable a ojos de esta experta en la salud mental: “Existe un concepto psicológico llamado reforzamiento variable caracterizado porque el sujeto no obtiene el esperado refuerzo cada vez que hace la conducta, sino que ocurre en algunas ocasiones y sin patrón preestablecido. Pues con la fiesta pasa eso: no estamos de fiesta todos los días del año; de hacerlo saturaríamos y se perdería la eficacia terapéutica. La forma de que sea estimulante es consumirla esporádicamente”.

Marisol Delgado reflexiona, finalmente, sobre otra característica benéfica que tiene la fiesta y que suele pasar desapercibida: “Está claro que hay un disfrute de la fiesta durante el desarrollo de la misma, pero no es despreciable el valor del ‘antes’: los preparativos, la ilusión de los días previos a que llegue el día, ese ‘come-come’ que tenemos al anticipar y previsualizar la experiencia agradable que esperamos vivir ya es un refuerzo positivo. Incluso hay sujetos que disfrutan tanto o más de los preparativos que de la fiesta en sí misma”, explica la psicóloga haciendo, probablemente sin querer, un retrato de los sufridos miembros de la comisiones de festejos.

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