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María Soledad Álvarez Martínez Catedrática jubilada de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo

“Ahora lleva más tiempo justificar la docencia que dar clase”

“Muchas iglesias románicas están en un estado de abandono y deterioro lamentable, especialmente en el Suroccidente”

María Soledad Álvarez, en su despacho del Campus del Milán. Luisma Murias

María Soledad Álvarez Martínez (Ujo, 1951) se jubiló pocos meses atrás como Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, una institución a la que dedicó más de medio siglo de trayectoria vital y profesional. En esta primera parte de sus memorias, la historiadora del arte recuerda sus inicios en la profesión y su estrecho vínculo con los escultores vascos del grupo guipuzcoano, a los que dedicó su tesis doctoral: “Escultores contemporáneos de Guipuzcoa (1930-1980)”.

De Ujo a Oviedo

“Nací en Ujo, en casa de mi abuela, aunque mis padres residían en Oviedo, donde he vivido siempre. Aquí estudié, en el Instituto Femenino. Hice el Bachiller elemental y a los 14 años empecé Magisterio, todavía por un plan antiguo, de tal manera que era maestra da los 17. Nunca llegué a ejercer de maestra, pues a continuación empecé la carrera de Filosofía y Letras dentro de la especialidad de Historia del Arte: soy de la primera promoción de esta titulación en la Universidad de Oviedo. Entré a los 17 años y salí a los 70 por lo que puedo decir que llevo toda la vida en ella”.

María Soledad Álvarez en Valdediós en 1979, con Camín, Mieres, Ugarte y Julia Barroso. Archivo M. Soledad Álvarez

Carrera

“Empecé la carrera en la facultad de la plaza Feijoo, en1969. En ese momento todavía no existían los estudios de Historia del Arte, la titulación no había sido creada. En origen pensaba hacer Historia. En aquel tiempo, Filosofía y Letras tenía dos cursos comunes y a partir de tercero empezaba la especialidad. Justo entonces se puso en marcha la especialidad de Historia del Arte y cambié de Historia a Historia del Arte, pues en realidad una parte fundamental de la carrera de Historia se mantenía. Cuando empezó la titulación de Historia del Arte, ante la escasez de profesorado, nuestro plan de estudios abarcaba además de las asignaturas propias de Historia del Arte las correspondientes de Historia de cada uno de los cursos de tercero a quinto, prescindiendo de las materias auxiliares, y compartíamos las clases con los compañeros de Historia: así fue esa primera especialidad de Historia del Arte dentro de la Universidad de Oviedo, la que estudiamos algunos profesores que luego perteneceríamos al departamento”.

Carlos Cid

“En aquellos primeros momentos, todas las asignaturas las daba Carlos Cid. Ya había otros profesores en el Departamento, que luego fueron compañeros míos durante años, que procedían de la especialidad de Historia. Cid consideraba que, como íbamos a ser historiadores del arte, todos nuestros profesores tenían que ser de esa rama. Así que en tercero nos dio él prácticamente todas las asignaturas. En cuarto nos pusimos en huelga, porque queríamos tener un profesorado más variado y fue cuando llegó Germán Ramallo, además de otra profesora que era monja y estuvo solo dos cursos. La mayor parte de la docencia en Historia del Arte, en todo caso, nos la impartió Cid hasta quinto, cuando Ramallo nos dio Barroco. En las siguientes promociones ya comenzaron a dar clase en la especialidad los restantes profesores del Departamento”.

La historiadora del arte con Oteiza y Ugarte en Itxas Burni (Igueldo), en 1981. Archivo M. Soledad Álvarez

Huelgas

“Aquella fue una época muy convulsa en la Universidad, era habitual hacer huelgas ante situaciones que considerábamos que no se podían mantener. Hicimos aquella huelga para que viniese nuevo profesorado pero también por otras razones. En cuarto de carrera el motivo de la huelga fue que no estábamos conformes con el enfoque que daba a la asignatura un profesor de Historia y estuvimos sin entrar todo el curso a clase. Lo pagamos a final de curso con unas calificaciones que fueron bastante duras…. Era normal, lo que ahora puede parecer extraordinario entonces no lo era”.

Marola

“Cuando terminé la carrera fue todo muy precipitado: era junio del 74 y en octubre ya estaba dando clase. Aquel verano fue el primero intensivo de los que tuve hasta la jubilación, me dediqué a hacer la tesina. Carlos Cid, que luego me dirigiría también la tesis, me sugirió hacerla sobre el pintor Manuel Rodríguez Lana, ‘Marola’. Fue realmente amable, atentísimo, se volcó con aquel estudio, que fue mi primer trabajo de investigación. Leí la tesina en diciembre del 74 y al año siguiente se suplicó como libro. Acto seguido empecé con la tesis, que por sugerencia de Cid se iba a ocupar de Carlos de Haes, el paisajista. Estuve un trimestre trabajando sobre él, pero pasó que cuando fui a consultar el archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando me lo encontré todo empaquetado: estaban en obras, y me dijeron que en dos años iba a ser imposible consultar la documentación. Así que cambié de tema, en un giro total que condicionó toda mi trayectoria. Y he de decir que estoy muy agradecida a la Real Academia por haber tenido aquello cerrado, porque eso me abrió los ojos al arte de vanguardia y, sobre todo, a la escultura”.

En Alzuza en 1983, entregando a Oteiza un ejemplar de la tesis recién publicada. Archivo M. Soledad Álvarez

Ricardo Ugarte

“En 1976 estaba ya trabajando la escultura vasca contemporánea, que tengo que decir que era un tema que no se me habría ocurrido. Sabía de Chillida y Oteiza, claro, pero en clase no se explicaba nada sobre algo tan reciente, e incluso me desanimaron al elegir el tema porque carecía de perspectiva histórica. La idea se la tengo que agradecer a Julia Barroso, compañera durante muchos años en el departamento. ‘¿Por qué no trabajas sobre los vascos?’ me dijo, y me dio el contacto con Ricardo Ugarte, al que ella conocía a través de Fernando Alba. Total, que contacté simultáneamente con Alba en Oviedo y con Ugarte en el País Vasco. A Ricardo nunca le agradeceré suficientemente todo lo que me apoyó, poniéndome en contacto con todos sus compañeros artistas. Inicié entonces una línea de investigación de la que me siento tremendamente orgullosa, no solo por los logros que alcancé, que también, sino por lo que me aportó a nivel personal entrar en contacto con grandes artistas y personas realmente extraordinarias”.

Escultores vascos

“Mi tesis era sobre medio siglo de escultura vasca. La iniciaba en 1930, cuando podemos decir que comienza Oteiza su trayectoria. En realidad, fue un par de años antes, en torno a 1928, pero puse el límite inicial de la tesis en el 30 por ser una fecha redonda, y el final en 1980, que fue cuando la terminé. Así que el período de estudio comprendía medio siglo de escultura vasca. Me centraba fundamentalmente en cinco figuras, que formaban el grupo guipuzcoano: Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Néstor Basterrechea, Remigio Mendiburu y Ricardo Ugarte, pero integrándolos dentro del contexto general del arte vasco, con menciones a otros escultores, como Vicente Larrea, Ramón Carrera y otros escultores vinculados a los grupos del Movimiento de la Escuela Vasca: Gaur (Guipúzcoa), Emen (Vizcaya), Orain (Álava), Danok. (Navarra). Pero a esos cinco del grupo guipuzcoano los trabajé de forma especial, con estudios monográficos. El contacto con ellos fue fácil, me contestaron todos rapidísimamente y se volcaron facilitándome la documentación que tenían. Con algunos, como Ugarte y Oteiza, trabé auténtica amistad, y también con Basterrechea. El único más difícil de trato fue Remigio Mendiburu. Me contestó por escrito y hablé con él por teléfono, pero nunca me llegó a conceder una entrevista. Esa parte de la tesis yo creo que quedó algo más floja, era perceptible. De los demás solo puedo decir que me lo pusieron muy fácil”.

Chillida

“Con Chillida no llegué a tener el trato de amistad que tendría con Oteiza, pero fue exquisito hasta el extremo de que en la primera visita que le hice me dejó todas las referencias que él tenía recogidas de recortes de prensa de todo el mundo, de reportajes que le había dedicado la prensa internacional. Las metió en dos cajas y me las dejó traer a Oviedo. Aquello fue en el año 77, cuando Chillida vivía todavía en el alto de Miracruz donde le visité entonces, en San Sebastián; aún no había pasado a la posterior residencia de Igueldo. Tuve la documentación dos años en mi casa mientras la consultaba, se la ordené y cuando se la devolví le envié además el libro que tenía entonces publicado, el de Marola. Cuál no sería mi sorpresa cuando, a vuelta de correo, recibo una carta de agradecimiento con un grabado de regalo, algo que me dejó impresionada”.

Álvarez recoge de manos de Felipe VI, entonces Príncipe de Asturias, el premio “Príncipe de Asturias” de las Artes otorgado a Oteiza, en 1988. Efe

Oteiza

“Aquellos escultores, unos en mayor medida que otros, me mostraron cómo la actitud ética estaba, en ellos, muy unida a la estética. Su comportamiento ante el arte y ante la vida estaban estrechamente relacionados, especialmente en los casos de Oteiza y de Ugarte, el más joven de la escuela vasca de escultura y único que permanece con vida. Para mí han sido dos referentes. El contacto con Oteiza ha sido un privilegio, él me abrió los ojos a una nueva comprensión del espacio y me contagió la pasión por la escultura. Tuvimos una gran amistad, hasta el punto de que me nombró su representante para recoger el premio ‘Príncipe de Asturias de las Artes’ cuando se lo otorgaron en 1988. Cuando conocí a Oteiza ya era un artista que tenía gran reconocimiento internacional, sobre todo desde que representó a España en la bienal de San Paulo del 57, en la que obtuvo el Gran Premio de Escultura. Pero Oteiza era un artista con una personalidad fortísima que no quiso entrar en los circuitos internacionales del mercado del arte y rechazó la oferta de la galería Denis René para representar su obra y exponerla en todo el mundo, también entró en conflicto con el director del MoMa de Nueva York. Era un hombre difícil, agotador, en tensión permanente y tremendamente creativo en todo. Pienso que hay artistas y hay genios, y Oteiza fue un genio sin lugar a dudas. Para mí ha sido una gran suerte y enorme satisfacción haberle conocido y haber tenido el trato que tuve con él. Le visitaba con frecuencia en su casa de Alzuza, y también en Zarautz, en invierno. Tengo recuerdos imborrables de aquellos encuentros”.

Tesis

“Leí la tesis en 1981, la redacté entre el nacimiento de mis dos hijos. Aquella investigación tuvo un impacto importante en el País Vasco, me la publicaron inmediatamente en la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, ahora Kutxa. La publicaron dentro de la colección de tesis doctorales, aunque yo hubiera preferido adaptarla a libro, pero tenían la idea de sacar después un libro más reducido, que sintetizase los tres volúmenes, y dirigido a un público más amplio. Por las razones económicas que haya sido, al final no vieron viable en una fecha próxima hacer esa edición, y luego ya no me interesó porque me fui metiendo en otros temas. Mucho tiempo después la editorial Nerea me propuso una publicación sobre la escultura vasca hasta la actualidad: no lo hice, pero sí publiqué en 2003 “Oteiza, pasión y razón”, un trabajo que sentí la necesidad de hacer y que se publicó precisamente el año del fallecimiento del artista”.

Escultores asturianos

“Nunca abandoné la línea de investigación de la escultura de vanguardia, dentro de la que también trabajé sobre los artistas asturianos, teniendo con algunos una relación estrecha, como Fernando Alba o Legazpi, un amigo del alma que falleció hace tres años ya. También con Camín, del que escribí muchísimo y que me consideraba su biógrafa, me lo encargaba todo desde que se publicó “Camín escultor”, editado por CajAstur en 1991. Años más tarde, fuí directora científica de su catálogo razonado, que editó la Fundación María Cristina Masaveu en 2016. En él redacté las introducciones y dirigí la catalogación de la obra, que hizo Ana Johari Mejía Robledo, discípula a la que dirigía su tesis doctoral precisamente sobre Camín. Fueron relaciones que me enriquecieron muchísimo y que demuestran que un trabajo como el nuestro nos hace muy afortunados, y que la actividad profesional está tan estrechamente unida a la trayectoria vital que es difícil diferenciar el trabajo del ocio. Es algo que creo que tenemos que valorar los que nos dedicamos a esta profesión”.

Universidad

“En mis primeros años en la Universidad asistí a movimientos que supusieron cambios importantes. Primero el traslado absolutamente necesario desde el edificio de la plaza Feijoo, que era un edificio entrañable, muy vinculado a la historia de la ciudad y a nuestros estudios. Pero estábamos hacinados, teníamos un despacho en el que, en cuatro mesas, trabajábamos nueve profesores. Así que no hubo más remedio que subir al Cristo, en 1983, a un edificio destinado a Derecho, pero al que se negaron a ir. Nos lo ofrecieron a la Facultad de Geografía e Historia, derivada de la de Filosofía y Letras, como las de Filosofía y Filología. Aquel edificio del Cristo era un ejemplo interesante de arquitectura moderna, pero muy muy frío y mal construido. No había aislamiento alguno, ni canalones, y recuerdo que a los pocos años hubo que cambiar toda la cristalera, que prácticamente ocupaba la Facultad entera, porque cuando había un vendaval los cristales no resistían. Recuerdo que el techo de la biblioteca se desplomó en una ocasión sobre las mesas: afortunadamente era a última hora y no había nadie. El gasto en calefacción era enorme y, aun así, pasábamos mucho frío, acabábamos las clases helados. Y los departamentos que estaban en el bajo eran tremendamente húmedos: el área de Musicología estaba allí y se recogían todos los días litros y litros de agua en los deshumidificadores. El edificio no estaba en condiciones de ser ocupado”.

El Milán

“Nuestra Facultad fue la primera en instalarse en el Milán. Fue en el año 92: recuerdo que el traslado me obligó a dejar embaladas las cosas de mi despacho antes de ir a la Expo de Sevilla. Cuando llegamos al Milán estaba el edificio departamental (el amarillo), el de administración y el aulario. Posteriormente se construyó la biblioteca y el que ahora es la Casa de las Lenguas. En el campus del Milán fue donde estuvimos realmente bien instalados y con espacios adecuados desde el principio, era un verdadero campus universitario. Allí fue donde, a mediados de los noventa, se creó el departamento de Historia del Arte y Musicología al separarse de Historia. No fue fácil, pero finalmente logramos reunir el número suficiente de profesores para formar un departamento independiente. En los noventa tuvimos muchísimos alumnos: llegué a dar clase a grupos de doscientos”.

Investigación

“Además de la investigación sobre escultura de vanguardia, que mantuve hasta la actualidad, nada más terminar la tesis doctoral, en 1982, inicié otra línea de investigación cuando me encargaron un estudio sobre nuestro arte románico para la “Enciclopedia Temática de Asturias”, que editaba Silverio Cañada. El arte medieval siempre me había interesado mucho y, además, estaba muy vinculado a mi vida personal, al trabajo de campo continuado realizado por Asturias en relación con los estudios sobre toponimia prelatina de mi marido, Martín Sevilla, y mis primeros proyectos de investigación sobre el patrimonio monumental de la región, como el “Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Interés Histórico Artístico de Asturias”, realizado entre 1978 y 1980, y dirigido por Carlos Cid. Lo realizamos entre todos los profesores del departamento y lo publicamos en los tres primeros números de la revista ‘Liño’ y en un libro editado por el Colegio de Aparejadores. A partir de esos recorridos sistemáticos por Asturias empecé a entrar en contacto con todo el arte asturiano y me interesó fundamentalmente el Románico. Seguí recorriéndolo y documentándolo a lo largo de 20 años. Ya en los 90, la editorial Trea contactó conmigo y editó un primer libro, pequeño: ‘El Románico en Asturias, monumentos y caminos’, en el que proponía itinerarios para conocer el románico asturiano. Fue un precedente del libro ‘El Románico en Asturias’, que publicó también Trea en el 99. Posteriormente, por mediación de Ramón Rodríguez, José María ‘Peridis’ contactó conmigo para dirigir los dos tomos correspondientes a Asturias dentro de la ‘Enciclopedia Temática del Románico en España’, que estaba editando la Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo. Supuso hacer de nuevo todo el trabajo de campo, para el que fueron contratados cuatro licenciados, que redactaron bajo mi dirección las entradas correspondientes a cada uno de los monumentos. La introducción histórica la hizo Isabel Torrente, y yo, la artística”.

Patrimonio

“Muchas de las iglesias románicas están en un estado de abandono y de deterioro lamentables. Cuando volvimos a hacer la catalogación ya en los 2000, visité iglesias que yo tenía catalogadas de los 80 y me encontré con intervenciones terribles, peores que dejar la iglesia sin tocar. Me encontré pavimentos de cerámica en iglesias románicas, que supusieron la pérdida de los antiguos solados de piedra o de madera. En algunas ocasiones, en estas intervenciones también desaparecieron restos de pinturas murales. El deterioro afectaba a toda la geografía regional, pero era especialmente notoria en la zona del Suroccidente. Entre las actuaciones descontroladas por un lado y el abandono por otro, nos encontramos en la situación que nos encontramos”.

Bolonia

“El plan Bolonia fue controvertido y tiene sus luces y sus sombras. Es cierto que rompió con un tipo de docencia muy pasiva, la de la lección magistral, y me parece positivo ese aprendizaje permanente que plantea, esa enseñanza más participativa del alumno y ese potenciar las competencias y las habilidades del estudiante. Lo que no me parece tan positivo es el desprecio que, quizá por una mala interpretación, se hace del conocimiento. Sigo defendiendo el conocimiento y es la sombra que le veo. También se corresponde con los cambios que se están experimentando a todos los niveles en la sociedad y no podemos darle la espalda. En el campo de la investigación, ha habido cambios positivos al trabajar en proyectos conjuntos, en lugar de desarrollar la investigación más individualista que se hacía antes en Humanidades. También existe una mayor financiación de los proyectos de Humanidades en convocatorias públicas y un reconocimiento de la investigación por medio de sexenios, que estimula al investigador, pero que es un arma de doble filo. Porque por un lado impulsa a trabajar más, pero por otro exige una producción constante. Creo que en investigación no se puede producir de esa manera y se necesita cierto reposo. Ahora hay una presión muy grande para el profesor, una exigencia tremenda a nivel de investigación y una carga burocrática excesiva. Yo siempre quise ser profesora, era algo vocacional, pero estos últimos años me di cuenta de que era lo que menos me ocupaba, y no exclusivamente por el tiempo dedicado a la investigación, sino por las tareas burocráticas que lo rodean todo. Nos lleva más tiempo justificar la docencia y la investigación que dar clase e investigar. Y aunque la digitalización facilitó los procesos, también nos exige unos conocimientos de informática que llevan su tiempo”.

Nuevos patrimonios

“A esas dos líneas de investigación uní, en 2005, otra en torno a la regeneración urbana, el arte público y los nuevos patrimonios. La inicié con mis compañeras Mari Cruz Morales y Rosa García Quirós, y en ella seguí trabajando hasta hoy con Natalia Tielve y Carmen Bermejo, dentro del grupo de investigación EsArt, que fundamos junto con Ana Fernández. Un grupo que creció mucho desde su acreditación nacional en 2018. El último proyecto, cerrado en diciembre, lo dedicamos a los patrimonios portuarios de Avilés y Bilbao y las relaciones puerto-ciudad. Tenemos varios trabajos publicados y un libro a punto de salir, que edita Trea”.

Discípulos

“En relación con la investigación, puedo decir que dirigí trece tesis doctorales y tuve muy buenos discípulos, como Francisco Egaña Casariego, actualmente profesor de la Universidad de Valladolid. Fui secretaria de la revista ‘Liño’ en su primera fase editorial y directora en la segunda hasta mi jubilación. También he dedicado tiempo a las labores de gestión, como secretaria de la Facultad primero y como directora del departamento de Historia del Arte y Musicología entre 2000 y 2008. Sin duda, el ‘medio siglo’ de vinculación a la Universidad de Oviedo ha sido determinante en mi vida en lo profesional y en lo personal y a ella me seguiré sintiendo unida siempre”.

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