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Gerardo Zaragoza: el escultor asturiano que inmortalizó a una reina

Este año se cumple el 120 aniversario del nacimiento de un artista genuino del que se conserva un único monumento en la capital española: el dedicado a la Infanta Isabel de Borbón en el Paseo del pintor Rosales

Monumento a La Chata» en Madrid. Foto cortesía de la autora

Desde el glorioso valle de Covadonga, fuente de historia, de leyenda, de mito y de desbordante magia, la estatua de Pelayo se eleva poderosa. El caudillo, de porte regio al estilo de los grandes emperadores romanos como el magnífico Augusto de Prima Porta, eleva su mano al cielo en señal de triunfo. Así lo quiso mostrar el escultor asturiano Gerardo Zaragoza, natural de Cangas de Onís y del que este año se cumple el 120 aniversario de nacimiento.

Hijo del también pintor asturiano José Ramón Zaragoza, fue pronto apreciado por sus enormes dotes artísticas en su círculo familiar, lo que empujó a su padre a inscribirlo en la madrileña Academia de Bellas Artes de San Fernando donde tuvo como maestros a Julio Romero de Torres, Cecilio Plá, el valenciano José Capuz (gran amigo de Sorolla) o el pintor granadino José María López Mezquita (quien fuera miembro de la Hispanic Society neoyorquina).

Gerardo Zaragoza tiene muchos y muy destacados trabajos a lo largo de su ingente carrera artística, pero destaca el dedicado a la “Chata”, la infanta Isabel de Borbón, para conmemorar este aniversario.

El monumento, ubicado actualmente a la altura del número 5 del madrileño Paseo del pintor Rosales, fue propuesto al entonces alcalde de la ciudad, José Moreno Torres, II conde de Santa Marta de Babio, por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1951. El conde aceptó de buen grado el proyecto, sin embargo, no pudo llevarlo a cabo pues fue sustituido en sus funciones al año siguiente por otro conde, esta vez el de Mayalde, José Finat Escribá de Romaní, quien abrió un concurso de proyectos el 23 de julio de 1952.

Al concurso se presentaron 15 candidaturas, juzgadas por un jurado formado por el propio alcalde de Madrid, el marqués de Valdivia (en representación de la Diputación Provincial) y el marqués de Luca de Tena (representando a Prensa Española). Estas instituciones habían contribuido con generosos donativos a la constitución del monumento, además de los duques de Alba y de Maura, con excelsos donativos particulares.

Entre los miembros del jurado también se encontraban los académicos Francisco Sánchez Cantón y el conde de Casal, el arquitecto Modesto López Otero y el escultor castellonense Juan Adsuara Ramos.

Las maquetas de todos los proyectos se expusieron en el Edificio de la Prensa Española, otorgándose el premio al arquitecto Javier García-Loma y al escultor asturiano Gerardo Zaragoza. Este era ya un artista consagrado que contaba con 50 años cuando comenzó el diseño de la obra, concebida al principio para instalarse en el parque del Retiro o en el del Oeste, donde finalmente se emplazó.

La obra se inició en diciembre de 1953 y finalizó casi año y medio después. Fue concebida en granito como una composición frontal al modo de frontón sostenido por dos columnas toscanas, decorado con flores de lis (símbolo de la casa de Borbón) y rematado por un escudo coronado del que pende el toisón de oro y bajo el que se sitúan tres personajes.

La principal figura representa a la reina de cuerpo entero y en posición estante, ligeramente ladeada, con tiara y pelo recogido. Viste un traje largo hasta los pies que recoge en un pliegue con su mano izquierda, adornado con decoración floral y maga corta de doble encaje abullonada. Su mano derecha se extiende para recoger un clavel que le ofrece una florista que, tocada con pañuelo y vestida “a la madrileña”, ofrece a la reina una flor de entre muchas que agrupa en el cesto que porta.

Al otro lado de la reina se muestra a un personaje masculino, también de corte castizo y vestido con capa y sombrero cordobés en su mano, que parece mostrar al espectador, con cierto orgullo, a su reina. Zaragoza quiso enfatizar en su composición el reconocimiento del pueblo de Madrid a uno de sus personajes más ilustres y queridos, completando la escultura con una parte trasera apenas hoy apreciable (no se puede acceder al monumento pues se encuentra vallado el acceso) que exhibe un surtidor emergente de la cabeza de un león al que acompaña una cartela oval laureada, rodeada de volutas y guirnaldas, con la inicial de la reina “Y” (entre dos escudos también ovales) y con los símbolos del oso y el madroño y tres flores de lis (el primero alusivo a Madrid y el segundo a la dinastía borbónica).

A ambos lados del monumento se sitúan dos jarrones y, al pie del pedestal que sobre eleva el conjunto, una inscripción en letras incisas sobre filacteria: 1851, a su alteza real la Infanta Isabel /1951. En el lateral izquierdo del pedestal también se muestra la firma del escultor: Gerardo Zaragoza.

El escultor tiene en Asturias muchas y excelentes obras y que muestran su excelente dominio técnico y una especial claridad en la elección de materiales, pero se consagró con esta obra en la capital española, combinando hasta el final de sus días el oficio de escultor con el de docente. Esta figura única en la producción escultórica nacional convirtió a la Chata en la más chulapa de las reinas de España.

De Gerardo Zaragoza son también, entre otros, los monumentos al Sagrado Corazón de Jesús del Monte Naranco de Oviedo (1980) y el del padre benedictino fray Benito Feijoo (1954), ubicado en la plaza ovetense del mismo nombre, ambos realizados en piedra. También destacan las representaciones en bronce del doctor Plácido Álvarez Buylla (1972), de Juan Vázquez de Mella en su casa natal de Cangas de Onís (1961), de su padre José Zaragoza (1980) en el parque Inglés de Gijón, y la de Romualdo Alvargonzález Lanquine (1954) en el parque gijonés de Isabel la Católica. Son reseñables los monumentos a Armando Palacio Valdés de Pola de Laviana y el realizado en piedra, en 1953, y ubicado en el Campo San Francisco de Oviedo, para conmemorar el centenario del nacimiento del insigne novelista asturiano.

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