Cosechona de calor

El cambio climático cambia Asturias poco a poco

El Principado encadena temperaturas en lo que va de año un grado por encima de la media registrada

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calor / MARCOS LEON

Mariola Riera

Mariola Riera

Jueves, 11 de agosto, hacia las tres y media de la tarde en plena calle Foncalada de Oviedo:

–Pero ¿qué es esto? ¡Me bajo del coche y parece Madrid! Menudo sofocón.

Se lo dice una mujer de mediana edad a otra que la espera junto a un portal y que da la cabeza y asiente. –¡Menuda novedad! Ya te avisé de que por aquí estábamos este año igual que en Madrid. Anda, coge la maleta y vente para la sombra.

Pero hasta en la sombra es difícil quitarse de encima esa sensación de estar dentro de un horno, porque en Asturias la humedad, al contrario, la acrecienta, de ahí que sea tan difícil refrescarse.

A estas alturas del verano pocas cosas se pueden decir que no se hayan dicho ya del calor, el mucho calor, que ha hecho y que hará en la región todavía de aquí al otoño. Aunque este también haya tornado en los últimos años en un "veroño", término de nuevo cuño para referirse a una estación otoñal con características más bien estivales.

Un resumen a vuela pluma de lo que estamos pasando durante este verano de 2022 habla de la que se podría llamar la mayor "cosechona de calor" en la historia de Asturias, con la temperatura máxima histórica de 42,3 grados, alcanzada en la depuradora de Rioseco el pasado julio. No es que haya sido así de continuo, de hecho este crecimiento acusado de temperaturas en la ola de calor se concentró en un par de días y luego, salvo algunos picos –muchos intensificados por la citada humedad, que genera mayor sensación de calor–, todo volvió a la normalidad. Más o menos.

No hay que quedarse en el detalle y ese subidón ocasional de los termómetros. Porque si se echa un vistazo a los registros de temperaturas desde enero hasta julio –periodo que tiene registrado en lo que va de año la Agencia Estatal de Meteorología– Asturias ha encadenado mes a mes de forma sistemática la subida de un grado sobre la media habitual.

Un ejemplo: Oviedo. La capital asturiana tuvo en julio una temperatura media de 20,9 grados, cuando lo normal es 18,7. En junio fueron 17,9 de media, frente a los 16,7 normales; en mayo, dos más, de 15,9 frente a 13,9; incluso en febrero hubo subida, con una media de 9,7 frente a los 8,7 normales.

el cambio climático cambia asturias poco a poco

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"Julio de 2022 ha sido un mes de récord en Asturias: el más cálido registrado, por lo menos, desde 1961, que es cuando comienza nuestra serie de temperaturas para el conjunto de la comunidad. El día 17 de julio, domingo, fue un día de temperaturas máximas récord, pues se superó la temperatura para cualquier día de julio de cualquier año en muchas estaciones asturianas", describe Ángel Gómez, delegado de la Agencia estatal de Meteorología en el Principado. Lo tiene claro: "Julio por tanto ha sido excepcional. Y es debido al cambio climático mirando la tendencia a largo plazo",

¿Y esto ha llegado para quedarse? Pues sí, asegura Gómez. "El clima en Asturias está cambiando: la temperatura está aumentando poco a poco".

Los expertos tiran de datos, estadísticas, análisis... Con todos los números, el delegado de la Aemet saca en conclusión de que lo ocurrido es una señal de que la temperatura aumenta, poco a poco, sin notarse. Ahí está ese grado de más que ha habido en los últimos meses. "Esto se superpone a la componente aleatoria normal del clima de secuencias de tiempos meteorológicos: unas semanas o meses son más cálidos que lo habitual para esas fechas y otros más fríos. Esos valores habituales normales están aumentando lentamente debido al cambio climático", zanja Ángel Gómez.

La Aemet toma como referencia el clima observado entre 1981 y 2010. En comparación se ve que los valores cálidos son más frecuentes de lo que era habitual entonces, y los valores fríos son menos frecuentes. Otra característica del tiempo en Asturias: los cambios bruscos y los bandazos. Se acabó, por así decirlo, eso de que en verano hace calor y en invierno, frío. Todo lo contrario. El meteorólogo José Miguel Viñas remite a los expertos del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), que hablaban en su informe de 2021 de una mayor alternancia de episodios severos, como frío-calor extremos, sequías-inundaciones... De hecho, no hay que olvidar que la gran ola de calor de julio que azotó Asturias y al resto de España –que también afrontó en agosto de 2021 un episodio similar (de hecho se batió el récord de temperatura histórico con 47,4 grados en Montoro, Jaén)– llega año y medio después de la implacable borrasca "Filomena", que hizo caer de forma extrema los termómetros y llevó la nieve hasta la mismísima Puerta del Sol de Madrid. De entonces es el registro más bajo de la historia de España: los 35,8 grados bajo cero registrados por Noromet en la vega de Liordes, en los Picos de Europa.

Lo que venga, está por ver. Pero lo que es seguro es lo que ya ha sucedido este verano, con una cosechona de calor que ha dejado muchos "frutos", es decir, registros y situaciones hasta ahora inéditas o poco vistas en Asturias. Estas son algunas:

Calor letal. Entre el 1 y el 29 de julio fallecieron en Asturias 345 personas más de las previstas en base a las estadísticas de años anteriores que se toman como referencia. De ellos, 179 fueron mujeres y 166, hombres. Por edades, 237 tenían más de 85 años, 87 tenían entre 75 y 84, y 33 tenían entre 65 y 74. De todos los fallecimientos, 14 se atribuyeron a los excesos de las temperaturas.

En la huerta, tomates tempranos y plantas al borde de quemarse. No hay mal que por bien no venga y tanto sol –en julio hubo 231 horas en la estación del aeropuerto, lo que ha convertido el mes en el tercero más soleado del último medio siglo– le ha venido de perlas a una de las joyas gastronómicas del verano: los tomates. Estos han madurado primero y muy dulces. Al tiempo, las buenas temperaturas han mantenido a raya al temido mildiu que se carga las plantas debido a las brumas y nieblas matutinas, tan habituales en la región, sobre todo, en las cercanías de los ríos y la costa. Pero el calorón también ha tenido su cara B: achicharró algunas tomateras. Muchos agricultores del centro de la región tuvieron que arrancar unas cuantas plantas, completamente secas y quemadas por el sol.

El agua va a menos, pero no alarma en Asturias. Los embalses asturianos han llegado a la segunda semana de agosto al 62,4% de su capacidad después de un significativo descenso del 22% respecto al mismo momento de 2021. Con todo, todavía queda agua en el Paraíso Natural, al contrario que en algunos puntos de una España que tiende a la sequía. La región atesora 302 de los 494 hectómetros cúbicos que se pueden almacenar como máximo. Había 390 hace un año.

Hielo, ventiladores: la necesidad hace negocio. Pocos se podrían imaginar hace un puñado de meses que algo tan básico y simple como el hielo iba a escasear. Pues en una España entregada a las fiestas de verano, muchas en prados, como es el caso de Asturias, donde la bebida se debe enfriar entre cubitos a falta de enganches de luz, el hielo faltó. Su fabricación se ha revelado como un negocio en auge en la actualidad, al igual que la venta de ventiladores, climatizadores –estos en menor medida debido a su "mala fama" actual debido a la necesidad de ahorrar energía– y los simples abanicos.

El fuego, al acecho. Asturias se libra afortunadamente de momento de los grandes incendios que se han cebado con provincias como Zamora, Málaga u Orense. No obstante, la región suma varios fuegos en lo que va de verano que mantienen en alerta a sus vecinos y, sobre todo, a ganaderos y agricultores. España acumula casi el 40% del total de hectáreas quemadas en la Unión Europea, según datos de Copernicus. De estos, casi la mitad (el 45,3%) se acumulan en Asturias, Galicia, Cantabria, León y Zamora.

Más irritables, alterados y perezosos

Es el tiempo meteorológico algo que preocupa y concita la atención del todo el mundo porque, lógicamente, todo el mundo se ve afectado para bien o para mal por ello en la vida: el trabajo, la rutina, los negocios, los planes de ocio... Y, por supuesto, el estado de ánimo. «El aumento de horas de luz que se produce en verano favorece que mejore el ánimo, ya que nuestro cerebro produce más serotonina y vitamina D», explica Nela Osorio, psicóloga con consulta en Oviedo (nelaosorio.es). Pero más allá de las bondades del verano, la luz y el sol, hay un «pero»: el exceso de calor. Esto afecta de forma negativa, tanto física como psicológicamente. «En regiones como en Asturias donde no estamos acostumbrados al calor nos cuesta más adaptarnos. Las altas temperaturas nos producen alteraciones en nuestro estado de ánimo, ya que nuestro organismo tiene que hacer un sobreesfuerzo para regular nuestros procesos internos. El sistema nervioso se activa del mismo modo que cuando estamos en una situación de estrés, como consecuencia se incrementa la adrenalina lo que produce un aumento de la agresividad, irritabilidad, falta de concentración, etcétera», apunta la especialista. Nadie se libra de la pereza, de la irritación del mal carácter... Nela Osorio advierte de que con exceso de calor «se cansa más y se duerme peor». Esto tiene una explicación a nivel cerebral: «El hipotálamo es una región del cerebro que se encarga de mantener el cuerpo a una temperatura estable, cuando hace mucho calor tiene que hacer un esfuerzo extra para mantener nuestro cuerpo a la temperatura óptima». Los que padecen alguna enfermedad mental sufren peores consecuencias con las altas temperaturas. Asegura Osorio que empeoran, «ya que la temperatura ideal para tener un sueño reparador es de 21 grados. Cuando hace mucho calor el organismo tiene que adaptarse y se produce una hiperexcitación cerebral que hace que tardemos en dormir y altera nuestro estado de ánimo. Este desequilibrio cerebral hace que la depresión y ansiedad empeore en personas que ya lo padecen».

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Uno de los referentes en Asturias para alertar de las sequías o la inminente escasez de agua es el nivel de embalses que en su día se construyeron donde había pueblos asentados. El mejor ejemplo está en el pantano de Salime, en el río Navia. Cuando el agua baja más de lo normal en periodos de seca (sucedió en 2017) afloran a la superficie muros, vigas y hasta calles perfectamente identificables del antiguo pueblo. Son visibles puertas y ventanas de las vetustas viviendas de piedra y otras estructuras pese a llevar más de sesenta años de vida subacuática. En Alemania tienen otra referencia similar de la que están pendientes estos días: las llamadas piedras del hambre. Estas se han dejado ver en las últimas semanas en los habitualmente caudalosos ríos Rin y Elba. No son otra cosa que señales que los alemanes han dejado desde hace siglos sumergidas para avisar a las generaciones futuras del peligro inminente de una catástrofe en forma de sequía o hambruna. Las hungersteine han puesto en alerta a muchas localidades de las riberas. El mensaje tallado que lucen es de lo más clarificador y, por supuesto, terrible: «Si me ves, llora».

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