El viaje de Sidrón a Estocolmo: los descubrimientos neandertales de la cueva de Piloña siguen dando rendimiento científico
Pese a que el trabajo de campo finalizó hace años, el interés de los investigadores por los fósiles neandertales de Piloña se mantiene en cotas altas y uno de esos estudiosos, Svante Pääbo, este año recogerá el Nobel

SUECIA CEREMONIA DE LA ENTREGA DE LOS NOBEL / FREDRIK SANDBERG
El investigador sueco Svante Pääbo (1955) recogerá en diciembre en Estocolmo el premio Nobel de Fisiología y Medicina 2022 por sus fundamentales trabajos sobre "los genomas de homínidos extintos y la evolución humana". Trabajos que tienen un hito: haber descifrado el código genético de los neandertales. Y en España y en Asturias habrá quien aplauda con sentido aprecio al ganador. Como si fuera la gloria de uno de casa.
Porque esos trascendentes descubrimientos que permitieron confirmar que hay transferencia de genes entre homínidos ya extinguidos –los neandertales– y el homo sapiens, hasta el punto de poder concretar que todos los humanos modernos tienen entre un 2% y un 4% de genoma neandertal y diluir la certeza asumida de que se trataba de dos linajes de especies diferentes, Svante Pääbo los sustentó, en parte, en restos óseos de antepasados asturianos. Los que salieron de una cueva cercana a Borines (Piloña) tras el afortunado hallazgo de unos espeleólogos gijoneses en 1994.

El Sidrón 2007. Foto Equipo de Investigación de El Sidrón, con Svante Päävo sentado, segundo por la izquierda. / Equipo de El Sidrón
Aquellos restos, que primero se pensó que eran de la Guerra Civil dado que la zona había servido como refugio de fugados, y que luego se dataron como los humanos más antiguos localizados en la cornisa cantábrica –tienen una media de 49.000 años de antigüedad– dieron para 13 campañas de campo (desde el año 2000) con una excavación sistemática y exhaustiva. Primero bajo la dirección del prestigioso paleontólogo Javier Fortea, fallecido en 2009, y luego bajo la del prehistoriador y arqueólogo Marco de la Rasilla, ambos de la Universidad de Oviedo, entidad que junto con el CSIC ha estado siempre dando rigurosidad al Sidrón. El fruto definitivo fue una recopilación de 400 piezas de industria lítica y cerca de 2.500 fragmentos óseos con representación de todas las partes del esqueleto.
Como es bien sabido, en El Sidrón se identificaron trece individuos: siete de ellos adultos (tres masculinos y cuatro femeninos), tres adolescentes (dos masculinos y una femenina), dos juveniles masculinos y un último individuo infantil.

La larga vida de los 13 de El Sidrón / A. Rubiera
Hace casi una década que esa campaña arqueológica se dio por concluida, porque el trabajo de campo llegó a su fin y se agotó el filón, pero los restos de El Sidrón siguen siendo una fuente inagotable de investigación con interés mundial inapelable. Por algo son "la mejor colección de restos neandertales de la península Ibérica, la más numerosa y diversa", como no se ha cansado nunca de decir Antonio Rosas, biólogo y paleoantropólogo, profesor de investigación del CSIC y director desde 2003 de los estudios antropológicos de los neandertales de El Sidrón.
Los hallazgos de Piloña han puesto en suerte, recalca Rosas, una cantidad enorme de líneas de estudio ya que la abundancia de los restos, su buen estado de conservación y el buen método de extracción utilizado generaron que se diera una riqueza de información que no siempre se logra. Y esas investigaciones, pese a alguna creencia errónea, "nunca han parado; han experimentado, como todo en este país, un pequeño bache primero por la crisis económica y después por la pandemia, pero ahí están los resultados, las numerosas publicaciones que se han ido sucediendo, la demanda constante de investigadores que quieren estudiar los restos de El Sidrón... todo eso lo atestigua", cuenta el director científico del yacimiento.

Recreación de uno de los 13 de El Sidrón, que está en el Arqueológico de Oviedo. | I. C. / A. Rubiera
Y para despejar las dudas, una pregunta directa: "¿Les siguen pidiendo estudiar los restos?". Antes de la contestación verbal llega nítida una amable carcajada al otro lado del teléfono. "Peticiones tengo a decenas", dice Rosas desde algún despacho de las dependencias del departamento de Paleobiología del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. En alguna parte de ese museo, en unos armarios "que mandamos construir hace años ex profeso", con características muy especiales que garantizaran "su perfecto estado de conservación", están los fósiles que son objeto de tanto deseo.
"La investigación de los neandertales de El Sidrón tiene un contexto internacional y siempre lo ha tenido. Lo tiene desde el minuto cero. Es decir, el interés de El Sidrón es un interés mundial. Yo tengo peticiones, diría que a decenas, para ver y estudiar los fósiles de El Sidrón por parte de investigadores del extranjero. Porque en el mundo de los especialistas es una colección de referencia. Y si en muchos casos tengo que decir que no a esas peticiones es porque lo que nos plantean ya lo estamos haciendo nosotros", encadena Rosas.
Pero es que los neandertales, y no solo los de El Sidrón, parecen más vivos que nunca a la vista de las continuas publicaciones. Esta misma semana un trabajo publicado en la revista "Scientific Reports" apunta a que los humanos modernos podrían haber coexistido con los neandertales en Francia y el norte de España entre 1.400 y 2.900 años antes de la desaparición de los neandertales. El autor, Igor Djakovic, y sus colegas de la Universidad de Leiden (Países Bajos) analizaron un conjunto de datos de 56 artefactos neandertales y humanos modernos (28 para cada grupo) procedentes de diecisiete yacimientos arqueológicos de Francia y el norte de España, así como otros diez especímenes neandertales de la misma región.

Svante Pääbo, sentado en primera fila (segundo por la derecha), con el equipo de El Sidrón, en Piloña en 2007, con Javier Fortea (de pie, tercero por la derecha), seguido de Antonio Rosas y Carles Lalueza, responsables de la investigación. | UNIVERSIDAD DE OVIEDO / A. Rubiera
Solo un poco antes, el mes pasado, eran las caries de los neandertales de El Sidrón –sí, tenían algunas– las que habían captado la atención de los expertos en el Congreso de la Sociedad Europea del Estudio de la Evolución Humana reunidos en Tübingen (Alemania). El estudio lo presentó el equipo del CSIC y "lo que puede parecer una curiosidad" no lo es tanto. "Es relevante esa presencia de caries, aunque es muy raro que los neandertales las tuvieran. Nuestra tesis es que es una presencia que viene acentuada por el uso que hacían de la boca como una tercera mano, como una herramienta", explica Rosas.
Hacer que el director de los estudios de El Sidrón detalle las líneas de investigación que el equipo mantienen abiertas con los 13 individuos es para dotarse de paciencia porque la lista es larga y siempre le queda algo por añadir. Está en marcha el análisis comparativo de prácticamente todos los sistemas anatómicos del cuerpo de los neandertales: la pelvis, la columna vertebral lumbar, el tórax, las manos, el oído interno...; hay estudios específicos de la dentición, tanto sobre su componente puramente anatómico como del dimorfismo sexual; se ha atendido al establecimiento de relaciones de parentesco entre los miembros del grupo fósil y sus implicaciones de comportamiento culturales/sociales; se ha investigado su dieta, la lateralidad manual, patologías adquiridas y congénitas, biología del desarrollo y crecimiento esquelético/sistema nervioso, determinación de aspectos funcionales/metabólicos, aspectos comportamentales como su canibalismo, el uso de plantas medicinales, los hábitos posturales o la división del trabajo tanto por sexo como por clases de edad...
Queda, dicen, mucho por recorrer en el estudio de la paleobiología y evolución de los neandertales de El Sidrón y eso incluye hasta "potencial para desvelar aspectos del origen de la adolescencia humana". Las pautas de la lactancia, las relaciones energéticas madre-hijo, ensayos para la extracción de material genético de los sedimentos... La Universidad de Oviedo también suma con sus propios estudios y ante eso, Rosas se afana por combatir un malentendido: "Está muy extendido el mal concepto de que la excavación de un yacimiento es el todo. Y esto es sencillamente erróneo. La excavación de campo de El Sidrón ha terminado hace unos años, pero no hemos dejado de trabajar y de investigar sobre estos restos". Para este investigador, Svante Pääbo ha conseguido que "en un recodo del Nobel esté Piloña". Y con tanto por delante, quién sabe si no habrá tiempo hasta para más.

Imagen Fig.1 A.Rosas y A. GarcíaTabernero escáner
Antonio Rosas | Profesor de Investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)
Está muy extendida la idea equivocada de que la investigación en paleontología y arqueología tiene lugar únicamente durante el proceso de excavación. Es decir, se piensa erróneamente que acabada la excavación se acaba el proyecto científico. Nada más lejos de la realidad. Siendo el trabajo de campo imprescindible –y añadiría, personalmente es el que más disfruto–, existe tras él todo un proceso de laboratorio y gabinete sin el cual no podríamos avanzar en el conocimiento. Al fin y al cabo, el verdadero fin de la investigación científica. Los neandertales de El Sidrón ofrecen un magnífico ejemplo de este malentendido.
Es común percibir en muchas personas dentro y fuera de Asturias la idea de que el proyecto de El Sidrón finalizó con el cierre de la excavación. Sin embargo, desde entonces y hasta ahora, el Equipo de Investigación de El Sidrón (EIS) no ha dejado de estudiar la magnífica colección de restos neandertales recuperados en la Galería del Osario. Recordemos, la mejor colección de neandertales jamás encontrada en la península Ibérica.
La contribución de esta colección al desarrollo de la paleogenética, recientemente reconocida en la figura de Svante Pääbo como merecedor del premio Nobel, está en las hemerotecas y no es este el lugar de entrar en detalles. Además, los estudios sobre crecimiento neandertal y su relación con el patrón de crecimiento humano han sido publicados en las mejores revistas científicas.
En la actualidad trabajamos intensamente en el origen de la adolescencia humana, una tarea que quedó parcialmente adormecida por los estragos de la reciente pandemia. ¿Cuándo se produjo la aparición de la peculiar adolescencia humana que tantos quebraderos de cabeza produce en los quinceañeros así como a sus padres y educadores? Preguntas como esta pueden ser contestadas con el estudio de los fósiles de El Sidrón ya que entre ellos se conservan los restos de tres adolescentes. Y no solo esto, el análisis de las malformaciones congénitas, es decir pequeñas anomalías que no tienen gran importancia en la vida diaria de los sujetos pero que nos desvelan la acumulación de variedades deletéreas, nos ayuda en profundizar en el porqué de la extinción de los neandertales. La conclusión, derivada de El Sidrón, es que estos humanos arcaicos vivían en grupos pequeños y aislados entre sí, y su grado de entrecruzamiento entre parientes, a veces de consanguinidad, era muy elevado. A la postre una caída del vigor vital de las poblaciones.
Continuando con los estudios sobre el estado de salud, encontramos también evidencias curiosas, como por ejemplo la presencia de caries entre los neandertales del Sueve, una rareza en esta especie humana pero que ayudará a entender por qué se producen las molestas y peligrosas caries, cuya etiología es compleja.
Un aspecto que ahora puede ser abordado con mayor solvencia es la variación morfológica detectada entre las poblaciones de neandertales que vivieron en la península Ibérica. Hace ya bastantes años observamos que los neandertales de El Sidrón conservan una anatomía primitiva en comparación con otras poblaciones de Europa, a pesar de tener una antigüedad similar. ¿Cuál es la razón de este hecho?
Lejos de una imagen más estática y homogénea, los avances en paleogenética han desvelado una compleja red de poblaciones neandertales que se desplazaron por los territorios al vaivén de las oscilaciones climáticas. Es muy posible que Iberia represente un campo de operaciones evolutivas para entender la filogeografía de esta especie humana y, más allá, su origen y desaparición. Por ello, seguir estudiando estos fósiles resulta imprescindible.
Acabaremos este breve recorrido con los estudios de los distintos sistemas anatómicos, ayudados del uso de las más modernas técnicas de análisis virtual, microtomografía y microscopía electrónica. Ejemplos de esto son la reconstrucción del oído interno (canales semicirculares y cóclea) o la de los moldes endocraneales que nos ayudan a entender la diferente configuración entre el cerebro neandertal, el de homo sapiens y el de otros homínidos. Todo ello encaminado a entender mejor cómo y por qué hoy somos como somos.
En definitiva, durante estos últimos años a pesar de crisis económicas, pandemias y pospandemias, el EIS no ha dejado de investigar la magnífica colección de restos neandertales de El Sidrón. Y en pos del avance del conocimiento y su difusión en la sociedad, deseamos y consideramos imprescindible seguir haciéndolo en los próximos años.
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