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Purificación Viyao Valdés, la primera antropóloga asturiana

Nacida en Navelgas (Tineo) en 1892, se ocupó del cambio sociocultural que sufrió la Asturias campesina con la llegada de la industrialización

Purificación Viyao Valdés.

Purificación Viyao Valdés. / 2 Yolanda Cerra Bada

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Yolanda Cerra Bada

En 2020 se cumplieron cien años del primer estudio antropológico que tiene como objeto de estudio a Asturias. Su autora, Purificación Viyao Valdés, aborda las grandes transformaciones socioculturales que se producen, como resultado de la industrialización y más específicamente en la zona oriental, entre 1870 y 1920.

De familia piloñesa y con casa en la parroquia de Anayo, Purificación nació en 1892 en Navelgas (Tinéu), donde la familia pasó algunos años debido a la profesión de notario del padre. El fallecimiento de este la lleva a Madrid, a casa de un hermano, de manera que vive la adolescencia y la juventud entre su región de origen y la capital de España. Tras completar allí estudios de Comercio, regresa a su tierra natal para titularse como maestra de Primera Enseñanza. Oposita y obtiene plaza en la escuela gijonesa de Fano-Valdornón, pero, apenas toma posesión, vuelve a Madrid a profundizar en dos áreas: la pedagógica, en el ámbito de la diversidad funcional, y la científica, en el de la biología animal.

En lo que respecta a este campo, realiza cursos en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y en la Estación de Biología Marítima de Santander, ambos agrupados en un centro de estudios físico-naturales creado por la JAE, la Junta de Ampliación de Estudios. Este organismo público impulsa de manera notable el desarrollo científico y cultural, así como la renovación pedagógica, favoreciendo la introducción de las mujeres en el ámbito científico. Viyao Valdés, becada por la JAE para el curso de Santander, pertenece a un escogido grupo de mujeres que logran introducirse en el sector masculinizado de las ciencias experimentales. Finalmente, culmina sus estudios en la prestigiosa Escuela de Estudios Superiores del Magisterio. Su titulación en la Sección de Ciencias le dará acceso a una plaza de profesora de Física, Química e Historia Natural en Zamora y en Cuenca. Purificación falleció en esta ciudad en 1934; acababa de obtener el traslado a Oviedo, pero no logró su deseo de regresar a Asturias.

La Escuela de Estudios Superiores del Magisterio había sido creada a principios del siglo XX para formar a los maestros y maestras que nutrirían el campo de la inspección educativa y del profesorado de las Escuelas Normales, centros donde se preparaba al profesorado de Primera Enseñanza. El claustro estaba constituido por un selecto grupo de intelectuales y científicos que daría forma a las innovaciones educativas y sería la avanzadilla del proceso de reforma de la enseñanza en España. Purificación Viyao Valdés conoce allí a una reputada figura de la antropología de entonces, que formaba parte del grupo de impulsores que consolidaron esta disciplina en España entre el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX: Luis de Hoyos Sainz, profesor de la asignatura de Fisiología e Higiene. Este será el director de su trabajo fin de carrera «Datos antropo-etnográficos de la parte oriental de Asturias. El hombre y el medio». El escrito tardará ochenta y siete años en perder su condición de inédito; su rescate entronca de alguna manera con los actuales movimientos de revisión de las aportaciones científicas de mujeres a la historia.

La antropología, concebida en España en aquel tiempo con un carácter muy amplio, se entendía como una rama de las Ciencias Naturales; de hecho, sus impulsores pertenecían a esos campos del saber. La disciplina propugnaba un examen global del ser humano, en el que dominaban los rasgos físicos, aunque también, de manera secundaria y en una época donde los conocimientos estaban poco especializados, se tenían en cuenta el origen y la antigüedad, la psicología, las costumbres o la diversidad sociocultural. No obstante, esa antropología física se hallaba muy condicionada por la raciología, una subdisciplina que postulaba la existencia de razas y la influencia de estas en el desarrollo cultural. Aunque antropólogos como Boas ya habían alertado de la inconsistencia científica del concepto raza y los avances en genética acabarían por desecharlo, en tiempos en los que escribe nuestra autora la influencia de la escuela francesa de P. Broca dominaba el panorama científico español. Esta escuela sostenía que habrían existido razas en los orígenes de la humanidad cuyos rasgos se podrían reconstruir a partir de la observación de las poblaciones actuales mezcladas.

La obra de Purificación Viyao Valdés se gestó en la fecunda edad de plata de la cultura española, cuando las mujeres empezaban a acceder a espacios antes vedados y se abría la puerta a la especialización en diversos campos del saber. También, en un momento bisagra de la antropología europea, cuando la física finalizaba su hegemonía y comenzaba un vuelco hacia la social y cultural; esta iniciaba su etapa clásica de la mano de autores británicos como Malinowski. La investigación de nuestra autora trata cuestiones de antropología física como el índice cefálico, la talla y el perímetro torácico o el color del pelo y de los ojos. Pero, además, dejando ver la influencia de la geografía humana que insistía entonces en la relación medio-cultura, describe geomorfológica y geológicamente el área estudiada y examina también la climatología, ya que entiende que son aspectos muy útiles para apreciar las variables culturales derivadas del medio natural.

Sin embargo, de lo que se ocupa fundamentalmente es del cambio sociocultural que experimenta Asturias, y más en concreto, la zona oriental que extiende entre Villaviciosa y Ribadedeva, en un arco cronológico que abarca gran parte del periodo de la Restauración monárquica. Este es un momento en que se dan unas importantísimas transformaciones industriales que van a modificar la vida de las gentes. Bajo un enfoque científico, se hace una pregunta de investigación que tiene que ver con la tensión entre la uniformidad provocada por la modernización y la continuidad de las especificidades culturales asturianas. Dicha pregunta, demasiado prematura para el ámbito académico y que abordarán los teóricos de la globalización medio siglo después, quedará sin respuesta, como también quedará inconcluso el apartado relativo a la antropología física, hoy desfasado.

El grueso del texto, en cambio, lo dedica a analizar el proceso evolutivo de la vida anterior a su época ahondando en las profundas alteraciones habidas, una perspectiva que resulta más interesante para la actualidad. Espectadora privilegiada de la modernización, cree que la mejora de las comunicaciones –y, sobre todo, la apertura del ferrocarril por Pajares en 1884– resulta el factor más relevante del proceso. Es interesante observar cómo Viyao Valdés, al poner el acento en los elementos materiales con su evolución transformadora y no en la tradición, se aleja profundamente de los folkloristas, empeñados, en su búsqueda de la literatura oral y de costumbres campesinas en proceso de desaparición, en ofrecer una visión ahistórica y amable del pasado. Ella, por el contrario, aporta concreción temporal y proporciona una perspectiva distinta de Asturias como territorio plural, con diferencias internas. Estas últimas atienden al orden geográfico, al que se añade un mayor o menor desarrollo industrial, y también atienden al estatus socioeconómico. Además, incluye las nuevas formas en las relaciones sociales o en el consumo.

Purificación Viyao Valdés concede una atención preferente a las transformaciones que encuentra en la vivienda, la alimentación, la indumentaria, los utensilios domésticos y los muebles, sin dejar de lado usos y costumbres, o creencias y prácticas religiosas o supersticiosas. Los ejemplos del cambio que proporciona son muy elocuentes: una alimentación lacto-vegetariana que va dando paso a una dieta con carne; una vivienda que va alcanzando cada vez un mayor confort, ya siempre levantada con piso y corredor; una indumentaria que deja de elaborarse en casa, con lino y lana, para ser adquirida en el comercio bajo la moda dictada desde París; un suelo que proporciona riquezas naturales para ser explotadas por medio de la industria minera, hidroeléctrica, sidrera, quesera o turística; un desarrollo cultural evidenciado por un aumento extraordinario del número de escuelas y de alumnado; una sociedad, en fin, en que «todo el mundo viaja», gracias a la red ferroviaria y al trazado de carreteras, frente a otra, de movilidad muy reducida, en que las personas devotas iban, si acaso, una única vez en su vida a Covadonga.

En ese ejercicio comparativo entre el presente y el pasado inmediato, con el análisis de las transformaciones sufridas, aporta también un juicio de valor, que es positivo a pesar de ciertos elementos que oscurecen el panorama. Cree que las condiciones vitales han mejorado: «Se trabaja más y mejor, y se vive también más y mejor», que hay menos sumisión y más libertad de pensamiento, pero denuncia la criminalidad y, consciente de las injusticias, no ahorra críticas a la corrupción judicial y política. Se ven ahí una mirada crítica a la realidad, fruto, sin duda, de la formación recibida. En una época en que más de la mitad de las mujeres eran analfabetas, resulta un hecho extraordinario el que dedicara diez años a unos estudios no elementales, lo que fue posible gracias a su estancia en Madrid. El ambiente de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio, con una buena parte del profesorado afín a las ideas progresistas de la Institución Libre de Enseñanza, dejaría huella, sin duda, en el pensamiento de la autora.

El Muséu del Pueblu d’Asturies publicó en 2020 una nueva edición, corregida y aumentada, de «Datos antropo-etnográficos de la parte oriental de Asturias. El hombre y el medio» al cumplirse el siglo de su redacción. Esta nueva edición, de acceso libre en la web, permite conocer la trayectoria vital, formativa y profesional de una mujer adelantada a su tiempo. Pero, además, aborda el análisis de la obra, su lugar en la tradición antropológica y el contraste con los folkloristas y el discurso dominante centrado en el puro dato y en un pasado idealizado. Por su contenido, metodología, fuentes y perspectiva, la obra engarza con la tradición de la antropología naturalista madrileña y, al mismo tiempo, se inserta en el conjunto de los mejores estudios asturianos de su época. No cabe duda de que la pionera de la antropología asturiana, Purificación Viyao Valdés, es una investigadora que merece la pena conocer, con una obra muy digna de ser tenida en cuenta.

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