Obdulia García, la pintora avilesina formada con Dalí y Maruja Mallo
Su tenacidad y su capacidad le permitieron ingresar en la Real Academia de Bellas Artes

«Asturianas», obra de Obdulia García realizada en 1935. / Alicia Vallina
Con motivo de la publicación, por parte de la Biblioteca Nacional de España, del catálogo de artistas cuyos derechos de autor acaban de pasar, en 2023, a formar para del dominio público, es decir, que pueden ser consultados y empleados por cualquier investigador o curioso de modo libre de todas las restricciones que los derechos de autor otorgan, sale el nombre de una de las artistas asturianas más significativas del primer tercio del siglo pasado: la avilesina Obdulia García Díaz.
Empleando como referencia los datos aportados por Ramón Rodríguez en la biografía de la artista publicada en el año 2000, momento en que también se llevó a cabo una exposición homenaje a la pintora en la Casa de la Cultura de Avilés, sabemos que Obdulia fue una artista de clara formación académica que completó su amor a la pintura a través de la docencia.

Obdulia García, en el taller de modelado, en 1920 / Alicia Vallina
Nacida en Avilés un 26 de marzo de 1908 en una familia de orígenes humildes, era la cuarta de seis hermanos (los dos mayores emigraron a los Estados Unidos, concretamente a Chicago, con la idea de mejorar su situación económica). Su padre, hombre trabajador y constante, trabajó primero como jornalero para dedicarse, posteriormente, a la construcción de carros, por lo que era conocido como "Josenón, el carrero".
A pesar de las dificultades económicas por las que atravesaba la familia, Obdulia fue primero al colegio público de San Francisco y posteriormente al colegio Liceo hasta que, gracias al apoyo familiar, logró ingresar, junto a su hermana Oliva, en la Escuela de Artes y Oficios de Avilés a comienzos de los años 20 del pasado siglo.
Habilidosa como era con el dibujo, desde siempre obtuvo excelentes calificaciones en la asignatura de la copia al natural y, empujada por su enorme vocación y por uno de sus maestros, el gran Manuel Soria, decidió presentarse a las pruebas de ingreso para acceder a la madrileña Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el sueño, entonces, de cualquier joven que quisiera dedicarse al arte.
Así, en 1929, una entusiasta Obdulia se trasladó a Madrid (gracias a la ayuda económica de su padre, José, y de sus hermanos mayores, Constantino y Manuel) con la intención de aprobar el examen que le facilitara el ingreso a la prestigiosa escuela. Sin embargo, ¡qué tremenda decepción debió sufrir aquella joven al comprobar que no era apta para para disfrutar de tan magna recompensa!

Las hermanas Obdulia y Oliva, en torno a 1931 / Alicia Vallina
Sin embargo, jamás cejó en su empeño, su arrojo hizo que volviera a intentarlo en las pruebas extraordinarias de octubre y, ahora sí ¡lo había conseguido! Así que se formó durante los siguientes tres años, siendo una de las pocas mujeres que había en su clase y coincidiendo, en aquellos años de formación, con algunos de los grandes nombres de la pintura vanguardista de aquella España en blanco y negro entre los que destacaron los de Maruja Mallo, Margarita Manso, Federico García Lorca, Luis Buñuel o Salvador Dalí.
La muerte de su madre, Benigna Díaz, sumiría a Obdulia en una terrible tristeza y en una situación económica más precaria si cabe, por lo que, siempre atendiendo a los datos aportados por Ramón Rodríguez, su padre solicitó, mediante un escrito a la Academia, la concesión de una beca para su hija que finalmente le fue otorgada.
Antes de finalizar sus estudios en Madrid, Obdulia expuso por vez primera en Avilés, en la Exposición bianual de Arte Avilesino (tutelada por José Francés, secretario perpetuo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), inaugurada el 22 de agosto de 1932 acompañando a pintores de la talla de Juan Espolita, Luis Bayón o Florentino Soria.
Con los estudios concluidos, Obdulia expuso de nuevo en su ciudad natal, en la Exposición de Arte Avilesino de 1934, organizada por la Sociedad de Amigos del Arte, junto a otras mujeres como Rafaela Alario, Beatriz Buznego y María Galán y a artistas consagrados como Moré, Piñole o Vaquero Palacios, entre otros.
Especialmente relevante a nivel bibliográfico es también el trabajo de Rebeca Fernández Alonso sobre la situación femenina en el Avilés de la España prebélica, una realidad compleja y dura en la que Obdulia se encontraba inmersa, pero que no la hizo desfallecer ni un solo instante.

Recordatorio de la muerte de la artista. / Alicia Vallina
Ella seguirá trabajando, realizando retratos de sus familiares (La madre de la pintora, Retrato de Oliva) y ahondando en el estudio del paisaje (Arroyo) y el género de la naturaleza muerta (Bodegón del gato negro,) además de trabajar, durante casi un año, en la restauración de las pinturas del altar mayor de la iglesia avilesina de Santo Tomás de Canterbury (con graves daños tras la contienda bélica).
Al cabo de un tiempo, Obdulia decidió marchar a Astorga, impulsada por una buena amiga, para dedicarse a la docencia, ya que la necesidad económica apretaba. Allí sería feliz y combinaría su amor por la enseñanza con su vocación como pintora (realizando algunos estudios de la catedral), pero sin olvidar nunca Avilés, al que regresaba siempre durante los periodos estivales.
Parece ser que impartió clases en un colegio privado llamado “La Nueva Enseñanza”, trabajo que compaginó con la obtención, por oposición, de una plaza como profesora de Dibujo Científico en la Escuela de Trabajo de Astorga.
La muerte la sorprendió un 3 de marzo de 1942, sin haber llegado a cumplir los 34 años. Aquejada, de modo repentino, de una asistolia, Obdulia García Díaz falleció dejando tras de sí un pasado prometedor y un futuro aún por escribir.
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