La historia de Marcelina Poncela, la única pintora en Muros de Nalón
La artista, madre del dramaturgo Enrique Jardiel Poncela, estuvo pintando en Asturias durante tres veranos en la colonia creada por Casto Plasencia

La pintora, con su esposo y sus hijas. / Alicia Vallina
Esta es la historia de la única mujer que participó activamente en las reuniones artísticas que, durante los veranos comprendidos entre 1884 y 1890, celebraron algunos de los paisajistas más renombrados de España siguiendo el modelo de la famosa Escuela francesa de Barbizon. Esta escuela seguía los postulados de la pintura plenairista, centrándose en el paisaje como elemento catalizador de los sentimientos e inquietudes que vivían los miembros de este grupo, creado por Casto Plasencia tras la invitación de su amigo, el pintor de Somado, Tomás García San Pedro, a la "La Pumariega", finca de sus padres.
Marcelina Poncela Hontoria tenía todo en contra para dedicarse al sueño de ser pintora en una época en la que la mujer estaba relegada al papel de "ángel del hogar". Como señala María Dolores Cid en su trabajo doctoral que realizó sobre la artista, Marcelina siempre fue apoyada en la difícil tarea de la pintura por su padre, Ángel, un artesano de Bercero (Valladolid) que supo apreciar sus cualidades artísticas desde niña.

«Una dehesa en Asturias», pintado en 1981. / Alicia Vallina
Marcelina nació en Valladolid un 2 de julio de 1864 y, con apenas 3 años, quedó huérfana de madre. Como era hija única y debido al trabajo de su padre, fue criada por su abuela paterna. Por entonces lo habitual era que las mujeres, con mucha ayuda y tesón, se dedicasen a la enseñanza, por lo que Marcelina compaginó sus estudios como maestra en la Universidad de Valladolid con su formación como pintora en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad. Allí se formó con el pintor valenciano José Martí y Monsó, discípulo de Federico de Madrazo y quien llegaría a convertirse en director de la Escuela.
La muerte de su padre, cuando Marcelina apenas contaba 18 años, la llevó a Madrid para ser tutelada por sus tíos (Isidra Poncela y Lisardo Biescas). Llegó a Madrid, epicentro del mundo artístico patrio, durante el último cuarto del siglo XIX, con una pensión de la Diputación Provincial de Valladolid para continuar sus estudios, algo insólito para la época.
Entró, en 1884, en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado (posterior Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), para lo que necesitó autorización real junto con otras 6 mujeres por los 182 hombres matriculados. Tuvo como maestro al gran paisajista Carlos de Haes, de quien aprendió el gusto por el natural y la pintura al aire libre y visitó el Museo del Prado para copiar algunas de sus obras más emblemáticas.

Retrato de la reina María Cristina con Alfonso XIII niño, óleo de Marcelina Poncela realizado en 1890. / Alicia Vallina
En sus inicios, Marcelina pintó cuadros de flores, muy al gusto de lo establecido para su género, y participó en todas las exposiciones nacionales celebradas entre 1892 y 1915, obteniendo menciones de honor en 1892, 1895 y 1899. Acudió a las Bienales del Círculo de Bellas Artes y a la Exposición Internacional de 1892, donde obtuvo una mención. El Ayuntamiento de Valladolid le concedió varias becas y, poco a poco, comenzó a abrirse camino en el mundo del arte.
Gracias a sus relaciones artísticas y al círculo de pintores paisajistas que frecuentaba, entró en contacto con el grupo de Muros del Nalón y visitó Asturias durante varios veranos, donde pintó paisajes de temática costumbrista que presentó a varios concursos nacionales. Fue la única mujer que participó activamente en el grupo, buena amiga como era de Casto Plasencia y del asturiano Tomás García San Pedro, entre otros.

«Puerto de San Esteban». / Alicia Vallina
Aprobó la oposición a maestra y, en 1894, conoció en Madrid a Enrique Jardiel Agustín, un estudiante de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, amigo de Pablo Iglesias y de Julián Besteiro, más interesado en la política que en la ingeniería. Con él se casó y tuvo cuatro hijos: María del Rosario, Angelina, Aurora, que murió siendo niña, y el gran dramaturgo Enrique Jardiel Poncela, educados en la Institución Libre de Enseñanza.
En 1901 consiguió la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes y, en 1912, la Segunda Medalla. Compaginó la pintura y la enseñanza, dando clases particulares y trabajando en sus lienzos con toda clase de técnicas y materiales, con un claro dominio del dibujo, al que consideraba punto de partida de toda buena creación artística.
Sus últimos años de vida los pasó muy unida al pueblo de su esposo, Quinta de Ebro (Zaragoza), donde pintó excelentes paisajes. Falleció, un 31 de julio de 1917. Es una de las más importantes pintoras españolas del siglo XIX.
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