El monasterio de San Salvador de Cornellana acaricia el milenio
Esta gran construcción en el primitivo Camino de Santiago necesita del compromiso de los poderes públicos para mantener en las mejores condiciones posibles una obra que es Patrimonio de la Humanidad

El monasterio de San Salvador de Cornellana acaricia el milenio / Alicia Vallina Vallina
Declarado Patrimonio de la Humanidad en 2015 y paso constante de peregrinos y viajeros que siguen la ruta del primitivo Camino de Santiago, la sobriedad legendaria de su arquitectura pausada, detenida en el tiempo, sobrecoge a la vez que impresiona. Solo hay que cruzar un pequeño puente sobre el río Nonaya (afluente del Narcea), indicado especialmente como sendero del salmón, para encontrarnos de bruces con esta magnífica obra arquitectónica que conserva, imponentes, algunas estructuras románicas, gérmenes casi olvidados de su creación. Fue Cristina, la hija del rey de León y de Galicia, Bermundo II, quien lo hizo levantar en el año 1024, a punto ya de llegar al milenio. La infanta había nacido en Cornellana, población rodeada de valles y ríos con asentamientos ya desde tiempos paleolíticos, y era hija de la reina Velasquita Ramírez, primera esposa de Bermundo II, con quien contrajo nupcias allá por el año 981. Solo tuvieron una hija, pues Velasquita fue repudiada por el monarca para casarse, de nuevo, con Elvira García, quizá en el 990, quien sería madre del futuro Alfonso V de León.
Velasquita marchó en busca del amparo de Teresa Ansúrez, quien fuera esposa del rey Sancho I y abadesa, en aquel momento, del monasterio de San Pelayo de Oviedo, lugar al que se había retirado tras el fallecimiento de su marido. Allí, Velasquita, acompañada de su hija Cristina, siguiendo las teorías de la profesora e investigadora medievalista Margarita Torres, pudo fraguar, junto a Teresa, la alianza de ambas casas ya que propuso el matrimonio entre la propia Cristina y el nieto de la reina viuda y ahora abadesa, Ordoño Ramírez, apodado el Ciego. El matrimonio entre ambos vendría a forjar la piedra angular del linaje de los Ordoñez de Asturias, familia de gran abolengo y de las más importantes del siglo XI.
Parece ser que la infanta Cristina terminó por seguir los pasos de su madre y, al quedarse viuda, fundó, en 1024, el monasterio de San Salvador en Cornellana, donde había nacido y donde finalmente terminó por recluirse hasta el final de sus días. Los historiadores sitúan la muerte de Cristina Bermúdez cerca del año 1050 y señalan que pudo recibir sepultura en el mismo monasterio donde vivió hasta su muerte.
El monasterio, creado por la infanta de cuna asturiana, pronto se convertiría en una fuente de inestimable riqueza para la región, alrededor del cual giraba la vida económica y cultural. Esto vino a acentuarse cuando, casi un siglo después, en el año 1122, el biznieto de la infanta, Suero Bermúdez (poderoso aristócrata de la época y servidor fiel del rey Alfonso VI) y su esposa Anderquina Gutiérrez, al morir sin descendencia y según los estudios de Calleja Puerta, hicieron importantes donaciones al monasterio hasta terminar por entregarlo a la Orden de Cluny, fundada por Guillermo I de Aquitania.
Todos los habitantes de Cornellana quedaron bajo la jurisdicción del abad hasta que, entrado el siglo XVI, el monasterio pasó a pertenecer a los benedictinos de Valladolid, reformándose buena parte del edificio, y colocándose en la fachada de la iglesia el escudo de Castilla y León. Durante el siglo XVII se acometieron las principales modificaciones y se adosó la fachada actual a la románica, se reformó el claustro y se construyeron dos patios a ambos lados.
Con la Guerra de la Independencia, el monasterio fue utilizado como caballerizas e incendiado inmisericordemente por los franceses. Así pasó a manos de particulares que lo emplearon como fábrica de manteca hasta que, en 1878, pasó a manos del Obispado de Oviedo.
El gobierno de la II República lo declaró, el 3 de junio de 1931, Monumento Nacional y durante la Guerra Civil española fue utilizado como cuartel, prisión y almacén. El monasterio fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento el 30 de diciembre de 1993 y, tras algunas reformas parciales y el empuje incansable de los vecinos de Cornellana, siguió en pie, aunque en condiciones muy precarias.
Tengamos en cuenta aún que el estilo románico pervive en el edificio, en lugares como la conocida Puerta de la Osa, donde se muestra la escena de este animal amamantando a una niña y que está ahora situada en el lateral derecho del monasterio, paso obligado para adentrarnos en el albergue de peregrinos.
También del periodo románico se conservan la torre empleada como campanario y los ábsides semicirculares de cuatro cuerpos de la iglesia que se yerguen hermosos en el camino hacia el verde valle.
Se hace imprescindible, casi mil años después de su fundación, que seamos conscientes de la relevancia que hemos de otorgar a uno de los grandes bienes de interés cultural del patrimonio histórico-artístico asturiano. Esta no debe ser solo referenciada en artículos, congresos, seminarios o a través de conmemoraciones, sino mediante el firme compromiso de los poderes públicos de mantener, en las mejores condiciones posibles para las generaciones futuras, un patrimonio que nos pertenece a todos y que debe ser protegido, conservado y dado a conocer sin ambages y cumpliendo la obligación legal que la Administración Pública tiene con nuestro patrimonio.
Los ciudadanos y vecinos de Cornellana ya han demostrado su compromiso.
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