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Monasterio de Cornellana, mil años en el Camino y un futuro por andar

El complejo monacal de San Salvador se encamina hacía su milenario con obras en marcha y muchas expectativas puestas en él para reanimar la economía de su entorno

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

El complejo monacal de San Salvador de Cornellana, en el concejo de Salas, surgió de un señorío rural que, hace por lo menos mil años, se asentaba en la franja de terreno acotada por el caudal del Narcea y Nonaya. Ambos ríos debían resguardarlo, desanimando a quienes se acercaran hasta allí con aviesas intenciones y estorbando su huida si conseguían salvar ese obstáculo y adentrarse en la propiedad. Era un recurso común en la época y de probada eficacia. De lo que el antiguo cenobio cisterciense no ha podido protegerse, ya no en la Edad Media sino a lo largo de su larga historia, ha sido de la desidia de los guardianes del patrimonio, la de la Iglesia y la de las sucesivas administraciones públicas, que lo dejaron desatendido durante demasiado tiempo. El complejo conventual de Cornellana, en el concejo de Salas, está en pie de milagro y se encamina hacia su milenario en obras –las que están en marcha y las que habrán de venir– y con muchas expectativas puestas en su potencial para reactivar la economía del concejo y su entorno, si se gestiona inteligentemente.

En el silencio del valle que lo cobija y entre los rescoldos de la bruma matinal, pese a los andamios y al trasiego de operarios, el antiguo monasterio benedictino se aparece ante el visitante como aletargado en los márgenes del tiempo. Indiferente a su pasado esplendor, se deja hacer, con la fachada principal cubierta por los andamios y los carteles que informan de la intervención que está en marcha desde este verano, con los ventanales huecos, cubiertos por plásticos mientras se reponen las cristaleras y el material de obra amontonado a los pies de los muros.

La empresa Técnicas para la Restauración Construcciones S. A. (Trycsa) emprendió el pasado mes de junio la segunda fase de la rehabilitación del complejo, que financia el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana.

Veinte meses y 1, 7 millones de euros requerirá esta fase del proyecto y el vecindario ya está impaciente por asegurar la tercera y, más adelante, una cuarta fase, y que se defina un plan de usos, y se concreten las actividades a las que se va a dedicar y cómo se va a rentabilizar. Son muchos años de abandono los que hay que subsanar y la conmemoración del milenario es una oportunidad que no se quiere dejar escapar.

Hasta llegar a hoy el complejo monacal de Cornellana ha atravesado diez siglos de historia. Tiene un pasado sólido, y vibrante. Su futuro, sin embargo, aún es muy incierto.

La conmemoración del milenario es una oportunidad para reparar décadas de abandono

En la leyenda fundacional del monasterio de San Salvador de Cornellana no falta un animal protector. En otros lugares se habla de lobas, vacas, águilas... El de Cornellana es una osa, que amamantó a la infanta Cristina, la hija del rey Bermudo II y su esposa Velasquita de León. En ese valle tenía sus propiedades la princesa y junto a ellas, de acuerdo con su marido, levantó una iglesia, quizás en agradecimiento por su prodigiosa salvación. En 1024 fundó el monasterio, dedicado precisamente a San Salvador, y en 1122 su bisnieto, un tal Suero Vermúdez, se lo donó a la congregación de Cluny.

En 2004 los arqueólogos adelantaron un siglo la fecha de construcción de la torre del cenobio, que asoma por encima de los tejados de la iglesia románica. Un equipo arqueológico, liderado por la fallecida Gema Adán, sostenía, en atención a unas pruebas de carbono 14, que su base databa de principios del siglo X, lo que probaría que el origen del cenobio es prerrománico y que su construcción habría comenzado durante el reinado de Alfonso III.

Aún es posible ir más atrás. Aunque no tendría relación directa con el señorío medieval del que surgió el monasterio, se supone que, en la época de ocupación romana, en el mismo emplazamiento, existió una villa rústica y que su propietario, un tal Cornelius, dio nombre al lugar. Aquella Villa Cornelia derivó, a lo largo de los siglos, en Cornellana.

Dejando de lado las especulaciones legendarias e historiográficas sobre su origen, el monasterio de San Salvador ha resistido todo tipo de inclemencias –actos vandálicos, guerras y la amenaza de ruina– a los pies del Camino de Santiago y no muy lejos del Camino Real de la Mesa. En ese enclave ha sido protagonista y testigo de acontecimientos decisivos en la historia del valle, de su concejo, de Asturias y de España.

Los monjes de Cornellana se vieron envueltos en las luchas nobiliarias en la Edad Media, con los obispos enfrentados a los señores y los reyezuelos feudales. En 1536 el monasterio pasó a manos de la congregación benedictina de Valladolid y de entonces datan los escudos del Reino de Castilla y León que salpican las edificaciones, y que dejaban constancia del cambio de propiedad.

Las tropas francesas lo utilizaron como caballeriza a principios del siglo XIX, durante sus incursiones por el norte de la península ibérica, y antes de desocuparlo le prendieron fuego. Cuando los monjes pudieron regresar ya estaba en marcha la desamortización, y en 1835 no tuvieron más remedio que abandonarlo. La Iglesia ya no lo recuperó hasta 1878, volviendo a pagar por él.

Tras la Guerra Civil el arquitecto Luis Menéndez Pidal se hizo cargo de su restauración y desde entonces poco más, hasta casi finiquitado el siglo XX.

De 1999 data el Plan Director del Monasterio de San Salvador de Cornellana redactado por el arquitecto Salustiano Crespo. Se retomó la rehabilitación, con 4,4 millones de euros, y se abrieron un par de escuelas taller y un taller de empleo. En las últimas décadas se fueron alternando las llamadas de atención, por el deterioro del conjunto arquitectónico, con intervenciones de diverso calado.

Las iniciativas que transcurren el en presente se proyectan hacia un futuro aún por concretar

En 2013 el movimiento vecinal en defensa de la preservación del conjunto monumental se concretó en la plataforma "Salvemos la iglesia y el monasterio de Cornellana de la ruina", y en 2015 comenzaron las obras de la techumbre. Ese mismo año el monasterio de Cornellana fue declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, dentro de los Caminos de Santiago. Desde 1994 estaba catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) y desde mucho antes, desde 1931, como monumento nacional.

Hasta aquí el pasado del monasterio de Cornellana. El presente transcurre con muchas expectativas puestas en el futuro. La segunda fase del plan de rehabilitación, que corre a cargo del Ministerio de Transportes, se ha hecho esperar siete años, pero ya lleva medio año en marcha y avanza a buen ritmo. Su objetivo es reparar las humedades y garantizar la estanqueidad de los edificios, además de reponer los forjados y cerrar los huecos exteriores, restaurar el suelo de madera del claustro y la escalera que comunica la sacristía y el corredor del monasterio. En eso se afanan los operarios de la empresa Trycsa, a los que los vecinos de Cornellana ven y tratan con cierta familiaridad. Estos días, de festivos encadenados, han hecho un alto en el trabajo, han recogido y han puesto rumbo a Valladolid, donde tiene su sede principal la constructora.

En todas esas reparaciones previstas en la segunda fase del plan de rehabilitación se irán los próximos meses, hasta bien entrado 2025, y 1,7 millones de euros. Mientras las obras seguirán conviviendo, sin grandes interferencias por ahora, con el albergue de peregrinos, de titularidad municipal, abierto en la parte posterior del complejo conventual y que atiende muy solícitamente desde hace 11 años Gloria Fernández, con la colaboración desinteresada de su marido, Miguel Mayo.

Este año el albergue de Cornellana ha alojado a 2.048 peregrinos –los años anteriores a la pandemia fueron muchos más–. Aunque es en primavera y verano cuando está más concurrido, no cesan de llegar. Incluso se espera alguno, que ya ha confirmado su estancia, en Nochebuena. Gloria Fernández cuenta que la gran mayoría son extranjeros, muchos alemanes, y este 2023 también muchos americanos. También ha tenido hospedados a peregrinos llegados desde Australia y Japón. "Todos quieren visitar el monasterio", dice. En eso, comenta, coinciden quienes avanzan por el Camino Primitivo y los nacionales que se desvían hasta Cornellana porque han oído hablar o han leído algo sobre el monumento nacional, a menudo en internet.

Gloria Fernández no tiene duda de que algún uso que genere rendimiento económico hay que dar al convento si se quiere preservarlo para las generaciones venideras. Es difícil, y poco aconsejable, desligar el futuro del monasterio y el del propio pueblo de Cornellana del Camino de Santiago. Interés por el monumento y su entorno hay y demanda tampoco faltaría, por lo que ella constata día a día.

Es evidente que la reconversión del monasterio de San Salvador de Cornellana, vaciado de su espíritu devocional, en un activo de futuro para la comarca requiere de planificación, pero llegados a este punto también es necesaria una fuerte determinación. Eso es lo que esperan los habitantes de Salas, con la mirada puesta en el hito del 31 de mayo, en el que se celebrará el milenario de la fundación con una misa solemne y un programa que aún está por definir. Los vecinos no disimulan la ilusión y lo mucho que significaría para ellos contar con la presencia de alguna alta autoridad del Estado, aunque eso aún está por ver.

Entre todas las ideas y propuestas, más o menos elaboradas, que se barajan para reanimar el cenobio salense y su entorno hay desde una playa fluvial hasta un museo en la torre medieval, pasando por una biblioteca, un centro de estudio, otro de reunión vecinal, un hotel restaurantes, rutas culturales, turísticas y deportivas, visitas guiadas. Pero para planteárselo en serio aún hay mucho por hacer, en el interior y en el exterior de las edificaciones y tampoco vale todo. Moisés Suárez sostiene que "el pueblo no quiere un hotel de lujo, no tiene mucho sentido, con el parador de Corias y con Oviedo a 20 minutos",

Otra de las propuestas más consistentes es la de habilitar un centro de estudio vinculado al Camino Primitivo. Sobre eso, Moisés Suárez tiene su propia opinión. Él es un firme defensor de esa iniciativa. Recuerdo que el monasterio contaba con un archivo propio, muy bien dotado, que fue dispersado por diversas instituciones, incluido el archivo de Simancas, en Valladolid. Recobrarlo y ofrecérselo a los estudiosos cree que reactivaría el lugar.

Se habla también de un centro polivalente, para uso y disfrute de los vecinos, y Moisés Suárez deja caer, como una opinión personal, la posibilidad de alquilar parte del recinto para eventos. Recuerda que el coro luanquín "El León de Oro" grabó allí un par de discos, y que su director Marco Antonio García de Paz se deshizo en elogios al acabar las jornadas de trabajo. "Dijo que había sido increíble", comenta el guardés del monasterio.

El hecho es que el atractivo de la zona, incluso residencial, cada vez es más evidente. Gloria Fernández repara en el hecho de que las casas y propiedades que estaban a la venta en Cornellana han acabado vendiéndose en un periodo muy breve de tiempo, desde la pandemia. Llegan nuevos vecinos y ahora es difícil encontrar una propiedad disponible por la zona.

La iglesia, que hace las veces de templo parroquial, está en uso, con misas los miércoles y los domingos. En su interior abundan los desconchones y las humedades, y el deterioro de las pinturas románicas que decoran las bóvedas de las naves del templo es evidente. Aquí la urgencia de una intervención rehabilitadora se hace evidente.

La inversión requerida para poner a tono el complejo arquitectónico románico y barroco de Cornellana se estimaba, hace 25 años, en unos seis millones de euros. Pero eso no basta. De hecho es solo el principio, porque reactivarlo, con iniciativas interesantes y rentables, también requiere dinero.

A Moisés Suárez le cuesta entender la dejadez de unos y de otros. "No me entraba en la cabeza que un monumento nacional se dejara caer", admite. En estos días, a medida que ve concretarse las expectativas y los planes, parece respirar más aliviado. Para Cornellana 2024 promete ser, más que un año para celebrar el pasado, un año desde el que mirar y diseñar el futuro.

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