Agustín Argüelles, el riosellano que fue padre de "la Pepa" y tutor de Isabel II

Se cumplen 180 años del fallecimiento de "el Divino", cuya participación en la historia del siglo XIX ha dejado mucho rastro artístico

La escultura obra de José Alcoverro y Amorós.

La escultura obra de José Alcoverro y Amorós.

Alicia Vallina Vallina

Alicia Vallina Vallina

"No soy yo quien le designa a usted para ocupar este destino. Es la opinión pública, mi amistad y la de todos nuestros amigos comunes los que le piden a usted que se preste a hacer a la patria el eminente servicio de cuidar y velar por la conservación de estas dos inocentes criaturas, solas y abandonadas a la lealtad y protección de los amantes de la libertad en España". Con estas palabras, Agustín Argüelles, tutor de la infanta Isabel y de su hermana Luisa Fernanda, se dirigía, en julio de 1841, a Juana María Vega, condesa de Espoz y Mina, para tratar de persuadirla y que aceptara su papel como aya de sus altezas reales y camarera mayor de la que, más tarde, sería reina de España: Isabel II.

Argüelles también instó a la condesa a que escribiera, tras la salida de ambos del Palacio Real después de finalizar sus labores juntos, las noticias y acontecimientos vividos durante el tiempo que pasaron a lado de las infantas. De este modo, y tras la muerte del tutor, ocurrida el 26 de marzo de 1844 en su domicilio de la madrileña calle Huertas, la condesa firmó, el 29 de octubre de ese mismo año, unas memorias "en prueba de mi amistad, mi gratitud y mi homenaje", dedicadas a uno de los más ilustres hombres que diera el siglo más convulso de la historia de España.

Agustín José Argüelles Álvarez gozó de un excelso intelecto, apreciado por sus amigos y respetado por sus enemigos pues unos y otros sabían de su inteligencia despierta y de su ingeniosa oratoria. Fue conocido en su tiempo con los sobrenombres de "el Divino" o "el Arístides español" (en recuerdo de uno de los más importantes estadistas de la Grecia clásica).

Arriba, retrato de Agustín Argüelles firmado por Leonardo Alenza (Museo del Romanticismo). A la izquierda, la escultura obra de José Alcoverro y Amorós. Abajo, en la Constitución de 1812.

Retrato de Agustín Argüelles firmado por Leonardo Alenza (Museo del Romanticismo). / .

Había nacido en Ribadesella el 28 de agosto de 1776, fruto del segundo matrimonio de José Argüelles Uría con María Teresa Álvarez González. En Oviedo cursó el llamado Grado de Bachiller en la Facultad de Leyes de la Universidad el 25 de julio de 1793 y, más tarde, el título superior, realizando prácticas en la capital asturiana hasta 1798. Entonces, por mediación de amistades de su padre, puso rumbo a Barcelona para trabajar como secretario del obispo de la ciudad, el gijonés Pedro Díaz Valdés.

Tras un año de formación, marchó definitivamente a Madrid para ampliar su experiencia y formación y allí entró en contacto con Jovellanos, quien se convirtió en uno de sus más fieles amigos y protectores.

Gracias al literato Leandro Fernández de Moratín y a su formación en dialéctica e idiomas comenzó a trabajar en la Secretaría de Interpretación de Lenguas hasta que, en 1806, se trasladó a Londres en misión diplomática. Allí estuvo unos dos años para obtener una alianza contra Francia y adquirió importantes conocimientos sobre el sistema legislativo inglés que más tarde aplicaría en España.

Tras el estallido de la Guerra de la Independencia fue nombrado diputado por Asturias en las Cortes de Cádiz de 1810 e intervino con gran pasión en debates a favor de la libertad de imprenta, de la abolición del tormento y de la libertad de esclavos. Todo ello le valió el poder redactar buena parte del preámbulo y articulado de "la Pepa", la famosa Constitución gaditana y primera de España, aprobada el día de San José de 1812.

Tras la restauración absolutista y la vuelta al trono de Fernando VII, Argüelles fue detenido y encarcelado y no fue liberado hasta el triunfo del levantamiento de Riego en 1820, momento en que fue nombrado ministro de la Gobernación durante el gobierno del Trienio Constitucional.

Agustín Argüelles, el riosellano que fue padre de "la Pepa" y tutor de Isabel II

En la Constitución de 1812. / .

En 1833, tras la segunda restauración en el trono de Fernando VII gracias al ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis, el asturiano fue condenado a garrote por la monarquía absolutista del Borbón y huyo a Inglaterra. Muerto el rey felón en 1833, regresó a España y fue elegido, al año siguiente, procurador por Oviedo. En Madrid todos esperaban su candidatura, así que desempeñó su labor como diputado en la capital en 1836 y fue nombrado presidente de las Cortes Constituyentes el 1 de junio de 1837.

El convento del Espíritu Santo era, en aquel momento, sede del Congreso de los Diputados (hasta que fue demolido en 1842 tras la desamortización) y allí la reina regente María Cristina juró la nueva Constitución, el 18 de junio de 1837, acompañada de su hija de 6 años, la futura Isabel II.

Tras el estallido de la revolución de 1840, la reina abandonó el país en dirección a Francia y las Cortes Generales nombraron regente de España al militar Baldomero Espartero en detrimento de Argüelles, que tuvo que conformarse con ser elegido, por segunda vez, presidente del Congreso, adoptando un liberalismo más moderado que le llevó a granjearse algunos enemigos. También fue elegido tutor de sus altezas reales de 11 y 9 años, respectivamente, lo que le permitió centrarse en su labor educativa, formativa y protectora de las artes y de la cultura.

Cuenta la condesa de Espoz y Mina en sus memorias, que cuando la reina madre, exiliada en París, quiso disponer de un retrato de sus hijas, Argüelles, siempre presto a cumplir con las órdenes reales e interesado como estaba en el patrocinio y la protección de las artes, solicitó al pintor valenciano Vicente López que se encargara de llevarlo a cabo. La obra fue enviada a Francia y la destinataria quedó muy satisfecha con el resultado. Argüelles recomendó a la futura reina que, en prueba de agradecimiento y afecto, entregase un regalo al pintor. Esta le ofreció un hermoso solitario, mientras Luisa Fernanda le entregó un alfiler de brillantes, gesto que siempre recordaría el artista y que llevaría con orgullo hasta su muerte.

Argüelles fue protector del Museo de Ciencias Naturales, de la Real Academia de San Fernando y de la Academia de Medicina de Madrid. Fue reconocido como masón bajo el nombre de Cornelio (de lo que dio buena cuenta el político y escritor Alcalá Galiano en sus "Memorias"). Uno de los más emblemáticos barrios de Madrid lleva su apellido con orgullo. Su escultura, realizada en 1902 por el artista tarraconense José Alcoverro y Amorós, se hizo para conmemorar los actos de la coronación de Alfonso XIII. Costó a las arcas municipales 39.918 pesetas (bajo el mandato del alcalde Alberto Aguilera). Tras varios cambios de ubicación, actualmente está en la plaza del Marqués de Cerralbo, uno de los grandes mecenas, coleccionistas y eruditos de la burguesía madrileña. La calle Tutor, en el mismo barrio de Argüelles, recibe su denominación en honor al cargo ejercido por el asturiano.

El arte ha inmortalizado también al riosellano. El Congreso de los Diputados conserva dos retratos suyos. El primero, firmado por el alicantino Ricardo Navarrete y Fos en 1873, le representa sentado, con gesto relajado y mirada directa al espectador. El segundo, a cargo del asturiano Ignacio Suárez Llanos, pintado en 1879 y más solemne, le representa de pie, ligeramente ladeado, apoyando su mano derecha sobre una mesa de madera con decoración dorada, mientras la izquierda la pliega hacia el interior del pecho.

El retrato de Argüelles conservado en el Museo Nacional del Romanticismo, ejecutado por Leonardo Alenza poco antes de su muerte, le muestra en la última etapa de su vida, con rostro cansado y monóculo en mano, mirando directamente al espectador como en despedida final.

Murió el 26 de marzo de 1844, hace ahora 180 años. Sus restos descansan en el hoy llamado Panteón de España (antes de Hombres Ilustres), en el solar de la antigua basílica de Nuestra Señora de Atocha de Madrid.

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