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Memorias

"El don para abrir puertas es algo que no sabía que tenía y eso se lo debo al Colegio Mayor Alcalá"

"En la cafetería Enol de Madrid con otros asturianos, muchos de la Escuela de Minas, mientras yo cantaba, ellos ligaban"

Aquiles Tuero, ante la plaza de toros de El Bibio, en Gijón.

Aquiles Tuero, ante la plaza de toros de El Bibio, en Gijón. / Ángel González

Aquilino García Tuero (Rovigo, Villaviciosa, 7-8-1941) es más conocido como Aquiles Tuero de Rovigo como empezó a hacerse llamar para hacerse un hueco como promotor cultural en EE UU. Durante la charla, que tuvo lugar el pasado 11 de julio, ya vaticinaba que Kamala Harris sería la candidata demócrata en EE UU.

Origen campesino. "Nací en Rovigo, en Quintueles. Soy de origen campesino, de una familia de interminables generaciones de campesinos. Soy el cuarto de cinco hermanos, tres por parte de padre y una de padre y madre".

Infancia. "Mi infancia fue muy corta, tres años escasos. Estaba el ambiente revuelto en Quintes y Quintueles, por los maquis. Mi padre se implicó y colaboró con el maquis y de milagro se salvó, porque lo descubrieron y lo enviaron un tiempo a un campo de concentración en Figueras. Entonces yo llegué a Gijón con mis tíos. Desde los 4 hasta los 8 años estudié en un colegio en la calle Casimiro Velasco, el Blancanieves. De ahí pasé a los Claretianos y ahí cambió mi vida. Por los veranos iba a Rovigo, donde mi padre me enviaba a cuidar las vacas. Y nada más que llegaba empezaba a cantar, porque me gustaba. Teníamos ocho o diez vacas y había una, la ‘Canela’, la recuerdo como si fuera hoy, y cuando aparecía y empezaba a cantar, aquella vaca levantaba la cabeza, yo creo que pensando ‘ya está este aquí tocando las narices’. Y así todo el verano".

El coro de los Claretianos. "A mitad de septiembre, marchaba de mala gana. Volvía cabreado para Gijón. Era estudiante de notable. El bachillerato lo hice en los Claretianos. Ahí conocí a un individuo que yo creo que la voz que tenía Pavarotti no fuera tan buena como la de él, aunque siempre se cabreaba de que yo dijera eso; Javier García Rendueles, ‘El Tronchu’, que era primo del director general de la Feria de Muestras. Tenía una voz del Padre Eterno, pero no hacía demasiado caso de la voz. Cantaba a todas horas, pero no quería ser un profesional. Él fue quien me llevó al coro del colegio y rápidamente me cogieron. Y ahí empieza la historia. Luego me hice de la Polifónica de Gijón. Debuté el 31 de diciembre de 1961".

Perito industrial. "Mi tío Pepe vendía pescado. Yo cuando salía del colegio, a partir de mayo, cogía la bicicleta, me ponían unos calderos y repartía el pescado por todos los chalés de Somió. Me daban muy buenas propinas, pero trabajaba como un cabrón. Muchas veces me llamaban ABC, Aquilino Besugo y la C no recuerdo a qué correspondía, Centollo o cualquier cosa. Pero mi tío, que era maestro industrial, quería que yo fuera perito industrial. Pasé por la carrera de perito industrial como pasa la tuna en Santiago, porque si tuviera que ponerme al frente de una subcentral, quemaría esa y las que estuvieran conectadas; la carrera la hice oficialmente, pero no la hice".

Madrid. "Con la voz que tenía, me enviaron a Madrid, con 24 años, donde me establecí en 1966. Miguel Barrosa fue mi maestro de cante. Era de Candás y había sido cantante de ópera. Le gustó mucho mi voz, pero cuando me ponía a cantar me dolía la cabeza y pensaba que me iba a reventar una arteria. Como había pasado por la escuela de Peritos Industriales, sabía un huevo de matemáticas, entonces daba clases para ganar dinero. En la cafetería Enol de Madrid, cerca de la Glorieta de Bilbao, paraban el que fue alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo y mucha más gente de Asturias, como el pintor Manolo Linares. Prácticamente los que estudiaban en la Escuela de Minas de Oviedo acababan allí, porque aquí había un profesor que era un cabrón y se trasladaban a Madrid para aprobar su asignatura y acabar la carrera. En aquella cafetería, mientras yo cantaba, ellos ligaban. Fueron muchos a animarme al Concurso Nacional de Canto Universitario, en el que quedé el segundo. Había gente que preparaba oposiciones, como Francisco Javier Cienfuegos-Jovellanos, abogado, que era un virtuoso tocando el piano mientras un amigo mío, ‘El Pire’ tocaba la guitarra".

El colegio mayor. "Un día aparece en el Café Enol un cura que me había dado matrícula en Gijón, el Padre Tomás Lamillar y me animó a irme a su colegio mayor y estudiar una carrera superior. Ahí cambió mi vida. Pego un salto y entro en la Ciudad Universitaria. Me matriculé por la noche en la facultad de Políticas y dirigí las actividades culturales de ese colegio mayor. Monté la asociación Los Amigos de la Música de la Universidad, que llegó a tener 25.000 socios en toda España. Le quité el despacho a un cura, que era el director espiritual. Le pregunté, ‘¿tú cuántas almas salvas en un día?’, me contestó ‘ojalá salvase un tercio’ y le dije, ‘pues yo voy a hacer dos amigos de la música al día’ y me dejó el despacho, que para entrar había que sacar el armario. No hacía falta más. Los judíos son los que más saben de esto: sus despachos en Nueva York son constreñidos y estrechos; en España son ampulosos, todo es cosmética. La eficacia es donde está el asunto".

Un don. "Las relaciones públicas fueron esenciales en mi carrera. La palabra Don la calificaba nada más que a mis abuelos y los italianos lo dicen en la Cosa Nostra. Mientras estudiaba la carrera de Políticas en Madrid, fui a Pravia a dar clases por tres veranos para hacer caja. Me dijo el director del colegio de San Luis de Pravia que debería de quedarme allí, porque me decían que tenía mucha mano izquierda. Me dijeron ‘tú tienes un don’. ‘¿Qué don?’, les pregunté. ‘Una capacidad que Dios da y que confiere una capacidad para abrir puertas sin romperlas ni mancharlas’. Pasado el tiempo, me di cuenta de que cuando iba a alguna reunión, hablaba más de la cuenta y cuando me percataba y decía que quería parar, me pedían que siguiera. Entiendo que lo de abrir puertas fue algo que no sabía que tenía y se lo debo al Colegio Mayor Alcalá. Me hice amigo de muchísima gente del mundo de la música, organicé muchos conciertos, en el Teatro Real. Con nosotros fue por primera vez la guitarra flamenca al Teatro Real, en 1975 con Paco de Lucía. Dos días antes se había matado en un accidente de tráfico una novia a la que quise muchísimo, de Pravia, que acababa de sacar la cátedra de instituto de latín en Gijón. Me avisó el alcalde de Pravia, Manuel López de la Torre, que era el director del Colegio San Luis, donde la había conocido. Fue un golpe fuerte".

Aquiles Tuero, ante la plaza de toros de El Bibio, en Gijón. | |  ÁNGEL GONZÁLEZ

En Central Park, en Nueva York, dirigiéndose a Plácido Domingo, mientras el tenor prestaba más atención a la fotógrafa Marga Clark. / LNE

El PSP. "En Madrid, traje a Enrique Tierno Galván por primera vez al Colegio Mayor, todavía estando él fuera de la Universidad, castigado. Pero yo lo pacté. Era dentro de un ciclo que se llamaba ‘La Generación del Prefascismo en Europa’. Fue la de Dios, y me hice amigo de Tierno. Entré en contacto con un partido que me gustaba mucho, que era el Partido Socialista Popular (PSP). Estamos hablando de 1968 a 1972. Un profesor, Carlos Moya, me presentó a Tierno y le dijo ‘este es fiable’. Yo no pertenecía a ningún partido, aunque me gustó siempre el PSP, que era un partido socialista de profesores con un soplo libertario y yo tenía un componente libertario; he sido siempre ‘una anarquista consciente’, como diría un amigo de una tertulia de Oviedo. Cuando entré en la Universidad, ¿quién me iba a decir a mí que me iba a meter en el núcleo duro de aquellos que iban a dirigir el país muy poco más tarde? Y que les iba a tratar de tú a tú. No tenía ningún fallido con ninguno de ellos, porque no soy un traidor si doy la palabra a una persona".

Hispanidad. "Fui conociendo a unos y a otros, una onda expansiva con la que creé un núcleo tremendo de gente. En 1972 ‘secuestré’ a los monjes de Silos y los llevé al Teatro Real; la única vez que salieron. Luego quise llevarlos a Estados Unidos, donde tenía un proyecto, que sigue vigente, que se llamaba ‘Tesoros de España, Tesoros del Mundo’. Me di cuenta que el epicentro de España estaba en la hispanidad. Al encontrarme con el mundo hispanista en Derecho y algunos, pero menos, en la facultad de Políticas, hice presión sobre ese concepto y fui hilvanando proyectos que oliesen a la lengua española. Entre ellos ‘Tesoros de España, Tesoros del Mundo’, porque si nosotros no podemos exportar barcos a Estados Unidos porque están los coreanos, por lo menos podemos hacerles ver que el argumento sobre el que ellos están sentados, una parcela muy importante, yo diría el 51% de las acciones, se lo lleva el patrimonio español. Nosotros fuimos los primeros en entrar en Norteamérica. Y tenemos un elemento romántico que nos ha hecho desbordar a los anglosajones, como que plantamos la Universidad antes que nadie: las dos primeras universidades en las Américas, una es la de los dominicos, privada y la otras pública en Santa Cruz de Lima. Y Nueva España llegaba hasta lo que es la parte sur de California, donde Fray Junípero Serra crea la primera ciudad de California, Santiago Alcalá.

EE UU. "La primera vez que estuve en EE UU fue en 1981, que fui a Arizona. El director de orquesta Jesús López Cobos iba debutando y yo detrás de él. Lo acompañé a París como amigo en 1975. En 1978 lo acompañé cuando debutó en Nueva York con José Carreras y Montserrat Caballé. Y yo doy una conferencia. Porque el diplomático Jorge Dezcallar estaba como agregado cultural de la embajada española, me conocía de Madrid, y necesitaba un conferenciante en un ciclo español en el que participaban los historiadores Stanley Payne y Nicolás Sánchez-Albornoz. Fuimos a cenar a casa de una neoyorquina casada con un gallego, a la que le gustaba cantar. Se sentó al piano y yo me puse a cantar con ella. Me animó a quedarme, ‘porque tú no sólo eres hispano, eres español’. Por otra parte, yo tenía familia en EE UU, cuatro tíos y sus hijos. Cuando regresé a España lo hice ya con la idea de volver a Nueva York y asentarme. Y lo hice el 1 de noviembre de 1979".

La llegada. "Me asenté en un hotel en la Calle 46 y el que me fue a buscar en la furgoneta, un colombiano, me dijo, ‘si quieres hacer estos negocios, yo tengo un despacho en la Quinta Avenida, te pongo el teléfono y cuando ganes dinero, vamos al 50%’. Al día siguiente tenía el teléfono y una secretaria y pensé, ‘esto es América’. Ahí tenía la cabeza de puente. El director del instituto de idiomas al que iba me dijo ‘con Aquilino García no vas ni a coger manzanas’. Opte por utilizar el segundo apellido. Lo de Rovigo, lo puse por una amiga soprano italiana que es de un pueblo del Véneto que también se llama Rovigo".

Aguantando a Trump. "Donald Trump había comprado el hotel donde yo vivía en Nueva York para reformarlo y venderlo. Lo tuve que aguantar dos años y medio. Hablé con él varias veces. Me preguntó cuáles eran mis negocios y cómo me iba y me dijo ‘lo que tiene es que ir a todos los lados muy bien vestido, haciéndose otra media docena de trajes; nadie tiene que notar que usted no tiene dinero’. Lo tenía para pagarle el alquiler. Donald Trump es un sujeto despreciable, un déspota, un chulo que desprecia la inteligencia y al que no ha ganado dinero. Es un sinvergüenza, ¿cómo se puede alentar a tomar el Congreso? Los demócratas han bajado el paro al 3,5%, mientras Trump lo que ha hecho es robar y abochornar. A Khamala Harris, que es muy buena, también la conocí cuando era una guaja. Me la presentó Joe Ferrer".

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Saludando a George Bush padre, al que ya conocía previamente, durante la visita que este hizo a Asturias en 1992. / LNE

Un teatro. "Fui a la sociedad de cónsules de las Américas a plantear un proyecto para potenciar el mundo hispano en EE UU. Desde el primer momento me di cuenta de que el único recurso era comprar o hacer un Teatro de España y las Américas. Ese ha sido el proyecto mío que quedó stand-by, después de hablar con presidentes de gobierno, gobernadores y banqueros hispanoamericanos y norteamericanos".

Rockefeller. "El cónsul general de Uruguay que era el secretario general de la sociedad de cónsules de las Américas, me dijo quienes eran ‘los que mandan en Nueva York’. Fui a verlos. Allí eso es fácil, porque tú le pides una cita y Rockefeller no puede entender que no tengas algo interesante, porque si lo vas a ver con una tontería, mataste a la gallina de los huevos de oro. A los 15 días de pedírsela, el presidente del Metropolitan Opera, David Rockefeller me recibió. Le expuse mis ideas y me dijo, ‘cuando tenga un proyecto, tráigamelo’. Fui avanzando, con conciertos en el Carnagie Hall, el Lincoln Center, Naciones Unidas. En 1984 llegué a un acuerdo con José Carreras y Montserrat Caballé para un proyecto en el Metropolitan, ‘España en la ópera’, volví a David Rockefeller. Le dije que queríamos traer a la Reina Sofía y que convendría que él le escribiese una carta. Me dijo que la escribiera yo, él la firmó y envió y Sabino Fernández Campo me confirmó que su Majestad iba a ir. Se estrenó en 1984".

Plácido Domingo. "Hubo un momento en el que me pasé a trabajar más con Carreras, Montserrat y Alfredo Kraus y a Plácido Domingo no le gustó. Plácido es ‘el Estado soy yo’, Luis XIV, y hacía putadas. En 1984 quiso llevar a la Reina a un concierto en el Carnagie Hall, y yo me voy enterando, por el consulado, que me apoyó mucho. En el momento en el que se publicó que la Reina iba a venir al Metropolitan, desapareció su proyecto y quedó el de Aquiles, ¿qué vergüenza, no?".

Ayuda. "Con una producción del Teatro Nacional de la Zarzuela en otro sitio le pedí un favor a la directora del Metropolitan Suzy Gooch, porque necesitaba adelantar cien mil dólares. Me ayudó. Esto no me pasaría en España en la vida, porque aquí en vez de ayudar se ponen muchas zancadillas: el que triunfa en Estados Unidos es un gran trabajador y el que triunfa en España es un fenómeno, capaz de desembarazarse de tanto lamelibranquio que hay".

Vicentín. "En Naciones Unidas metí hasta el grupo Aires de Asturias en 1987, haciéndolos desfilar por la Quinta Avenida el Día de la Hispanidad. Llamé a Vicentín (Tini Areces) al que conocía de pequeño. En el desfile iban Eduard Koch –que fue el que luego organizó el primer desfile del Día del Orgullo en el mundo– Vicentín, el Cónsul General y, delante, Aires de Asturias. He defendido la hispanidad a muerte. Nosotros formamos parte en un 51% de la de EE UU, donde no sólo hay cultura anglosajona. No puede ser que los hispanos sean gente menor".

Los Tres Tenores. "En 1990 tuvo lugar el concierto de Los Tres Tenores, que había sido idea mía, pero pusieron que era el autor de la idea original, lo que representaba un 10%. La idea la planteé en 1983 en el Russian Tea Room, a a José Carreras y al ministro Fernando Morán tras un concierto. Le encargué a Luis Andreu, que fue director del Liceu de Barcelona, que hablara con Domingo y con Pavarotti. En 1987 a Carreras le vino la leucemia encima y esto no se hace. En 1990 no contaron conmigo".

El obispo y el Príncipe. "En 2003 llevé al coro de la Fundación Príncipe de Asturias a la Catedral de San_Patricio. Fui a hablar con el obispo para el mundo hispano, un vasco que se apellidaba Iriondo, porque teníamos que llenar la Catedral porque al concierto venía el entonces Príncipe Felipe. El día del concierto, Natalio Grueso me decía ‘Aquiles, qué va a ser de nosotros si no se llena esto’. Cuando entré a la catedral, estaba hasta los topes".

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Aquiles Tuero, en Nueva York, ante la estatua del Coronel San Martín, en una imagen tomada por Juancho Rodríguez en 1987. / LNE

Relaciones. "A través de Raúl Juliá conocí a mucha gente, como a Susan Sarandon. Compartí mesa con Lauren Bacall y Franz Beckenbauer. No pude producir una película sobre Fray Junípero Serra porque Dustin Hoffman para aceptar quería que el director fuera Bertolucci, que estaba entonces centrado en rodar ‘El último emperador’. A los políticos era fácil conocerlos, porque iban a las cenas de los conciertos que promovía. Conocí a presidentes como Bill Clinton y era amigo de su jefa de relaciones públicas, que se apellidaba Valdez y puso en la Casa Blanca un escudo heráldico de los Valdés que le envié; más gorda no entra en prau. También tuve trato con Mel Martínez, un cubano que fue ministro con George Bush hijo. En 2004 le pedimos apoyo para el proyecto del Teatro de España y las Américas. Se truncó porque a los 4 meses le nombran senador y a los 10 presidente del Partido Nacional Republicano".

Últimos años. "Cuando conocí a Woody Allen formamos la Asociación Internacional de Hipocondriacos. El de presidente y yo de vicepresidente. Los últimos 4 años los he pasado muy mal. No tuve covid, pero tuve aquello de vivo sin vivir en mí; tuve todas las sensaciones del covid. Y, luego no estaba en un buen momento económico, estaba empezando a poder remontar la primera parte de uno de los tres proyectos gordos que tengo en mente. Desde 1993 tengo la Green Card, el permiso permanente de residencia en EE UU. La última vez que estuve fue en un viaje de 48 horas, hace menos de un año. No sé si he puesto ‘fin del episodio’. Tengo la esperanza matemática y la teológica, porque yo soy creyente con tres proyectos que son mejores que los Tres Tenores, uno para hacer en Asturias, otro en Europa y el otro en Estados Unidos. ¿Mi vida afectiva? El que mucho abarca, poco aprieta. No hay definitiva, creí que iba a ser una asturiana, que vivimos juntos diez años, pero teníamos dos proyectos de vida distintos. Me hubiera gustado tener la casa de mis ancestros, la única que hay en el valle de La Ñora, pero mi familia la vendió".

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