02 de mayo de 2008
02.05.2008

Manolita cuelga las tijeras

La peluquera langreana Manuela Blanco recibe un homenaje sorpresa de sus familiares y clientas tras 47 años de profesión en La Felguera

02.05.2008 | 02:00
Manolita Blanco, en el centro, arropada por sus familiares, clientas y amigos durante el homenaje que le organizaron en La Felguera.

Langreo, Lucía CORTINA


Manuela Blanco, «Manolita» pensaba que iba a celebrar su jubilación con un almuerzo familiar en el Palacio de las Nieves. Sin embargo, a medida que el coche de su hijo se iba acercando al restaurante, la peluquera langreana comenzó a inquietarse al ver a tanta gente reunida a la entrada, y comentó: «Deben de estar celebrando una boda». Lo que le resultó más sospechoso fue que, en un primer golpe de vista, le pareció conocer a todos los asistentes al supuesto enlace. Fue entonces cuando sus familiares le dijeron la verdad: que las 172 personas habían acudido a rendirle un homenaje por su extensa trayectoria, de 47 años, al frente de una peluquería en la que pasó toda una vida y en la que se fraguaron sólidas amistades.


El primero C del número 3 de la calle La Salle, en La Felguera, colgó el cartel de «cerrado» el pasado miércoles. Fue en este local donde Manolita Blanco desarrolló la labor con la que sacó adelante a sus hijos, al enviudar muy joven, a los 28 años. Según cuenta esta vecina de Langreo, aunque nacida en el concejo de Siero, «aprendí peluquería con unos tíos que tenía en Sama, a la edad de 14 años». Cuando le faltaba un mes para cumplir la mayoría de edad, se enteró del traspaso de una peluquería en La Felguera. Manolita relata que «quise coger el local, pero costaba 85.000 pesetas, que en aquel momento era un dineral. Sin embargo, gracias a la generosidad de uno de mis tíos y de mis vecinos, conseguí reunir el dinero y fue así como adquirí mi local, que abrió sus puertas en agosto del año 1961, hasta ahora».


La de ayer fue una jornada de emociones muy diversas para Manolita, con la nostalgia natural por cerrar una larga etapa de su vida y el gran agradecimiento a todos los que acudieron a su homenaje. Entre las 172 personas estaban, según explicó, «mis dos hijos, el resto de mis familiares, amigos y mis clientas, muchas de las cuales han acudido a mi establecimiento durante estos últimos 47 años y a las que he peinado en momentos muy importantes de sus vidas, como sus propias bodas y después las de sus hijas». También contaba divertida cómo «en este último mes he trabajado como nunca, ya que todas vinieron para hacerse el último moldeado o darse el último tinte en la peluquería Manolita».

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