Compuestos químicos en polvo de "escala nano" que, calentados en un horno, ganan densidad y pueden transformarse en componentes de prótesis óseas, chalecos antibalas, sistemas para desviar misiles, perforadoras o espejos para satélites. La explicación es rudimentaria, pero sirve para sintetizar lo que actualmente se "cocina" en el edificio TIC del pozo Entrego. La instalación es, desde hace un mes, la sede del Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnología (CINN), una entidad mixta dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad de Oviedo y el Principado de Asturias, que cuenta con medio centenar de investigadores.

Algunas cajas sin desembalar y algunas sillas vacías revelan que la mudanza del CINN desde su antigua sede en Llanera se completó recientemente y que parte de la plantilla adscrita al equipamiento todavía se encuentra de vacaciones. La mitad del edificio TIC está ocupada por el CINN y la otra mitad se ha reservado para captar la llegada de empresas vinculadas al sector. Las investigaciones del centro están orientadas a su aplicación práctica en ámbitos muy diversos como la medicina, la industria aeroespacial, la construcción, la informática o la automoción.

El centro de mando del CINN está en la segunda planta. Allí se encuentra la zona administrativa, las salas de reuniones y los ordenadores de los investigadores, en los que buscan información, formulan supuestos teóricos y cruzan e interpretan datos. También está el despacho de Ramón Torrecillas, director del Centro de Nanotecnología. "Lo que hacemos en el CINN es sintentizar materias primas, compuestos químicos, y transformarlos en materiales sometiéndolos a altas temperaturas. Después se trata de comprobar si lo que has hecho es tan bueno como pensabas en un principio", resume.

Un piso por debajo del despacho de Torrecillas, en la primera planta, se encuentra el corazón del "nanopozo": los laboratorios, los hornos y la zona donde se hacen las verificaciones. Todo empieza, sin embargo, en el almacén del material químico. Allí se guardan los compuestos (ya sean oxídicos, carburos o metales) que posteriormente serán mezclados y sintetizados a escala nano en el laboratorio para obtener los polvos con las propiedades que se buscan. Del laboratorio se pasa a la "cocina", el lugar en el que esos polvos elaborados a la carta reciben un tratamiento térmico en diferentes hornos para ganar densidad. El pozo Entrego cuenta con una sala de hornos de pequeñas dimensiones, pero en la planta del CINN en el polígono de La Florida hay una máquina de sinterización (compactación) de grandes dimensiones (12 metros de altura por 6 metros de ancho y 5 metros de profundidad) pionera en Europa.

Ese proceso de sinterización permite obtener materiales densos con unas propiedades excepcionales de ligereza, dureza o resistencia al calor, según las necesidades. Los sectores estratégicos a los que en la actualidad se dirigen las investigaciones del CINN son seguridad y defensa, tecnologías de la información y la comunicación, e industria. "Se fabrican materiales para blindajes ultraduros de chalecos antibalas, sistemas ópticos avanzados basados en el empleo de cerámicas transparentes para desviar los misiles lanzados contra los aviones y materiales con alta estabilidad térmica para aplicaciones espaciales, en concreto espejos para satélites de observación terrestre", expone Adrián Alonso, miembro del CINN, para añadir a continuación: "También se hacen piezas para sistemas de almacenamiento de información con mayor capacidad mediante el uso de moléculas magnéticas y materiales ultraduros para aplicaciones de mecanizado y perforación en las industria metal-mecánica y minera".

La salud es el cuarto sector estratégico para el que trabaja el CINN. Los investigadores de este campo se encuentran en una zona separada del resto de laboratorios ya que trabajan con elementos especialmente delicados: células y bacterias. En este espacio se desarrollan compuestos para prótesis, implantes dentales, sustitutivos óseos y materiales biocidas que, aplicados en estos componentes, reducen la aparición de procesos infecciosos. "Nos dedicamos" -relata Torrecillas- "al desarrollo de productos en todo lo que tiene que ver con ingeniería de tejidos. Sustituimos piezas del cuerpo humano, imitándolo. Los que también hacemos es coger células madre para estudiar la respuesta del cuerpo y evitar rechazos a la hora de implantar esos tejidos".