29 de junio de 2009
29.06.2009

Enriqueta González Rubín, más completa

Tres artículos de 1860 y 1861 se pueden atribuir a la homenajeada en la pasada Selmana de les Lletres por su temática costumbrista, limpieza de estilo y desparpajo narrativo

23.06.2009 | 05:08

La última Selmana de les Lletres Asturianes estuvo dedicada a la escritora riosellana Enriqueta González Rubín (1832-1881) y tuvo a Ribadesella como sede principal, aunque no única. Parte de los actos se trasladaron a Llanes debido, según parece, a que fue allí donde José Antonio Anca encontró un ejemplar de su novelita en bable «El viaxe del Tíu Pacho el Sordu a Uviedo». Con todos los respetos por mi amigo Anca, tenaz rescatador de los frágiles tesoros de la memoria social, no veo suficiente justificación para el traslado allí de unos actos en principio destinados a Ribadesella. ¿Y si el ejemplar hubiera sido hallado en América, donde emigraron casi todos los descendientes de Enriqueta?

La Selmana resultó brillante, pues se presentaron tres libros y se organizó una exposición de material bibliográfico, escolar y fotográfico a la que aporté varias fotos de mi colección. Alguien dató incorrectamente alguna foto de Jesús Delgado como del siglo XIX. Este excepcional artista riosellano nació en 1900 y trabajó en los años 20 y 30 hasta su asesinato en 1937 en una cárcel republicana.

Los libros presentados fueron el citado «Viaxe del Tíu Pacho?», «Enriqueta González Rubín: el sinciu de una escritora del XIX» y la «Obra completa» de la escritora. No acabo de pillar el sentido de «sinciu» (según los diccionarios, «deseo»), aunque es un libro interesante y muy cuidado, por más que buena parte de los artículos tenga una relación lejana con la escritora de Ribadesella.

El más valioso de los tres es, probablemente, el de la obra completa, ya que incluye toda la obra conocida -incluso el texto completo del «Viaxe..»-, la reseña biográfica y el estudio literario de Enriqueta, todo ello a cargo de Taresa (sic) Fernández Lorences. Ahí están los artículos de opinión, las crónicas, las composiciones satíricas, los cuentos, los poemas y el «Viaxe?», que pasa por ser la primera novela en bable. El resto de su producción está casi todo en lengua castellana, que la escritora domina, salvo dos cuentos y una charada. El libro está publicado por Trabe y a la venta. El «Sinciu?» es edición no venal y lo regala el Principado.

En la «Obra completa» el título no acaba de responder a la realidad. No incluye la producción de Enriqueta en otros periódicos de Asturias y Madrid, como se reconoce oportunamente en el libro. Lo que recupera y reúne Fernández Lorences es todo, o casi todo, lo publicado en «El Faro de Asturias», un periódico fundado en Oviedo por Protasio Solís y Cabal en 1856 y que desapareció en 1873, tras la proclamación de la I República. Este periódico, que llegó a ser diario, era el órgano de la muy centrista, monárquica, moderada y gobernante Unión Liberal de O'Donell, Prim, Cánovas y Posada Herrera, que tenía enfrente al Partido Progresista de Espartero, isabelino pero más radical -que había gobernado entre 1854 y 1856- y al carlismo, plagado de furibundos absolutistas que provocaron tres guerras a lo largo del siglo.

Fernández Lorences recopila la mayoría de los textos de Enriqueta a partir del volumen «Memorias Asturianas», editado por Protasio Solís en 1890 y en el que recoge cosas publicadas en sus periódicos en las tres décadas anteriores. Me parece que se deja atrás algunos artículos de costumbres salidos también de la pluma de Enriqueta y que están en el mismo volumen de «Memorias Asturianas» que el resto de sus cosas, aunque sin firmar. Ni siquiera aparecen con alguno de sus seudónimos conocidos («La Gallina Vieja», «La Cantora del Sella» o «Una Aldeana del Sella»). Nada de lo que publicó en su vida iba con su verdadero nombre al pie. Aún estaba mal visto que las mujeres ejercieran cualquier otra actividad que no fuera la reproductiva, el hogar, el servicio doméstico y, como mucho, el papel de comadrona, curandera o ayudante de enfermería.

Por la coincidencia en fechas (1860-1861), por el limpio estilo literario (fruto de la sólida formación de maestra que tuvo), por el desparpajo narrativo (poco engolado, que procura apartarse de la pedantería de la época y acierta cuando resalta los detalles significativos, algo más moderno y funcional) y por la temática costumbrista (abordada desde la pura observación y con ciertas dosis de sorna y crítica social, igual que el resto de su obra), estos artículos de costumbres están directamente emparentados con «Una romería a orillas del Sella», firmado por «La Gallina Vieja» en 1865, y con los cuentos de la autora oportunamente recogidos en el volumen de su obra completa.

Los nuevos artículos que se le pueden atribuir claramente son tres, publicados sin firma ni seudónimo el 3 y el 4 de septiembre de 1860 y el 28 de agosto de 1861, y vueltos a publicar juntos en el tomo de Protasio Solís de 1890 bajo el título común «San Roque y San Lorenzo en Rivadesella», con uve, tal como se solía escribir antes. Cuando se empezaron a publicar en el periódico en 1860, tres años antes de lo que se apunta en el volumen de sus obras completas, Enriqueta estaba recién casada (de soltera había tenido un hijo, que falleció) y tenía cierta experiencia como escritora, pues había publicado cosas -desconocidas hoy- en el suplemento literario del quincenario «El Nalón» en la década anterior.

Los dos textos de septiembre de 1860 están dedicados a describir la feria de San Lorenzo de Cuerres, el 10 de agosto, una de las más prestigiosas de Asturias y que duraba tres días y dos noches. Desde 1854 la feria sentía ya la competencia del mercado semanal de ganados de la villa y de otros en los demás concejos, que estaban mermando el potencial de éste y de otros eventos ganaderos rurales. Paralelamente se celebraba también una feria del queso, que aún existe en Cuerres. Prefiero ceder la pluma a la propia Enriqueta y reproducir algunos pasajes de estos dos primeros artículos suyos, los párrafos que aportan más información sobre la feria. He corregido algunas erratas y grafías en desuso:

(?) «La feria de San Lorenzo se celebra en el pueblo de Cuerres, último del concejo en la parte oriental: sólo tiene 57 vecinos, pero se halla situado al extremo de una hermosa vega de más de una legua de extensión, la más rica y productora de la comarca. Los edificios del pueblo, en lo general, son de dos y más pisos, y hay casas adornadas de excelentes huertas donde se producen las frutas más exquisitas.

El santuario donde se celebra la feria está situado en un buen campo cruzado en todas direcciones por barracas de las que saca el Estado más de mil reales anuales, pues no tienen más uso que los días de feria, durante ésta se pagan bien. (?) Las cabraliegas con su grotesco traje de montañesas son las primeras heroínas de la función. (?) Con sus canastas de queso podrido, ocupan una buena extensión del pintoresco campo y son saludadas por los glotones o golosos, quienes llegan a pagarles el primer tributo. (?) La industria de los quesos es, en el primer día de la feria, el mejor negocio para hacer dinero.

(?) Pasemos ahora a lo restante del campo. Por una parte los industriosos hijos del Miño con sus tiendas ambulantes de pañolería y telas de algodón; allí los plateros brindando a las bellas a engalanarse con los adornos destinados a su sexo; los "flabeonabios" (?) con el innumerable tren de sus calderas y cangilones, cuyo sonido hacen vibrar aquellos hijos de la industriosa Avilés, los cuales por su errante vida tienen alguna semejanza con la raza nómada originaria del Egipto; sigue después la industria provincial, aquí nacida y desarrollada, es decir, las monteras; luego los ingeniosos hijos del valle del Pas con sus tiendas de paños y bayetas, y, en fin, la feria no carece de ninguna clase de industria algodonera o de paños, lienzos, etc.

Las frutas las hay a la venta en gran escala; los bodegoneros pululan también en muchas barracas. A la entrada del templo de Baco se veía alguna que otra vez algún viejo Isleño, el cual, fuera de los cuernos y la corona de yedra, se adornaba de todos los demás ornamentos del caduco hijo de Pan. Las ermitas de Baco, concurridísimas en extremo. El hijo de la desgraciada Semdé debía estar satisfecho de tantos devotos como le rendían culto.

La animación no era menor en la feria de los ganados vacunos, cuya concurrencia era extraordinaria, pero donde estaba más interesante aún fue en la del caballar. ¡Cuánto curro produce Asturias! Y luego dirán los hijos de la Bética, que sólo ellos son de su tierra; que vengan sus mejores chalanes y verán si hay aquí quien les dé lecciones en el manejo del corcel. (?) Pronto las alas de la noche nos cobijarán bajo su manto. (?) Se oyen vibrar al compás de algunos violines las sonajas de las panderetas; los ciegos tienen su agosto, llueven cuartos que es un primor, y el honrado astur se olvida de su vida azarosa para entregarse a la distracción del baile. (?) Admiremos más allá la danza prima, que aún conserva toda la gravedad de cuando era el eco guerrero de las terribles falanges cántabras. (?)

-¿Quiénes son esas bellas niñas? -dije a un amigo.

-Son de Llanes -me contestó- que van a principiar su baile favorito.

Efectivamente, sacan sus negras castañuelas de ébano y con un compás admirable hacen vibrar su metálico sonido. Un pollo les sale al encuentro, y en danza giratoria unas veces, y cual muñeira otras, despliegan en lontananza todo el mérito del nunca bien ponderado baile del Pericote. El día terminó ya: sigamos a una noche de feria.
?

(?) La concurrencia por el día fue numerosa; por doquier se veían jóvenes de brillante posición recorrerla en todas direcciones en soberbios bridones; muchas señoritas de lo más elegante del país concurrieron también, tanto de la parte de Llanes como de Cangas y hasta de Castilla y Villaviciosa. Hubo mucha animación durante los tres días, así es que por lo variado de las mercancías y la gran concurrencia de ganados de todas clases puede asegurarse que esta feria es de las primeras de Asturias.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook