06 de octubre de 2009
06.10.2009
Déjame que te cuente... historias y leyendas que guardan los museos y colecciones de asturiasEl museo: MOA (Navelgas), Tineo

El bateador asombrado

El Museo del Oro en Navelgas cuenta con la réplica de una pepita de oro de 27,8 gramos hallada por Enrique Sanfiz en 2001

06.10.2009 | 02:00

Algunas veces, al entrar en un museo, hay algún objeto que atrae especialmente nuestra atención: la silla de una barbería, una fotografía de 1903, una teja firmada o una desconchada lechera, por poner algunos ejemplos, son el reflejo de la historia de sus propietarios. También a veces algunas leyendas, esas que nos ayudan a no perder del todo la inocencia, incitan nuestra curiosidad desde una iluminada estantería. La que inicia esta serie es la historia de una gran pepita de oro y del hombre que la encontró en Navelgas (Tineo), hace ocho años. Déjame que te cuente cómo sucedió...

El 22 de julio de 2001 amaneció en Navelgas (Tineo) como tantos días de aquel verano. Asturias, que es caprichosa en cuestión de nubes y claros, de lluvia y sequía, había sido generosa y ofrecía, a propios y extraños, un clima delicioso que invitaba a sidra fresca al mediodía o bien a perderse por el río buscando, bajo el agua fría, un poco de oro que echarse a la batea.


Enrique Sanfiz Fernández, nieto de uno de los más populares vecinos de Navelgas, iniciador éste de la búsqueda de oro en el concejo de Tineo y cuyos hijos siguieron su estela hasta hoy, salió como cada mañana en compañía de su amigo Joaquín Paredes, camino de La Silva, una zona del río Navelgas «metida monte abajo, donde hay una fuente muy encajonada», pertrechado de todos sus aperos de bateo: pala, criba, barra y batea.


Desde que tenía 9 años, y tras haber tenido como maestro a su abuelo, también llamado Enrique, nada le satisfacía más a este tinetense que salir a la fresca de la mañana y perderse por el monte siguiendo el cauce del río que le invitaba, junto a su compañero, a remover su lecho a la búsqueda del cristalino, por el agua, brillo del oro, apenas visible en el tamaño de una cabeza de alfiler o incluso de partículas apenas perceptibles al ojo humano no habituado a la batea.


Después de unas tres horas de afanoso trabajo y tras sacar de la poza un nuevo cubo, Enrique Sanfiz metió la pala en su interior y lo primero que vio fue una «pequeña punta dorada. Cuando tiré de ella y me encontré con aquella enorme pepita, la emoción fue muy grande, me puse a pegar voces, "¡Mi madre, carajo, qué impresión!"», afirma este hombre de 38 años que, en 2009, aún se sigue asombrando de haber encontrado, como quien dice a la vuelta de su casa, semejante tesoro: una pepita de oro de 24 quilates y de 27,8 gramos de peso. Probablemente la más grande hallada en España hasta el momento.


Han pasado ocho años y Enrique Sanfiz Fernández, uno de los mejores bateadores de oro del mundo, como ha demostrado en los campeonatos en los que ha participado, sigue emocionándose al recordar aquel instante. En la actualidad una réplica de esta pepita, que parece, si se mira con detalle, como la mitad de una galleta plana, se encuentra expuesta en el Museo del Oro en Navelgas (Tineo), un centro en cuyas salas el visitante encontrará amplia información sobre cuanto tiene que ver con la lucha del hombre por arrancarle a la tierra, a lo largo de los siglos, el dorado metal.


No podríamos finalizar esta historia sin contar la leyenda que los más viejos del lugar comentan a veces sobre «el trozo que le falta» a la famosa pepita de oro que encontró Sanfiz. Así, dicen que en los años veinte, un caminero de Navelgas halló en una cuneta una pepita de oro de gran tamaño que fue regalada al marqués de Lema, diputado por Tineo. Este hecho desempolvó una leyenda que se inicia en la Cueva de la Mora, perteneciente a una vieja explotación aurífera romana.


Así dicen que un pastor que perdió una de sus ovejas en el monte de Entrepeñas, tras llevar horas buscándola, la localizó en una cueva que estaba tapada por la maleza. Allí vio, además de al animal perdido, unos objetos que brillaban con dorados destellos, por lo que, además de la oveja, los cogió y se los llevó para casa. Tras mostrárselos a su mujer, ésta, cegada por la avaricia y aunque el pastor se negaba en principio a volver a la cueva, ambos regresaron una noche a la misma sin que, nunca más, se volviera a saber nada de su paradero.


Pasado el tiempo, otro pastor contó en el pueblo que había encontrado, sentado a la boca de la cueva, a un viejo con una barba larga y blanca. Éste le dijo que, por culpa de su avaricia, hombre y mujer fueron convertidos en fauno y xana y que, desde entonces, vagaban perdidos y solos por fuentes y bosques llevando cada uno una gran pepita plana de oro en forma de galleta partida en dos. El viejo de la barba también dijo que el encantamiento sólo se rompería cuando algún lugareño encontrase ambas partes y las uniera.


Hay quien dice que, bien mirada, la pepita de oro que halló Enrique Sanfiz aquel 22 de julio de 2001 parece la mitad de una galleta plana...

Ubicación: Navelgas, Tineo.


Contenido: Ocupa una casa solariega de tres pisos. «El oro como símbolo», «El oro en Navelgas», «El significado del oro en la comarca», «El utillaje del oro» y «El bateo en la comarca» son las salas en las que el visitante conoce, a fondo, el mundo del oro.


Horario: Temporada alta (Semana Santa, del 1 de julio al 15 de septiembre y puentes), abierto de martes a sábado, de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 horas. El resto del año el cierre es a las 19.00 horas. Los domingos está abierto de 11.00 a 14.00 horas. Domingos por la tarde y los lunes, cerrado.

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