22 de junio de 2010
22.06.2010

Las morteras, explotación comunal

La fincas cerradas con varios propietarios son una forma de aprovechamiento ganadero casi desaparecida en el campo asturiano

22.06.2010 | 02:00

Quirós, Roberto F. OSORIO.


Las morteras constituyen una forma de aprovechamiento ganadero que decae en el campo asturiano. Casi ya no quedan espacios de este tipo que permanezcan cerrados. Se pueden definir como lugares cercados en cuyo interior existen fincas en condominio para lograr aprovechamientos en beneficio de sus dueños. Estos usos daban lugar a un derecho pro-indiviso como pastizal y otro aprovechamiento como tierras de labor. Están situadas por encima de los pueblos, tenían una producción de hierba seca, una pación de otoño y además rendimiento agrícola, sobre todo escanda y patatas. La altitud a la que se situaban no proporcionaba la pación de primavera, en la mayoría de los casos.


El concejo quirosano tiene 15 o 16 morteras dependiendo de si Fonfría y la Cutiella se consideran una sola o dos, pues tan solo están separadas por cuatro mojones. La mortera de Tene, Bermiego, La Robla, El Teixo, La Cutiella, Fonfría, La Collá, todas en las estribaciones de la sierra del Aramo. Al otro lado del río, la de Quintaneiru, Bustramunde, Felgueras, la mortera de Coañana, la de Villamarcel y la del Teixo. Después en la otra vertiente del monte Runeiru hasta llegar a los puertos de Agüeria se sitúan la mortera de Cienfuegos, la de Cortes y la Morteruca o mortera de los praos perteneciente a la parroquia de San Bartolomé de Ricao.


Es un sistema de usufructo de terrenos inicialmente públicos. El crecimiento demográfico en los pueblos junto con una cabaña ganadera muy abundante llevó a cerrar estos espacios para lograr un aprovechamiento como pastizal. Para regir estos lugares se dictaron normas primero orales y después tuvieron reflejo por escrito.


Suelen ser propiedad de los vecinos de una parroquia aunque hay alguna mortera quirosana como La Robla o el Teixo, ambas en el Aramo, donde coinciden los vecinos de Salceo y Muriellos. Además a la primera pueden acudir vecinos de dos pueblos de la parroquia de Arroxo, La Fábrica y San Pedro, mientras que a la del Teixu pueden ir los de Rano, pertenecientes a la parroquia de Bárzana.


El concejo quirosano presentaba distintos modelos en función del periodo de evolución de las morteras.


Las menos evolucionadas se rigen por un modelo comunal. El fruto es para todos los vecinos y las obligaciones también. Cada vecino mete el ganado que le corresponde después de hacer unos lotes de terrenos. Se divide el espacio entre los vecinos de la parroquia. El aprovechamiento de la hierba seca se hacía también de manera comunal se dividían los montones, balagares o corzas. El cierre del terreno también se realizaba de modo común a través de una extaferia.


Con el paso de los años se dejaron de hacer los sorteos de los lotes y las piezas pasaron a ser privativas, aunque no se podían cerrar. El aprovechamiento de la pacion de otoño se realizaba de forma comunal. Esto derivó en un sistema privado de aprovechamiento aunque hay también un modelo mixto. Los vecinos sin propiedades tenían derecho a meter ganado en lo cerrado y hacer bornás. Pero solo los propietarios aprovechaban el fruto seco. Esto fue cambiando hasta que solo los dueños de las piezas podían entrar en estos pastizales con sus animales, con la excepción de la vecera.


«El contenido» eran los dueños de las fincas o piezas en las morteras. Tenían derecho a llevar el ganado en número y tiempo fijados, recogía la hierba en sus terrenos en el verano. Sus obligaciones consistían en acudir al cierre común de la mortera y a la extaferia de caminos que llevaban a ellas. Si no podía acudir el día correspondiente el capataz le marcaba un «tajo» para cuando pudiera ir. «Las vacas» eran la cuota de ganado que correspondía a cada amo. Por cada día en que se acudía a «zarrar» se tenía derecho a tres vacas más que se sumaban a las de las fincas. Si no se usaban se podían vender.


En julio cada uno recoge la «yerba» de su parcela y en otoño el ganado de los propietarios entra a pastar conjuntamente. Después en primavera cada familia cuida y limpia su propiedad. Este sistema es la llamada derrota de las morteras.


En Ricao hay dos morteras, la del Teixo y la Mortera de los Praos o Morteruca. Existen una serie de reglas para regular la subida de ganados, apertura de carriles, cierre.


Los encargados de controlar el ganado en razón a las «peonas» de terreno pertenecientes a cada dueño. En proporción al terreno correspondía el ganado. El «mesqueiru» controlaba la portilla de cantidad de animales (dos paisanos, un paisano y un guaje). Solía ser un vecino del pueblo por vecera. Tenía derecho a meter más ganado que los demás o aprovechaba fincas del pueblo. «Las boigas» eran las entradas a las morteras. En el Teixo tres (Brañiechas, Los Sucos y Teixo Cimeiru), en la Morteruca una sola en Calechón del Melón. La colocación de las portillas se solía hacer también de extaferia entre los dueños con fincas en la mortera.


Cuando se celebraban las extaferías se iba a buscar un «pellejo» de vino a Babia. Cada uno llevaba su «bocain» y al acabar la tarea se reunían en Romanteiga. Era lugar de grandes borracheras.


Para llegar a la Mortera del Teixo hay muchas pedreras que se acondicionaban para bajar la hierba. Se cubrían con tierra con caballerías (esterones). Muchas veces venía un fuerte chaparrón y el agua llevaba la tierra de relleno. Este proceso se llamaba «muchir o entarrentar» las pedreras.


Las morteras de Felgueras y Bustramunde al ser compradas por los vecinos de la parroquia de Casares y por los del pueblo de Faedo tenían un sistema distinto de reparto que las morteras más antiguas. Este reparto era más equitativo pues todos los copropietarios tenían una pieza en la zona más abundante o llana y otra pieza en terreno peor, más escaso o sombrío. De esta forma no había propietarios con terrenos mejores que los otros, era una mortera más igualitaria. Un lote se componía de cuatro piezas y medio lote de dos. Había por lo tanto propietarios con un lote o con tan solo medio.


Estos terrenos desfavorables se denominaban «parucos». Para el cierre también había una distribución de los cierres, una zona en el monte y otra en zona de paredón, todos tenían dos tramos que realizar. En Bustramunde los «parucos» están en lo alto de la mortera o a los lados, más sombríos o con terreno de peor calidad.


En Felgueras las fincas se separaban del rozo o de lo público con cárcavas, pues no había madera para hacer otros cierres. Las cárcavas son una especie de trincheras o fosos con una profundidad variable para impedir al ganado cruzarlas.


Estos montes cercanos a dicha mortera estaban totalmente esquilmados pues el gran monte de Faidiello pertenecía a la parroquia de Casares. Los vecinos de los pueblos que lo componían iban allí a por leña para la cocina, y también a por piezas para hacer madreñas, calzauras y demás utensilios.


Las morteras cayeron en desuso, en su mayor parte, con el despoblamiento rural y el descenso de la cabaña ganadera. Son reminiscencias de un pasado de necesidades, hambres y miserias pero también de solidaridad, colaboración y aprovechamiento comunal.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook