20 de mayo de 2008
20.05.2008

Fauna vista y no vista

La supuesta observación de un oso en Villayón se suma al caso del mono de Sampol, en Boal, hace dos años

20.05.2008 | 02:00
Orlando Fernández explica con gestos cómo el mono de Sampol se subió a un árbol.

Sampol(Boal) / Villayón,

S. P.


Un oso anda suelto por los montes de Villayón. O eso dicen. Creerlo o no es cosa de cada uno. Lo que sí es verdad es que este tema capitaliza las charlas de los vecinos del concejo desde que, el pasado día 3, Pablo Pérez, un joven de la zona, afirmase haber estado a punto de atropellar con el coche a un ejemplar en la localidad de Trabada cuando iba de camino a las fiestas de Ponticiella. «Al dar una curva se me cruzó un animal en el medio de la carretera y al principio creí que era un jabalí, pero luego tuve claro que se trataba de un oso pequeño. Se distingue perfectamente», señalaba hace unos días. Perplejo, vio cómo el animal se paseó delante de su coche antes de escapar hacia un área de monte bajo y eucalipto.

Muchos creen la versión del chaval, pero otros afirman, con cierta chanza, que el oso debe andar ya de la mano de otro animal que animó las tertulias de las tranquilas vidas de los habitantes del concejo de Boal en el verano del 2006: el mono de Sampol. Ocurrió a mediados de junio de ese año. Una mañana, Orlando Fernández, un vecino de El Vidural, en el concejo de Villayón, se desplazó hasta Sampol para arreglar su coche en el taller de Milio. Mientras esperaba sentado en la explanada cercana, Orlando avistó a un animal de medio metro de alto, cola larga, pelo pardo, pecho plateado y muy guapo. Todo un enamorado de los animales, intentó cogerlo para llevárselo a casa, pero le fue imposible. Al igual que las cabras, el mono tiró al monte. Aunque es sordomudo, Orlando fue capaz de describirlo con total nitidez.

Todavía hoy, Luisa Alba, la esposa de Emilio Pérez, el dueño del taller, recuerda al dedillo la historia. «Mira que se habló de aquello. Fue Orlando el que lo vio y empezó a levantar los brazos delante del taller de mi marido porque decía que allí había una cosa que daba saltos y le dijo que era un mono que subió hacia el bosque. La verdad es que desde entonces nadie lo volvió a ver, pero él estaba seguro de que era un mono». Realidad o ficción, los vecinos tardaron en creerse la historia. Hubo, incluso, quien colocó plátanos cerca del taller a modo de señuelo para el macaco. «La gente andaba como loca esos días, colocamos hasta plátanos por si volvía, pero no apareció más», señala Luisa Alba.


La noticia corrió como la pólvora por el concejo. Incluso la Guardia Civil se acercó hasta el pueblo para investigar, pero todo fue en vano. El mono había desaparecido. Preguntar hoy por la historia del macaco sigue siendo motivo de risas en Boal. Las tertulias de los bares se animan recordando ese tema. «Eu monos no, pero teño ua mariposa más grande que mi mano. É increíble», señala un tertuliano. Algunos aseguran que, después de dos años, el mono ha formado pareja de hecho con el oso de Villayón.

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