A Roda (Tapia)

Dice que nunca le pasó aquello que dicen de los pasteleros, que de tanto trabajar entre dulces acaban por no gustarles. A Ramón Iglesias los embutidos le han gustado siempre y aún lo hacen aunque tenga que comerlos a escondidas porque no le dejan en casa. Hace cuarenta años se dispuso a sacar adelante una profesión, la de chacinero, que había heredado de su bisabuela y que ahora, ya jubilado, ostenta su propia hija.

A Ramón todo el mundo lo conoce como «Ramonín el dos chourizos» y es que los embutidos que salen de su popular chacinería son bien conocidos en toda la comarca. Asegura que la fórmula es la misma con la que se inició su bisabuela aunque con pequeños matices que sus horas de investigación le permitieron aportar al asunto. Ramón se confiesa chacinero convencido, un oficio al que entregó sus mejores años y en el que disfrutó enormemente.

Pero vayamos al principio de la historia. En el año 1925 nacía Ramón en una familia de A Roda. Tuvo la suerte de poder estudiar fuera y sacarse el título de perito mercantil. A su regreso a casa, con 21 años, empezó a trabajar en la construcción de la línea ferroviaria Ferrol-Gijón a su paso por Tapia. Cuenta que su trabajo era sencillo, aunque había que invertir largas horas. «Estaba de listero», bromea. Efectivamente, se dedicaba a pasar lista y llevar el control de quien faltaba al trabajo. También organizaba horarios por un salario «de miseria».

Tras tres años de trabajo en el tren lo enviaron al salto de agua de La Florida, en Tineo. Allí estuvo de administrativo un tiempo y después en las obras de construcción de la estación de ferrocarril de Mieres. Y aún le esperaba un tercer cambio de destino al Sáhara Occidental, a la construcción de un puerto en Villa Cisneros, si no fuera por la insistencia de su abuela que «no paró» hasta que consiguió su regreso.

Ya en casa, Ramón echó una mano en la economía familiar. Tenían una tienda de comestibles que compatibilizaban con la venta de huevos. «Comprábamos huevos en las ferias y los vendíamos por toda Asturias», explica. Aún recuerda el frío que tiene pasado en una vieja camioneta camino de las Cuencas. «Dejaba a mi madre en el mercado de Pola de Laviana y yo me iba a vender por los pueblos», explica. Tiempo después esta faena comenzó a decaer porque la gente dejó de tener gallinas y se empezó a dedicar a la ganadería.

Fue entonces cuando pensó en sacar más partido del negocio de los chorizos. Decidieron comprar una cámara de frío y poco a poco mejoraron la maquinaria para poder matar más cerdos a la vez. «Estuvimos años picando la carne a mano hasta que compramos la primera picadora eléctrica por 15.000 pesetas. Teníamos que ponerle encima un ventilador para que no calentase y parase». En esa época pusieron en marcha una granja de cría de cerdos, pasando de matar dos a una media de quince por semana

Junto a su mujer dio forma a un negocio que hoy sigue funcionando en el centro de A Roda y a pleno rendimiento. Lleva unos años jubilado, pero aún le hace recados a su hija -que ahora regenta el negocio- como repartir chorizos por las tiendas de la comarca de las que son proveedores. Dice que lo que más le enorgullece es que alguien le diga: «Nun hai chorizos como os d'A Roda». El secreto, explica, está en la frescura del producto.

En un vistazo.

Personal

Nació en la localidad tapiega de A Roda en 1925, así que está a punto de cumplir 85 años. Allí sigue residiendo con su mujer, Elena Méndez, con la que tuvo tres hijos. Además, tiene tres nietos.

Profesional

Estudió la carrera de Comercio y tras trabajar varios años como administrativo en diferentes obras, regresó a casa para relanzar el negocio chacinero que siempre existió en su casa. Así es como montó una ganadería de cerdos y compró maquinaria, pasando de matar uno o dos cerdos a la semana a quince.

Embutidos

La chacinería de A Roda produce semanalmente unos quinientos kilos de chorizos que venden en puntos de toda Asturias y en la tienda que tienen junto a la fábrica. Ramón dice que el secreto de su éxito reside en la frescura y calidad de la carne.