12 de mayo de 2010
12.05.2010

Cudillero eterno

El concejo es un lugar privilegiado en la conservación de las tradiciones

12.05.2010 | 02:00
Antonio Trevín coloca la Insignia de Oro a Manuel Fernández de la Cera en presencia de Juan Luis Álvarez del Busto, presidente de «Amigos de Cudillero», durante la Fiesta Literaria de la Mar.

Manuel Fernández de la Cera, presidente del Consejo de Comunidades Asturianas, recibió en la Fiesta Literaria de la Mar la Insignia de Oro de la asociación «Amigos de Cudillero». Con motivo de la entrega, leyó este discurso en el que destaca el especial cuidado que hay en Cudillero en conservar y cuidar las tradiciones locales y comarcales.

Hace siglo y medio, en la procesión de San Pedro de L'Amuravela de Cudillero, iba delante de la imagen de San Pedro un danzante que bailaba en honor del Santo. Lo cuenta Evaristo Escalera en 1866 en Glorias Asturianas. Sabemos, además, que Pachu Geatano, uno de los recitadores de l'Amuravela anteriores a 1900, fue de los que bailó delante del Santo durante la procesión. Lo cuenta Juan Luis Álvarez del Busto en su libro Cudillero Mágico. Este ritual, antes extendido por el norte de España, queda hoy en el aurresku de los vascos, una danza reverencia. Para conocer estas tradiciones y para que nunca olvidemos nuestra herencia cultural están asociaciones culturales como Amigos de Cudillero o la asociación Dionisio Fierros de Ballota. El danzante y recitador iba vestido con uniforme aproximado de capitán (ahora el recitador va vestido de marinero), lo que indicaba alguna vinculación de L'Amuravela con la importante presencia asturiana en Florida, que se inicia con Pedro Menéndez Marqués, hermano de el Adelantado y casado con Berenguela de Valdés, hija del cudillerense Hernando de Miranda, y con sus hijos Pedro Alonso.

Cudillero es un lugar privilegiado en la conservación de tradiciones locales y comarcales. Por eso, me siento muy honrado con este reconocimiento de Amigos de Cudillero. Todo el mundo conoce la imagen de la botella medio llena y medio vacía. Cuando llega la jubilación de la gente es generosa y se fija en la parte llena de la botella, en los aciertos más que en los errores o fallos. Gracias, Amigos de Cudillero, por vuestra generosidad, ya que mi único mérito es tal vez la pasión por Asturias y, sobre todo, por el occidente de Asturias. Ysi Cudillero es un lugar privilegiado en el cultivo de sus tradiciones, algo parecido sucede en Llanes, donde se mantiene la pervivencia de su folclore y de sus famosos bandos. Antonio Trevín, que es de origen occidental, supo muy bien como alcalde de Llanes mantener y potenciar esas bellísimas tradiciones. Muchas gracias por tu generosa presentación. Yo conocí a Trevín cuando era un concejal muy joven en Llanes. Al poco tiempo, me había adelantado en la vida política. Hace nueve años, entré con él como vicepresidente del Consejo de Comunidades Asturianas, para llevar a cabo la Escuela de Asturianía, fundada por él y por Pepe García como consejero. Esta escuela, donde se forman gaiteros y monitores de baile tradicional, tiene un gran éxito en los Centros Asturianos de todo el mundo. Aquí están los presidentes y directivos de algunos centros asturianos, para los que quiero tener un reconocimiento especial. Actualmente la responsabilidad máxima de la emigración corresponde a Teresa Ordiz, a quien doy las gracias pro su presencia en este acto.

«Pensar que en esta vida -dice Cervantes- las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo escusado, antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda». Y para despedida de la vida pública, tras 28 años de responsabilidades grandes, pequeñas y pequeñines, como diría mi admirado Jerónimo Granda, discípulo como yo del Padre Eutimio, nada mejor que la despedida de Sancho de la Insula Barataria: «Vuestras mercedes se queden con Dios y digan al Duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano, quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo»... «... volvamos a andar por el suelo con pie llano que si no le adornaren zapatos picados de cordobán no le faltarán alpargatas toscas de cuerda».

Y para las cosas que han de ser necesariamente, como la jubilación, es lo mejor aceptarlas sin más. Hace muchos años, cuando los matrimonios se pactaban entre las familias, preguntaban a una moza, vecina mía, si quería al novio que le habían buscado: «He de querelo», decía. Con la jubilación ocurre lo mismo: cuando llega hemos de querela. El perrillo que va atado al carro, puede optar por caminar alegremente junto al carro, con la cuerda floja, o bien oponerse e ir a rastras, a rastro en bable. La libertad, decía el gran filósofo judío-holandés, de origen español Espinosa, consiste en aceptar el destino de lo inevitable y caminar como el perrín, con la cuerda floja. «La vejez, según un texto clásico, es digna si se vale por si misma, conserva sus derechos, no está sometida a nadie y mantiene la auctoritas sobre los suyos». Las auctoritas ya no existe, ya que se perdió el respeto generacional de los jóvenes hacia los mayores. Pueden quedar los tres placeres que Cicerón concede a los viejos: reunirse con los amigos, dialogar y comer moderadamente. Le faltaron dos a Cicerón: ver partidos de fútbol por la tele y viajar con el Inserso.

Si los pixuetos, con los caízos y vaqueiros, son capaces de todo lo magníficamente solemne, grandioso y serio en L'Amuravela, como reconoció Evaristo Escalera hace siglo y medio, también atesoran el mejor sentido del humor. Del mismo modo que Jerónimo Granda y Ladis, el inolvidable Juan Azcona de la radio de nuestra juventud.

Sentido del humor pixueto que se manifiesta, por ejemplo, en el programa de las fiestas patronales de 1927, cuando anunciaban que al final de la verbena del día de San Pedro habría:

Una rifa de novios

En buen estado,

De un lote que de Cuba

Nos ha llegado.

Si ustedes lo recuerdan el cuadro de Evaristo Valle «El Indiano y su mujer», comprenderán que no era fácil, en aquel tiempo, conseguir los novios indianos en buen estado que prometían en la rifa, por la dureza de la emigración y porque, a veces, sólo alcanzaban el regreso a la tierrina al borde de la ancianidad.

Y en homenaje al Cudillero eterno que no debe desaparecer nunca, finalizo con estos conocidos versos de Jesús López Pacheco:

¡Qué loco de amor, qué loco

qué loco de amor, el mar!

Todas las casas se suben

Monte arriba

Por no dejarse abrazar.

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