Taramundi

T. CASCUDO

Taramundi le debía una al maestro Manuel Lombardero. La trayectoria de este taramundés, reconocido en vida por su brillante carrera profesional, ha sido llevada al papel saldando la deuda pendiente del concejo con uno de sus vecinos más insignes. El libro lleva por título «Manuel Lombardero Arruñada: el maestro de Taramundi» y se presentó el sábado.

«De Lombardero se dice que fue una persona muy educada, culta, refinada y de modales exquisitos, además de ser un gran amante y defensor de la cultura», explica la autora del trabajo, la periodista Isabel Gómez. Prueba de ello es que con quince años, el entonces alcalde del concejo lucense de A Fonsagrada le contrató para dar clases particulares a su hijo. Lombardero nació en 1852 en una casa humilde del barrio taramundés de Cabaniñas. Desde bien pequeño despuntó por su capacidad de aprendizaje e inteligencia y por ello fue alumno aventajado de la Escuela elemental de Taramundi. Se cuenta incluso que su maestro, Manuel de Picaza, ganó con un dibujo suyo un premio de la entonces Junta de Instrucción Pública.

En 1874, cuando contaba 23 años, logró sacar el título de maestro elemental en la Escuela Normal de Lugo. No se conformó y tras lograr el título de maestro superior, siguió estudiando hasta alcanzar el mayor rango en la escuela de Magisterio. Así fue como en 1986 recibió en Madrid el título de grado normal de Magisterio.

No obstante, no se olvidó de su tierra y en 1907 se incorporó a la Escuela Elemental de Niños de Taramundi, que acabó dirigiendo. En ella permaneció hasta su muerte, aquejado de una gripe, en 1919. Convirtió a la escuela de Taramundi en referente en la comarca y prueba de ello fue el más de centenar de niños de la provincia de Lugo y de todo el Occidente que se formaron en el centro.

Fundamental fue su labor en una época en que emigrar era la mejor de las opciones. La formación completa que impartió a sus alumnos les valió para desenvolverse al otro lado del océano. En agradecimiento a su labor, sus antiguos alumnos financiaron en 1951 un busto en su memoria que preside la plaza Manuel Lombardero. Explica la autora que ha sido difícil recuperar la historia de este ilustre taramundés pues apenas queda nada de su legado.

Algunas de sus fotografías, sus trabajos o el himno en su nombre compuesto por la Banda de Música de Ribadeo podrían, si se llegaran a localizar, engrosar una futura segunda edición. Tiempo al tiempo.