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Desesperanzada vuelta a la mina

Los mineros de Cerredo regresan al tajo tras seis meses, con la moral baja por la incertidumbre sobre el cobro de sus salarios y sobre el futuro de la empresa

Los mineros de Cerredo, en el autobús que les lleva a su lugar de trabajo.

Los mineros de Cerredo, en el autobús que les lleva a su lugar de trabajo. / pepe rodríguez

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Pepe RODRÍGUEZ

«Ilusión ninguna, y encima estamos sacándole las castañas del fuego a éste». Estas declaraciones, que hacen referencia al empresario leonés Victorino Alonso, propietario de Coto Minero Cantábrico (CMC) y Unión Minera del Norte (Uminsa), las dos empresas que operan en el pozo plano inclinado de Cerredo (Degaña), reflejan bien el sentir de los trabajadores de la explotación, que ayer volvieron al tajo tras más de seis meses de inactividad y sin percibir sus salarios.

Más de 300 mineros volvieron a bajar ayer a la mina. Algunos de ellos habían sido despedidos en noviembre del año pasado, otros, los habían seguido en febrero, un tercer grupo estaba en huelga por solidaridad con sus compañeros y otra parte, alrededor de medio centenar, procedentes de la explotación leonesa de Santa Cruz, han sido recolocados por la empresa en Cerredo.

Desesperanzada vuelta a la mina

Desesperanzada vuelta a la mina

Vuelven a la mina porque han desconvocado la huelga que mantenían desde febrero, pero no porque el conflicto esté solucionado. De hecho, las conversaciones de los protagonistas iban todas en el mismo sentido: «si viniésemos a trabajar bien, todavía... pero no sabemos cuándo nos van a pagar lo que nos deben (todas las nóminas desde diciembre), ni si vamos a cobrar lo que vamos a trabajar ahora. Esto es para quitar la moral a cualquiera».

Y es que los mineros tienen derecho a volver al trabajo en virtud de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) que declaró nulos los despidos en Cerredo. Pero en ningún caso se ha llegado a un acuerdo con la empresa para continuar con la explotación de carbón. El grupo Alonso pide una reducción salarial del 16 por ciento, la ampliación del turno de trabajo hasta los sábados y que el horario laboral empiece a contar una vez que el trabajador está en el punto de extracción de mineral, no desde su entrada en el recinto minero. Los sindicatos, por su parte, han llegado a ofertar hasta un 10 por ciento de reducción de la masa salarial, así como la constitución de dos turnos diferentes, uno de lunes a viernes y, otro, de martes a sábado, pero no parece que las posturas vayan a acercarse más.

Luis Manuel Fernández, del comité de empresa, señaló a sus compañeros, mientras se cambiaba de ropa para bajar al «tajo», y exclamó: «Míralos y dilo claro: estos son los únicos que están peleando para que haya empresa, los únicos que hacen algo porque esto siga funcionando». La mina, tras meses sin actividad, presentaba algunas deficiencias, pero la jornada transcurrió con normalidad dentro de la incertidumbre sobre los salarios y sobre el futuro de la empresa, que se enfrenta a un concurso de acreedores.

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