20 de septiembre de 2013
20.09.2013

Manos Limpias denuncia al Principado por el «abandono» de ancianos en un asilo en Salas

El ex gerente del centro, abierto desde 1988 hasta julio de este año, asegura que «todo son mentiras»

20.09.2013 | 00:00
La residencia geriátrica San Roque, ayer, cerrada en La Granja (Salas).

El sindicato Manos Limpias ha interpuesto una denuncia en la Fiscalía del Principado de Asturias por «presuntas irregularidades» cometidas por parte de varios responsables de la Consejería de Bienestar Social en la recientemente clausurada residencia geriátrica San Roque, en La Granja (Salas). Al respecto, la Consejería descartó ayer hacer valoraciones. El que fue gerente del asilo, Luis Suárez Argüelles, se mostró contundente: «Son todo mentiras al cien por cien».


La residencia San Roque fue abierta en el año 1988 y fue gestionada hasta julio de este año por una empresa privada mediante concesión pública, frente a la cual estaba Suárez, quien ahora tiene abierto otro geriátrico en Valdesoto (Siero). Manos Limpias denuncia que los internos eran «presuntamente abandonados» en un edificio que no cumplía las mínimas condiciones socio-sanitarias.


Una situación que califican de «intolerable». El sindicato carga contra Bienestar Social en su escrito de denuncia por su «supuesta aquiescencia, que año tras año permitió tal estado de abandono y dejadez».


Además, aseguran que las inspecciones sanitarias no se producían. «Durante años nadie se personó a verificar el estado de tal centro», algo que el gerente del asilo desmiente «por completo». «¿Cómo va a ser eso posible? ¿Cómo no se van a hacer inspecciones en un geriátrico?», cuestiona.


El sindicato tampoco deja al margen de la polémica al diputado regional de UPyD, Ignacio Prendes. Dicen que era conocedor de la realidad del geriátrico «al haber sido requerido para tratar de buscar una solución a lo que estaba sucediendo, sin embargo el silencio fue su respuesta».


Manos Limpias tuvo conocimiento de la presunta situación irregular del centro a través del propietario del inmueble y la finca, Francisco Fernández-Peña, quien emprenderá en próximas fechas reclamaciones por la vía civil y administrativa, según informa el sindicato. LA NUEVA ESPAÑA trató de contactar sin éxito con Fernández-Peña.


Según Manos Limpias, la residencia, ubicada en una antigua casa de indianos de la parroquia de Malleza llamada «Villa Alicia», tiene un aspecto «dantesco». Asegura el sindicato que el mal estado del inmueble es tal que Centro Reto se negó a recoger los muebles y enseres tras el cierre del geriátrico debido al «lamentable estado de conservación.


En la descripción que relatan a la Fiscalía aseguran que el olor que desprende el edificio «es un hedor insoportable, que en palabras de una veterinaria que visitó el inmueble es propio de un establo. No podemos olvidarnos que allí residían personas y no animales», asevera Manos Limpias.


Por último, el sindicato anuncia que solicitarán toda la documentación pertinente durante el proceso para conocer si los fallecimientos producidos en la residencia durante sus más de veinte años de funcionamiento «pudieran tener su origen en las pésimas condiciones de salubridad e higiene».


En la parroquia de Malleza la noticia de la denuncia interpuesta por Manos Limpias no ha pasado desapercibida. Algunos vecinos comentan que habían escuchado historias sobre el supuesto mal estado del geriátrico. Otros, sin embargo, dicen que todos los ancianos estaban cuidados y en perfectas condiciones.


En ese sentido se explica Francisco Fernández, quien tuvo a su madre durante dos años en la residencia de La Granja hasta que consiguió una plaza en el centro de Salas. Fernández mantiene que no se llevó a su madre de San Roque porque la anciana estuviese en malas condiciones, sino que lo hizo por cercanía para poder visitarla con asiduidad.


«Mal atendida no estuvo ella ni la gente de alrededor. Tampoco sé de nadie que se hubiera quejado y yo nunca noté nada y no tengo queja de ningún tipo», afirma.


Según Fernández, los mayores comían bien. «Siempre le preguntaba a mi madre qué tal la comida y se quejaba de que le daban demasiada fruta, así que siempre se la dejaba para la merienda», recuerda.


El hombre reconoce que «no estaba tan bien como está ahora en Salas, pero es que la residencia de Malleza es un edificio antiguo y quizá no reúna las condiciones. Pero bueno, la limpieza, dentro de lo que cabe, estaba bien, es como en las casas de los pueblos, que limpias y barres y al rato aparece polvo». Fernández asegura que podía visitar a su madre a cualquier hora y que nunca apreció que la mujer estuviese abandonada. «Tenía el pelo arreglado y siempre limpio», añade.

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