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El vivero del Corpus en Castropol

Justa Pérez cultiva en su casa de Presno cientos de rosales con los que nutre las alfombras de los artistas florales para la fiesta, de interés turístico regional

El vivero del Corpus en Castropol

El vivero del Corpus en Castropol

Hace quince años que Justa Pérez empezó a cultivar rosas en su casa natal, en la localidad castropolense de Presno. Al principio se trató de una decisión estética y práctica -para crear un cierre natural a su vivienda-, pero desde que la asociación cultural El Pampillo, de Castropol, se cruzó en su camino su trabajo tiene un objetivo: nutrir las alfombras florales que adornan la fiesta del Corpus Christi en la villa, declarada de interés turístico regional.

"Un día vinieron a buscar flores y a partir de ahí me fueron captando. Ahora soy pampillera", narra la dueña de lo que podría denominarse algo así como vivero del Corpus castropolense. Justa Pérez no sólo mima las flores, sino que colabora en todo el proceso de elaboración de las alfombras junto a una veintena de personas. Los artistas florales se reúnen casi a diario desde el Lunes de Pascua y con la vista puesta en el domingo 7 de junio, cuando la capital castropolense se llenará de color con motivo de esta fiesta.

La presidenta del colectivo de alfombristas, Maite Muiña, explica que aunque son muchas las casas del concejo y zonas limítrofes que colaboran con flores, ninguna lo hace como Pérez. Tal es así que la asociación le compró hace cuatro años trescientos rosales que sirvieron para terminar de convertir su jardín en un vergel. Cuenta con seis variedades de rosas en colores blanco, rojo, rosa, amarillo y anaranjado y prácticamente cada planta tiene una historia, ya que proceden de puntos dispares como Galicia, Valencia y hasta de América. Su pasión es tal que en cuanto puede añade nuevas plantas a su particular colección. Lo sabe bien su marido, que tiene que calcular bien las maniobras para meter el coche, pues su mujer se negó a ampliar la entrada.

Justa Pérez asume que la primera floración de sus rosales irá íntegra para el Corpus y por eso no siente pena alguna. Al contrario, considera que la poda que realiza la asociación favorece la planta. Además, los alfombristas conocen bien su tarea y cortan los tallos con delicadeza para no dañarla y que pueda volver a dar flor. Dice que cualquier esfuerzo o trabajo que le suponga el cultivo queda compensado al ver sus pétalos vistiendo las calles de la villa. Y es que, añade Muiña, las rosas son parte fundamental en las alfombras, pues suponen la base del color. "No hay alfombra sin ellas", apunta Pérez.

En estas fechas llega el momento crítico para las rosas, pues cualquier fenómeno atmosférico adverso podría dañarlas. "Fue un año bueno porque hubo mucha lluvia en invierno, pero estamos en un momento delicado. El viento es el mayor enemigo porque las rompe y las machaca", advierte la castropolense. Si todo marcha según lo previsto, el jueves previo al Corpus, en cuestión de dos semanas, su casa se llenará de pampilleros que, tijera en mano, cortarán las flores.

Mientras Pérez no le quita ojo a sus plantas, los colaboradores de El Pampillo trabajan sin descanso para que todo esté a punto para el Corpus. "Vamos muy bien de tiempo y estamos ilusionados como siempre", resume Muiña.

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