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Mucho que rascar en la miel de Ibias

"Ni el cuchillo, ni el peine, ni el rodillo de púas igualan su rapidez", dice Antonio López de su invento para retirar la cera de los panales antes de recoger el producto

Antonio López, con el certificado de la patente y el utensilio.

Antonio López, con el certificado de la patente y el utensilio. DEMELSA ÁLVAREZ

La apicultura es un trabajo laborioso y que requiere paciencia. Desopercular los panales para prepararlos para la extracción de la miel puede llegar a ser una de las tareas más tediosas de todo el proceso de obtención del dorado elixir. Al menos así era para el apicultor aficionado Antonio "Toño"

Se trata de un instrumento fácil de manejar construido en forma de "T", con dos piezas clave: el mango y la zona frontal, donde van instaladas una serie de cuchillas con una separación de medio centímetro. Para usarlo, simplemente se tiene que deslizar sobre el panal y las cuchillas van cortando la cera que sella cada casilla, permitiendo que cuando el cuadro pasa al extractor la miel salga con facilidad. "Lo importante es que el corte que hace coge todas las casillas, y con una pasada es suficiente para permitir que la miel salga con facilidad; además, no estropea los panales y en ellos no queda nada de producto", explica López.

Hace unos tres años que el invento vio la luz y su creador, animado por sus conocidos, decidió registrarlo en la oficina española de patentes y marcas, donde consta desde 2014. "Tal y como pensaba, el invento fue todo un éxito, y a medida que lo iba enseñando me decían que debía patentarlo, así que lo hice", apunta el inventor.

Ahora le gustaría que alguien se fijara en su producto y se interesase por su fabricación y venta. "Lo mostré en varias tiendas especializadas en apicultura y les atrajo para ponerlo a la venta, pero ninguno de ellos tenían capacidad para su fabricación", relata Antonio López, que cree que puede ser una revolución para el sector aficionado, puesto que en su caso probó todas las herramientas existentes para eliminar la cera y "ni el cuchillo, ni el peine, ni el rodillo de púas iguala la rapidez de mi invento".

Sólo hay un prototipo de la creación, el que él mismo construyó con sus manos para probar si su idea funcionaba. "Lo fui haciendo en ratos libres, con madera y pequeñas chapas que limé hasta convertirlas en cortantes. Supongo que si se llega a fabricar una opción sería hacerlo con plástico duro y acero inoxidable", describe.

En total, Antonio López tiene 30 colmenas y 40 truébanos, las antiguas colmenas creadas en gruesos troncos huecos, en el pueblo ibiense de Uría. Tener que extraer él solo la miel le ha obligado a estar constantemente ideando cosas que pudieran facilitarle el trabajo. Lo último fue el utensilio para desopercular, pero previamente ya había instalado un motor a su máquina manual de extraer miel y había creado un recipiente para obtener la miel de los tradicionales truébanos, en los que no hay cuadros con los panales.

A pesar de que este apicultor aficionado intenta constantemente idear nuevas fórmulas para facilitar su trabajo con las abejas, asegura que tiene muy presente la forma de actuar de sus predecesores: "He conseguido eliminar los tratamientos que daba a las abejas situando las colmenas en los lugares que tradicionalmente se colocaban, esto es, en sitios soleados, cercanos a arroyos y protegidos de la humedad, y me está funcionando".

La afición por la apicultura de Antonio López le viene de sus padres, que siempre cuidaron de las abejas. Llega a producir cada temporada unos 400-500 litros de miel, que reparte entre familiares y amigos. La que sobra la vende en su bar de San Antolín de Ibias.

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