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El vino artesanal producido en Lantero se impone en la cata popular de Santiso

"Tiene mucho cuerpo, y color brillante y limpio, además del equilibrio entre alcohol y acidez", destaca el ganador sobre su producto

Fernando Zamora con un vaso de su vino, en su bodega de Lantero.

Fernando Zamora con un vaso de su vino, en su bodega de Lantero. D. ÁLVAREZ

"Es un vino con mucho cuerpo, de color brillante y limpio, además de tener equilibrio entre alcohol y acidez". Así describe su vino Fernando Zamora, el ganador de la primera cata popular de caldos artesanos celebrada en la fiesta de Santiso, el domingo, en el barrio bodeguero cangués del mismo

Se trata de un tinto elaborado con la variedad mencía que él mismo cultiva en una finca en el pueblo cangués de Lantero, donde también tiene su pequeña bodega. En total, cuenta con unas 190 plantas de uva mencía y unas 30 de la variedad blanca godello que plantó en 1999 después de asistir a un curso de viticultura promovido por la Agencia de Desarrollo Rural de Cangas del Narcea. "En 1997 se hizo un curso para elaboradores y también se impartió viticultura, y a raíz de ahí me animé a plantar un viñedo pequeño", explica Zamora, que ya era aficionado al mundo vitivinícola y vivió en su infancia el duro trabajo de la vid cuando buena parte del terreno de su pueblo estaba plantado. "Todo lo que ahora es pinar, hace unos años era viñedo, y todos los vecinos elaboraban su vino". El viticultor recuerda cómo antes de ir al colegio debía subir agua del río al viñedo para cargar la sulfatadora.

Como es habitual en los elaboradores artesanales, su producción es discreta y va dirigida al disfrute en familia y con amigos. "Normalmente recojo 600 kilos de uva, de los que salen unos 450 litros, pero este año tengo la mitad", apunta Zamora, que asevera que fue un año complicado para la cosecha. "Aunque me libré de la granizada de junio, a últimos de mayo tuvimos mucho calor y después vino la lluvia, lo que fue propicio para la aparición del mildiu, que afectó al 60 por ciento del viñedo", relata. No obstante, la poca producción tuvo su lado positivo, pues la cosecha tuvo muy buena calidad. "Mermó en cantidad, pero los racimos que quedaron maduraron muy bien y conseguí alcanzar un grado de 13,5, algo que me sorprendió". A ello se le suma "su buen sabor", lo que definitivamente le animó a presentarlo a la cata.

Fue el vino mejor valorado en la fase eliminatoria, en la que participaron otros diez caldos, y revalidó su puesto en la cata final organizada durante la comida de Santiso, en la que pasó por la boca de 19 catadores. "Es un vino incontestable, quedó en primera posición en dos catas a ciegas realizadas por gente diferente", destacó el organizador de la cita, Juaco Fernández, que está encantado con la respuesta que ha tenido esta primera convocatoria.

El ganador, socio de la asociación de productores Aprovican y de la Cofradía del Vino, defiende este tipo de certámenes populares como forma de "animar a la gente a mejorar su producto y desarrollar la afición por la viticultura, sin pensar nunca en que podemos ser competencia para las bodegas que comercializan".

El segundo mejor vino fue el de Toño Taníco (bodega de Santiso y Corias), y el tercero, de José Luis Fontaniella (El Pládano).

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