15 de mayo de 2019
15.05.2019

Cariñoso adiós en Salas a Marichu Llavona: "Siempre tenía algo ingenioso que decir"

Los amigos de la matriarca de La Casa del Profesor, famosa por sus carajitos, destacan su alegría, buen humor, tenacidad y generosidad

15.05.2019 | 00:48

María Teresa Llavona Fernández, "Marichu", era el alma del negocio familiar La Casa del Profesor, en Salas, e inmejorable embajadora de sus famosos carajitos, unas dulces pastas de avellana. Ayer, amigos y vecinos arroparon a sus hijos en su despedida en la Colegiata tras fallecer a los 84 años. Marichu, como era conocida por todos, será siempre parte de los recuerdos de sus allegados por su buen carácter, alegría, generosidad y capacidad de trabajo. Pero también por ser parte fundamental del éxito comercial de los dulces, que forman parte de la historia de muchos salenses.

"A todos los niños de Salas nos encantaban los carajitos, y además es algo que forma parte de los salenses; mi madre siempre me los enviaba al internado en Luarca y luego, cuando estuve en Madrid, también, son una seña de la comunidad a la que pertenezco", señaló Joaquín Lorences, salense catedrático de la Universidad de Oviedo. Unas vivencias que comparten muchos de los amantes de los carajitos, dentro y fuera de Asturias.

En la Colegiata esperaron amigos y vecinos a la familia, que portó las cenizas de Marichu, que llegaron rodeadas de ramos de flores. Una despedida muy triste para los presentes pues era muy querida por su generosidad, una de sus cualidades más destacadas, pero también por ser una mujer alegre y simpática: "Siempre me pareció una mujer muy divertida, fantástica, con un gran sentido del humor, y siempre tenía algo ingenioso que comentar, reírse de todo, incluso de ella misma", comentó el arquitecto salense Arturo Terán.

Marichu fue despedida en la Colegiata, a la que ella tantas veces acudió. Era muy religiosa y devota de la Virgen del Viso, santuario al que no faltaba cada 15 de agosto, y a la que celebraba con su familia y rodeada siempre de amigos en la fiesta. Siempre llevaba sus valores católicos como guía, una forma de vivir que transmitió a sus hijos.

Divertida, desinteresada y caritativa, y muy trabajadora. "Era emprendedora y comunicativa. No era un milagro el éxito, era una expresión de su creatividad y tenacidad", analizó Lorences. En el templo salense fueron muchos los comentarios que recordaban estas cualidades. Salas despidió con pena a una de sus vecinas más ilustres.

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